Diputado.--D. Manuel Corrales.»

Miguel lo retuvo algún tiempo entre las manos. Dibujóse en sus labios

una sonrisa triste é irónica.

--Está bien--dijo, arrojándolo sobre la mesa.--Una pedrada más de las

muchas que el mundo me ha tirado.

--Lo siento en el alma, chico. El Presidente se habrá visto apretado;

porque ya ves, Corrales es una persona muy importante de la situación

pasada... Mañana puede ser ministro... y la política es así, chico...

Hoy por tí y mañana por mí.

--Sí, sí, ya veo cómo es la política. El Presidente me ha dado su

palabra de caballero de apoyar mi candidatura frente á la de Corrales:

me ha hecho escribir una porción de cartas y mover numerosas relaciones;

me ha obligado, últimamente, á separarme de mi mujer y mi hijo. El

Presidente hacía todo esto, por lo visto, con la intención de venderme.

Yo no sé qué nombre tiene esto en política; pero en castellano, sé que

se llama _una bajeza_, _una vileza_ (recalcando las palabras)... Queda

con Dios, chico--añadió alargándole la mano.--Te agradeceré siempre, de

todos modos, lo que por mí has hecho y la buena acogida que me has

dispensado.

--Oyes--le dijo el Gobernador cuando ya salía.--Se me olvidaba decirte

que aquí se ha recibido un telegrama para tí que debe de ser de tu

familia.

Miguel se sobresaltó.

--¿Qué dice?

--Aquí debe estar; toma.

El parte era de su madrastra, y decía:--«Vente inmediatamente. Te

necesito para un negocio urgentísimo».

Hasta cierto punto, le tranquilizó su contenido, porque, si estuviera

enfermo alguno, lo diría. Pero como de todas suertes daba lugar á dudas,

agitado y triste se metió aquella misma tarde en la diligencia con

dirección á Madrid.

[imagen decorativa]

[imagen decorativa]

Maximina(#40810) · 第 35 / 53 题