¿Por qué su maldicion? Pasan los años,
pero no pasan nunca las memorias,
que en la conciencia ennegrecida encienden
siniestra luz entre la oscura sombra.
No, de la infamia el torcedor recuerdo
nunca el dolor y la vergüenza borran;
nunca de la crueldad la horrenda imágen
el sentimiento conturbado ahoga,
ni el crímen de brutales apetitos
en las alas del tiempo se evapora.
¿Qué fué de aquella triste, profanada
entre el horror de noche tormentosa,
al resplandor del implacable incendio
que las cabañas míseras devora,
muertos los padres, los hermanos muertos,
al pié de la tajada escueta roca
que vecina á la playa de Almuñécar,
eternas baten las inquietas olas?
Ellas, subiendo, largas se llevaron,
léjos, muy léjos, las cenizas rojas;
ellas, envueltas en su hirviente espuma,
al fondo de la gruta tenebrosa
lanzaron los cadáveres, y el alba
cuando, indecisa, esclareció la costa,
no encontró los vestigios miserables
de la infame tragedia pavorosa.
Pero no borró el mar de igual manera
en Jucef el recuerdo, que no hay onda
que lave la conciencia y que se lleve
lo que al hinchado corazon sofoca,
lo que en el alma perdurable grita,
lo que eterno ante Dios sangriento llora.
Y por eso Jucef del mirab santo
la blanca piedra con la frente choca,
y ruega á Allah con llanto de agonía
perdone, al ménos á su Leila hermosa.