Al fin, como todo pasa,
se pasó el bien que me dio
Fortuna, un tiempo no escasa,
y nunca me le volvió,
ni abundante, ni por tasa.
Siglos ha ya que me vees,
Fortuna, puesto a tus pies;
vuélveme a ser venturoso,
que será mi ser dichoso
si mi fue tornase a es.
No quiero otro gusto o gloria,
otra palma o vencimiento,
otro triunfo, otra vitoria,
sino volver al contento
que es pesar en mi memoria.
Si tú me vuelves allá,
Fortuna, templado está
todo el rigor de mi fuego,
y más si este bien es luego,
sin esperar más será.
Cosas imposibles pido,
pues volver el tiempo a ser
después que una vez ha sido,
no hay en la tierra poder
que a tanto se haya estendido.
Corre el tiempo, vuela y va
ligero, y no volverá,
y erraría el que pidiese,
o que el tiempo ya se fuese,
o volviese el tiempo ya.
Vivo en perpleja vida,
ya esperando, ya temiendo:
es muerte muy conocida,
y es mucho mejor muriendo
buscar al dolor salida.
A mí me fuera interés
acabar, mas no lo es,
pues, con discurso mejor,
me da la vida el temor
de lo que será después.
En acabando de decir su glosa don Lorenzo, se levantó en pie don Quijote,
y, en voz levantada, que parecía grito, asiendo con su mano la derecha de
don Lorenzo, dijo:
— ¡Viven los cielos donde más altos están, mancebo generoso, que sois el
mejor poeta del orbe, y que merecéis estar laureado, no por Chipre ni por
Gaeta, como dijo un poeta, que Dios perdone, sino por las academias de
Atenas, si hoy vivieran, y por las que hoy viven de París, Bolonia y
Salamanca! Plega al cielo que los jueces que os quitaren el premio primero,
Febo los asaetee y las Musas jamás atraviesen los umbrales de sus casas.
Decidme, señor, si sois servido, algunos versos mayores, que quiero tomar
de todo en todo el pulso a vuestro admirable ingenio.
¿No es bueno que dicen que se holgó don Lorenzo de verse alabar de don
Quijote, aunque le tenía por loco? ¡Oh fuerza de la adulación, a cuánto te
estiendes, y cuán dilatados límites son los de tu juridición agradable!
Esta verdad acreditó don Lorenzo, pues concedió con la demanda y deseo de
don Quijote, diciéndole este soneto a la fábula o historia de Píramo y
Tisbe: