III.

Pero llegó muy presto

su edad florida,

pasó su adolescencia

dulce y tranquila,

y los insomnios

encendieron en fiebre

sus bellos ojos.

Si ántes era una rosa

por linda y fresca,

es ya la triste niña

blanca azucena,

que sufre y llora,

y lágrimas y penas

la descoloran.

Y aunque el viejo la guarda

como un tesoro,

de las miradas torpes

de avaros ojos,

y celosías

no dejan ver su encanto

que el sol codicía;

y aunque esclavos feroces

y muros densos,

á audacias de galanes

ponen respeto,

ama la hermosa,

que no hay puertas ni muros

que amor no rompa.

Nace en la ardiente vida

y allí se esconde,

que el alma tiene el gérmen

de los amores,

y comprimidos,

se exhalan misteriosos

en los suspiros.

El infierno del amor: leyenda fantastica · 第 13 / 40 题