triunfado, han sido escritores, y poetas, y artistas de energía, de
carácter artístico, y de una cultura enorme. Los flojos se han hundido,
se han esfumado. Si hay y ha habido en los cenáculos y capillas de
París algunos ridículos, han sido por cierto «preciosos». A muchos les
perdonaría si les conociese nuestro caro profesor Calandrelli, _pour
l'amour du grec_. Hoy no se hace modernismo--ni se ha hecho nunca--con
simples juegos de palabras y de ritmos. Hoy los ritmos nuevos implican
nuevas melodías que cantan en lo íntimo de cada poeta la palabra del
mágico Leonardo: _Cosa bella mortal passa, e non d'arte_. Por más que
digan los juguetones ligeros o los niños envejecidos y amargados,
fracasa solamente el que no entra con pie firme en la jaula de ese
divino león, el Arte--que como aquel que al gran rey Francisco
fabricara el mismo Vinci, tiene el pecho lleno de lirios.
No hay aquí, pues, tal modernismo, sino en lo que de reflexión puede
traer la vecindad de una moda que no se comprende. Ni el carácter, ni
la manera de vivir, ni el ambiente, ayudan a la consagración de un
ideal artístico. Se ha hablado de un teatro, que yo creí factible
recién llegado, y hoy juzgo en absoluto imposible.
La única _brotherhood_ que advierto es la de los caricaturistas;
y si de músicas poéticas se trata, los únicos innovadores
son--ciertamente--los risueños rimadores de los periódicos de
caricaturas.
Caso muy distinto sucede en la capital del principado catalán. Desde
_L'Avenç_ hasta el _Pèl & Ploma_ que hoy sostienen Utrillo y Casas,
se ha visto que existen elementos para publicaciones exclusivamente
«modernas», de una _élite_ artística y literaria. _Pèl & Ploma_ es una
hoja semejante al _Gil Blas illustré_, de carácter popular, mas sin
perder lo aristo; y siempre en su primera plana hay un dibujo de Casas,
que aplauden lápices de Munich, Londres o París. El mismo Per Romeu, de
quien os he hablado a propósito de su famoso _cabaret_ de los _Quatre
Gats_, ha estado publicando una hoja semejante, con ayuda de Casas, y
de un valor artístico notable.
En esta capital no hay sino las tentativas graciosas y elegantes del
dibujante Marín--que logró elogios del gran Puvis--, y las de algún
otro. En literatura, repito, nada que justifique ataque, ni siquiera
alusiones. La procesión fastuosa del combatido arte moderno ha tenido
apenas algunas vagas parodias... ¿Recordáis en Apuleyo la pintura de la
que precedía la entrada de la primavera, en las fiestas de Isis? (Mét.
XI, 8) Pues confrontad.
[Ilustración]
UNA REINA DE BOHEMIA
[Ilustración]
23 de diciembre 1889.
EN estos días ha venido a despedirse de Madrid la célebre Mme.
Rattazzi, que con el nombre de _Barón Slock_, dirige en París la
_Nouvelle Revue Internationale_, antiguas _Matinées espagnoles_. Sin
ser archimillonaria, esta señora, verdadera reina del país de Bohemia,
ha mantenido casa puesta durante mucho tiempo, en tres o cuatro
puntos de Europa. Conocida es en gran parte su curiosa vida. Poetisa,
novelista, periodista, mujer de mundo sobre todo, caprichosa y rara
cuando se le sube el Bonaparte a la cabeza, se ha casado tres veces
y ha consagrado un perpetuo culto al amor y al arte. Fué su primer
marido el conde de Solms; el segundo, el famoso hombre público italiano
Rattazzi; el tercero, el español señor de Rute.
Ya la princesa está muy vieja; con mucho trabajo habrá debido
resignarse a la tiranía del tiempo. Hoy viene a cerrar su casa
madrileña y a decir adiós a España, a la que tanto quiere. Anteanoche
ha dicho conmovida ese adiós, en verso, ante un concurso de amigos.
Todavía tiene energías para trabajar y vuelve a París a proseguir en su
labor; pero ya no verá más el cielo de España, ni volverá a escuchar
las líricas salutaciones que antaño le dirigiera Castelar. Su memoria
está poblada de recuerdos singularísimos; su existencia toda ha pasado
entre grandezas dichosas y terribles tragedias.
Nieta de Luciano, y por lo tanto, sobrina del emperador, ha recorrido
en triunfo todas las cortes europeas, en tiempos en que su belleza era
cantada por los más gloriosos poetas. Si esta señora publicase sus
memorias, que es probable tenga escritas, serían de lo más interesante.
Posee autógrafos, artículos, versos, cartas amorosas de las primeras
personalidades de este siglo; y no sé hasta qué punto esté de acuerdo
con George Sand, que en una ocasión, a propósito de la publicación de
las cartas de Lamennais, la decía: «Yo pienso como Eugenio Sué, que
los muertos continúan amándonos, pero nosotros les debemos aún más de
lo que nos deben, sobre todo, a señalados muertos, tan ultrajados y
calumniados en vida, por haber amado y procurado el bien. El excelente
Sué se inquietaba por las negligencias de estilo de sus propias cartas
y nos pedía las revisáramos. Si Lamennais hubiese visto de nuevo las
suyas, habría corregido también. En fin, yo contradigo aún a nuestro
pobre Sué, en esto: que debemos atenernos todos a no escribir una
línea que no pueda ser mostrada y publicada. No quiero pensar en lo
que llegarán a ser mis cartas. Quiero persuadirme de que cuando son
íntimas no saldrán de la intimidad benevolente». ¡La pobre Sand, que ha
sido tan traída y llevada cuando la publicación de su correspondencia,
y no hace mucho, cuando la resurrección del famoso Pagello! Eugenio
Sué había escrito antes a María Letizia: «Creedme, mi querida María,
un hombre honrado no se ruboriza jamás de ver expuestas sus opiniones,
sus acciones, o sus pensamientos... Cuando escribe un hombre de nuestra
posición, un escritor, sabe bien que sus cartas son desgraciadamente
autógrafos y que, dentro de veinte o cuarenta años, serán entregadas
necesariamente a la curiosidad o a la simpatía, por la persona a quien
han sido dirigidas, o por sus herederos. Ya lo habéis visto por
Balzac. A cada carta íntima que escribía a vuestra madre, le ponía a
la cabeza: _Brûler_, y vos obedecíais como ella a esta indicación,
mientras que las demás no tenían nada indicado, como si él adivinara el
papel posible que debían representar en tiempo más o menos lejano. Hay,
sin embargo, un caso, en que el silencio más escrupuloso se exige, por
las simples leyes del pudor, y es cuando las cartas han sido dirigidas
a la mujer y no al escritor. La mujer de letras es excusable siempre,
loable a menudo, cuando busca hacer conocer por su correspondencia
a un amigo literario o político que haya pertenecido a su salón; es
censurable y poco delicado cuando turba el silencio del cementerio por
revelaciones amorosas».
La señora Rattazzi haría muy mal en no formar el más interesante de
los libros con tanto valioso documento como posee. Siendo muy joven,
tuvo el placer de que Alfredo de Musset la hiciera versos. Sainte-Beuve
fué uno de sus galanteadores y el viejo Dumas llegó, en días de mayor
gloria, a ser su amanuense, copiándole, ¡todo un drama! Con Ponsard, el
_flirt_ es innegable como lo demuestra este soneto:
Hier dans votre sein, ma montre est descendue;
Le pays lui parut sons doute bien orné,
Car pour voir chaque site elle a tant cheminé
Que la pauvre imprudente à la fin s'est perdue.
Elle battait bien fort, vous l'avez entendue,
Mais vous ne saviez pas que j'eusse imaginé
D'y renfermer au fond mon cœur emprisonné;
C'était lui qui battait sur votre gorge nue.
Depuis ce temps, il bat d'un mouvement si vif,
Dans le cachot doré qui le retient captif,
Que ma montre en une heure achève la semaine.
C'est ainsi qu'à l'en croire il s'est passé des mois
Depuis que je vous vis pour la dernière fois;
Il s'est passé pourtant une journée à peine.
En otros versos, Ponsard ronsardiza:
Lorsque vous atteindrez le bout de la carrière,
Vieillie et regardant longuement en arrière,
Quand vous n'entendrez plus le langage d'amour,
Vous puissiez retrouver dans ces feuilles fanées
Un peu du doux parfum de vos jeunes années,
Et dire: Je fus belle et bien aimée un jour.
Que fué muy bella lo dicen los retratos de sus mejores épocas, los de
su primera juventud y los de su plena lozanía. No ha sido su hermosura
majestuosa belleza de matrona clásica, sino belleza delicada y fina,
lo que expresa el delicioso vocablo francés _mignonne_. Víctor Hugo
estuvo enamorado de ella, y no hay duda de que los suyos son los más
valiosos autógrafos que conserva la anciana princesa. El poeta admiraba
toda su beldad, pero sentía singular predilección por el pie, que debe
indudablemente haber conocido al natural. Creo que me agradeceréis que
os dé a conocer aquí algunas de esas curiosas cartas que dejan ver un
lado poco conocido del gran lírico. Él llamaba a la princesa Rodope, y
a sí mismo se bautizaba, con modesta naturalidad, Esquilo.
«Hauteville-House, 13 de noviembre. ¿Seríais, señora, bastante buena
para decirme si _La leyenda de los siglos_, que habéis recibido, es la
que os he enviado, pues el honrado correo imperial juzga a propósito
interceptar la mayor parte de mis envíos? Algunos diarios que por ello
se han quejado, en el extranjero, tal vez han llegado a vos. En todo
caso, quizá os lleve el libro yo mismo, si Italia de aquí a entonces
está ya libre, como lo espero. Permitidme que, esperando el gran
artículo prometido por vos al público, os agradezca las veinte líneas
encantadoras que habéis escrito sobre _La leyenda de los siglos_. Y
concededme, señora, la gracia de besar vuestra mano, toda radiante de
poesía. Pongo a vuestros pies todos los homenajes de mi alma y de mi
espíritu.»
«Querida y sublime Rodope, un pensamiento al despertarme, un
pensamiento de recogimiento y de adoración, al leer esas páginas
tan tristes, tan melancólicas y tan dulces; dejadme en este ensueño
depositar un beso sobre vuestro pie desnudo, pues, como dice Hesíodo,
_el pie desnudo es celeste_. Si mi audacia os enoja, castigad mi carta
quemándola.»
«17 de julio. No me pidáis ni verso ni prosa; pedidme, señora,
que me conmueva hasta el fondo del alma por una carta como la que
recibo; pedidme que os admire, que os aplauda, que os contemple--de
muy lejos, ¡ay!--. Pedidme que comprenda que una mujer como vos es
una obra maestra de Dios. Los poetas no hacen sino Ilíadas; sólo
Dios hace mujeres como vos; es así cómo se demuestra. Todo lo que me
decís me conmueve. No puedo pensar sin un pesar melancólico, y casi
amargo, en el lugar casi radiante en que me habéis colocado en vuestra
imaginación. Es la gloria, señora, semejante lugar; ¡y ello hubiera
podido ser mejor que la gloria!... Dejadme que me incline ante vuestra
soberanía de gracia, de belleza y de espíritu, y permitid que a la
distancia, y sin intentar franquear toda esta mar y toda esa tierra que
nos separan, y quedando en mi sombra, y replegándome en ella aún más
profundamente y más resueltamente, me ponga, en pensamiento al menos, a
vuestros pies, señora.»
«Hauteville-House, 1.º de julio. Vuestro encantador envío me llega,
señora en medio de una nube de cartas políticas (algunas muy sombrías),
como una estrella en un torbellino. No sabría deciros con qué emoción
he visto ese deslumbrador retrato, que se parece a vuestro espíritu al
mismo tiempo que a vuestro rostro, y la graciosa firma que lo subraya;
buscad otra palabra que dé las gracias: _je vous remercie_ no es
suficiente.»
«2 de enero de 1883. El sombrío Esquilo da las gracias a la
deslumbradora y divina Rodope. Las tinieblas están _más que nunca_
enamoradas de la estrella. Vuestros pensamientos y vuestras cartas
son perlas, de esas perlas ardientes de que habla el Korán. Sería
preciso tener todo lo que vos tenéis, la dignidad mezclada a la
pasión, la gracia exquisita y el deslumbrante espíritu; sería preciso
ser vos misma, para que un hombre en el mundo pudiera creerse digno
de vos. Me parece que si estuviese cerca de vos, en vez de estar tan
lejos, os tomaría algo de vuestra alma, os robaría como Prometeo a los
dioses, esa llamada celeste que está en vos. Pero estás en Roma ¡ay!
Dejadme en este ensueño hablaros y evocaros... ¡Oh, señora! Quien dice
grandeza dice franqueza, y vos sois franca porque sois grande. Desde
hace doce días espero el _coup d'Etat_; espiaba y aguardaba... Hay que
partir, ahora. Heme aquí de nuevo en el torbellino, en el vaivén, en
el movimiento continuo. Escribidme, escribidme. Esquilo envía a Rodope
toda su alma, todos sus ensueños.--VÍCTOR HUGO.»
Ahora, en sus postreros años, todas esas cosas viven en la memoria de
la antigua beldad, como pétalos de una seca flor entre las hojas de
un viejo libro. La princesa, como he dicho, todavía va a Portugal, a
Turquía, a Austria, en jiras artísticas o periodísticas. Es la sombra
errante de su pasado. Además, ha sufrido durísimos golpes. Uno de ellos
la muerte de una hija, a quien amaba mucho. Estando en Aix-les-Bains,
un ómnibus decapitó a la niña que jugaba, cerca de la villa de la
madre. Su hija Isabel, hija de Rattazzi, se casó en España, y su marido
está en un manicomio. Y como éste muchos sufrimientos, muchas penas.
Con esto paga a la suerte el ser de sangre napoleónica y tener talento.
Y admiro a esta gran bohemia, de familia imperial, que ha sido bella y
ha sabido defenderse de la vida, al amor de los versos y de los besos.
EL CARTEL EN ESPAÑA
[Ilustración]
AL escribir mis primeras impresiones de España, a mi llegada a
Barcelona, hice notar que una de las particularidades de la ciudad
condal era la luminosa alegría de sus calles, enfloradas en una
primavera de _affiches_. Así como en Buenos Aires se está aún con el
biberón a este respecto, en España no se ha salido de la infancia. León
Deschamps afirma que ello es en el arte en general y más especialmente
en el arte decorativo. El francés exagera. Le bastaría haber puesto los
ojos en un estudio recientemente publicado en la _Revue Encyclopédique_
por Mélida, para convencerse de lo contrario. Si algo hay que en este
general marasmo sostenga el espíritu antiguo de la gloriosa nación, es
el arte. Las exposiciones--aunque la última haya dejado que desear--se
suceden copiosas, sustentadas por el Círculo de Bellas Artes en
Madrid y por el Concejo municipal en Barcelona. Las pequeñas revistas
ilustradas hacen lo que pueden por desarrollar el gusto público. La
arquitectura busca, en modelos nuevos, amplitud y gracia. El arte
decorativo alcanza notable vuelo en Cataluña. La decoración teatral,
cuyos Rubé y Chaperón han sido Busato y Amalio Fernández, progresa a
ojos vistas. El arte antiguo español tiene un núcleo de apasionados
en la Sociedad de Excursionistas; y en el Ateneo las cátedras de
arqueología y de historia del arte están muy bien mantenidas. Lo que
hay es, como ya lo he manifestado en vez anterior, que la protección de
las clases ricas es nula, y que el Gobierno tampoco se ocupa, como en
tiempos de ilustres memorias, de favorecer la expansión de los talentos
españoles. En la última exposición fué de gran resonancia la compra
de un cuadro de Sorolla hecha por una dama de la aristocracia. No se
dijo después de esto, que ninguna alta personalidad de la Real Casa,
o título rico, hubiese hecho adquisiciones entre lo poco de mérito
que había en el certamen que inició la primavera y cerró la granizada
colosal del pasado mayo, antes de término.
Pero, hablemos del cartel o _affiche_...
Desde hace largos años, los carteles vistosos se han usado en España
para anunciar las famosas ferias de Sevilla, de Valencia, la fiesta de
la Virgen del Pilar de Zaragoza, y corridas de toros en días de gala.
Tales carteles no son desde luego del género de los carteles
comerciales de hoy. En ellos se procura ante todo llamar la atención
del transeunte con la reproducción _criarde_ de los pintorescos tipos
de las provincias, o majas de ojos grandes y rojas sonrisas, toros y
toreros.
Como fondo puede verse ya la iglesia de la ciudad, o el coso.
Últimamente se han visto carteles anunciadores de las exposiciones de
pinturas, de las fiestas del carnaval y para algunas representaciones
teatrales. Estos aún en número muy reducido, pero se va estableciendo
la costumbre.
En los carteles de torería ha predominado, como en los de las fiestas
provinciales, y, puede decirse, como en la mayor parte de las nuevas
tentativas, el grito hiriente de los colores, el llamamiento feroz del
color, con su tiranía engañosa; esta terrible potencia del color, que,
como dice Barbey D'Aurevilly, hace creer en la verdad de la mentira.
Con razón sorprende a Deschamps esta acentuación del crudo colorido,
y de los oros verdaderamente pronunciados. La falta de originalidad
es notoria, pero en esto no sólo en España, sino también en el resto
de Europa se nota actualmente. Son cuatro, son seis, pongamos diez,
_affichistas_ originales; los demás combinan varios procedimientos, o
imitan francamente tales o cuales maneras. En el arte «moderno», en
literatura como en todo, un aire de familia, una marca de parentesco
se advierte en la producción de distintas naciones, bajo climas
diferentes. El primitivismo, el prerrafaelismo inglés, ha contagiado al
mundo entero. El arte decorativo de William Morris y demás compañeros
se refleja en el arte decorativo universal desde hace algunos años. Y
en lo que al cartel se refiere, Aubrey Beardsley perdura en una falange
de artistas ingleses, norteamericanos y de otras partes. El mismo
yanqui Bradley, que tiene personalidad propia, no negaría la influencia
del malogrado y misterioso maestro. Dudley Hardy también ha extendido
su sugestión a muchos de sus contemporáneos. Y en Francia, basta con
nombrar a Chéret para reconocer a cada paso, en obras de otras firmas,
la imitación o el calco de sus figuras, la atracción de sus llameantes
locuras de color. ¿En nuestros ensayos de Buenos Aires no se ve la
persecución de Mucha? Por lo tanto, no es de extrañar que aquí sea el
arte del cartel un arte de reflexión.
Hace algún tiempo una casa industrial muy conocida, la que fabrica
el más conocido aún anís del Mono, abrió un concurso para anunciar
su licor. Entonces se notó por primera vez que había en España una
cantidad de cartelistas bastante notables que antes no se sospechaba.
Aparecieron «trescientos monos haciendo trescientas mil monerías», como
en los clásicos versos. Pero el mono mejor, el que se llevó el primer
premio, fué el del catalán Casas, quien presentó dos carteles, con
sus monos correspondientes acompañados de dos españolas _monísimas_.
En el uno el animalito sobre un trípode, vierte a la chula, envuelta
en un mantón lujoso de alegres tonos, una copa de anís; en el otro
la chula--¡precioso modelo, por vida mía!--tiene en la diestra la
copa y con la izquierda lleva asido a su mono. Casas es uno de los
mejores artistas actuales en España; con Rusiñol sostiene sabia y
cuerdamente un modernismo bien entendido, en la capital de su Cataluña.
Se le señalan maneras imitadas de autores extranjeros, y Deschamps
escribe a propósito de una de sus últimas producciones, _Pèl & Ploma_,
los nombres de Ibels y de Lautrec. Lo que hay es que tanto Casas
como Rusiñol y los «nuevos» de la joven escuela catalana, como los
escritores, están al tanto de lo que en el mundo entero se produce
de las evoluciones del arte universal contemporáneo, y siguen lo que
se debe seguir del pensamiento extranjero; _los métodos_, como tan
sabiamente lo ha dicho en ocasión reciente y a propósito de otras
disciplinas en Buenos Aires el doctor Juan Agustín García hijo. Después
se desarrolla la concepción individual en el ambiente propio, en el
medio propio. No otra cosa encuentro yo en las obras artísticas y
literarias del admirable artista de Sitges.
Rusiñol ha hecho carteles dignos de nota, y que el escritor francés
de que he hablado juzga sin observación, con criterio más que ligero,
precipitado. Que Rusiñol sea un _chercheur_, perfectamente de acuerdo.
«Todos sus _affiches_ son de aspecto diferente». _Nego. Le teatro
artístico interior_ (sic) _est un effet de nuit très remarquable_.
¿M. Deschamps no ha podido siquiera darse cuenta de lo que se trata?
_Teatro artístico_ es el nombre del teatro libre que quería Benavente
fundar en Madrid; _Interior_, es el título de un drama, cuyo autor es
harto conocido en _La Plume_, de que es director M. Deschamps, y cuyo
nombre, en letras bien grandes, está al pie del cartel: M. MAETERLINCK.
El «efecto de noche» es una delicada y profunda _rêverie_ en negro y
violeta, si mal no recuerdo, interpretación de la obra vaga y dolorosa
del poeta belga. En todos los carteles de Rusiñol su espíritu se
transparenta, como en todas sus pinturas, como en todo lo suyo, y aun
siendo de manera distinta, por ejemplo, el cartel de _L'allegría que
passa_, puesto que cada tema debe tener una interpretación diversa,
se advierte que también «pasa» por allí el mismo aliento de enfermiza
poesía que en la visión del ensueño del _affiche_ de _Oracions_ hecho
en colaboración con Utrillo, o en esa otra página de melancolía que
anuncia el bello libro de _Fulls de la vida_.
Riquer es un entusiasta. Ha fundado revistas artísticas _à l'instar_ de
similares extranjeras y de la que entre nosotros realizaría el sueño
de Schiaffino, si existiera; _Luz_ ha sido una de ellas, y tuvo poca
vida. Riquer conoce a maravilla el arte moderno. Sus ilustraciones,
sus dibujos le han dado aquí justa originalidad. En sus carteles hay
el mismo talento buscador y feliz. Es un hábil sinfonista del color,
así le haga detonar demasiado en sus graciosas combinaciones. Sus
_Crisantemas_ son deliciosas en su claro origen sajón; Bradley mismo no
tiene muchos carteles superiores a éste; su figurita para las galletas
y bizcochos de Grau y Compañía es de un encanto innegable sobre su
armoniosa decoración. A Utrillo se le compara con Steinlen. No hay duda
de que el hombre de _Ferros d'Art_ y la figura del _Anuario Riera_,
pongo por caso, parecen de la mano del artista parisiense; pero ¿la
exquisita _noya_ del cartel de las aguas de _Cardo_? Utrillo es fuerte,
es vigoroso; mas cuando un soplo suave le llega, la gracia está con él.
Marcelino Unceta es especialista, como Pérez, en corridas de toros. Sus
picadores, sus potentes y cornudas bestias, sus _espadas_, todas las
gentes del circo nacional que hace vivir su talento pictórico, son de
primer orden. Pero sus carteles no corresponden bien visto a lo que se
entiende por pintura de _affiche_. Son figuras que pueden entrar en un
cuadro de género, tipos de estudio para verdaderas telas de composición.
A Xaudaró, el caricaturista, no le considero en la misma línea de los
cartelistas catalanes, aun de los nuevos como Gual, que revela un brío
y un talento que no se discuten. Xaudaró lleva al cartel sus mismas
caricaturas; el eterno enano macrocéfalo, la exageración del gesto,
la deformación, no por cierto a causa de un exceso de comprensión del
dibujo. Sus _bonshommes_ fatigan ya en su incesante repetición. En
la expectación del cartel resultan fuera de su centro; se ve que se
han salido de los álbumes de su autor o de las páginas humorísticas
de las revistas semanales. Navarrete sí merece mención, por su
franqueza de dibujo y su colorido--siempre con la nacional exageración
naturalmente--. Tanto él como casi todos los dibujantes de España
han usado y abusado de la línea gruesa que recorta la figura como el
emplomado de los _vitraux_. Desde la aparición de carteles que han dado
a Alfonso Mucha su celebridad, esa afición ha aumentado, como la de
imitar al _affichista_ de Sarah Bernhardt la manera de desenvolver las
cabelleras de sus figuras, como en cintas y volutas.
Yo no he tenido la suerte de encontrar esos carteles de que habla M.
Deschamps--que desde luego no ha estado en España según creo--en que
pintores españoles han ensayado crear aquí un arte de cartel nacional.
Lo que he visto, sí, son muchos reflejos, muchas imitaciones, muchos
calcos. Buena voluntad no falta y talento sobra. No será una rareza que
esa creación buscada se realice. Desde luego se ve que en el cartel
español se salen de la rebusca del atractivo por la desnudez. No sé
que motivo haya, como no sea el eterno de la atracción del desnudo,
para anunciar una máquina de coser, unas píldoras o unas lámparas,
con señoritas en cueros, como hace la mayor parte de los cartelistas
franceses. Pero aquí hay muchas bellezas que reproducir halagando
la mirada del público, en este país de hermosos rostros femeninos y
verdadero imperio de flores; Sattler tenía a su disposición el ensueño
en su país del Norte, para hacer florecer de una flor rara su _affiche_
del periódico _Pan_. ¿Qué cosas, al claro día, no puede decir la paleta
española, con la ayuda de la verdad de su sol?
LA NOVELA AMERICANA
EN ESPAÑA
[Ilustración]