»...¡Disfruta durante larga vida la abundancia de los goces del alma!»

Después transcurrieron tiempos felices, y los dos niños llegaron á

cumplir los doce años de edad.

Entonces Primavera fué á buscar á su hijo Feliz-Bello, que jugaba á

matrimonios con Feliz-Bella, y le llamó aparte, y le dijo: «He aquí ¡oh

hijo mío! que acabas de cumplir doce años, gracias á la bendición de

Alah. De modo que desde hoy ya no has de llamar á Feliz-Bella hermana

tuya, pues ahora he de decirte que Feliz-Bella es hija de nuestra

esclava Prosperidad, aunque la hayamos criado contigo en la misma cuna y

la tratemos como á hija nuestra. Además, desde ahora es menester que se

cubra la cara con el velo, pues tu madre me ha dicho que Feliz-Bella ha

llegado, la semana pasada, á la época de la nubilidad. Así es que tu

madre le va á buscar un esposo, que será para nosotros un esclavo

adicto.»

Al oir estas palabras, Feliz-Bello dijo á su padre: «Pues ya que

Feliz-Bella no es hermana mía, quiero casarme con ella.» Primavera

contestó: «¡Hay que pedirle permiso á tu madre!»

Entonces Feliz-Bello fué á buscar á su madre, y le besó la mano, que se

llevó á la frente; después le dijo: «Deseo casarme en secreto con

Feliz-Bella, hija de nuestra esclava Prosperidad.» Y la madre de

Feliz-Bello contestó: «¡Feliz-Bella te pertenece, hijo mío! Tu padre la

había comprado en nombre tuyo.»

Inmediatamente Feliz-Bello corrió á buscar á Feliz-Bella, y la cogió de

la mano, y la amó, y ella le amó á él, y la misma noche durmieron

juntos, como esposos dichosos.

Después, y sin cesar tal estado de cosas, vivieron ambos en el colmo de

la felicidad durante cinco años benditos. Y en toda la ciudad de Kufa no

había joven más bella, ni más dulce, ni más deliciosa que la mujer del

hijo de Primavera. Ni la había tan instruída ni tan sabia. En efecto,

Feliz-Bella había consagrado sus ratos de ocio á aprender el Korán, las

ciencias, la hermosa escritura cúfica y la corriente, las bellas letras

y la poesía, y el manejo de los instrumentos musicales. Y había llegado

á adquirir tal habilidad en el arte del canto, que sabía cantar de más

de quince modos distintos, y basándose en una sola palabra del primer

verso de una canción, podía prolongar durante varias horas, y hasta una

noche entera, variaciones infinitas que arrebataban con sus ritmos y su

trémolos.

Así es que Feliz-Bello y su esclava Feliz-Bella, muchas veces, á las

horas de calor, se sentaban en su jardín sobre el mármol desnudo que

rodeaba el estanque, en donde la frescura del agua y de la piedra

llenábales de delicias. Allí comían sandías exquisitas, de pulpa fusible

y ligera, y almendras y avellanas, y grano tostado y salado, y otras mil

cosas admirables. Y dejaban de comer para respirar rosas y jazmines, ó

para recitarse poemas encantadores. Y entonces Feliz-Bello rogaba á su

esclava que preludiase, y Feliz-Bella cogía la guitarra de cuerdas

dobles, de la cual sabía extraer sonidos sin par. Y ambos cantaban

canciones como éstas, entre otras mil maravillosas:

_¡Oh joven, llueven flores y aves! ¡Vamos con el viento hacia la

cálida Bagdad de sonrosadas cúpulas!_

_¡No, emir mío! ¡Quedémonos todavía en el jardín, junto al llamear

de las palmas de oro, y ¡oh delicia! con las manos en la nuca,

soñemos!_

_¡Ven, oh joven! ¡Llueven diamantes en las hojas azules, y sobre el

azul es bella la curva de las ramas! ¡Levántate, ¡oh ligera! y

sacude las gotas furtivas que lloran en tus cabellos!_

_¡No, emir mío! ¡Siéntate aquí y reclina la cabeza en mis rodillas!

¡Embriágate entre mi ropa con todo el perfume de mis pechos

floridos... y luego oye la suave brisa que canta al Hacedor!_

Otras veces, ambos jóvenes modulaban versos como los siguientes,

acompañándose con el daff:

_¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!_

_¡Oh labios, haced más lentos vuestros trinos sobre las flautas!

¡Guitarras, paraos bajo los dedos para escuchar la canción de las

palmeras!_

_¡Las palmeras están de pie, como las jóvenes; murmuran en sordina

entre la noche clara, y el remolino de sus cabelleras melodiosas

responde á la brisa musical!_

_¡Ah! ¡Soy feliz y ligera como una ágil danzarina!_

_¡Esposa encantadora y perfumada! ¡Al oir las notas de tu voz, las

piedras se levantan bailando, y vienen ordenadamente á construir un

edificio armonioso!_

_¡Que aquel que creó la belleza del amor nos otorgue la ventura,

esposa encantadora y perfumada!_

_¡Oh negrura de mis ojos, por ti voy á dar color azulado á mis

párpados con la varita de cristal, y á macerar mis manos en la

pasta de alheña!_

_¡Así te parecerán mis dedos frutos de azufaifo, ó si lo prefieres,

dátiles finos!_

_¡Después me perfumaré los pechos, el vientre y todo el cuerpo con

incienso delicado, para que mi piel se derrita en tu boca con

suavidad, ¡oh negrura de mis ojos!_

Y de tal modo, el hijo de Primavera y la hija de Prosperidad pasaban las

noches y las mañanas en una vida deliciosa...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 239.ª NOCHE_

Ella dijo:

...en una vida deliciosa.

Pero ¡ah! lo que está escrito en la frente del hombre por los dedos de

Alah, no puede borrarlo la mano del hombre; y aunque la criatura

poseyera alas, no le sería posible huir del Destino.

Tal fué la causa de que Feliz-Bello y Feliz-Bella tuvieran que

experimentar durante cierto tiempo las vicisitudes de la suerte. Pero de

todos modos, la nativa bendición que habían traído consigo á la tierra

había de librarles de las desdichas irremediables.

Efectivamente, el gobernador de la ciudad de Kufa había oído hablar al

califa de la hermosura de Feliz-Bella, esposa del hijo del mercader

Primavera. Y dijo para sí: «¡Sin remedio, he de encontrar la manera de

apoderarme de esta Feliz-Bella, cuyas perfecciones y arte para cantar me

ponderan tanto! ¡Será un magnífico regalo para mi amo el Emir de los

Creyentes Abd El-Malek ben-Meruán!»

Por consiguiente, el gobernador de Kufa resolvió un día ejecutar su

proyecto, y con tal fin mandó llamar á una vieja muy astuta, que de

ordinario estaba encargada de adquirir é instruir especialmente á las

esclavas jóvenes. Y le dijo: «¡Te ruego que vayas á casa del mercader

Primavera y hagas conocimiento con la esclava de su hijo, la joven

llamada Feliz-Bella, de la cual se dice que está muy versada en el arte

del canto, y que es muy hermosa! Y de cualquier manera has de traérmela

aquí, porque quiero enviarla como regalo al califa Abd El-Malek.» Y la

vieja respondió: «¡Escucho y obedezco!» Y se fué inmediatamente á hacer

los preparativos necesarios.

A primera hora de la mañana se vistió de estameña, y se echó al cuello

un enorme rosario de millares de cuentas, se ató una calabaza á la

cintura, cogió una muleta, y se dirigió con lento paso á casa de

Primavera, parándose á cada momento para suspirar, muy devota: «¡Alabado

sea Alah! ¡No hay más Dios que Alah! ¡Sólo á Alah es preciso recurrir!

¡Alah es el más grande!» Y no dejó de proceder del mismo modo durante

todo el camino, con gran admiración de los transeuntes, hasta que llegó

á la puerta de la casa en que vivía Primavera. Llamó, y dijo: «¡Alah es

generoso! ¡Oh Donador! ¡Oh Bienhechor!»

Entonces fué á abrirle el portero, que era un anciano respetable,

antiguo servidor de Primavera. Vió á la vieja devota, y después de

examinarla no le pareció su aspecto muy tranquilizador, sino muy al

contrario. Y por su parte, él también desagradó mucho á la vieja, que le

dirigió una mirada atravesada. Y el portero sintió instintivamente la

mirada, y también instintivamente, y para conjurar el mal de ojo,

formuló con el pensamiento: «¡Mis cinco dedos de la mano izquierda en tu

ojo derecho y los otros cinco dedos en tu ojo izquierdo!» Después, y en

alta voz, le preguntó: «¿Qué quieres, mi anciana tía?» Ella respondió:

«Soy una pobre vieja que no piensa mas que en rezar. Y como veo que se

acerca la hora de la oración, quisiera entrar en esta morada para hacer

mis devociones este día santo.» El buen portero se indignó, y le dijo

con brusquedad: «¡Vete! ¡Esta casa no es mezquita ni oratorio, sino el

hogar del mercader Primavera y su hijo Feliz-Bello!» La vieja respondió:

«¡Ya lo sé! Pero ¿hay mezquita ni oratorio más digno de la oración que

la morada bendita de Primavera y su hijo Feliz-Bello? Sabe también ¡oh

portero de cara seca! que soy mujer conocida en Damasco, en el palacio

del Emir de los Creyentes. Y he salido de allí para visitar los santos

lugares y rezar en todos los sitios dignos de veneración.» Pero el

portero contestó: «Bueno que seas una devota; pero esa no es razón para

que entres aquí. Sigue tu camino.» Y la vieja se resistió é insistió

tanto tiempo, que el rumor de su voz hubo de llegar á oídos de

Feliz-Bello, que salió para enterarse de la causa del altercado, y oyó á

la vieja que decía al portero: «¿Cómo se puede impedir á una mujer de mi

categoría entrar en la casa de Feliz-Bello, hijo de Primavera, cuando

las puertas más cerradas de los emires y los grandes siempre se me abren

de par en par?»

Al oir estas palabras, Feliz-Bello sonrió, según su costumbre, y rogó á

la vieja que entrara. Entonces la vieja le siguió, y llegó con él á la

habitación de Feliz-Bella. Y le deseó la paz de la manera más sentida, y

á la primera ojeada quedó estupefacta de su belleza.

Cuando Feliz-Bella vió entrar á la santa vieja, se apresuró á levantarse

en honor suyo y le devolvió su zalema con respeto, y le dijo: «¡Sea de

buen agüero para nosotros tu venida, buena madre! ¡Dígnate descansar!»

Pero ella contestó: «Acaban de anunciar la hora de la oración, hija mía.

¡Déjame rezar!» Y volvióse en seguida en dirección á la Meca, y se

arrodilló en actitud de orar. Y así estuvo hasta la noche sin moverse, y

nadie se atrevía á interrumpir su función augusta. Y además parecía tan

sumida en el éxtasis, que no hacía caso alguno de lo que ocurría á su

alrededor.

Por fin, Feliz-Bella se atrevió, y acercóse tímidamente á la santa, y le

dijo con voz dulce y respetuosa: «¡Madre mía, da descanso á las

rodillas, aunque no sea mas que una hora!» La vieja contestó: «¡El que

no cansa el cuerpo en este mundo no puede aspirar al reposo reservado á

los puros y elegidos en lo futuro!» Feliz-Bella, extremadamente

edificada, repuso: «¡Por favor, ¡oh madre nuestra! honra nuestra mesa

con tu presencia y consiente en compartir con nosotros el pan y la sal!»

La vieja respondió: «He hecho voto de ayunar, hija mía. No puedo faltar

á mi voto. No me hagas caso, y ve á reunirte con tu esposo. Vosotros,

que sois jóvenes y hermosos, comed, bebed y sed felices...»

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 240.ª NOCHE_

Ella dijo:

»...Vosotros, que sois jóvenes y hermosos, comed, bebed y sed felices.»

Entonces Feliz-Bella fué á buscar á su amo, y le dijo: «¡Oh mi señor!

¡Te ruego que vayas á suplicar á esa santa que en adelante se aposente

en nuestra casa, pues su rostro, macerado en la piedad, iluminará

nuestra morada!» Feliz-Bello contestó: «Tranquilízate. Ya he mandado que

le preparen una habitación con su lecho, y una esterilla nueva, y su

jarro, y su palangana. Y nadie la molestará.»

En cuanto á la vieja, se pasó toda la noche rezando y leyendo en alta

voz el Korán. Después, al amanecer, se lavó y fué á buscar á Feliz-Bello

y á su amiga, y les dijo: «¡Vengo á despedirme de vosotros! ¡Alah os

tenga en su guarda!» Pero Feliz-Bella le dijo: «¡Oh madre nuestra! ¿Cómo

nos vas á dejar con tan poco sentimiento, cuando nosotros nos estábamos

ya alegrando de ver nuestra casa bendecida para siempre por tu

presencia, y te habíamos preparado la mejor habitación para que hagas

tus devociones sin que te molesten?» La vieja contestó: «¡Alah os

conserve á los dos y haga durar sus beneficios y sus gracias para

vosotros! Ya que la caridad musulmana ocupa un sitio de honor en vuestro

corazón, me alegro mucho de que me albergue vuestra hospitalidad. Pero

os pido únicamente que advirtáis á vuestro portero, que tiene una cara

tan seca, que no se oponga más á dejarme entrar aquí cuando pueda venir.

Ahora mismo voy á visitar los santos lugares de Kufa, en los cuales haré

votos á Alah para que os retribuya según vuestros méritos. ¡Luego

volveré á endulzarme con vuestra hospitalidad!» Después los dejó,

mientras ambos le cogían las manos y se las llevaban á los labios y á

la frente.

¡Oh pobre Feliz-Bella! ¡Si supieras el motivo de que aquella vieja de

betún entrara en tu casa y los negros designios que urdía contra tu

dicha y tranquilidad! Pero ¿cuál es la criatura que puede adivinar lo

oculto y arrancar el velo al porvenir?

La maldita vieja salió, y se dirigió al palacio del gobernador, y se le

presentó en seguida. Entonces éste le preguntó: «¿Qué has hecho, ¡oh

desenredadora de telas de araña! ¡oh taimada sublime y sutil!?» La vieja

dijo: «Haga lo que haga, ¡oh mi señor! no soy mas que tu discípula y la

protegida de tus miradas. Escucha. He visto á la joven Feliz-Bella,

esclava del hijo de Primavera. ¡Jamás el vientre de la fecundidad modeló

belleza semejante!» El gobernador exclamó: «¡Ya Alah!» Y prosiguió la

vieja: «Está amasada con delicias. ¡Es un fluir continuo de dulzuras y

de encantos ingenuos!» El gobernador exclamó: «¡Oh ojo mío! ¡Latido de

mi corazón!» La vieja añadió: «¿Qué dirías si oyeras el timbre de su

voz, más fresca que el rumor del agua debajo de una bóveda sonora? ¿Qué

harías si vieras sus ojos de antílope y sus miradas modestas?» El

gobernador exclamó: «¡No podría hacer mas que admirarla con toda mi

admiración, pues repito que la destino á nuestro amo el califa!

¡Apresúrate, pues, á triunfar!» La vieja dijo: «Te pido para ello un mes

entero.» Y el gobernador respondió: «¡Dispón de ese tiempo, siempre que

dé resultado! Y en mí encontrarás una generosidad que te dejará

satisfecha. Para empezar, toma mil dinares como señal de mi buena

voluntad.»

Y la vieja guardó los mil dinares en el cinturón, y desde aquel día

empezó á visitar con regularidad á Feliz-Bello y Feliz-Bella en su casa,

y ellos, por su parte, le demostraban cada día más miramientos y

consideraciones.

Y así las cosas, la vieja llegó á ser la consejera inseparable de

aquella casa. Y un día le dijo á Feliz-Bella: «Hija mía, la fecundidad

no ha visitado aún tus caderas juveniles. ¿Quieres venir conmigo á pedir

la bendición á los santos ascetas, á los jeques amados de Alah, á los

santones y walíes que están en comunicación con el Altísimo? Conozco á

esos walíes, hija mía, y sé el poder inmenso que tienen para hacer

milagros y realizar las cosas más prodigiosas en nombre de Alah. Curan á

los ciegos y á los inválidos, resucitan á los muertos, vuelan por el

aire, nadan por el agua. En cuanto á la fecundación de las mujeres, es

el privilegio más fácil que les otorgó Alah. ¡Y alcanzarás ese resultado

sin más que tocar la orla de su ropón ó besar las cuentas de su

rosario!»

Al oir estas palabras de la vieja, Feliz-Bella sintió agitarse en su

alma el deseo de la fecundidad, y dijo á la anciana: «Tengo que pedir á

mi amo Feliz-Bello permiso para salir. Aguardemos que regrese.» Pero la

vieja respondió: «Te basta con avisar á su madre.» Entonces la joven fué

en seguida á buscar á la madre de Feliz-Bello, y le dijo: «Te suplico

por Alah, ¡oh mi señora! que me concedas permiso para ir con esta santa

vieja á visitar á los walíes amigos de Alah, y pedirles la bendición en

su santa morada. Y te prometo estar aquí de vuelta antes que llegue mi

amo Feliz-Bello.» Entonces la esposa de Primavera contestó: «¡Hija mía,

piensa en el disgusto que tendría tu amo si volviese y no te encontrase!

Me diría: «¿Y cómo ha podido salir Feliz-Bella sin permiso mío? ¡Es la

primera vez que tal ocurre!»

En este momento intervino la vieja, y dijo á la madre de Feliz-Bello:

«¡Por Alah! ¡Daremos una rápida vuelta por los lugares santos, no la

dejaré siquiera que se siente para descansar, y la traeré sin demora!»

Entonces la madre de Feliz-Bello dió el consentimiento, pero suspirando

á pesar suyo.

La vieja se llevó, pues, á Feliz-Bella, y la guió directamente á un

pabellón aislado del jardín de palacio; allí la dejó sola un momento, y

corrió á comunicar su llegada al gobernador, que fué en seguida al

pabellón...

En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la

mañana, y se calló discretamente.

[Illustration]

_PERO CUANDO LLEGÓ

LA 241.ª NOCHE_

Ella dijo:

...al gobernador, que fué en seguida al pabellón, y en el umbral quedóse

como deslumbrado por tal belleza.

Cuando Feliz-Bella vió entrar á aquel hombre desconocido, se apresuró á

velarse la cara, rompió en sollozos, y buscó con la mirada un sitio por

donde poder huir; pero fué en vano.

Entonces, como la vieja no parecía, Feliz-Bella ya no dudó de la

traición de la maldita, y se acordó de ciertas palabras que su fiel

portero le había dicho respecto á los ojos llenos de artificios de

aquella mujer.

En cuanto al gobernador, seguro de que Feliz-Bella era la misma que

tenía delante, volvió á salir, cerrando la puerta, y fué á dar

rápidamente algunas órdenes; escribió una carta al califa Abd El-Malek

ben-Meruán, y confió la carta y la joven al jefe de sus guardias,

mandándole que emprendiera en seguida el camino de Damasco.

Entonces el jefe de los guardias se llevó por fuerza á Feliz-Bella, la

colocó encima de un ágil dromedario, se puso delante de ella, y partió á

toda prisa hacia Damasco, seguido por algunos esclavos.

En cuanto á Feliz-Bella, durante todo el camino se tapó la cara con el

velo, y sollozó en silencio, indiferente á las paradas, á las sacudidas,

á los descansos y á las marchas. Y el jefe de los guardias no le pudo

sacar una palabra ni una seña, y así siguió hasta la llegada á Damasco.

El jefe se dirigió sin demora al palacio del Emir de los Creyentes,

entregó la esclava y la carta al jefe de los chambelanes, recibió la

respuesta que le dieron, y se volvió á Kufa del mismo modo que había

venido.

Al día siguiente el califa entró en el harén y manifestó á su esposa y á

su hermana la llegada de la esclava nueva, diciéndoles: «El gobernador

de Kufa acaba de enviarme como regalo una esclava joven; y me escribe

para decirme que esa esclava, comprada por él, es hija de un rey,

apresada en su país por mercaderes de esclavos.» Y su esposa le

respondió: «¡Alah acreciente tus goces y sus beneficios!» Y la hermana

del califa preguntó: «¿Cómo se llama? ¿Es morena ó blanca?» El califa

contestó: «Aún no la he visto.»

Entonces la hermana del califa, llamada Sett Zahia, que era de tierno

corazón, sintió lástima, y se acercó á la joven y le preguntó: «¿Por qué

lloras, hermana mía? ¿No sabes que desde ahora estás segura, y que tu

vida transcurrirá ligera y sin preocupaciones? ¿Adónde podías ir á parar

mejor que al palacio del Emir de los Creyentes?» Al oir estas palabras,

la hija de Prosperidad levantó los ojos sorprendida, y preguntó: «Pero

¡oh mi señora! ¿en qué ciudad estoy, para que sea éste el palacio del

Emir de los Creyentes?» Sett Zahia contestó: «¡En la ciudad de Damasco!

¿Pero tú no lo sabías? ¿Y el mercader que te vendió no te ha advertido

que lo hacía por cuenta del califa Abd El-Malek ben-Meruán? Ya lo sabes,

hermana; eres propiedad del Emir de los Creyentes, que es mi hermano.

Sécate, pues, las lágrimas, y dime tu nombre.»

Al oir semejantes palabras, la joven ya no pudo reprimir los sollozos

que la ahogaban, y murmuró: «¡Oh mi señora, en mi tierra me llaman

Feliz-Bella!»

A la sazón entró el califa. Avanzó hacia Feliz-Bella sonriendo

bondadosamente, se sentó á su lado, y le dijo: «¡Quítate el velo de la

cara, ¡oh joven!» Pero Feliz-Bella, en vez de descubrirse la cara, se

aterró sólo de pensarlo, y se tapó completamente con la tela hasta por

debajo de la barbilla, con mano temblorosa. Y el califa no quiso

enojarse por una acción tan extraordinaria, y dijo á Sett Zahia: «Te

confío á esta joven, y espero que dentro de pocos días la hayas

acostumbrado á ti, y la animes, y consigas que sea menos tímida.»

Después dirigió otra mirada á Feliz-Bella y no pudo ver, fuera de las

telas en que estrechamente se envolvía, mas que la unión de las finas

muñecas. Pero con aquello le bastó para que la amara en extremo; muñecas

tan admirablemente modeladas no podían pertenecer mas que á una perfecta

beldad. Y se retiró.

Entonces Sett Zahia se llevó á Feliz-Bella, y la condujo al hammam de

palacio, y después del baño la vistió con un traje muy hermoso, y le

colocó en el peinado varias sartas de perlas y pedrerías, y luego la

acompañó el resto del día, tratando de acostumbrarla á ella. Pero

Feliz-Bella, aunque muy confusa con los miramientos que le prodigaba la

hermana del califa, no podía dejar de llorar, ni quería tampoco revelar

la causa de sus penas, porque pensaba que con ello no variaría su

destino. Guardó, pues, para sí aquel agudo dolor, y siguió consumiéndose

día y noche, de tal modo, que al poco tiempo cayó gravemente enferma; y

desesperaron de salvarla después de haber experimentado en ella la

ciencia de los médicos más famosos de Damasco.

* * * * *

En cuanto á Feliz-Bello, hijo de Primavera, al anochecer regresó á su

casa, y según costumbre, se echó en el diván, y llamó: «¡Oh

Feliz-Bella!» Pero, por primera vez, nadie contestó. Entonces se levantó

súbito y llamó de nuevo: «¡Oh Feliz-Bella!» Pero nadie contestó. Porque

todas las esclavas se habían escondido, y ninguna de ellas se atrevía á

moverse. Por fin Feliz-Bello se dirigió al aposento de su madre, entró

precipitadamente, y encontró á su madre sentada, muy triste, con la mano

en la mejilla y absorta en sus pensamientos. Al verla, creció su

inquietud, y preguntó, todo lleno de espanto: «¿Dónde está

Feliz-Bella?»

Pero la esposa de Primavera no contestó mas que con lágrimas, y después

suspiró: «¡Alah nos proteja, ¡oh hijo mío! Feliz-Bella, en ausencia

tuya, ha venido á pedirme permiso para salir con la vieja é ir, según me

dijo, á visitar á un santo walí que realiza milagros. ¡Ah, hijo mío! ¡Mi

corazón no estuvo tranquilo nunca desde que esa vieja entró en nuestra

casa! ¡Tampoco la ha mirado jamás con buenos ojos nuestro portero, el

servidor anciano y fiel que nos crió á todos! ¡Siempre he tenido el

presentimiento de que esa vieja nos había de traer mala suerte con sus

oraciones harto prolongadas y sus miradas tan astutas!» Pero Feliz-Bello

interrumpió á su madre para preguntar: «¿A qué hora exactamente ha

salido Feliz-Bella?» La madre contestó: «Esta mañana temprano, después

de haberte ido al zoco.» Y Feliz-Bello exclamó: «¡Ya ves, madre mía,

para lo que nos sirve variar nuestras costumbres y otorgar á nuestras

mujeres libertades de las cuales no saben qué hacer, y que tienen que

serles funestas! ¡Ah, madre mía! ¿Por qué permitiste salir á

Feliz-Bella? ¿Quién sabe por dónde se pudo extraviar, ó si se ha caído

al agua, ó si la sepultó un alminar que se haya derrumbado? ¡Pero voy á

escape á ver al gobernador para obligarle á hacer investigaciones

inmediatamente!»

Y Feliz-Bello, fuera de sí, corrió al palacio, y el gobernador le

recibió sin hacerle esperar, por consideración hacia su padre Primavera,

que era una de las personas más notables de la ciudad. Y Feliz-Bello,

sin atender siquiera á las fórmulas obligatorias de la zalema, dijo al

gobernador: «Mi esclava ha desaparecido de nuestra casa esta mañana en

compañía de una vieja á la cual habíamos dado albergue. Vengo á rogarte

que me ayudes á buscarla.» El gobernador, adoptando un tono lleno de

interés, contestó: «¡En seguida, hijo mío! Estoy dispuesto á todo, por

consideración á tu digno padre. Ve á buscar de mi parte al jefe de la

guardia, y cuéntale el caso. Es hombre muy avisado y lleno de recursos,

y sin duda alguna encontrará á la esclava dentro de pocos días.»

Entonces Feliz-Bello corrió á ver al jefe de la guardia, y le dijo:

«Vengo á verte de parte del gobernador para encontrar á mi esclava, que

ha desaparecido de mi hogar.» El jefe de la guardia, que estaba sentado

en la alfombra, con las piernas cruzadas, resolló dos ó tres veces, y al

fin preguntó: «¿Con quién se ha marchado?» Feliz-Bello respondió: «Con

una vieja cuyas señas son estas y aquellas. Y la vieja va vestida de

estameña, y lleva al cuello un rosario con millares de cuentas.» Y el

jefe de la guardia dijo: «¡Por Alah! ¡Dime en dónde está la vieja, y en

seguida iré á buscar á la esclava!»

El libro de las mil noches y una noche; t. 7 · 第 3 / 13 段