XIII

Arrancándose el recuerdo de tan medroso lance, dijo Isabel á su hermana:

--De aquel año feliz que memoramos, sólo una amiga encontraremos en la

costa: Luisa Ramírez...

--Y un amigo, López--repuso Benigna sonriendo.

--Sí; queda López «todavía», y... ¿quién sabe?...--murmuró Isabel con

singular acento. Cambiando de expresión, exclamó después:

--¿Sabes que Rafaelito acabará por casarse con Luisa?

--Así lo temo.

--Estoy pasmada de la duración de ese cariño.

--Es que el amor sentimental dicen que puede hacerse crónico...

--¡Ay, qué miedo, hija!...

--¿Pero tú creías á Rafael capaz de una constancia semejante?

--¡Qué había de creer yo, criatura!

--Ese amor es un milagro.

--Es una majadería. Rafael puede hacer una boda brillante; puede

escoger entre la flor y nata de los buenos partidos; sin ir más lejos,

Casilda Manrique, condesa y millonaria, está loquita por él.

--Y por Gracián...

--Calla, mujer, eso es aparte...

Hubo un silencio malicioso y risueño; luego, Benigna reanudó el palique.

--Oye; á mí se me figura que Rafael, á ratos, también se enamora un

poco de María.

--Lo que has notado es lástima, no es amor.

--¿Lástima? ¿Y de qué?

--Cosas raras de ese chico. ¿No sabes que resulta romántico y

piadoso?... Se le antoja que María es desgraciada.

--¡Si dijera que es boba!... Podía ser hoy «la primera» mujer de Madrid.

--Ya lo creo... Mira que ha tenido perseguidores...

--Y los que tiene.

--Pero es inabordable.

--Así lo afirma Rafael, que la admira mucho; pero no hay que fiarse de

las apariencias. Esas señoras que al parecer no han roto un plato en su

vida, no me inspiran simpatías ni confianza.

--También Eva es una virtud incorruptible.

--Tampoco es santo de mi devoción; la encuentro demasiado orgullosa y

demasiado bonita.

--Y tiene un marido insoportable de poesía y sentimentalismo.

--Dicen que Diego se embarca...

--Y el chiquillo se les muere...

--Han sido desgraciados.

--Pues á ella no le faltarían consuelos si quisiera; á Gracián le gusta

mucho...

--Todas le gustan á Gracián.

--Pero ahora la predilecta es Casilda Manrique.

Quedáronse un punto calladas las dos señoritas, y de pronto Benigna

exclamó triunfante:

--Tengo una magnífica idea.

--A ver...

--Si Casilda viniera con nosotros á la Montaña, teníamos ya seguras

las visitas y las diversiones. Ella serviría de gran reclamo á nuestra

_tournée_; tal vez Rafaelito cayera en la tentación de pretenderla

formalmente y al fin quedase roto su pertinaz idilio con Luisa, esa

extraña afición con amenaza de boda, que á todas nos disgusta.

Dijo Isabel pesimista:

--La Manrique no irá á _Las Palmeras_, hija mía; tiene un plan de

veraneo «que quita el sentido»...

Maliciosa y porfiada, Benigna insinuó:

--Si sabe que Gracián va por allí, irá contenta, de seguro.

--Pero él va solamente á dejar á María en su casa del valle.

--Si Casilda está en la playa, Gracián nos hará una visita.

--Tienes razón; eres maga.

Una risa pícara y sagaz comentarió el coloquio.

Despertar Para Morir (Novela) · 第 35 / 69 题