VII.

El dia va falleciendo,

en fúlgidos resplandores

se va el ocaso encendiendo,

y ya _las sombras mayores_

de los montes van cayendo.

Sobre la cumbre nevada

del Veleta, sonrosada

por el rojo sol poniente,

alza la luna la frente

por nubecillas velada.

Por el ameno pensil

del soto corre el Genil

entre floridas riberas,

y las gallardas palmeras,

y la alameda gentil,

y en peñascos y en colinas

los nopales, las encinas,

responden en són amante

al beso fresco y errante

de las auras vespertinas.

Bajo la enramada espesa,

clara y profunda la presa

como un espejo se tiende,

y en blancos chorros desciende,

y en su murmurio no cesa.

Leve el humo en la alquería

revela el fuego que arde

en el hogar, y á porfía

dan las aves su armonía

á la oracion de la tarde.

Todo es fresco y perfumado,

la vega, el soto y el monte;

y el valladar azulado

de las sierras, anegado

en el distante horizonte,

Para tener siempre á raya

al cristiano en la frontera,

porque ya la luz desmaya,

va previniendo la hoguera

en sus torres de atalaya.

Que en la tregua Alfonso afloja,

y ya blanden la cuchilla,

en las quebradas de Loja,

con gentes de la Cruz Roja,

los Infantes de Castilla.

En tanto el sol apresura

su ocaso, y con largos brillos

en las cúpulas fulgura

de Granada, que en la altura

muestra sus fuertes castillos.

El infierno del amor: leyenda fantastica · 第 17 / 40 题