Ante aquella resolución tan inesperada, la pobre mujer no pudo hacer mas

que devorar sus lágrimas y consentir en aquel proyecto, por lo cual dijo

á Grano-de-Belleza: «¡Hijo mío, prometo ayudarte con todas mis fuerzas!

Pero como estoy segura anticipadamente de la negativa de tu padre, voy á

prepararte un cargamento de mercaderías á mi costa.» Y Grano-de-Belleza

dijo: «¡Pero hay que hacerlo en seguida, antes de que llegue mi padre!»

Inmediatamente la esposa de Schamseddin mandó á un esclavo abrir uno de

los depósitos de mercaderías reservadas, y que los embaladores hicieran

los fardos suficientes para cargar diez camellos.

En cuanto al síndico Schamseddin, así que se fueron los convidados buscó

en balde por el jardín á su hijo, y acabó por saber que se le había

anticipado en ir á su casa. Y el síndico, aterrado al pensar que le

podía sobrevenir á su hijo una desgracia en el camino, puso la mula á

todo galope y llegó sin aliento al patio, en donde se calmó su emoción

al enterarse por el portero de la llegada sin novedad de

Grano-de-Belleza. Pero fué mayor su sorpresa al ver en el patio fardos y

fardos dispuestos á ser cargados y con etiquetas que indicaban en letras

gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 257.ª NOCHE_

Ella dijo:

...en letras gordas sus diferentes destinos: Alepo, Damasco y Bagdad.

Apresuróse entonces á subir á las habitaciones de su esposa, que le

enteró de cuanto acababa de suceder y del grave inconveniente que había

en contrariar á Grano-de-Belleza. Y el síndico dijo: «De todos modos,

voy á tratar de disuadirle.» Y llamó a Grano-de-Belleza y le dijo: «¡Oh

hijo mío! ¡Alah te ilumine y te aparte de proyecto tan funesto! ¿No

sabes lo que ha dicho nuestro Profeta? (¡sean con Él la oración y la

paz!): «¡Dichoso el hombre que se alimenta con los frutos de su tierra y

halla en su mismo país las satisfacciones de su vida!» Y dijeron los

antiguos: «¡No emprendáis jamás un viaje aunque sea de una milla!» Por

consiguiente, hijo mío, te pido que me digas si después de estas

palabras persistes en tu resolución.»

Grano-de-Belleza contestó: «Sabe ¡oh padre mío! que no quiero

desobedecerte; pero si te opones á mi viaje negándome lo necesario, me

quitaré este traje, me pondré el de los pobres derviches y recorreré á

pie todos los países y todas las tierras.»

Cuando vió el síndico que su hijo estaba dispuesto á partir á todo

trance, renunció á contrariar su proyecto, y le dijo: «Entonces, ¡oh

hijo mío! he aquí cuarenta cargas más; y así, con las otras diez que te

ha dado tu madre, tendrás para cargar cincuenta camellos. En ellas

encontrarás las mercaderías adecuadas á las necesidades de cada una de

las ciudades en que entres; pues no hay que tratar de vender en Alepo,

por ejemplo, los géneros que prefieren los habitantes de Damasco; sería

una mala especulación. ¡Parte, pues, hijo mío, y Alah te proteja y te

allane el camino! Y adopta precauciones, sobre todo al atravesar por el

desierto del León, un sitio que se llama el valle de los Perros, guarida

de bandidos salteadores, cuyo jefe es un beduíno apellidado «el Rápido»

por lo súbito de sus ataques é incursiones.» Y Grano-de-Belleza

contestó: «¡Los sucesos buenos ó malos vienen de mano de Alah! ¡Y haga

yo lo que haga, no me pasará mas que lo que se me tenga deparado!»

Como no se podía replicar á tales palabras, el síndico no dijo más; pero

su esposa no descansó hasta hacer mil votos, y prometer cien carneros á

los santones, y poner á su hijo bajo la santa protección de El-Sayed Abd

El-Kader El-Guilani, abogado de los viajeros.

Después de lo cual, el síndico, acompañado de su hijo, á quien costó

gran trabajo escaparse de los brazos de su pobre madre, que vertía sobre

él todas las lágrimas de su corazón, fué á buscar á la caravana,

dispuesta ya. Y llamó aparte al anciano mokaddem de los camelleros y

muleteros, el jeque Kamal, y le dijo: «¡Oh venerable mokaddem, te confío

este niño, pupila de mis ojos, y lo pongo bajo el ala de Alah y bajo tu

custodia! Y tú, hijo mío--dijo á Grano-de-Belleza--, mira al que ha de

hacer las veces de padre en ausencia mía. ¡Obedécele y nunca hagas nada

sin consultarle!» Después dió mil dinares de oro á Grano-de-Belleza, y

como último encargo le dijo: «¡Te doy estos mil dinares, hijo mío, para

que puedas utilizarlos y aguardar con paciencia el momento más ventajoso

para la venta de tus mercaderías, pues te guardarás muy bien de

venderlas cuando estén en baja; has de aprovechar la ocasión en que los

paños y otros géneros estén más en alza para colocarlos en las mejores

condiciones!» Después de las despedidas, la caravana se puso en marcha y

no tardó en estar fuera de las puertas del Cairo.

Y ahora vamos con Mahmud-el-Bilateral. Al enterarse de la marcha de

Grano-de-Belleza, se preparó también rápidamente, y en pocas horas tuvo

á mulos y camellos cargados y ensillados. Y sin perder tiempo se puso

en camino, y alcanzó á la caravana á pocas millas del Cairo. Y decía

para sí: «¡Ahora, en el desierto, ¡oh Mahmud! nadie irá á denunciarte,

ni tampoco vendrá á vigilarte nadie! ¡Y sin temor á que te molesten,

podrás deleitarte con ese muchacho!»

De modo que, desde la primera etapa, el Bilateral mandó armar sus

tiendas al lado de las de Grano-de-Belleza, y encargó al cocinero de

éste que no se tomara el trabajo de encender lumbre, puesto que él había

invitado á Grano-de-Belleza á compartir la comida en su tienda.

Y efectivamente, Grano-de-Belleza fué á la tienda del Bilateral, pero

acompañado por el jeque Kamal, mokaddem de los camelleros. Y aquella

noche el Bilateral nada sacó en limpio. Y al día siguiente, en la

segunda parada, ocurrió lo mismo, y así todos los días, hasta la llegada

á Damasco, porque Grano-de-Belleza aceptaba todas las invitaciones, pero

iba siempre á la tienda del Bilateral acompañado del mokaddem de los

camelleros.

Pero cuando llegaron á Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo

que en El Cairo, Alepo y Bagdad, casa propia para recibir á los

amigos...

En este momento de su narración, Schahrazada, la hija del visir,

vió aparecer la mañana, é interrumpió el relato.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 258.ª NOCHE_

Ella dijo:

...á Damasco, en donde el Bilateral tenía, lo mismo que en El Cairo,

Alepo y Bagdad, casa propia para recibir á los amigos, envió un esclavo

á Grano-de Belleza, que se había quedado en la tienda á la entrada de la

ciudad, para invitarle, pero á él solo, á que le honrase con su

presencia. Y Grano-de-Belleza contestó: «¡Espera que le pregunte su

parecer al jeque Kamal!» Pero el mokaddem de los camelleros frunció el

ceño al oir la proposición, y contestó: «¡No, hijo mío, hay que

rechazarla!» Y Grano-de-Belleza declinó la invitación.

La estancia en Damasco fué de corta duración, y pronto se pusieron en

camino para Alepo; y á la llegada, el Bilateral volvió á invitar á

Grano-de-Belleza; pero el jeque Kamal aconsejó la abstención, como en

Damasco, y Grano-de-Belleza, sin saber por qué era tan severo el

mokaddem, no quiso contrariarle. Y aquella vez también perdió el viaje y

el trabajo el Bilateral.

Pero después de salir de Alepo, el Bilateral juró que en la primera

ocasión las cosas no pasarían lo mismo. Y á la primera parada en

dirección á Bagdad, mandó hacer los preparativos de un banquete sin

precedentes, y fué personalmente á invitar á Grano-de-Belleza. Y aquella

vez Grano-de-Belleza se vió obligado á aceptar, por no tener motivo

fundado para negarse, y empezó por ir á la tienda á vestirse con traje á

propósito.

Entonces fué á buscarle el jeque Kamal, y le dijo: «¡Qué imprudente

eres, ¡oh Grano-de-Belleza! ¿Por qué has aceptado la invitación de

Mahmud? ¿No conoces sus intenciones? ¿No sabes el motivo de que le

llamen el Bilateral? De todos modos, debiste preguntar su parecer á un

anciano como yo, y del cual han dicho los poetas:

_Pregunté al viejo_: «_¿Por qué andas encorvado?_» _Me contestó_:

«_¡Perdí mi juventud en la tierra húmeda! ¡Y me he encorvado para

buscarla! ¡Y ahora la experiencia que pesa sobre mí es tan amarga,

que me impide enderezar la espalda!_»

Pero Grano-de-Belleza contestó: «¡Oh venerable mokaddem! ¡Estaría muy

mal rechazar la invitación de nuestro amigo Mahmud, al cual no sé por

qué llaman el Bilateral! Y además, ignoro lo que pueda perder con

acompañarle. ¡No me comerá!» Y el mokaddem replicó con viveza: «¡Pues

sí, por Alah! ¡Te comerá! ¡Ya se ha comido á otros muchos!»

Al oir aquello, Grano-de-Belleza soltó la carcajada y se apresuró á ir á

casa del Bilateral, que le aguardaba con impaciencia. Y ambos se fueron

á la tienda en que estaba preparado el festín.

Y en realidad, el Bilateral no había escatimado nada para recibir como

merecía al maravilloso joven, y todo aparecía dispuesto para encantar

las miradas y halagar los sentidos. De modo que la comida fué alegre y

estuvo llena de animación; y ambos comieron con gran apetito, y bebieron

en la misma copa hasta saciarse. Y cuando el vino fermentó en las

cabezas y los esclavos se retiraron discretamente, el Bilateral, ebrio

de vino y de pasión, se inclinó hacia Grano-de-Belleza, y cogiéndole las

mejillas con las dos manos quiso besarlas. Pero Grano-de-Belleza, muy

turbado, levantó instintivamente la mano, y el beso del Bilateral no

encontró mas que la palma del adolescente. Entonces Mahmud le echó un

brazo alrededor del cuello y con el otro le rodeó la cintura; y como

Grano-de-Belleza le preguntara: «Pero ¿qué quieres hacer conmigo?», le

contestó: «Sencillamente, tratar de explicarte estos versos del poeta

para ponerlos en práctica:

_¡Oh mis estremecimientos cuando las miradas de sus ojos me sacuden

el alma! ¡Oh delicias del primer deseo que hincha sus compañones

infantiles!_

_¡Mira, ¡oh ojos míos! ¡Toma lo que puedas tomar, levanta lo que

puedas levantar, coge un puñado, ó dos, ó tres, y hazlo entrar un

palmo ó más! ¡Pero sin que te haga daño! ¡Hay que obrar con

prudencia!_»

Después de haber dicho á su modo estos versos, Mahmud se dispuso á

explicárselos prácticamente. Pero el joven Grano-de-Belleza, sin darse

cuenta exacta de la situación, se sentía molesto con aquellos ademanes y

movimientos, y quiso marcharse. Y el Bilateral le sujetó y acabó por

hacerle entender de qué se trataba.

Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del Bilateral

y comprendió su petición...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 259.ª NOCHE_

Ella dijo:

...Cuando Grano-de-Belleza se enteró bien de las intenciones del

Bilateral y comprendió su petición, levantóse inmediatamente y le dijo:

«¡No, por Alah! ¡No vendo esa mercancía! ¡De todos modos, para que te

consueles, te diré que si á los demás se la vendiese por dinero, á ti te

la daría de balde!» Y á pesar de las súplicas del Bilateral,

Grano-de-Belleza no quiso permanecer un momento más en la tienda; salió

de ella bruscamente y volvió en seguida al campamento, donde, harto

inquieto, aguardaba su regreso el mokaddem.

Y cuando Kamal vió entrar á Grano-de-Belleza con aquel aspecto extraño,

le preguntó: «¡Por Alah! ¿qué ha pasado?» El otro respondió: «¡Pues

absolutamente nada! ¡Pero tenemos que levantar el campo en seguida é

irnos á Bagdad, porque en lo sucesivo no quiero viajar con el Bilateral;

tiene pretensiones exageradas y muy molestas!» El jeque de los

camelleros dijo: «¿No te lo había dicho ya, hijo mío? Pero he de

advertirte que sería muy peligroso viajar solos. Más vale seguir en una

sola caravana, como estamos ahora, para poder resistir los ataques de

los bandoleros beduínos que infestan estas tierras.» Pero

Grano-de-Belleza no quiso hacer caso, y dió la orden de marcha.

Por consiguiente, la pequeña caravana se puso en camino sola y no dejó

de viajar del mismo modo, hasta que un día, á la puesta del sol, llegó á

pocas millas de las puertas de Bagdad.

El mokaddem de los camelleros fué á buscar entonces á Grano-de-Belleza y

le dijo: «Mejor será, hijo mío, seguir hasta Bagdad esta misma noche,

sin detenernos á acampar aquí. ¡Porque el lugar en que estamos es el más

peligroso de todo el viaje! ¡Es el valle de los Perros! ¡Hay gran riesgo

de que nos ataquen si permanecemos aquí durante la noche! Apresurémonos,

pues, á llegar á Bagdad antes de que cierren las puertas. ¡Porque has de

saber, hijo mío, que el califa manda cerrar todas las noches las puertas

de la ciudad, con el fin de impedir que las hordas fanáticas entren á

escondidas y se apoderen de los libros de la ciencia y de los

manuscritos literarios encerrados en las salas de las escuelas,

arrojándolos luego al Tigris!»

Grano-de-Belleza, á quien no complacía la proposición, contestó: «¡No,

por Alah! ¡No quiero entrar de noche en la ciudad, porque deseo gozar

del espectáculo de Bagdad al salir el sol! ¡Pasemos, pues, la noche

aquí, ya que no tengo prisa ni viajo para negociar, sino por recreo, y

para ver lo que no conozco!» Y el anciano mokaddem tuvo que inclinarse,

aunque deplorando la peligrosa terquedad del hijo de Schamseddin.

En cuanto á Grano-de-Belleza, tomó un bocado, y después, cuando los

esclavos fueron á acostarse, salió de la tienda, apartóse un poco por el

valle, y fué á sentarse junto á un árbol, á la luz de la luna. Y se

acordó de las lecturas de sus maestros en el subterráneo, é inspirado

por lugar tan propicio á la meditación, empezó este canto del poeta:

_¡Reina del Irak, deliciosamente bella! ¡oh Bagdad, ciudad de los

califas y poetas! ¡cuánto tiempo, ¡oh maravilla! soñé contigo!_

Pero súbitamente, antes de terminar la primera estrofa, oyó á su

izquierda un clamor espantoso, y galopar de caballos, y exclamaciones de

cien bocas á un tiempo, y al volverse vió invadido el campamento por un

numeroso tropel de beduínos que surgían por todas partes como si

salieran de debajo de la tierra.

Aquel espectáculo tan nuevo para él le dejó clavado en el suelo, y así

pudo ver la matanza general de la caravana, que había querido

defenderse, y el saqueo de todo el campamento. Y cuando los beduinos

comprobaron que nadie quedaba en pie, se apoderaron de camellos y mulos,

y en un momento desaparecieron por donde habían venido.

Al disiparse un tanto la estupefacción que le había dominado,

Grano-de-Belleza bajó hacia el sitio en que se encontraba su campamento,

y pudo ver asesinada á toda su gente. Y ni el jeque Kamal, mokaddem de

los camelleros, á pesar de su edad respetable, había sido tratado mejor

que los demás, y yacía muerto, atravesado el pecho por numerosas

lanzadas. Así es que Grano-de-Belleza no supo soportar la vista de

espectáculo tan aterrador, y emprendió la fuga, sin atreverse á mirar

hacia atrás.

De tal modo estuvo corriendo toda la noche, y para no excitar la codicia

de algún otro bandido, se despojó completamente de su rico traje, que

arrojó á lo lejos, y no se quedó mas que con la camisa. Y así, medio

desnudo, entró en Bagdad al amanecer.

Entonces, rendido de cansancio y sin poder tenerse en pie, se paró

delante de la primera fuente pública que se le presentó á la entrada de

la población. Se lavó las manos, la cara y los pies; subió á la

plataforma que coronaba la fuente, se tendió en ella á la larga, y no

tardó en dormirse.

En cuanto á Mahmud-el-Bilateral, también se había puesto en camino, pero

había tomado un atajo por otra parte y pudo evitar el encuentro con los

bandidos; y además, llegó á las puertas de Bagdad precisamente cuando

Grano-de-Belleza las atravesaba y se dormía en la fuente.

Al pasar por cerca de aquella fuente, el Bilateral se acercó al

abrevadero de piedra lleno de agua para los animales, y quiso que

bebiera en él su caballo sediento. Pero el animal vió la sombra que

proyectaba el adolescente dormido, y retrocedió resollando. Entonces el

Bilateral levantó los ojos hacia la plataforma, y le faltó poco para

caerse del caballo al reconocer á Grano-de-Belleza en aquel joven medio

desnudo que en la piedra dormía...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 260.ª NOCHE_

Ella dijo:

...al reconocer á Grano-de-Belleza en aquel joven medio desnudo que en

la piedra dormía.

En seguida se apeó del caballo, se encaramó á la plataforma, y quedó

inmóvil de admiración ante Grano-de-Belleza tendido, cuya cabeza

reposaba sobre un brazo, en la languidez del sueño. Y por primera vez le

fué dable al fin contemplar sin velos las perfecciones de aquel cuerpo

juvenil y cristalino, en que los lunares oscuros resaltaban de tan

hermosa manera sobre la blancura de lo demás. Y no se le alcanzaba por

qué casualidad encontraba en su camino, y dormido en aquella fuente, á

aquel ángel, por amor al cual había él emprendido su viaje. Y no llegaba

á separar sus miradas del lunarcillo, redondo como un grano de almizcle,

que adornaba la nalga izquierda del muchacho, descubierta en aquel

momento. Y sin saber qué resolución tomar, decía para sí: «¿Qué será

mejor? ¿Despertarle? ¿Llevármelo en mi caballo como está y huir con él

al desierto? ¿Aguardar que se despierte, hablarle, enternecerle y

decidirle á que me acompañe á mi casa de Bagdad?»

Acabó por tomar esta última determinación, y sentándose á los pies del

joven en el reborde de la fuente, aguardó á que se despertase, bañándose

los ojos en toda la limpidez sonrosada que el sol ponía en aquel cuerpo

infantil.

Harto ya de dormir, Grano-de-Belleza estiró las piernas y abrió los

ojos, y en el mismo instante Mahmud le cogió la mano, y con voz muy

suave le dijo: «¡No tengas miedo, niño; estás bien seguro á mi lado!

¡Pero apresúrate, por favor, á explicarme la causa de todo esto!»

Entonces Grano-de-Belleza se incorporó, y aunque un tanto molesto por la

presencia de su admirador, le contó la aventura con todos sus

pormenores. Y Mahmud le dijo: «¡Loor á Alah, mi joven amigo, que te ha

arrebatado la fortuna, pero te ha conservado la vida! Porque dice el

poeta:

_¡Cuando la cabeza se salva, la fortuna perdida sólo es una

recortadura de uña sacada sin hacer daño!_

»Además, ni siquiera la fortuna se ha perdido, pues cuanto poseo te

pertenece. Ven conmigo á casa á bañarte y vestirte, y desde este momento

puedes considerar todos los bienes de Mahmud como tuyos propios, y la

vida de Mahmud está á tu disposición.» Y siguió hablando tan

paternalmente á Grano-de-Belleza, que le decidió á acompañarle.

Bajó primeramente, y le ayudó en seguida á ponerse detrás de él en el

caballo, y encaminóse hacia su casa, estremeciéndose de placer al

contacto del cuerpo caliente y desnudo del muchacho, que se cogía á

Mahmud para sujetarse.

Su primera diligencia fué llevar á Grano-de-Belleza al hammam y bañarlo

allí, sin auxilio de masajista ni ningún otro criado, y después de

haberle vestido con un traje de gran valor lo llevó á la sala en que

solía recibir á sus amigos.

Era un salón de frescura y sombra deliciosas, alumbrado únicamente por

los hermosos reflejos de esmaltes y porcelanas y por el centelleo que

desde arriba caía de las estrellas. Un olor á incienso arrebataba y

transportaba el alma hacia soñados jardines de alcanfor y cinamomo. En

el centro cantaba el surtidor de una fuente. Perfecto y seguro era allí

el reposo, y podía llegarse hasta el éxtasis.

Sentáronse ambos en la alfombra, y Mahmud brindó á Grano-de-Belleza un

almohadón para apoyar los brazos. Comieron los manjares que en bandejas

se les sirvieron, y bebieron los vinos selectos que encerraban los

frascos. En aquel momento, el Bilateral, que hasta entonces no se había

mostrado muy atrevido, no pudo contenerse más, y estalló recitando esta

estrofa del poeta:

_¡Deseo! ¡Ni las caricias delicadas de los ojos ni el beso de los

labios puros pueden apaciguarte! ¡Oh deseo mío! ¡Sientes gravitar

sobre ti el peso de una pasión que no ha de calmarse hasta que

brote!_

Pero Grano-de-Belleza, que acostumbrado ya á los versos del Bilateral

advertía con facilidad su sentido, á veces oscuro, se levantó

inmediatamente y dijo á su huésped: «En verdad que no comprendo tu

insistencia sobre lo mismo. No puedo hacer mas que repetirte lo que ya

te dije. El día en que venda á otros esa mercancía por dinero, á ti te

la daré de balde.» Y sin querer atender á otras explicaciones del

Bilateral, le dejó bruscamente y se fué.

Al verse fuera, empezó á vagar por la ciudad. Pero ya había oscurecido,

y como siendo forastero en Bagdad no sabía adónde dirigirse, resolvió

pasar la noche en una mezquita que vió en el camino. Entró, pues, en el

patio, y al ir á quitarse las sandalias para penetrar en el interior de

la mezquita, vió que se le acercaban dos hombres precedidos por sus

esclavos, que iban con linternas encendidas. Se apartó para dejarles

pasar; pero el más viejo de los dos se paró delante de él, y después de

mirarle con mucha atención, le dijo: «¡La paz contigo!» Y

Grano-de-Belleza le devolvió el saludo. El otro añadió: «¿Eres

forastero, hijo mío?» El joven contestó: «Soy del Cairo. Mi padre es

Schamseddin, síndico de los mercaderes.»

Al oir estas palabras, el anciano se volvió hacia su compañero y le

dijo: «¡Alah nos favorece más de lo que deseábamos! ¡No esperábamos

encontrar tan pronto al forastero que buscamos y ha de sacarnos del

apuro!...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 261.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...al forastero que buscamos y ha de sacarnos del apuro!» Luego llamó

aparte á Grano-de-Belleza, y le dijo: «¡Bendito sea Alah, que te ha

colocado en nuestro camino! Vamos á pedirte un favor, que retribuiremos

liberalmente dándote cinco mil dinares, efectos por valor de mil dinares

y un caballo de mil dinares. ¡Verás!

»No ignoras, hijo mío, que, según nuestra ley, cuando un musulmán ha

repudiado por primera vez á su esposa, puede recobrarla sin formalidades

á los tres meses y diez días; y si se divorcia por segunda vez, también

puede recuperarla después del plazo legal; pero si la repudia por

tercera vez, ó si, aun no habiéndola repudiado nunca, le dice

sencillamente: «¡Quedas repudiada por tres veces!» ó «¡Ya no eres nada

para mí, lo juro por el tercer divorcio!», en ese caso, si el esposo

quiere volver otra vez con su esposa, la ley determina que otro empiece

por casarse legalmente con la mujer repudiada, y á su vez la repudie

después de haberse acostado con ella aunque sólo sea una noche. Y

entonces es cuando el primer esposo la puede recobrar como mujer

legítima.

»Pues ese es el caso del joven que está conmigo. El otro día se dejó

llevar de un acceso de mal humor y le gritó á su esposa, que es hija

mía: «¡Sal de mi casa! ¡Ya no te conozco! ¡Te repudio por tres veces!» Y

en seguida, mi hija, que es su esposa, se echó el velo por la cara

delante de su esposo, que era ya un extraño para ella, recogió su dote y

volvió el mismo día á mi casa. Pero ahora su marido, que es éste, desea

ardientemente recobrarla. Ha venido á besarme las manos y á rogarme que

le reconciliara con su esposa. Y yo he accedido á ello. Y en seguida

hemos salido en busca del hombre que le ha de servir de sucesor

momentáneo una noche. Y á la sazón te hemos encontrado, hijo mío. Como

eres forastero, las cosas se harán en secreto, sólo en presencia del

kadí, y no trascenderá nada al exterior.»

El estado de indigencia en que se encontraba Grano-de-Belleza le hizo

aceptar de buena gana la proposición, y dijo para sí: «Voy á cobrar

cinco mil dinares, y tomar efectos por valor de mil dinares, y un

caballo de mil dinares, y además voy á fornicar toda la noche. ¡Por

Alah! ¡Acepto!» Y dijo á los dos hombres, que aguardaban con ansiedad la

respuesta: «¡Por Alah! ¡Acepto el cargo de Desligador!»

El libro de las mil noches y una noche; t. 7 · 第 7 / 13 段