HERNANI, DOÑA SOL
D.ª SOL.--Ahora, huyamos sin tardanza.
HERNANI.--¿Estás resuelta á aceptar mi desgracia y acompañarme hasta el
fin? Noble propósito, digno de un fiel corazón. Pero ya lo ves, bien
mío; para llevarme gozoso á mi retiro un tesoro de belleza que codicia
un rey, para que mi Sol me siga y me pertenezca, para tomar su vida y
unirla á la mía, para arrastrarte conmigo sin vergüenza y sin pesar, no
es tiempo, no es tiempo aún: veo el cadalso demasiado cerca.
[Ilustración]
D.ª SOL.--¿Qué dices?
HERNANI.--El rey á quien he mirado cara á cara, va á castigarme por
haberle perdonado. Huyo; acaso esté ya en su palacio llamando á sus
guardias, á sus criados, á sus caballeros y verdugos.
D.ª SOL.--¡Ah! Estoy temblando, Hernani. Pues bien, démonos prisa;
huyamos juntos.
HERNANI.--¡Juntos! No, no. La hora ha pasado. ¡Ah! Doña Sol, cuando te
revelaste á mis ojos, tan buena y aun piadosa, dignándote poner tu amor
en mí, yo ¡desdichado! pude ofrecerte lo que tenía, mis montañas, mis
bosques, mis torrentes, mi negro pan de proscrito, la mitad del lecho
de musgo en que reposo; pero ofrecerte la mitad del cadalso... perdona
¡oh Sol! el cadalso es para mí solo.
D.ª SOL.--Me lo prometiste también.
HERNANI (_De rodillas á sus piés._)--¡Ángel mío! en este instante
en que acaso se acerca la muerte entre las sombras, declaro aquí,
proscrito, con mi dolor profundo de haber nacido en cuna ensangrentada,
que por negro que sea el duelo que envuelve mi vida, soy un hombre
feliz; y quiero que me envidien porque me has amado, porque tú me lo
has dicho, porque en voz baja has bendecido tú mi frente maldita.
D.ª SOL.--¡Hernani mío!
HERNANI.--¡Bendita mil veces la suerte que puso para mí esta flor al
borde del abismo! (_Levantándose._) Y no hablo ahora á ti en este
lugar; hablo al cielo, á Dios, que me está oyendo.
D.ª SOL.--Permíteme que te siga.
HERNANI.--¡Oh! Sería un crimen arrancar la flor al caer en el abismo.
Vete, ya he respirado su perfume: basta. Reanuda á otros días tus días
por mí ajados; sé esposa del anciano; yo te desligo de tu palabra y
vuelvo á mis sombras. Olvida y sé dichosa.
D.ª SOL.--No, te seguiré: quiero compartir tu suerte y no me apartaré
de ti.
HERNANI (_Abrazándola._)--¡Oh! Déjame huir solo. Estoy desterrado,
proscrito, soy funesto.
(_Se aparta de golpe._)
D.ª SOL (_Con desesperación._)--¡Hernani! ¡Me abandonas!
HERNANI (_Volviendo._)--¡Oh! no, me quedo: tú lo quieres y aquí me
tienes. Ven ¡oh! ven á mis brazos. Me quedo, y estaré á tu lado cuanto
quieras. Olvidémoslo todo. Siéntate aquí. (_Siéntase Sol en un banco
de piedra y él se coloca á sus piés._) La luz de tus ojos inunda los
míos. Cántame algún cantar como otras noches mientras en tus pestañas
temblaban para caer en mis labios las blandas perlas de tus lágrimas;
¡seamos felices! bebamos... la copa está llena... esta hora es nuestra,
y lo demás es locura. Háblame, embriágame. ¿No es verdad, sol de mi
cielo, que es dulce amar y saber que se nos ama de rodillas? ¿Y ser
dos, y estar solos, y hablar de amor entre los velos de la noche,
cuando todo duerme, sueña y calla? ¡Oh! Déjame dormir y soñar en tu
seno, sol de mi alma, alma mía...
(_Tañido de campanas._)
D.ª SOL (_Levantándose asustada._)--¿Oyes? ¡Tocan á rebato!
HERNANI (_Aún á sus piés._)--No; tocan á nuestras bodas.
(_Arrecia el campaneo. Gritos confusos. Antorchas en las calles,
luces en las ventanas._)
D.ª SOL.--Levántate y ponte en salvo. ¡Gran Dios! Se incendia la ciudad.
HERNANI.--Tendremos boda con antorchas.
(_Choque de espadas y gritos._)
D.ª SOL.--Es la boda de los muertos.
HERNANI (_Reclinándose en el banco._)--Volvamos á soñar.
UN MONTAÑÉS (_Corriendo, espada en mano._)--Señor, los esbirros, los
alcaldes, desembocan en la plaza en tropel. ¡Alerta, señor!
D.ª SOL.--¡Ah! ¡Bien decías!
(_Hernani se levanta._)
EL MONTAÑÉS.--¡Socorro!
HERNANI.--Aquí estoy. No temas.
GRITOS CONFUSOS (_fuera_).--¡Muera el bandido!
HERNANI (_Al montañés._)--Tu espada. (_Á Sol._) Adiós, pues.
D.ª SOL.--¡Yo causé tu perdición! ¿Adónde vas? (_Indicándole la puerta
pequeña._) Ven, huyamos por esta puerta.
[Ilustración: D.ª SOL.--_Ven, huyamos..._]
HERNANI.--¿Qué dices? ¡Abandonar á mis amigos!
(_Tumulto._)
D.ª SOL.--¡Esos clamores me espantan! (_Reteniendo á Hernani._) No
olvides que si tú mueres, muero yo.
HERNANI (_Teniéndola abrazada._)--Un beso...
D.ª SOL.--¡Hernani, esposo mío, dueño mío!
HERNANI (_Besándole la frente._)--El primero.
D.ª SOL.--Acaso el último.
(_Parte Hernani, y Sol cae sobre el banco._)
[Ilustración]
[Ilustración]
ACTO III
EL ANCIANO
EL CASTILLO DE SILVA
EN LAS MONTAÑAS DE ARAGÓN
Galería de retratos de la familia de Silva; salón cuyo decorado
forman estos retratos encuadrados con preciosas molduras que
coronan emblemas y escudos ducales.--En el fondo, una alta puerta
gótica.--Entre los retratos sendas panoplias de diversos siglos.
PERSONAJES
DON CARLOS.
HERNANI.
DON RUY GÓMEZ DE SILVA.
DOÑA SOL.
YÁGUEZ.
ESCENA I
DOÑA SOL, de blanco y en pié junto á una mesa. DON RUY GÓMEZ DE SILVA,
sentado en su gran sitial de roble.
D. RUY.--¡Por fin llegó el día! Dentro de una hora serás mi duquesa.
Nada ya de tío ni sobrina: ya podré abrazarte y... Pero ¿me has
perdonado? No tuve razón, lo confieso: hice que palidecieran tus
mejillas y se ruborizara tu frente, con harto pronta sorpresa, y no
debí haberte condenado sin oirte. ¡Cómo engañan las apariencias y
qué injustos somos! Verdaderamente, allí estaban los dos mozos, muy
gentiles de persona ambos á dos. No debí dar crédito á mis propios
ojos; pero ¿qué quieres, niña? cuando uno es viejo...
D.ª SOL.--Siempre me habláis de ello, y nunca os lo eché en cara.
D. RUY.--Pues yo sí. Yo debía saber que con un alma como la tuya, no
puede tener galanes quien se llama doña Sol de Silva, y tiene en sus
venas pura sangre castellana.
D.ª SOL.--Ciertamente; es pura y buena, y acaso se vea muy pronto.
D. RUY (_yendo hacia ella_).--Escucha: nadie es dueño de sí mismo,
cuando está enamorado, como yo lo estoy de ti, y es además viejo.
Cualquiera se vuelve celoso y malo en ciertas condiciones. ¿Por
qué? ¡La vejez! Porque la belleza, la gracia, la juventud en otro,
todo espanta y hace temblar; porque está uno celoso de los demás y
avergonzado de sí mismo. ¡Qué irrisión que este hombre cojo ó tullido,
con el corazón ardiente y embriagado de amor, haya olvidado el cuerpo
al rejuvenecer el alma! Cuando pasa un joven pastor, muchas veces,
mientras vamos, cantando él por su verde prado, yo soñando por mis
negras avenidas, muchas veces digo para mí: «¡Oh, de qué buena gana
daría yo mis almenadas torres, mi antiguo palacio ducal, mis bosques
y sembrados, mis rebaños, mis títulos, todas mis ruinas por su cabaña
nueva y por su frente juvenil!» Porque sus cabellos son negros, porque
sus ojos brillan como los tuyos. Tú puedes verlo y decir: «¡Qué mozo!»
Y después pensar en mí, que soy viejo. Verdad que soy Gómez de Silva;
pero esto no basta. Sí, esto digo para mí. Ya ves hasta qué punto te
amo: todo lo daría por ser joven y hermoso como tú. Pero ¿á qué viene
delirar así? ¡Yo joven y bello, cuando debo precederte en la tumba!
D.ª SOL.--¿Quién sabe?
D. RUY.--Pero créeme, esos caballeros frívolos no aman tan inmensamente
que no se gaste su amor en palabras. Si una doncella ama á uno de
esos mozalbetes, ella se muere por él y él se ríe de ella. Todos esos
pajarillos de alas ligeras y vistosas tienen tan mudable el amor como
el plumaje. Los viejos, sin alas tan vistosas ni ligeras, amamos
mejor. ¡Que nuestro paso es pesado, que nuestra frente está arrugada,
y áridos nuestros ojos! Verdad, pero el corazón no se agosta ni se
arruga jamás. ¡Ah! cuando un viejo ama, hay que considerarlo mucho;
el corazón siempre es joven y puede lastimársele. ¡Oh! mi amor no es
como un juguete de cristal que brilla y tiembla, no; es un amor severo,
profundo, sólido, seguro, paternal, amistoso, de madera de roble, como
mi silla ducal. He aquí cómo yo te amo, y de otras cien maneras más:
como se ama á la aurora, como se ama á las flores, como se ama á los
cielos. De verte todos los días con tu gracioso paso, con tu frente
pura y tus brillantes ojos, me río con todo el júbilo del alma y en el
alma llevo una eterna fiesta.
D.ª SOL.--¡Ah!
D. RUY.--Y luégo el mundo ve con buenos ojos que cuando un hombre se
extingue y poco á poco se va, hasta tropezar en la piedra del sepulcro,
una mujer, ángel puro, vele por él, lo abrigue y se digne sufrir al
inútil anciano que no es bueno ya sino para morir. Excelente obra que
con razón se alaba, el supremo esfuerzo de un corazón que se sacrifica,
que consuela á un moribundo hasta el fin y sin amar acaso tiene
dulzuras de amor. ¡Oh! tú serás para mí un ángel con corazón de mujer
que regocije aún el alma del pobre anciano y soporte la mitad de sus
últimos años, hija por el respeto y hermana por la piedad.
D.ª SOL.--Lejos de precederme, bien pudiérais seguirme, señor. No es
razón para vivir ser joven. ¡Ah! muchas veces los viejos se retardan, y
van delante los jóvenes.
D. RUY.--¡Qué ideas tan sombrías! He de reñirte, niña: un día como este
es alegre y sagrado. Y á propósito ¿cómo no estás vestida ya para la
ceremonia? La hora se acerca. Vé, corre á vestirte, mientras yo cuento
los instantes.
D.ª SOL.--Siempre será tiempo.
D. RUY.--No tal. (_Entra un paje._) ¿Qué quiere, Yáguez?
EL PAJE.--Señor, un peregrino espera á la puerta pidiendo hospitalidad.
D. RUY.--Quien quiera que sea, la ventura entra en la casa con el
forastero que en ella se recibe. Que éntre, pues. ¿Hay algunas noticias
de afuera? ¿Qué se dice del capitán de bandoleros proscrito?
EL PAJE.--Todo acabó para Hernani, el león de la montaña.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Dios mío!
D. RUY.--¿Cómo?
EL PAJE.--La partida ha sido derrotada. Dicen que el mismo rey se puso
al frente de la tropa que salió en persecución de los bandidos. La
cabeza de Hernani vale por el momento mil escudos; pero se dice que ha
muerto en la refriega.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Sin mí! ¡Pobre Hernani!
D. RUY.--¡Gracias á Dios! Por fin murió el rebelde. Ahora podemos
alegrarnos sin peligro, hija mía. El bandido murió. Ea, vé á ataviarte,
amor mío, mi orgullo. ¡Hoy doble fiesta! Vé, vé á vestirte.
D.ª SOL (_Aparte._)--De luto, ¡ay de mí!
(_Sale._)
D. RUY.--Que le lleven pronto el cofrecito de joyas, que yo le regalo.
(_Siéntase._) Quiero verla adornada como una Virgen, ante la cual caiga
de rodillas el peregrino. Á propósito. ¿Y ese que pedía hospitalidad?
Corre, vé y dile que éntre, y guíalo aquí. (_Sale el paje._) Hacer
esperar á un peregrino raya en impiedad.
(_Ábrese la puerta del fondo y aparece Hernani disfrazado de
peregrino. El duque se levanta._)
ESCENA II
DON RUY GÓMEZ, HERNANI
HERNANI.--¡Paz y ventura al generoso duque!
(_Avanza._)
D. RUY.--¡Ventura y paz al peregrino mi bien venido huésped!
(_Siéntase._) ¿No eres peregrino?
HERNANI.--Sí.
D. RUY.--Sin duda vendrás de Armillas.
HERNANI.--No; he tomado otro camino... se batían por allá.
D. RUY.--La partida del proscrito ¿eh?
HERNANI.--Lo ignoro.
D. RUY.--Y ese Hernani ¿sabes qué ha sido de él?
HERNANI.--¿Quién es ese hombre, señor?
D. RUY.--¿No le conoces? Peor para ti, que has malogrado la ocasión de
ganar la gruesa suma en que se puso á precio su cabeza. Ese Hernani es
un rebelde al Rey, nuestro señor; un capitán de bandoleros que andaba
suelto é impune há mucho tiempo. Si vas á Madrid le verás ahorcar.
HERNANI.--No, no voy allá.
D. RUY.--Su cabeza es de quien quiera cortársela.
HERNANI (_Aparte._)--Que vengan por ella.
D. RUY.--Pues ¿adónde vas, buen peregrino?
HERNANI.--Á Zaragoza, señor.
D. RUY.--¿Á cumplir algún voto á la Virgen?
HERNANI.--Sí, á la Virgen del Pilar.
D. RUY.--¡Madre y Señora mía! Menester es no tener alma para olvidar
los votos hechos á los santos. Pero una vez cumplido el tuyo ¿no llevas
otros designios? ¿Ver el Pilar es todo lo que deseas?
HERNANI.--Todo.
D. RUY.--Bien. Y ¿cómo te llamas, hermano? Yo soy Ruy Gómez de Silva.
HERNANI.--Yo...
D. RUY.--Puedes callar tu nombre, si quieres; nadie tiene aquí el
derecho de saberlo. ¿Vienes á pedir hospitalidad?
HERNANI.--Sí, ilustre Silva.
D. RUY.--¡Muy bien venido! Quédate en mi casa y dispón de todo. En
cuanto á tu nombre, te llamas mi huésped y basta. Quienquiera que seas,
te acojo, que al mismo Satanás recibiría, si Dios me lo enviara.
(_Ábrese de par en par la puerta del fondo y entra doña Sol en traje
nupcial, seguida de pajes, criados y dos doncellas que traen sobre
un cogín de terciopelo un cofrecito cincelado, que dejan sobre una
mesa. El cofrecito encierra una corona ducal, brazaletes, collares,
perlas y brillantes en confusión. Hernani, jadeante y azorado, mira
con fulgurantes ojos á la novia sin escuchar ya al duque._)
[Ilustración: HERNANI.--_...Yo soy Hernani._]
ESCENA III
Los mismos, DOÑA SOL, pajes, criados, doncellas
D. RUY.--¡He aquí á mi Virgen del Pilar! Orar ante ella, te traerá
felicidad. (_Va á ofrecer la mano á Sol._) Futura esposa mía, venid,
venid. Pero ¡cómo estáis todavía sin el anillo nupcial ni la corona!
HERNANI (_Con voz de trueno._)--¿Quién quiere ganarse aquí mil carlos
de oro? ¡Yo soy Hernani!
(_Todos se vuelven sorprendidos. Hernani desgarra su hábito de
peregrino, lo pisotea y queda en su traje ordinario._)
D.ª SOL (_Aparte, con júbilo._)--¡Aún vive! ¡Gracias, Dios mío!
HERNANI (_Á los criados._)--Yo soy el proscrito á quien se busca. (_Al
duque._) ¿No queríais saber si me llamaba Pedro ó Diego? No, me llamo
Hernani. Aquí tenéis la cabeza puesta á precio. Vale bastante oro para
pagar vuestras bodas. Á todos os la ofrezco. Tomadla. Atadme de piés y
manos... Pero es inútil: me liga una cadena que no puedo romper.
D.ª SOL (_Aparte._)--¡Infeliz de mí!
D. RUY.--¡Qué locura! Estáis sin duda loco, huésped mío.
HERNANI.--Vuestro huésped es un bandido.
D.ª SOL.--No, no le escuchéis.
HERNANI.--Dicho está.
D. RUY.--¡Mil carlos de oro! Tan fuerte es la suma que no respondo de
todos mis criados.
HERNANI.--Me basta uno solo. Delatadme, entregadme.
D. RUY.--Callad, callad, no sea que os cojan la palabra.
HERNANI.--La ocasión es propicia. Os aseguro que soy el proscrito, el
rebelde Hernani.
D. RUY.--Callad.
HERNANI.--¡Hernani!
D.ª SOL (_Á su oído._)--¡Oh! ¡calla, por Dios!
HERNANI.--Aquí por lo visto estáis de bodas. Yo también quiero celebrar
una fiesta imperial. Mi esposa me espera: no es tan bella como la
vuestra, señor duque, pero no es menos fiel... es la muerte. (_Á los
criados._) ¡Ninguno de vosotros da un paso todavía!
D.ª SOL (_Bajo._)--¡Por piedad!
HERNANI.--¡Hernani! ¡Mil escudos de oro!
D. RUY.--Es el mismo demonio.
HERNANI (_Á un paje joven._)--Ven, ven tú; tú ganarás los mil carlos,
y rico entonces, el paje será un hombre. (_Á los criados._) Pero ¿qué
hacéis vosotros? ¡Temblar! ¿Hay peor suerte?
D. RUY.--Tocando á tu cabeza arriesgarían la suya. Aunque fueras
Hernani ú otro cien veces peor, y así en lugar de oro ofrecieran un
imperio, en mi casa debo protegerte contra todos, contra el mismo rey,
porque al huésped lo envía Dios. ¡Muera yo, antes que nadie toque á un
cabello de tu cabeza! Sobrina mía, dentro de una hora serás mi esposa.
Vuelve á tu aposento. Voy á poner en armas el castillo y á cerrar sus
puertas.
(_Sale seguido de sus criados._)
HERNANI (_Mirando con desesperación su cinto desarmado._)--¡Ah! ¡ni un
puñal!
(_Luégo que ha desaparecido el duque, da Sol algunos pasos como para
seguir á sus doncellas; después se detiene, y cuando salen, vuelve
con ansiedad hacia Hernani._)
ESCENA IV
HERNANI, DOÑA SOL
(_Contempla Hernani con mirada fría y como distraída el cofrecillo
nupcial de encima la mesa y fulguran sus ojos._)
HERNANI.--Os doy el parabién. Me encanta el adorno... me encanta...
(_Acercándose al cofrecillo._) El anillo nupcial es de buen gusto...
la corona ducal admirable... el collar, precioso... los brazaletes,
bellísimos; pero cien veces, cien veces menos que la mujer que en
seno tan blanco oculta un corazón tan negro. Y ¿qué habéis dado por
todo esto? Un poco de vuestro amor. ¡Gran Dios! ¡Engañar así, no
tener vergüenza y vivir! Pero al cabo, al cabo tal vez sean falsas
estas perlas, cobre el oro, vidrio y plomo los diamantes, y falsos
los zafiros y falso todo. ¡Ah! Si es así, duquesa, como estas joyas,
es falso tu corazón y no eres más que oropel. Pero no, todo es fino
y bueno y bello. Collar, brillantes, pendientes, corona, anillo
nupcial... nada falta. ¡Magnífico regalo! Y á fe que lo merece amor tan
seguro, tan fiel, tan profundo.
D.ª SOL.--No has llegado al fondo. (_Registra ella misma y saca un
puñal._) Es el puñal que arrebaté al rey cuando me ofrecía un trono,
que desprecié yo por quien ahora me ultraja.
HERNANI (_Cayendo á sus piés._)--¡Oh! Deja que de rodillas recoja las
lágrimas que lloran tus tristes cuanto bellos ojos. Después, por esas
lágrimas, toma tú toda mi sangre.
D.ª SOL.--Te perdono, Hernani; pero no olvides nunca que todo mi amor
es tuyo.
HERNANI.--¡Me ha perdonado y me ama! ¡Oh! Quisiera saber dónde pisas
para besar el suelo.
D.ª SOL.--¡Oh!
HERNANI.--No, yo debo serte odioso; pero escucha, dime otra vez que me
amas; calma un corazón que duda: dímelo por piedad, porque muchas veces
con tan pocas palabras han curado hondas heridas los labios de una
mujer.
D.ª SOL.--¡Creer que fuera tan olvidadizo mi amor! ¡No recordar, no
saber que nunca jamás ninguno de esos hombres sin gloria podría ocupar
un corazón lleno de Hernani!
HERNANI.--He blasfemado. Cualquiera en tu lugar se hubiera cansado ya
de este loco furioso, que no sabe acariciar, sino después de haber
ofendido, y le hubiera dicho: _¡Basta! ¡Vete!_ Recházame, recházame. Yo
te bendeciré, porque has sido bondadosa y dulce siempre conmigo, porque
me has sufrido demasiado tiempo, porque soy un malvado oscureciendo,
manchando tu luz con mis sombras. Sí, es demasiado ya: tu alma es
bella y noble y pura, y si yo soy malo, ¿acaso es tuya la culpa? Sé
esposa del duque; es bueno y rico: sé feliz con él. No olvides lo que
esta mano puede ofrecerte: un dote de dolores. La proscripción, los
hierros, la muerte, el espanto que me cerca: tal sería tu collar, tal
tu corona. Sé esposa del anciano, te repito. Y él lo merece más. ¿Cómo
casar tu pura frente con mi cabeza proscrita? ¿Quién, viéndonos unidos,
á ti tranquila y bella, á mí violento y fiero, á ti apacible, limpia
como blanca azucena, á mí, á mí airado, sombrío, azotado por tantas
tempestades; quién diría que nuestra suerte sigue la misma ley? No,
Dios que lo hace bien todo, no te hizo á ti para mí. No me concedió el
cielo derecho ninguno sobre ti; me resigno: poseer tu corazón sería
un robo, y se lo restituyo al más digno. Jamás consintió el cielo en
nuestro amor; y mentí, si te dije que era nuestro destino, mentí.
Amor, venganza, ¡adiós! Se acabó todo: me voy avergonzado de no haber
podido vengarme ni ser feliz. ¡Y que naciera para odiar yo que no he
sabido más que amar! Perdóname, huye de mí: es ya mi único ruego; no lo
desoigas, porque es también el último. Tú vives y yo muero. No veo por
qué razón habrías tú de enterrarte conmigo.
D.ª SOL.--¡Ingrato!
HERNANI.--¡Montes de Aragón! ¡Galicia! ¡Extremadura! ¡Oh! Yo llevo la
desgracia á todo lo que me rodea. Os quité vuestros mejores hijos; sin
remordimiento les hice pelear por mis derechos y murieron. Eran los
más bravos de la heróica España. Y cayeron, cayeron todos heridos en
el pecho. He aquí lo que hago yo con todo lo que se me une. No, no es
para ti unión esta de que debas tener celos. Cásate con el duque, con
el diablo del Rey... enhorabuena: todo lo que no sea yo vale más que
yo. Ni un amigo tengo que se acuerde de mí; todos me abandonan: tiempo
es ya de que te llegue tu vez, porque debo quedar solo. Huye de mi
contagio. ¡Oh! por piedad de ti huye de él. Acaso me creas un hombre
como son los demás, un sér inteligente, que corre derecho al fin que se
propuso. Desengáñate. Soy una fuerza que va, un agente ciego y sordo de
fúnebres misterios, un alma formada de tinieblas. ¿Adónde voy? No lo
sé. Pero me siento empujado por soplo impetuoso, por un loco destino,
y bajo y bajo sin detenerme nunca. Si jadeante á veces vuelvo la cara
atrás, oigo una voz que me grita: _¡Adelante!_ Y el abismo es profundo;
y de fuego ó de sangre, lo veo todo rojo allá en lo hondo. Entre tanto,
á una y otra mano de mi vertiginoso camino, todo se rompe, y muere
todo. ¡Ay, del que me toca! ¡Oh! huye, aléjate de mi fatal camino, pues
sin querer, doña Sol, te haría daño.
D.ª SOL.--¡Dios mío!
HERNANI.--El ángel de mi guarda ha de ser un demonio poderoso; mi
felicidad es el único prodigio que le es imposible. Y tú eres la
felicidad; no eres para mí. Toma otro esposo; y si algún día el cielo
se aplacara... ¡Qué ironía! No, no lo esperes. Cásate con el duque.
D.ª SOL.--No era bastante haberme desgarrado el corazón y ahora me lo
arrancas. ¡Ah! no me amas.
HERNANI.--¡Oh! mi corazón eres tú, mi alma eres tú, el ardiente foco
que á mí me da luz y calor eres tú; pero no he debido hablarte así: no
me quieras mal por eso.
D.ª SOL.--No, pero moriré.
HERNANI.--¡Morir tú! ¿Por quién? ¿Por mí? ¿Habrías de morir por tan
poco?
D.ª SOL (_Rompiendo á llorar._)--Moriré.
(_Cae en una silla._)
HERNANI (_Acudiendo._)--¡Oh! ¡Lloras! Y siempre por culpa mía. ¿Quién
me castigará, ya que tú siempre me perdonas? ¿Quién, á lo menos,
pudiera hacerte ver lo que yo sufro, cuando una lágrima extingue la
luz de tus ojos, que es la única luz del alma mía? Pero han muerto mis
amigos; estoy loco... perdóname otra vez. Quisiera amar y no sé; y, sin
embargo, me estoy muriendo de amor. No llores: muramos antes. ¡Que no
tuviera yo un mundo que poner á tus piés! ¡Pero soy tan pobre!...
D.ª SOL (_Abrazándole._)--¡Oh! tú eres mi león soberbio y generoso, y
yo... yo amo á mi león.
HERNANI.--¡Oh! El amor sería un bien supremo, si pudiéramos morirnos á
fuerza de amar. ¿Quién de los dos se hubiera muerto antes?
LOS DOS Á LA VEZ.--Yo.
HERNANI (_Con desesperación._)--¡Oh, cuán dulce me sería una puñalada
tuya!
D.ª SOL.--¡Ah! ¿No temes que te castigue Dios?
HERNANI (_Apoyando la frente en su seno._)--Pues bien, que Dios nos
una. Tú lo quieres así, así sea. Yo he resistido.
(_Se contemplan extasiados sin ver ni oir nada en torno. Entra don
Ruy por el fondo, los ve y se detiene como petrificado._)
ESCENA V
HERNANI, DOÑA SOL, DON RUY GÓMEZ
D. RUY (_Inmóvil y con los brazos cruzados._)--He aquí el pago de mi
buena hospitalidad.
D.ª SOL.--¡Dios mío! ¡El duque!
(_Se aparta con sobresalto._)
[Ilustración]
D. RUY.--¿Es este el pago, señor huésped?--Buen señor, id á ver si
la muralla es segura, si están las puertas cerradas y el arquero en
su torre. Revisa tu castillo, busca en tu arsenal una armadura á tu
medida; requiere á los sesenta años tu arnés de batalla: he aquí la
lealtad con que pagaremos la tuya.--¡Santos del cielo! He vivido más
de sesenta años, he encontrado á veces gentes desalmadas; muchas veces
al sacar mi espada de la vaina he levantado caza de verdugo; he visto
asesinos, traidores, monederos falsos, criados infieles que envenenan
á sus amos; he visto á Sforza, á Borgia, á Lutero; pero nunca he visto
perversidad tan grande que no hubiera temido el rayo de Dios haciendo
traición á su huésped. Esto no es de mi tiempo: tan negra traición
petrifica á un anciano en el umbral de su casa, como si fuera la
estatua de su misma tumba. ¿Quién es este hombre? ¡Oh vosotros, todos
los Silvas que aquí me escucháis! (_Á los retratos._) perdonad si
ante vosotros, perdonad si en mi cólera, llamo á la hospitalidad mala
consejera.
HERNANI.--Señor duque...
D. RUY.--¡Silencio! (_Adelanta unos pasos._) ¡Muertos sagrados!
¡Mayores míos! ¡hombres de hierro, que veis lo que viene del cielo
y del infierno! decidme quién es este hombre. ¿Es Hernani ó Judas
Iscariote? Hablad, decidme su nombre. (_Crúzase de brazos._) ¿Visteis
en vuestros días nada semejante?
HERNANI.--Señor duque...