CAP. II

Las trincheras son zanjas barrosas y angostas. Amarillentas aguas de

lluvias y avenidas las encharcan. Se resbala al andar. Los ratones

corren vivaces por los taludes, las ratas aguaneras por el fondo

cenagoso, y ráfagas de viento traen frías pestilencias de carroña. En el

talud de las trincheras los zapadores han cavado hondos abrigos donde se

guarecen escuadras de soldados, y en los lugares más propicios para las

escuchas y centinelas, silos con miraderos disimulados entre pedruscos y

ramajes. Desde estas atalayas se hace la descubierta de las líneas

enemigas, y los artilleros, comunicándose por sus teléfonos, regulan el

tiro de los cañones, siempre emplazados más atrás que las primeras

defensas. Ante los dos fosos enemigos se tienden campos de espinosas

alambradas, y hay esguevas donde los muertos de las últimas jornadas se

pudren sobre los huesos ya mondos de aquellos que cayeron en los

primeros días de la invasión. La tierra en torno está como arada. La

metralla taló los árboles y abrasó la yerba. Del fondo de las trincheras

surgen cohetes de luces rojas, verdes y blancas, que se abren en los

aires de la noche oscura, esclareciendo brevemente aquel vasto campo de

batallas. Corre un alerta desde los cantiles del mar norteño, hasta los

bosques montañeros que divisan el Rhin.

La media noche: visión estelar de un momento de guerra · 第 6 / 45 题