¡Hermosa fiesta la de esta noche en casa de los señores de-----!
Los tambores atruenan la sala. No hay quien haga comprender á esos
endiablados chicos que se divertirán más renunciando á la infernal bulla
de aquel instrumento de guerra. Para que ningún humano oído quede en
estado de funcionar al día siguiente, añaden al tambor esa invención del
Averno, llamada zambomba, cuyo ruido semeja á gruñidos de Satanás.
Completa la sinfonía el pandero, cuyo atroz chirrido de calderetería
vieja alborota los nervios más tranquilos. Y sin embargo, esta discorde
algazara sin melodía y sin ritmo, más primitiva que la música de los
salvajes, es alegre en aquesta singular noche, y tiene cierto sonsonete
lejano de coro celestial.
El Nacimiento no es una obra de arte á los ojos de los adultos; pero los
chicos encuentran tanta belleza en las figuras, expresión tan mística en
el semblante de todas ellas, y propiedad tanta en sus trajes, que no
creen haya salido de manos de los hombres obra más perfecta, y la
atribuyen á la industria peculiar de ciertos ángeles dedicados á ganarse
la vida trabajando en barro. El portal de corcho, imitando un arco
romano en ruinas, es monísimo, y el riachuelo representado por un
espejillo con manchas verdes que remedan acuáticas yerbas y el musgo de
las márgenes, parece que corre por la mesa adelante con plácido
murmurio. El puente por donde pasan los pastores es tal, que nunca se ha
visto el cartón tan semejante á la piedra; al contrario de lo que pasa
en muchas obras de nuestros ingenieros modernos, los cuales hacen
puentes de piedra que parecen de cartón. El monte que ocupa el centro
se confundiría con un pedazo de los Pirineos, y sus lindas casitas, más
pequeñas que las figuras, y sus árboles figurados con ramitas de
evónimus, dejan atrás á la misma Naturaleza.
En el llano es donde está lo más bello y las figuras más
características: las lavanderas que lavan en el arroyo; los paveros y
polleros conduciendo sus manadas; un guardia civil que lleva dos
granujas presos; caballeros que pasean en lujosas carretelas junto al
camello de un Rey Mago, y Perico el ciego tocando la guitarra en un
corrillo donde curiosean los pastores que han vuelto del Portal. Por
medio á medio, pasa un tranvía lo mismito que el del barrio Salamanca, y
como tiene dos _rails_ y sus ruedas, á cada instante le hacen correr de
Oriente á Occidente con gran asombro del Rey Negro, que no sabe qué
endiablada máquina es aquella.
Delante del Portal hay una lindísima plazoleta, cuyo centro lo ocupa una
redoma de peces, y no lejos de allí vende un chico _La Correspondencia_,
y bailan gentilmente dos majos. La vieja que vende buñuelos y la
castañera de la esquina son las piezas más graciosas de este maravilloso
pueblo de barro, y ellas solas atraen con preferencia las miradas de la
infantil muchedumbre. Sobre todo, aquel chicuelo andrajosa que en una
mano tiene un billete de lotería, y con la otra le roba bonitamente las
castañas del cesto á la tía Lambrijas, hace desternillar de risa á
todos.
En suma: el Nacimiento _número uno_ de Madrid es el de aquella casa, una
de las más principales, y ha reunido en sus salones á los niños más
lindos y más juiciosos de veinte calles á la redonda.