CAP. III

En las sombras de la noche, largos convoyes que llevan municiones al

frente de batalla, ruedan por los caminos. Los cohetes de las trincheras

abren sus rosas en el aire, los reflectores exploran la campaña y la

esclarecen hasta el confín lejano de bosques y montes. Se muestra de

pronto el espectro de un pueblo en ruinas, quemado y saqueado, mientras

por la carretera, en el lostrego del reflector, corre cojeando algún

perro sin dueño. Al abrigo de los bosques, filas y filas de carros

esperan inmóviles la orden de ruta, con los soldados de la escolta

descansando al borde del camino y fumando una pipa de tabaco belga. Se

oye el cañón, cuándo lento, cuándo en vivo fuego de ráfagas, y los

soldados hacen conjeturas con palabras breves, casi indiferentes. Llega

un ciclista sonando el timbre tercamente: Trae la orden de ruta que el

sargento deletrea a la luz de una linterna, y el convoy se pone en

marcha. Todos los caminos de la retaguardia sienten el peso de los

carros de municiones, que, escoltados por veteranos, se bambolean con

estridente son de hierros. Ruedan con los faroles apagados, informes

bajo las estrellas, sumidos unas veces en la sombra de las arboledas, y

otras destacando su línea negra por alguna carretera blanquecina y

desnuda. Son tantos que no se pueden contar, son cientos y cientos.

Ruedan hacia las trincheras lentamente, pesadamente. Cuando pasan cerca

de alguna aldea, ladran los perros y alborean los gallos.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 7 / 45 题