causa; pero sea confundido Eblis! Seguramente este rey, que es muy joven
y hermoso, debe de creerme aficionado á muchachos, y sólo me demuestra
tanta amabilidad por esto. Pero ¡por Alah! no puedo aceptar semejante
función. Y es necesario poner en claro sus proyectos; y si efectivamente
pretendiera eso de mí, le devolvería en el acto cuanto me ha dado, y
abdicaría mi empleo de gran visir, y me volvería á mi jardín.» Y
Kamaralzamán fué inmediatamente á ver al rey, y le dijo: «¡Oh rey
afortunado! En verdad que colmaste á tu esclavo de honores y
consideraciones, que no suelen otorgarse mas que á venerables ancianos
encanecidos en la sabiduría; y yo no soy mas que un joven entre los más
jóvenes. De modo que si todo esto no tuviera una causa desconocida,
sería el prodigio más inmenso entre los prodigios.»
Oídas estas palabras, Sett Budur sonrió y miró á Kamaralzamán con ojos
lánguidos, y le dijo: «Efectivamente, mi hermoso visir, todo eso tiene
su causa, y es el cariño que tu belleza ha encendido súbitamente en mi
hígado. Pues en verdad que me ha cautivado en extremo tu tez tan
delicada y tranquila.» Y Kamaralzamán dijo: «¡Prolongue Alah los días
del rey! Pero tu esclavo tiene una esposa á quien ama, y por la cual
llora todas las noches desde una aventura extraña que le alejó de ella.
¡Por eso, ¡oh rey! tu esclavo te pide permiso para irse á viajar después
de haber dejado en tus manos los cargos con que has tenido á bien
honrarle!»
Pero Sett Budur cogió la mano al joven, y le dijo: «¡Oh mi hermoso
visir, siéntate! ¿Por qué vienes á hablarme de viaje y partida? Quédate
aquí, junto al que arde por tus ojos y está dispuesto, si quieres
compartir su pasión, á hacerte reinar con él en este trono. Porque has
de saber que yo también fuí nombrado rey á consecuencia del afecto que
el rey viejo me manifestó, y de lo amable que para él he sido. Ponte ya
al corriente ¡oh joven gentilísimo! de las costumbres de este siglo, en
el cual la prioridad corresponde de derecho á los seres bellos, y no
olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos poetas...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 232.ª NOCHE_
Ella dijo:
»...y no olvides las acertadas frases de uno de nuestros más exquisitos
poetas:
_¡Nuestro siglo recuerda aquellos tiempos delicados en que vivía
el venerable Lot, pariente de Abraham, el amigo de Alah!_
_¡El anciano Lot tenía una barba como la sal, que servía de marco á
un rostro juvenil, en el cual respiraban las rosas!_
_¡En su ciudad ardiente, visitada por ángeles, hospedaba á los
ángeles, y en cambio daba sus hijas á la muchedumbre!_
_¡El cielo mismo le libró de su antipática mujer, inmovilizándola
al cuajarla en sal fría y sin vida!_
_¡En verdad os digo que este siglo encantador pertenece á los
jóvenes!_»
Cuando Kamaralzamán oyó estos versos y comprendió su significado,
quedóse turbadísimo y se sonrojaron como un ascua sus mejillas; después
dijo: ¡Oh rey! Tu esclavo te confiesa su falta de afición á esas cosas,
á las cuales no pudo acostumbrarse. Además, soy harto joven para
soportar pesos y medidas que no podría tolerar la espalda de un ganapán
viejo.»
Al oir estas palabras, Sett Budur se echó á reir á carcajadas, y luego
dijo á Kamaralzamán: «¡Verdaderamente, ¡oh joven delicioso! no sé por
qué te asustas! Oye lo que tengo que decirte respecto al particular: ó
eres un adolescente ó una persona mayor. Si eres lo primero y no has
llegado á la edad de la responsabilidad, nada te podrán echar en cara,
pues no deben censurarse ni considerarse con mirada dura y violenta los
actos sin importancia de los menores; si tienes una edad responsable, y
así me lo parece al oirte discutir con tanto raciocinio, ¿por qué has de
vacilar ni asustarte, ya que eres dueño de tu cuerpo y puedes dedicarlo
al uso que prefieras, y lo que está escrito sucede? Sobre todo, piensa
que yo soy el que debería asustarse, puesto que soy más pequeño que tú;
pero me aplico estos versos tan perfectos del poeta:
_¡Estando mirándome el niño, mi zib se movió! Entonces exclamó él_:
«_¡Es enorme!_» _Y yo le dije_: «_¡Así es fama!_»
_Él replicó_: «_¡Apresúrate á demostrarme su heroísmo y
resistencia!_» _Pero yo le dije_: «_¡Eso no es lícito!_» _Él me
replicó_: «_¡Para mí es muy lícito! ¡Apresúrate á manejarlo!_»
_¡Entonces lo hice, pero sólo por obediencia y cortesía!_»
Cuando Kamaralzamán oyó tales palabras y versos, vió que la luz se
convertía en tinieblas delante de sus ojos, y bajó la cabeza, y dijo á
Sett Budur: ¡Oh rey lleno de gloria! ¡Tienes en tu palacio muchas
jóvenes y esclavas, y vírgenes muy bellas, y tales como ningún rey de
este tiempo las posee! ¿Por qué has de abandonar todo eso á mí solo? ¿No
sabes que te es lícito hacer con las mujeres cuanto pueda atraer tus
deseos ó alentar tu curiosidad y provocar tus ensayos?»
Pero Sett Budur sonrió, cerrando á medias los párpados y mirándole de
reojo, y después contestó: «Nada más cierto que lo que dices, ¡oh mi
prudente visir tan hermoso! pero ¿qué hacer cuando nuestra afición varía
de deseo, cuando nuestros sentidos se afinan ó transforman, y cuando
cambia la naturaleza de nuestro humor? Mas dejémonos de una discusión
que no conduce á nada, y oigamos lo que dicen respecto á eso nuestros
poetas más estimados. Escucha alguno de sus versos:
* * * * *
»Uno ha dicho:
_¡He aquí los puestos apetitosos en el zoco de los fruteros!
¡Encuentras á un lado, en la bandeja de palma, los higos gordos, de
trasero oscuro y simpático! ¡Oh! ¡Pero mira la bandeja grande en el
sitio de preferencia! ¡He aquí los frutos del sicomoro, los frutos
pequeños, de trasero sonrosado, del sicomoro!_
»El segundo ha dicho:
_¡Pregunta á la joven por qué, cuando los pechos se le endurecen y
el fruto le madura, prefiere el sabor ácido de los limones á las
sandías dulces y á las granadas!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh mi única beldad! ¡oh muchachito! ¡Tu amor es mi fe! ¡Es para
mí la religión preferida entre todas las creencias!_
_¡Por ti he dejado á las mujeres, hasta el punto de que mis amigos
han observado esta abstinencia, y han supuesto ¡ignorantes! que me
había hecho monje y religioso!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh Zeinab de pechos morenos, y tú, Hind de trenzas teñidas con
arte! ¿no sabéis por qué hace tanto tiempo que desaparecí?_
_¡He encontrado las rosas--las que suelen verse en las mejillas de
las jóvenes--, he encontrado esas rosas, no en mejillas de una
joven, ¡oh Zeinab! sino en las posaderas fundamentales y
aterciopeladas de mi amigo! ¡He ahí por qué ¡oh Hind! ya no podrá
atraerme nunca tu cabellera teñida, ni tampoco ¡oh Zeinab! tu
jardín arrasado, al cual le falta el vello, ni siquiera tus
posaderas demasiado lisas, que carecen de granulación!_
»Otro ha dicho:
_¡Cuida de no hablar mal de ese gamo joven, comparándole
sencillamente, porque es imberbe, con una mujer! ¡Es preciso ser un
malvado para decir ó pensar semejante cosa! ¡Hay diferencia!_
_¡En efecto, cuando te acercas á una mujer, es por delante; y por
eso te besa en la cara! ¡Pero el gamo joven, cuando te acercas á
él, tiene que encorvarse, y de esa manera ¡figúrate! besa la
tierra! ¡Hay diferencia!_
»Otro ha dicho:
_¡Oh hermoso niño, eras mi esclavo, y te liberté para utilizarte en
ataques infecundos! ¡Porque tú, siquiera, no puedes criar huevos en
tu seno!_
_¡En efecto, qué espantoso sería para mí aproximarme á una mujer
virtuosa de anchas caderas! ¡En cuanto la cabalgase, me daría
tantos hijos, que no podría contenerlos toda la comarca!_
»Otro ha dicho:
_¡Mi esposa me dirigió tantas miradas picarescas y se puso á mover
las caderas con tanta elasticidad, que me dejé arrastrar á nuestro
lecho, largo tiempo evitado! ¡Pero no pudo lograr que se despertase
el querido niño á quien solicitaba!_
_Entonces me gritó, furiosa_: «_¡Si no le obligas inmediatamente á
endurecerse para cumplir sus deberes y penetrar, no te asombres si
mañana, al despertarte, eres cornudo!_»
»Otro ha dicho:
_¡Generalmente se piden á Alah mercedes y beneficios levantando los
brazos! ¡Pero las mujeres son de otro modo! ¡Para solicitar los
favores de su amante levantan las piernas y los muslos! ¡El ademán
es seguramente más meritorio, pues se dirige á sus profundidades!_
»Por último, otro ha dicho:
_¡Qué ingenuas son á veces las mujeres! ¡Como tienen trasero, se
figuran que nos lo pueden ofrecer en caso necesario por analogía!
¡He demostrado á una de ellas cuánto se equivocaba!_
_¡Esta joven había venido á buscarme con una vulva en verdad lo más
excelente posible! Pero yo le dije_: «_¡No hago esas cosas de tal
manera!_»
_Ella me contestó_: «_¡Sí, ya lo sé, este siglo abandona la moda
antigua! ¡Pero no importa! ¡Estoy al corriente!» ¡Y se volvió, y
presentó á mis miradas un orificio tan vasto como el abismo del
mar!_»
_Pero yo dije_: «_Te doy las gracias de veras, señora mía, te doy
mil gracias! ¡Veo que tu hospitalidad es muy amplia! ¡Y temo
perderme en un camino cuya brecha resulta mayor que la de una
ciudad tomada por asalto!_»
Cuando Kamaralzamán oyó todos aquellos versos, comprendió que no había
medio de equivocarse acerca de las intenciones de Sett Budur, á quien
seguía tomando por el rey, y vió que no le serviría de nada resistirse
más; y por otra parte, también sentía curiosidad de saber á qué atenerse
sobre la moda nueva de que hablaba el poeta...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 234.ª NOCHE_
Ella dijo:
...á qué atenerse sobre la moda nueva de que hablaba el poeta. De modo,
que repuso: «¡Oh rey del siglo! ¡ya que tienes tanto empeño, prométeme
que no haremos eso juntos mas que una vez! ¡Y si consiento, sabe que es
para tratar de demostrarte en seguida que es preferible volver á la moda
antigua! De todos modos, por mi parte, deseo que me prometas formalmente
que nunca me pedirás la repetición de este acto, cuyo perdón pido por
anticipado á Alah el Clemente sin límite.» Y Sett Budur exclamó: «¡Te lo
prometo formalmente! ¡Y yo también quiero pedir remisión á Alah
misericordioso, cuya bondad carece de límites, para que nos haga salir
de las tinieblas del error á la luz de la verdadera sabiduría!» Después
añadió: «Pero en verdad, hay que hacerlo sin remedio, aunque no sea mas
que una vez, para dar la razón al poeta, que dice:
_¡La gente ¡oh amigo mío! nos acusa de cosas que nos son
desconocidas, y dice de nosotros todo lo malo que piensa!_
_¡Ven, amigo! ¡Seamos lo bastante generosos para dar la razón á
nuestros enemigos, y ya que sospechan una cosa, hagámosla siquiera
una vez! ¡Después nos arrepentiremos, si te parece! ¡Ven, amigo
dócil, á trabajar conmigo para dejar en paz la conciencia de
nuestros acusadores!_»
Y Sett Budur se levantó rápidamente y lo arrastró hacia los anchos
colchones tendidos en la alfombra, mientras él trataba de defenderse
algo y meneaba la cabeza con aspecto resignado, suspirando: «¡No hay
recurso mas que en Alah! ¡Todo ocurre por orden suya!» Y como Sett Budur
le hostigaba impaciente para que se diera prisa, se quitó los anchos
calzones bombachos, después el calzón de hilo, y se vió derribado de
pronto encima de los colchones por el rey, que se tendió junto á él y le
cogió en brazos. Y el rey le dijo: «¡Verás cómo ni los mismos ángeles
sabrían darte una noche como ésta!» Y el rey añadió: «¡Oh! ¡Arrímate!» Y
le echó las dos piernas alrededor de los muslos, y le dijo: «¡Oh, dame
la mano, pónmela entre los muslos para despertar á este niño y obligarlo
á levantarse, porque lleva mucho tiempo dormido!» Y Kamaralzamán, algo
cortado, le dijo: «¡No me atrevo!» El rey le dijo: «¡Voy á ayudarte!» Y
le cogió la mano y se la paseó por entre los muslos.
Entonces Kamaralzamán notó que el contacto con los muslos del rey era
muy delicioso, y más dulce que el tocar manteca, y más suave que el
tocar seda. Y aquello le agradó mucho, y le incitó á explorar él solo
lo de arriba y lo de abajo, hasta que su mano llegó á una cúpula que
encontró muy movediza y verdaderamente llena de bendición. Pero por más
que buscó por todas partes, no pudo encontrar el alminar. Y dijo para
sí: «¡Oh Alah, qué misteriosas son tus obras! ¿Cómo podrá haber una
cúpula sin alminar?» Después pensó: «Es probable que este rey encantador
no sea hombre ni mujer, sino un eunuco blanco. ¡Eso resultaría mucho
menos interesante!» Y le dijo al rey: «¡Oh rey, no sé, pero no encuentro
al niño!»
Al oir estas palabras, á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le
faltó poco para desmayarse...
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 235.ª NOCHE_
Ella dijo:
...á Sett Budur le dió tal acceso de risa, que le faltó poco para
desmayarse. Después se puso seria de repente, y recobró su antigua voz
tan dulce y tan cantarina, y dijo á Kamaralzamán: «¡Oh esposo amadísimo,
qué pronto has olvidado nuestras hermosas noches pasadas!» Y se levantó
rápidamente, y tirando á lo lejos el traje y el turbante con que estaba
disfrazada, apareció completamente desnuda, suelta la cabellera á lo
largo de la espalda.
Al ver aquello, Kamaralzamán conoció á su esposa Budur, hija del rey
Ghayur, señor de El-Buhur y de El-Kussur. Y la besó, y ella le besó, y
la estrechó, y ella le estrechó, y después, ambos, llorando de alegría,
se confundieron en besos encima del diván. Y ella, entre otros mil, le
recitó estos versos:
_¡He aquí á mi amado! ¡Es el bailarín de cuerpo armonioso! ¡Miradle
cuando avanza con pie flexible y ligero!_
_¡Hele aquí! ¡No creáis que sus piernas se quejen del peso enorme
que las precede, y que constituiría una buena carga para un
camello!_
_¡He aquí á mi amado! ¡Como alfombra tendí por su camino las flores
de mis mejillas, ¡oh dicha mía! ¡Y el polvo de sus suelas fué un
bálsamo bienhechor para mis ojos!_
_¡En el rostro de mi amado ¡oh hijas de Arabia! vi bailar á la
aurora! ¿Cómo olvidar sus encantos y su dulzura?..._
Después de lo cual, la reina Budur contó á Kamaralzamán cuanto le había
ocurrido, desde el principio hasta el fin. Lo mismo hizo él, y después
la reconvino, y le dijo: «¡Es realmente una enormidad lo que has hecho
conmigo esta noche!» Ella contestó: «¡Por Alah! ¡No era mas que una
broma!» En seguida siguieron sus retozos entre muslos y brazos hasta que
amaneció.
Entonces la reina Budur se juntó con el rey Armanos, padre de
Hayat-Alnefus, le contó la verdad de su historia, y le reveló que su
hija la joven Hayat-Alnefus era todavía tan completamente virgen como
antes.
Cuando el rey Armanos, dueño de la isla de Ébano, oyó estas palabras de
Sett Budur, hija del rey Ghayur, se maravilló hasta el límite del
asombro, y mandó que historia tan prodigiosa se escribiera con letras de
oro sobre pergaminos ilustres. Después se volvió hacia Kamaralzamán y le
preguntó: «¡Oh hijo del rey Schahramán! ¿quieres entrar en mi parentela
aceptando como segunda esposa á mi hija Hayat-Alnefus, que está aún
intacta de toda sacudida?» Kamaralzamán contestó: «Antes tengo que
consultar con mi esposa Sett Budur, á quien debo respeto y amor.» Y se
volvió hacia la reina Budur, y le preguntó: «¿Puedo contar con tu
consentimiento para tomar á Hayat-Alnefus como segunda esposa?» Budur
contestó: «¡Sí, por cierto; pues yo misma te la he reservado para
festejar tu regreso! ¡Y me contentaré con ocupar el segundo puesto, pues
debo mucha gratitud á Hayat-Alnefus por sus amabilidades y su
hospitalidad!»
Entonces Kamaralzamán se volvió hacia el rey Armanos, y le dijo: «¡Mi
esposa Sett Budur me ha contestado aceptando lo propuesto, y diciéndome
que en caso necesario se daría por muy contenta con ser esclava de
Hayat-Alnefus!»
Al oir estas palabras, el rey Armanos se regocijó hasta el límite del
regocijo, y fué á sentarse para aquel caso en el trono de justicia, y
mandó reunir á todos los emires, visires, chambelanes y notables del
reino, y les contó la historia de Kamaralzamán y su esposa Sett Budur,
desde el principio hasta el fin. Luego les comunicó su proyecto de dar á
Hayat-Alnefus por segunda esposa á Kamaralzamán, y nombrarle al mismo
tiempo rey de la isla de Ébano, en lugar de su esposa, la reina Budur. Y
todos besaron la tierra entre sus manos, y respondieron: «¡Desde el
momento en que Kamaralzamán es el esposo de Sett Budur, que ha reinado
antes en este trono, le aceptamos con júbilo por nuestro rey, y nos
consideramos dichosos con ser sus esclavos fieles!»
Después de estas palabras, el rey Armanos se entusiasmó hasta el límite
más extremo del entusiasmo, é inmediatamente mandó llamar á los kadíes,
testigos y jefes principales, y extender el contrato de boda de
Kamaralzamán con Hayat-Alnefus.
Y con tal motivo hubo grandes festejos y festines maravillosos, y se
sacrificaron millares de reses para los pobres y desgraciados, y hubo
liberalidad para todo el pueblo y todo el ejército. Y no quedó nadie en
el reino que no deseara larga vida y felicidad para el rey Kamaralzamán
y sus dos esposas Budur y Hayat-Alnefus.
Y Kamaralzamán, á su vez, alardeó de tanta justicia al gobernar su reino
como al contentar á sus dos esposas, pues pasaba una noche con cada
una, alternativamente.
En cuanto á Sett Budur y á Hayat-Alnefus, vivieron siempre en perfecta
armonía, dando las noches á su esposo, pero disfrutando juntas durante
las horas del día.
Tras de lo cual, Kamaralzamán despachó correos á su padre, el rey
Schahramán, para comunicarle todos aquellos felices sucesos y decirle
que pensaba ir á verle en cuanto hubiera reconquistado una ciudad á
orillas del mar que los infieles habían arrebatado á los musulmanes.
Mientras tanto, la reina Budur y la reina Hayat-Alnefus, fecundadas por
Kamaralzamán, dieron cada una á su esposo un hijo varón, hermoso como la
luna. Y todos vivieron con perfecta felicidad hasta el fin de sus días.
Y tal es la historia maravillosa de Kamaralzamán y la princesa Budur.
Y Schahrazada, sonriendo, se calló.
* * * * *
Pero la pequeña Doniazada, la de las mejillas siempre blancas, se
había puesto muy colorada, sobre todo al acabarse la historia, y
los ojos se le habían agrandado de placer, de curiosidad y también
de confusión, y había acabado por taparse la cara con las dos
manos, pero mirando al través.
Y mientras Schahrazada, para rehacerse la voz, se mojaba los labios
en una copa de cocimiento helado de pasas, palmoteando, exclamó:
«¡Oh hermana, qué lástima que una historia tan maravillosa se
acabe tan pronto! ¡Es la primera de ese género que oigo de tus
labios! ¡Y no sé por qué me pongo tan colorada!»
Y Schahrazada, después de beber un sorbo, sonrió á su hermana con
el rabillo del ojo, y le dijo: «Pues ¿qué será cuando hayas oído la
HISTORIA DE GRANO-DE-BELLEZA?... Pero primero te he de contar la
agradable HISTORIA DE FELIZ-BELLO y FELIZ-BELLA.»
Oídas estas palabras, Doniazada saltó de alegría y emoción, y
exclamó: «¡Oh hermana, por favor! ¡Antes de empezar la historia de
Feliz-Bello y Feliz-Bella, cuyos nombres ya me complacen infinito,
dime quién es Grano-de-Belleza!»
Y Schahrazada respondió: «¡Querida mía, Grano-de-Belleza es un
joven!»
Entonces el rey Schahriar, cuya tristeza había desaparecido á las
primeras palabras de la historia de Sett Budur, que oyó entera con
gran atención, dijo: «¡Oh Schahrazada! He de confesarte que la
historia de Budur me ha encantado y regocijado, y además me ha
incitado á enterarme mejor de esa moda nueva de la cual hablaba
Sett Budur en prosa y verso. De modo que si en las historias que
nos prometes se explica esa moda, con otros pormenores desconocidos
para mí, puedes empezar en seguida.»
Pero en este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y discreta como siempre, se calló.
Y el rey Schahriar dijo para sí: «¡Por Alah! ¡No la mataré hasta
que haya oído otros detalles sobre la moda nueva, que hasta ahora
encuentro llena de oscuridad y complicaciones!»
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 237.ª NOCHE_
Doniazada dijo: «¡Oh Schahrazada, hermana mía, te ruego que
empieces!»
Y Schahrazada sonrió á su hermana, y después, volviéndose hacia el
rey Schahriar, le dijo:
[Illustration]
[Illustration]
[Illustration]
HISTORIA DE FELIZ-BELLO Y FELIZ-BELLA
[Illustration]
Se dice (pero Alah es más sabio) que había en la ciudad de Kufa un
hombre al que se contaba entre sus vecinos más ricos y considerados, y
se llamaba Primavera.
Al primer año de su matrimonio, el mercader Primavera sintió caer sobre
su casa la bendición del Altísimo con el nacimiento de un hijo muy
hermoso, que vino al mundo sonriendo. Y por eso se llamó al niño
Feliz-Bello.
Al séptimo día de nacer su hijo, el mercader Primavera fué al zoco de
los esclavos á comprar una criada para su mujer. Llegado á mitad de la
plaza central, echó una ojeada circular á las mujeres y á los muchachos
que se habían puesto á la venta, y vió, en medio de uno de los grupos, á
una esclava de aspecto dulce, que llevaba á la espalda, sujeta con un
ancho cinturón, á su hija dormida.
El mercader Primavera pensó entonces: «¡Alah es generoso!» Y se acercó
al corredor y le preguntó: «¿Cuánto cuesta esta esclava con su hija?» El
corredor contestó: «¡Cincuenta dinares, ni más ni menos!» Primavera
dijo: «¡La compro! Escribe el contrato, y toma el dinero.» Después de
llenar esta formalidad, el mercader Primavera dijo con dulzura á la
mujer: «Sígueme, sierva mía.» Y se la llevó á su casa.
Cuando la hija de su tío vió llegar á Primavera con la esclava, le
preguntó: «¡Oh hijo de mi tío! ¿por qué has hecho ese gasto tan inútil?
¡Yo, en cuanto me reponga del parto, podré atender á la casa como
antes!» El mercader Primavera contestó con agrado: «¡Oh hija de mi tío!
He comprado esta esclava por la niña que lleva á cuestas, y á la cual
criaremos con nuestro hijo Feliz-Bello. ¡Y sabe que, si he de juzgar por
lo que de sus facciones he visto, cuando crezca esta niña no tendrá
igual en belleza en todos los países de Irak, Persia y Arabia!»
Entonces la esposa de Primavera se volvió hacia la sierva, y le preguntó
bondadosamente: «¿Cómo te llamas?» Ella contestó: «Me llaman
Prosperidad, ¡oh mi señora!» A la esposa del mercader le gustó mucho
aquel nombre, y le dijo: «¡Te sienta bien, ¡por Alah! Y tu hija, ¿cómo
se llama?» La esclava contestó: «Fortuna.» Entonces la esposa de
Primavera, en el límite de la alegría, dijo: «¡Ojalá aciertes! ¡Y Alah,
con tu venida, haga que duren la fortuna y la prosperidad en casa de
quienes te han comprado, ¡oh cara blanca!»
Después de lo cual se volvió hacia su esposo Primavera, y le preguntó:
«Ya que es costumbre que los amos den nombre á los esclavos que compran,
¿cómo piensas llamar á la niña?» Primavera respondió: «¡Como tú
prefieras!» Y su esposa contestó: «¡Llamémosla Feliz-Bella!» Y Primavera
dijo: «Así se llamará. No veo ningún inconveniente.»
Y así fué como se llamó la niña Feliz-Bella, y se la crió con
Feliz-Bello, exactamente con las mismas condiciones. Y ambos crecieron
juntos, aumentándose cada día su hermosura; y Feliz-Bello llamaba á la
hija de la esclava «mi hermana», y ella le llamaba á él «mi hermano».
Cuando Feliz-Bello llegó á los cinco años, se pensó en celebrar su
circuncisión. Se aguardó para ello la fiesta del natalicio del Profeta
(¡con él la plegaria y la salvación!), para dar á tal rito preciado toda
la manifestación de belleza que encierra. Por lo tanto, se hizo
solemnemente la circuncisión de Feliz-Bello, que en vez de llorar,
pareció encontrar aquello casi de su agrado, y sonrió gentilmente, cosa
que, por otra parte, solía hacer siempre. Se formó una comitiva
imponente y numerosa, compuesta de todos los parientes, amigos y
conocidos de Primavera y de la hija de su tío; después, precedidos de
banderas, desfiló por todas las calles de Kufa. Y Feliz-Bello iba
encaramado en un palanquín rojo, sobre una mula ricamente enjaezada de
brocado, y á su lado estaba sentada la pequeña Feliz-Bella, que le
abanicaba con un pañuelo de seda. Detrás del palanquín seguían las
amigas, las vecinas y los niños, que llenaban el aire con sus
«lu-lu-lúes» de alegría, mientras el buen Primavera, contentísimo,
llevaba de la brida la mula arrogante y dócil.
Cuando regresaron á casa, los invitados fueron uno tras otro á felicitar
al mercader Primavera, diciendo antes de retirarse: «¡Para ti sean la
bendición y la alegría! ¡Disfruta durante larga vida la abundancia de
los goces del alma!...»
En este momento de su narración, Schahrazada vió aparecer la
mañana, y se calló discretamente.
[Illustration]
_PERO CUANDO LLEGÓ
LA 238.ª NOCHE_
Ella dijo: