volvió hacia Grano-de-Belleza y le dijo: «¡Nos sacas de un gran apuro,
porque he de manifestarte que amo á mi esposa extremadamente! Pero temo
que mañana por la mañana sea muy de tu gusto mi esposa, no quieras
repudiarla y te niegues á devolvérmela. La ley, en ese caso, te
favorece. Por lo tanto, ahora, delante del kadí, te comprometerás á
entregarme diez mil dinares de indemnización si por desgracia no
quisieras consentir en divorciarte al día siguiente.» Y Grano-de-Belleza
aceptó la condición, por estar resuelto á no dormir mas que una noche
con la mujer consabida.
Fueron, pues, los tres á casa del kadí, y ante él formalizaron el
contrato en las condiciones legales. Y el kadí se entusiasmó al ver á
Grano-de-Belleza y le amó mucho. Ya volveremos á encontrarle en el
curso de esta historia.
Y hecho el contrato, salieron de la oficina del kadí, y el padre de la
divorciada se llevó á Grano-de-Belleza y le hizo entrar en su casa. Le
rogó que esperara en el vestíbulo, y en seguida fué á avisar á su hija,
diciéndole: «Querida hija, he encontrado un muchacho muy bien formado, y
que, á mi parecer, te ha de gustar. Te lo recomiendo con todo el
encarecimiento de la recomendación. Pasa con él una noche encantadora y
no te prives de nada. ¡No todas las noches se puede tener en brazos un
mozo tan maravilloso!» Y habiendo aconsejado á su hija de tal modo, el
buen padre se fué muy contento á buscar á Grano-de-Belleza para decirle
lo mismo. Y le rogó que aguardara un poco á que su nueva esposa se
preparase á recibirle.
En cuanto al primer esposo, fué á buscar inmediatamente á una vieja muy
taimada que le había criado, y le dijo: «Te ruego, buena madre, que
imagines algún recurso para evitar que el Desligador que hemos
encontrado se acerque esta noche á mi mujer divorciada.» Y la vieja
contestó: «¡Por tu vida! ¡Nada hay más fácil!» Y se envolvió en su
velo...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 262.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Y se envolvió en su velo y fué á casa de la divorciada, en donde vió
á Grano-de-Belleza en el vestíbulo. Le saludó, y le dijo: «Vengo á
buscar á la joven divorciada, para untarle el cuerpo con pomadas, como
hago todos los días, á fin de curarle la lepra que la ha atacado. ¡Pobre
mujer!» Y Grano-de-Belleza exclamó: «¡Alah me libre! ¡Cómo, buena mujer!
¿Esa joven está enferma de lepra? ¡Y yo que tenía que acostarme con ella
esta noche! Porque soy el Desligador elegido por su anterior esposo.» Y
la vieja contestó: «¡Oh hijo mío, preserve Alah tu hermosa juventud!
¡Créeme! ¡Harás bien en abstenerte de copular!» Y le dejó confuso, y
entró á ver á la divorciada, á la cual convenció de lo mismo respecto al
joven que había de servir de Desligador. Y le aconsejó la abstinencia
para evitar el contagio. Y después se marchó.
En cuanto á Grano-de-Belleza, siguió esperando una seña de la joven para
entrar en su aposento. Pero aguardó largo rato, sin que se presentase
mas que un esclavo con una fuente de comida. Comió y bebió, y luego,
para matar el tiempo, recitó una sura del Korán, y después empezó á
tararear algunas estrofas con voz más suave que la del joven David en
presencia de Saúl.
Cuando la joven oyó desde dentro aquella voz, pensó: «¿Cómo habrá
mentido esa malhadada vieja? ¿Puede un leproso tener voz tan hermosa?
¡Por Alah! Voy á llamarle y á enterarme por mí misma de si la vieja ha
mentido. Pero antes voy á contestarle.» Y cogió un laúd indio, que
templó sabiamente, y con voz capaz de parar el vuelo de las aves en el
fondo del cielo, cantó:
_¡Amo á un gamo joven de dulces ojos lánguidos! ¡Es tan esbelta su
cintura, que las ramas flexibles aprenden á ondular viéndole
balancearse!_
Cuando Grano-de-Belleza oyó las primeras notas de aquel canto, dejó de
tararear y escuchó con entusiástica atención. Y dijo para sí: «¿Qué me
decía la vieja vendedora de pomadas? ¡Por Alah! ¡Ha debido mentir! ¡Tan
bella voz no puede ser de una leprosa!» Y en seguida, tomando el tono de
las últimas notas que acababa de oir, cantó con voz capaz de hacer
bailar á los peñascos:
_¡Mi saludo va hacia la fina gacela que se oculta del cazador, y
lleva mi tributo á las rosas dispersas por el vergel de sus
mejillas!_
Y dijo aquello con tal acento, que la joven, seducida por la emoción,
corrió á descorrer las cortinas que la separaban del mancebo, y se
ofreció á su vista como la luna que súbitamente se desprende de una
nube; le hizo seña de que entrara en seguida, y le precedió moviendo las
caderas de tal modo, que habría puesto de pie á un anciano impedido. Y
Grano-de-Belleza se asombró de su hermosura, de su lozanía y de su
juventud. Pero no se atrevía á acercarse á ella, asediado por el temor
del posible contagio.
Mas de pronto, la joven, sin decir palabra, en un momento se quitó la
camisa y el calzón, que tiró á lo lejos, y se le apareció completamente
desnuda, tan limpia como la plata virgen, y tan firme y esbelta como el
tronco de una palmera tierna.
A su vista, Grano-de-Belleza notó que se le movía la herencia de su
venerable padre, el niño encantador que llevaba entre los muslos. Y como
percibía distintamente su apremiante llamamiento, quiso entregarlo, para
que se tranquilizase, á la joven, que debía de saber en dónde colocarlo.
Pero ella le dijo: «¡No te acerques! ¡Temo que me pegues la lepra que
tienes en el cuerpo!»
Al oir estas palabras, Grano-de-Belleza, sin contestar, se quitó toda la
ropa, y después la camisa y los calzones, que tiró lejos, y apareció en
perfecta desnudez, tan límpido como el agua de sierra y tan intacto como
el ojo de un niño.
Entonces la joven ya no dudó de que la vieja alcahueta había empleado
una estratagema, á instigación de su primer esposo, y deslumbrada por
los hechizos del joven, corrió á él, le envolvió en sus brazos, y le
arrastró á la cama, en la cual cayeron juntos. Y jadeante de deseo, le
dijo: «¡Prueba tus fuerzas, ¡oh jeque Zacarías, padre potente de nervios
gordos!»
Ante aquel llamamiento tan formal, Grano-de-Belleza cogió por las
caderas á la joven, y asestó el robusto y dulce nervio en dirección á la
puerta de los triunfos, y empujándolo hacia el corredor de cristal, lo
hizo llegar rápidamente á la puerta de las victorias. Después lo desvió
del camino real, y lo impulsó con brío por el atajo hacia la puerta del
montador; pero como el nervio vacilaba ante lo angosto de aquella puerta
amurallada, forzó el paso desfondando la tapa del tarro, y se encontró
entonces en su casa, como si el arquitecto hubiera tomado las medidas
por ambos lados á la vez. Luego siguió su excursión, visitando
lentamente el zoco del lunes, el mercado del martes, el bazar del
miércoles y los puestos del jueves. Y habiendo desatado así todo lo que
tenía que desatar, descansó, como buen musulmán, á la entrada del
viernes.
Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el
jardín de la muchacha...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 253.ª NOCHE_
Ella dijo:
...Y tal fué el viaje de prueba de Grano-de-Belleza y de su niño por el
jardín de la muchacha.
Tras de lo cual, Grano-de-Belleza, con su niño aletargado de felicidad,
se enlazó tiernamente á la joven de los arriates devastados, y los tres
se durmieron hasta por la mañana.
Despertado ya, Grano-de-Belleza preguntó á su esposa transitoria: «¿Cómo
te llamas, corazón mío?» Ella contestó: «Zobeida.» Y él le dijo: «¡Pues
bien, Zobeida, me duele mucho el verme obligado á dejarte!» Y ella le
preguntó, conmovida: «¿Y por qué me has de dejar?» Él contestó: «¡Ya
sabes que no soy mas que Desligador!» Ella exclamó: «¡No, por Alah! ¡Se
me había olvidado! ¡Y en mi dicha me figuraba que eras un regalo
maravilloso que me hacía mi buen padre para reemplazar al otro!» Y él le
dijo: «¡Pues sí, encantadora Zobeida, soy un Desligador elegido por tu
padre y tu primer esposo! Y previendo una mala voluntad por mi parte,
ambos han cuidado de hacerme firmar un contrato ante el kadí, que me
obliga á pagarles diez mil dinares si esta mañana no te repudio. ¡Y no
sé cómo voy á pagarles esa cantidad fabulosa, no teniendo ni un dracma
en el bolsillo! Mejor será, pues, que me marche si no quiero ir á la
cárcel, puesto que soy insolvente.»
Al oir tales palabras, la joven Zobeida reflexionó un instante, y
después, besando los ojos al joven, le preguntó: «¿Cómo te llamas, ojos
míos?» El contestó: «Grano-de-Belleza.» Ella exclamó: «¡Ya Alah! ¡Nunca
ha habido nombre mejor puesto! Pues bien, querido mío, ¡oh
Grano-de-Belleza! como prefiero á todo el azúcar cande ese delicioso
nervio blanco y sabroso con que has endulzado mi jardín durante toda la
noche, te juro que encontraremos un recurso para no separarnos jamás,
pues prefiero morir á pertenecer á otro después de haberte probado.» Él
le preguntó: «¿Y cómo haremos?» Ella dijo: «Es muy sencillo. Verás.
Pronto vendrá mi padre á buscarte y te llevará á casa del kadí para
cumplir las estipulaciones del contrato. Entonces te aproximarás
gentilmente al kadí y le dirás: «¡No quiero divorciarme!» Y te
preguntará: «¡Cómo! ¿Rechazas los cinco mil dinares que van á darte, y
los efectos por valor de mil dinares, y el caballo de mil dinares, por
seguir con una mujer?» Tú contestarás: ¡Entiendo que cada cabello de esa
mujer vale diez mil dinares! Por eso conservo á la propietaria de tan
preciada cabellera.» Entonces el kadí te dirá: «¡Estás en tu derecho!
Pero vas á pagar al primer esposo, en compensación, la cantidad de diez
mil dinares.»
¡Ahora, querido mío, escucha bien lo que voy á decirte! El anciano
kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos.
¡Y estoy segura de que le has causado ya una gran impresión!»
Grano-de-Belleza exclamó: «¿De modo que crees que también el kadí es
bilateral?» Zobeida se echó á reir y dijo: «¡Cierto que sí! ¿Por qué te
asombra tanto eso?» Y él dijo: «Está escrito que toda su vida
Grano-de-Belleza ha de ir de un bilateral á otro. Pero ¡oh sutil
Zobeida! te ruego que sigas desarrollando tu plan. Decías que el anciano
kadí, por lo demás hombre excelente, gusta con delirio de los muchachos.
¡No me irás á aconsejar que le venda mi mercancía!» Ella dijo: «¡No! Ya
verás.»
Y prosiguió: «Cuando el kadí te haya dicho: «¡Hay que pagar los diez mil
dinares!», le mirarás así, de cierta manera, y moverás las caderas
gentilmente, no de un modo excesivo, pero sí de manera que le liquides
de emoción en la alfombra. Y sin duda te dará un plazo para saldar la
deuda. ¡Y de aquí á entonces, Alah proveerá!»
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza reflexionó un instante, y dijo:
«¡Lo intentaré!»
En aquel mismo momento, una esclava, desde detrás del tapiz, alzó la voz
y dijo: «¡Ama Zobeida, ahí está tu padre aguardando á mi amo!»
Entonces Grano-de-Belleza se levantó, se vistió á escape y fué á buscar
al padre de Zobeida. Y ambos, después de habérseles unido en la calle el
primer marido, fueron á la oficina del kadí.
Y las previsiones de Zobeida se realizaron al pie de la letra. Pero
también hay que decir que Grano-de-Belleza cuidó de seguir
escrupulosamente las preciosas indicaciones que ella le había dado.
Y el kadí, absolutamente aniquilado por las miradas al soslayo que le
dirigía Grano-de-Belleza, no sólo concedió el aplazamiento de tres días
que reclamaba modestamente el joven, sino que terminó su sentencia en
esta forma: «Nuestras leyes religiosas y nuestra jurisprudencia no
pueden hacer obligatorio el divorcio. Y nuestros cuatro ritos ortodoxos
están completamente de acuerdo en este punto. Por otra parte, el
Desligador, convertido en marido de derecho, se aprovecha de un
aplazamiento, dada su condición de forastero. Le otorgamos, pues, diez
días para saldar la deuda.»
Entonces Grano-de-Belleza besó respetuosamente la mano del kadí, que
decía para sí: «¡Por Alah! ¡Este hermoso adolescente bien vale diez mil
dinares! ¡Yo mismo se los anticiparía de buena gana!» Después
Grano-de-Belleza se despidió afablemente y corrió á buscar á su esposa,
la sagaz Zobeida...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 264.ª NOCHE_
Ella dijo:
...afablemente y corrió á buscar á su esposa, la sagaz Zobeida.
Y Zobeida, iluminado el rostro por el júbilo, recibió á Grano-de-Belleza
felicitándole por el resultado obtenido, y le dió cien dinares para que
preparase para ambos un banquete que durase toda la noche. Y
Grano-de-Belleza, con el dinero de su mujer, mandó preparar en seguida
el festín consabido. Y ambos se pusieron á comer y beber hasta saciarse.
Y entonces, alegres hasta el límite de la alegría, copularon de una
manera prolongada. Y después, para descansar, fueron á la sala de
recepciones, encendieron las luces y organizaron entre los dos un
concierto capaz de hacer bailar á las rocas y de suspender el vuelo de
los pájaros en el fondo del cielo.
No es de extrañar, por tanto, que de improviso se oyeran golpes dados en
la puerta exterior de la casa. Y Zobeida, que fué la primera en oirlos,
dijo á Grano-de-Belleza: «Ve á ver quién llama á la puerta.» Y
Grano-de-Belleza fué en seguida á abrir.
Ahora bien; aquella noche, el califa Harún Al-Rachid, sintiendo oprimido
el pecho, había dicho á su visir Giafar, á su portaalfanje Massrur y á
su poeta favorito el delicioso Abu-Nowas: «Me siento con el pecho algo
oprimido. ¡Vamos á pasearnos un poco por las calles de Bagdad, á ver si
se nos dilatan los humores!» Y los cuatro se habían disfrazado de
derviches persas y se habían puesto á recorrer las calles de Bagdad,
esperando dar con alguna entretenida aventura. Y así habían llegado
delante de la casa de Zobeida, y al oir cantar y tañer instrumentos,
habían llamado á la puerta, según costumbre de los derviches.
Cuando les vió Grano-de-Belleza, como no ignoraba los deberes de la
hospitalidad, y además estaba en excelentes disposiciones, les recibió
cordialmente, les introdujo en el vestíbulo y les dió de comer. Pero
ellos rechazaron el alimento, diciendo: «¡Por Alah! ¡Los espíritus
delicados no necesitan mucho alimento para regocijar los sentidos! Se
contentan con la armonía. Y precisamente estamos viendo que los acordes
que oíamos desde fuera se han callado al entrar nosotros. ¿Será una
cantora de profesión la que cantaba tan maravillosamente?»
Grano-de-Belleza contestó: «¡No, señores; era mi propia mujer!» Y les
contó su historia, desde el principio hasta el fin, sin omitir un
detalle.
Entonces, el jefe de los derviches, que era el mismo califa, dijo á
Grano-de-Belleza, que le parecía todo lo delicioso posible y por el cual
sintió súbito afecto: «Hijo mío, puedes tranquilizarte respecto á los
diez mil dinares que debes al ex marido de tu esposa. Soy el jefe de la
tekké de los derviches de Bagdad, que cuenta con cuarenta miembros, y
gracias á Alah estamos acomodados; diez mil dinares no constituyen para
nosotros ningún sacrificio. Te prometo que los tendrás antes de diez
días. Pero ve á rogar á tu esposa que cante algo desde detrás del tapiz
para exaltarnos el alma. Porque la música, hijo mío, les sirve á unos de
comida, á otros de remedio y á otros de abanico; pero para nosotros es
las tres cosas á un tiempo.»
Grano-de-Belleza no se hizo rogar más, y su esposa Zobeida se avino á
cantar para los derviches; de modo que el júbilo de éstos fué extremado,
y pasaron una noche deliciosa, ya escuchando el canto y contestando:
«¡Ah! ¡Ah!» con toda su alma, ya conversando agradablemente, ya oyendo
las chistosas improvisaciones del poeta Abu-Nowas, á quién la belleza
del muchacho hacía delirar hasta el límite del delirio.
Al amanecer se levantaron los falsos derviches, y el califa, antes de
irse, colocó debajo del almohadón en que estaba apoyado un bolsillo con
cien dinares de oro, para empezar, y que eran los únicos que en aquel
momento llevaba encima. Después se despidieron del joven huésped,
dándole las gracias por boca de Abu-Nowas, que le improvisó versos
exquisitos y se prometió por dentro no perderle de vista.
Hacia el mediodía, Grano-de-Belleza, á quien Zobeida había entregado los
cien dinares de oro encontrados debajo del almohadón, quiso salir para
ir al zoco á hacer unas compras, cuando al abrir la puerta vió parados
delante de la casa cincuenta mulos pesadamente cargados de fardos de
telas, y en una mula ricamente enjaezada, á un joven esclavo abisinio,
de facciones encantadoras y cuerpo moreno, que llevaba en la mano una
misiva enrollada.
Al ver á Grano-de-Belleza, el gentil esclavillo se apeó rápidamente,
besó la tierra delante del joven, y entregándole la misiva, le dijo:
«¡Oh mi señor Grano-de-Belleza! Acabo de llegar ahora mismo del Cairo,
enviado á ti por tu padre, mi amo Schamseddin, síndico de los mercaderes
de la ciudad. Te traigo cincuenta mil dinares en mercaderías de valor y
un paquete que encierra un regalo de tu madre dedicado á tu esposa Sett
Zobeida, y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una
jofaina de oro cincelado...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 265.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y compuesto de una jarra de oro enriquecida con pedrería y una
jofaina de oro cincelado.»
Grano-de-Belleza quedó tan sorprendido y contento á la vez con aquel
suceso milagroso, que no pensó en un principio mas que en enterarse del
contenido de la carta. La abrió, y leyó lo que sigue:
* * * * *
«DESPUÉS DE LOS DESEOS MÁS COMPLETOS DE DICHA Y SALUD DE PARTE DE
SCHAMSEDDIN Á SU HIJO ALAEDDIN GRANO-DE-BELLEZA:
»Sabe ¡oh hijo amado! que el rumor del desastre sufrido por tu caravana
y la pérdida de tus bienes ha llegado hasta mí. En seguida te he mandado
preparar una nueva caravana de cincuenta mulos cargados de mercaderías
por valor de cincuenta mil dinares de oro. Además, tu madre te envía un
traje precioso que ha bordado ella misma, y como regalo para tu esposa
un jarro y una jofaina, que nos atrevemos á esperar que le gusten.
»Efectivamente, supimos con cierto asombro que has servido de Desligador
en un divorcio ligado por la fórmula de la Repudiación por Tres. Pero ya
que la mujer resulta á gusto tuyo después de la prueba, has hecho bien
en conservarla. Y así, las mercancías que te enviamos bajo la custodia
del pequeño abisinio Salim servirán muy holgadamente para pagar los diez
mil dinares que debes como indemnización al primer marido.
»Tu madre y todos los nuestros están contentos y sanos, esperando tu
próxima vuelta, y te envían sus zalemas afectuosas y la mayor expresión
de ternura.
»¡Vive dichoso largo tiempo!»
Esta carta y la llegada inesperada de aquellas riquezas alborotaron de
tal modo á Grano-de-Belleza, que no pensó ni por un instante en lo
inverosímil del suceso. Subió á las habitaciones de su esposa y la
enteró de lo ocurrido.
Aún no había terminado sus explicaciones, cuando llamaron á la puerta, y
el padre de Zobeida y el primer marido entraron en el vestíbulo. Iban á
tratar de convencer á Grano-de-Belleza de que se divorciara
amistosamente.
Y el padre de Zobeida dijo á Grano-de-Belleza: «¡Hijo mío, ten piedad de
mi primer yerno, que quiere mucho á su ex esposa! Alah te ha enviado
riquezas que te permitirán comprar las esclavas más bellas del mercado,
y casarte también, en legítimas nupcias, con la hija del más importante
de los emires. ¡Devuelve, pues, á ese pobre hombre su ex esposa, y él
consentirá en ser tu esclavo!» Pero Grano-de-Belleza contestó:
«Precisamente me ha enviado Alah todas esas riquezas para remunerar con
liberalidad á mi antecesor. Dispuesto estoy á darle los cincuenta mulos
con sus mercancías y hasta el lindo esclavo abisinio Salim, y á no
conservar de todo ello mas que el regalo destinado á mi esposa, ó sea el
jarro y la jofaina.» Y añadió: «Y si tu hija Zobeida consiente en volver
con su anterior esposo, estoy conforme con desligarla.»
Entonces el padre entró en el aposento de Zobeida y le preguntó: «¿Qué?
¿Consientes en volver con tu anterior marido?» Y ella respondió,
haciendo grandes gestos: «¡Ya Alah! ¡Ya Alah! ¡Si nunca supo el valor
de los arriates de mi jardín y siempre se paró á mitad de camino! ¡No,
por Alah! ¡Me quedo con el joven que me ha explorado en todos sentidos!»
Cuando el primer esposo se cercioró de que había de perder toda
esperanza, le entró tal pena, que le estalló el hígado en el acto, y
murió.
En cuanto á Grano-de-Belleza, siguió gozando con la encantadora y sagaz
Zobeida; y todas las noches, después del banquete y de múltiples
copulaciones y cosas semejantes, organizaba con ella un concierto capaz
de hacer bailar á los peñascos y de suspender en el fondo del cielo el
vuelo de las aves.
A los diez días de casado, recordó de pronto la promesa que le había
hecho el jefe de los derviches de enviarle los diez mil dinares, y dijo
á su esposa: «¡Mira qué jefe de embusteros! ¡Si hubiera yo tenido que
esperar la realización de su promesa, me habría muerto de hambre en la
cárcel! ¡Por Alah! ¡Como le encuentre otra vez, le diré lo que pienso de
su mala fe!»
Y después, como iba anocheciendo, mandó encender las luces de la sala de
recepciones, y se disponía á organizar el concierto, como todas las
noches, cuando llamaron á la puerta. Quiso ir á abrir él mismo, y no se
sorprendió poco al ver á los cuatro derviches de la primera noche. Se
echó á reir en su cara, y les dijo: «¡Bien venidos sean estos
embusteros, hombres de mala fe! Pero, de todos modos, os invito á
entrar, pues Alah me ha librado de tener en adelante necesidad de
vuestros favores. ¡Y además, aunque embusteros é hipócritas, sois muy
agradables y bien educados!» Y les introdujo en el salón de recepciones,
y rogó á Zobeida que les cantara algo desde detrás del tapiz. Y ella lo
hizo de manera capaz de arrebatar la razón, de hacer bailar á las
piedras y de suspender en el fondo del cielo el vuelo de las aves.
En un momento dado, el jefe de los derviches se levantó y se ausentó
para evacuar una necesidad. Entonces, uno de los falsos derviches, que
era el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y
le dijo...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 266.ª NOCHE_
Ella dijo:
...el poeta Abu-Nowas, se inclinó hacia el oído de Grano-de-Belleza, y
le dijo: «¡Oh encantador huésped nuestro! Permíteme que te dirija una
pregunta. ¿Cómo has podido creer un momento que tu padre Schamseddin te
enviara los cincuenta mulos cargados de riquezas? ¡Vamos á ver!
¿Cuántos días se necesitan para ir al Cairo desde Bagdad?» El otro
contestó: «Cuarenta y cinco.» Abu-Nowas preguntó: «¿Y para volver?» El
otro contestó: «Otros cuarenta y cinco lo menos.» Abu-Nowas se echó á
reir, y dijo: «¿Y cómo quieres que en menos de diez días tu padre haya
averiguado la pérdida de la caravana y haya podido mandarte la segunda?»
Grano-de-Belleza exclamó: «¡Por Alah! ¡Mi alegría fué tan grande, que no
me dió tiempo de pensar todo eso! Pero dime, entonces, ¡oh derviche!
¿quién ha escrito la carta? ¿De dónde procede el envío?» Abu-Nowas
contestó: «¡Ah Grano-de-Belleza! ¡Si fueras tan perspicaz como hermoso,
hace tiempo que habrías adivinado que nuestro jefe, con su traje de
derviche, es nuestro amo el califa, el Emir de los Creyentes, Harún
Al-Rachid, y el segundo derviche, el sabio visir Giafar el Barmecida, y
el tercero, el portaalfanje Massrur, y yo mismo, tu esclavo y admirador
Abu-Nowas, sencillamente poeta!»
Oídas estas palabras, Grano-de-Belleza llegó al límite de la sorpresa y
de la confusión, y preguntó tímidamente: «Pero, ¡oh gran poeta
Abu-Nowas! ¿cuál es el mérito que me ha traído tantos beneficios del
califa?» Abu-Nowas sonrió, y dijo: «¡Tu hermosura!» Y añadió: «A sus
ojos, el mérito mayor es ser joven, simpático y hermoso. Y se le figura
que nunca es caro comprar el espectáculo de un ser bello y el ver un
rostro lindo.»
A todo esto el califa volvió á ocupar su sitio en la alfombra, y
entonces Grano-de-Belleza fué á inclinarse entre sus manos, y le dijo:
«¡Oh Emir de los Creyentes! ¡Alah te conserve á nuestro respeto y á
nuestro amor, y nunca nos prive de los beneficios de tu generosidad!» Y
el califa le sonrió y le acarició levemente la mejilla, y le dijo:
«Mañana te aguardo en palacio.» Después levantó la sesión, y seguido de
Giafar, Massrur y Abu-Nowas, que encargó á Grano-de-Belleza que no
olvidase lo ofrecido, se marchó.