Pues ¿y el árbol? Está formado de ramas de encina y cedro. El solícito
amigo de la casa que lo ha compuesto con gran trabajo, declara que jamás
salió de sus manos obra tan acabada y perfecta. No se pueden contar los
regalos pendientes de sus hojas. Son, según la suposición de un
chiquitín allí presente, en mayor número que las arenas del mar. Dulces
envueltos en cáscaras de papel rizado; mandarinas, que son los niños de
pecho de las naranjas; castañas arropadas en mantillas de papel de
plata; cajitas que contienen glóbulos de confitería homeopática;
figurillas diversas á pie y á caballo: cuanto Dios crió para que lo
perfeccionase luego la Mahonesa ó lo vendiese Scropp, ha sido puesto
allí por una mano tan generosa como hábil. Alumbraban aquel árbol de la
vida candilejas en tal abundancia, que, según la relación de un
convidado de cuatro años, hay allí más lucecitas que estrellas en el
cielo.
El gozo de la caterva infantil no puede compararse á ningún sentimiento
humano: es el gozo inefable de los coros celestiales en presencia del
Sumo Bien y de la Belleza Suma. La superabundancia de satisfacción casi
les hace juiciosos, y están como perplejos, en seráfico arrobamiento,
con todo el alma en los ojos, saboreando de antemano lo que han de
comer, y nadando, como los ángeles bienaventurados, en éter puro de
cosas dulces y deliciosas, en olor de flores y de canela, en la esencia
increada del juego y de la golosina.