El dia va falleciendo,
en fúlgidos resplandores
se va el ocaso encendiendo,
y ya _las sombras mayores_
de los montes van cayendo.
Sobre la cumbre nevada
del Veleta, sonrosada
por el rojo sol poniente,
alza la luna la frente
por nubecillas velada.
Por el ameno pensil
del soto corre el Genil
entre floridas riberas,
y las gallardas palmeras,
y la alameda gentil,
y en peñascos y en colinas
los nopales, las encinas,
responden en són amante
al beso fresco y errante
de las auras vespertinas.
Bajo la enramada espesa,
clara y profunda la presa
como un espejo se tiende,
y en blancos chorros desciende,
y en su murmurio no cesa.
Leve el humo en la alquería
revela el fuego que arde
en el hogar, y á porfía
dan las aves su armonía
á la oracion de la tarde.
Todo es fresco y perfumado,
la vega, el soto y el monte;
y el valladar azulado
de las sierras, anegado
en el distante horizonte,
Para tener siempre á raya
al cristiano en la frontera,
porque ya la luz desmaya,
va previniendo la hoguera
en sus torres de atalaya.
Que en la tregua Alfonso afloja,
y ya blanden la cuchilla,
en las quebradas de Loja,
con gentes de la Cruz Roja,
los Infantes de Castilla.
En tanto el sol apresura
su ocaso, y con largos brillos
en las cúpulas fulgura
de Granada, que en la altura
muestra sus fuertes castillos.