En el centro de la zona interior del tímpano, se ve el divino monograma

de Cristo, nimbado como el Cordero y exornado del alfa y omega,

pendientes de los brazos superiores del aspa. Sostienen el nimbo dos

ángeles, cuyos pies se pierden entre nubes, como para mostrar que

descienden del cielo, y en la mitad de la faja, en caracteres iguales a

los de la periferia, esta inscripción, que Amador de los Ríos da

incompleta, y Baráibar, tras eruditas disquisiciones, tampoco pudo

interpretar completamente:

[Illustration: HUJUS OPERIS AUTHORES RODERICYS EP (...)]

Hay otros epitafios de menor significación e importancia, por los

cuales, como por los citados y descifrados anteriormente y por la

dispersión arbitraria de los miembros decorativos del pórtico, se

confirma, sin duda de ningún género, la primera modificación de la

basílica, realizada en el siglo XII.

INTERIOR DE LA BASÍLICA.

Descriptos la fachada y pórtico, penetramos en la basílica por una

puerta--colocada tal vez desde la restauración, hecha por el obispo D.

Rodrigo de Cascante--en el hastial o muro del lado derecho del crucero,

o sea en el extremo izquierdo del pórtico actual. (Lám. 21.)

Esta puerta se halla exornada con sencillas jambas latinas, que la

adintelan; el dovelaje está enriquecido por una gallarda serie de hojas

de acanto, perfectamente adheridas a la forma general del arco, que es

de medio punto.

[Illustration: Lámina 22.

ARMENTIA Interior de la basílica.]

[Illustration: Lámina 23.

ARMENTIA Detalle del crucero de la basílica.]

La sencillez y belleza de esta decoración; la especial manera de su

talla y la naturaleza misma de sus elementos en relación con la forma

total de la portada, hicieron sospechar a Amador de los Ríos si esta

puerta sería la primitiva de la imafronte.

Apenas se penetra en el templo, recíbese una impresión de estupor.

¿Quién dirá que aquel templo fué románico? Primero, la desproporción

entre la portada y el pórtico, entrambos de pequeña altura, y la altura

elevadísima de su bóveda. Después, la discordancia arquitectónica de lo

de afuera con lo de adentro.

«Cualquiera--anota Amador de los Ríos,--acostumbrado a estudiar las

basílicas románicas de los siglos XI y XII, al penetrar en la de

Armentia juzgaría que iba a encontrarse debajo de una media naranja o de

un suntuoso «domo». Esta racional esperanza queda, sin embargo,

desvanecida apenas se entra en el recinto.»

El templo está cubierto de bóvedas ojivales, que, como en Las Huelgas de

Burgos, en la de Santa María de Vadedios (Asturias), en la de San

Vicente, Cristeta y Sabina, de Ávila, revelan ya el triunfo de un nuevo

y fastuoso estilo arquitectónico. (Lám. 22.)

El crucero ostenta asimismo un agrupamiento de tres bóvedas apuntadas,

elevándose la central sobre las laterales, bien que mucho menos de lo

que había menester para constituir el característico cimborrio de las

grandes construcciones del mencionado estilo. ¿Era esto una falta del

artista o el resultado de una transformación? (Lám. 23.)

Las investigaciones personales del Sr. Amador de los Ríos dieron ya por

resuelto este interesante problema. El insigne arqueólogo lo explica

así:

«A la verdad, aunque alterada la planta, pues que ante el arco triunfal

se colocó, sin duda, en 1776 un retablo que cierra el antiguo

presbiterio formado por el ábside, no es difícil reconocer que la

disposición general de la basílica y su decoración hasta el arranque de

las precitadas bóvedas han triunfado de las últimas transformaciones.

[Illustration: Lámina 24.

ARMENTIA Capiteles bajo el coro de la basílica.]

»Elévanse, en efecto, en la intersección sobre característico basamento

ocho columnas dispuestas de dos en dos y coronadas de grandes y tallados

capiteles de follajes, aves y cuadrúpedos, hasta recibir una imposta

general de falso ajedrezado; y no cabe dudar que toda esta obra es

fruto, y muy apreciable, del último desarrollo en que el estilo románico

desplegó cierta grandeza y magnificencia. (Lám. 24.)

»De allí en adelante, nada armoniza ya con esta construcción, incluso el

coro, exornado de columnas pareadas y de capiteles que parecen pugnar

por asociársele.»

La iglesia, tal como hoy existe, ofrece huellas, signos, pruebas

indudables de dos construcciones diferentes, correspondiente cada cual á

un diverso estilo. Por si ello no bastase, el Sr. Amador de los Ríos, en

unión de alaveses tan ilustres como D. Sotero Manteli, D. Ricardo

Becerro de Bengoa, D. Cristóbal Vidal, D. Obdulio Perea y otros,

investigó personalmente sobre las bóvedas del cuerpo de la iglesia y del

crucero.

Sus hipótesis fueron confirmadas. La armadura total que cubre al

exterior la fábrica no era la de la antigua media naranja, ni la del

cuerpo de la basílica en restauración por D. Rodrigo de Cascante; el

muro sobre que había estribado el primitivo cerramiento de la iglesia,

alzábase más de dos metros sobre las bóvedas ojivales; y sobre la

central del crucero se levantaban por completo los cuatro tímpanos, que

recibieron un día el anillo del «domo». También en las enjutas se

apoyaban los cuatro evangelistas simbólicos, cuyas estatuas tocaban con

sus cabezas el mencionado anillo, haciendo, por tanto, el oficio de las

trompas sobre las cuales descansaban, como se sabe, las más antiguas

construcciones de este género.

LOS EVANGELISTAS.

Constituyen el tetramorfo más interesante de las iglesias románicas, y

como los evangelistas de los frescos de San Isidoro, de León, ostentan

cada uno la cabeza nimbada del animal cuya propiedad simbolizan.

San Juan está representado por un águila, símbolo del arrebatado y

majestuoso vuelo de su lenguaje; San Marcos, por un toro, que representa

la fortaleza indomable del estilo; San Mateo, por un ángel, que

personifica su candidez encantadora, y San Lucas, por un león, que

retrata su generosa energía. (Láminas 25 y 26.)

LOS DOS ESTILOS.

Del minucioso examen realizado por Amador de los Ríos, primero, y

después por Díaz de Arcaya, por Baráibar y por el arquitecto diocesano

Sr. Iñíguez de Betolaza, resulta comprobado hasta la evidencia que la

actual basílica se compone de dos cuerpos, correspondientes cada cual a

un estilo característico e inconfundible.

El primer cuerpo o zona de la construcción es románico, y el segundo

cuerpo y las bóvedas, de estilo ojival. Y la razón de que las bóvedas y

el crucero, siendo ojivales, tengan tan poco desarrollo, está bien

apuntada por Amador de los Ríos. «Concibiérase--escribe,--concibiérase

en verdad holgadamente, siguiendo las leyes de su respectivo desarrollo,

una basílica románica dentro de un templo ojival; pero un templo ojival

dentro de una basílica románica, ni se concibe sin una dolorosa historia

de guerras con otras diócesis, como la de Armentia con Calahorra, ni se

contempla sin la fatiga que produce en el ánimo de todo ilustrado

espectador, la iglesia de San Andrés, sucesora de la antigua Catedral

alavense.»

[Illustration: Lámina 25.

ARMENTIA

El Tetramorfo: San Juan con la cabeza de águila.

El Tetramorfo: San Marcos con la cabeza de toro.]

[Illustration: Lámina 26.

ARMENTIA

El Tetramorfo: San Mateo con la cabeza de ángel.

El Tetramorfo: San Lucas con la cabeza de león.]

[Illustration: Lámina 27.

ARMENTIA Ábside de la basílica.]

Tenemos, pues, como reliquias del románico, la imafronte, el pórtico,

los tímpanos del «domo», las estatuas y el ábside, y como testimonio de

la reconstrucción ojival, las bóvedas y el crucero. Es decir, los dos

cuerpos de la basílica; los dos siglos que se la disputaron: el XI y el

XII. (Lám. 27.)

BASÍLICA DE ESTÍBALIZ

HISTORIA

NUESTRA VISITA.

Uno de los más bellos panoramas que hemos visto es el que contemplamos

desde la colina donde se alza la basílica de Estíbaliz.

Llegamos al mediar la tarde de un día espléndido de otoño. El coche que

nos conducía desde Vitoria hizo las dos escasas leguas de camino en

media hora, y durante tan corto tiempo las sensaciones fueron tantas y

tan intensas, que al llegar ante la basílica hubimos de implorar

descanso a nuestros guías.

EL PANORAMA.

¿Por qué las sensaciones? Porque unas horas antes intentábamos respirar

en el irrespirable ambiente de Madrid, y horas después, en pleno monte,

bajo la libertad de un cielo altísimo y entre robles, hayas y maleza,

pudimos olvidar el Congreso por la Horaciana y la conversación de los

políticos por las estrofas de _García del Castañar_.

Desde la altura en que se asienta el templo, al sol poniente del otoño,

el campo se extendía, verde y fértil, en inmensas llanuras plácidas. Los

expedicionarios, todos a nuestro modo artistas, hubimos de gustar «el

divino silencio del paisaje», sintiendo el alma de las arboledas, como

Rousseau o como Amiel.

El llanete, como atalaya, domina la campiña de Vitoria, pintorescamente

sembrada de aldeas, pueblos, villas, bosques, alquerías, maizales,

huertos.... No recordamos de un paisaje igual o parecido, a no ser el

que se divisa desde las torres del Generalife en la histórica vega

granadina.

LOS JUICIOS DE DIOS.

Largo rato permanecimos gustando las bellezas del panorama, y bien

pronto surgió la evocación, animándolo y como resucitándolo. Fue allí,

en aquel mismo carrete, delante de la airosa fábrica cuya portada es

vieja, de diez siglos, donde se celebraban «los juicios de Dios».

Precisamente el día 1.º de mayo, de sol á sol, el Justicia y cofrades de

Arriaga presidían la patriarcal ceremonia.

«Aquel día--nos dice el Sr. Carreras Candi--las campanas de Estíbaliz no

sonaban como en señal de luto. Los que acudían al «juicio de Dios» iban

acompañados de sus amigos y parientes, atravesando los caminos

diligentemente, a fin de estar en el santuario al amanecer.

»A esa hora el abad de Estíbaliz, que ya estaba en la puerta de la

basílica, saludaba a los que venían a presidir:

»--Dios guarde al Justicia mayor y cofrades del campo de Arriaga.

»Los que llegaban respondían:

»--Dios guarde al señor abad de Estíbaliz.

»Unos y otros, los cofrades como el abad, tomaban asiento en un banco de

piedra situado al final de una explanada frente a la puerta del templo,

y el Justicia mayor decía:

»--Pueden llegar a mí los agraviados.

»Los querellantes se acercaban a decirles quién o quiénes les habían

ofendido y las razones que tenían para batirse. El tribunal examinaba

las armas para ver si eran o no de las admitidas por la ley. Luego, el

abad, dirigiéndose a la congregada multitud, decía:

»--En nombre de nuestra santa religión, yo os requiero que penetréis en

la iglesia.

[Illustration: Lámina 28.

ESTÍBALIZ Fachada del mediodía de la basílica.]

»Entraban todos y comenzaba la misa. Una vez terminada, el abad

exhortaba varias veces a los rivales para que se reconciliasen, y si no

lo lograba, salían todos del templo, cuyas puertas cerrábanse, quedando

dentro solamente el abad.

»La lucha se efectuaba entonces peleando los contendientes hasta que el

tribunal la daba por concluída.

»Al ponerse el sol, el Justicia mayor decía a grandes voces:

»--Quedan conclusos los agravamientos y desafíos hasta que el sol de

mayo vuelva a surgir entre esos montes.»

LA BASÍLICA.

Se ignora a ciencia cierta el año de su fundación. Ni Amador de los

Ríos, ni Carreras Candi se atreven a fijarla con exactitud. Sin embargo,

por documentos irrefutables se sabe que existía ya en el siglo XI,

erigida como monasterio, o de los canónigos regulares de San Agustín o

de los monjes de San Benito, únicas Órdenes religiosas existentes en la

Península en aquella época.

Según una escritura del año 1074, Alvar González hizo donación «del

altar de la derecha» del monasterio de Santa María de Estíbaliz. Otro

documento de por entonces hace referencia a un Conde, bajo cuya

protección estaba el templo.

Andando ya el año de 1138 la ricahembra D.^a María González López, hija

tal vez de Alvar González, dona, con otras posesiones, «todo el

Monasterio» al Superior de los benedictinos de Nájera.

Durante cerca de tres siglos el monasterio fué propiedad de estos

benedictinos, los cuales, en precio de dos mil maravedises de renta

sobre las alcabalas de Nájera y mil florines de oro del cuño de Aragón,

al contado, poníanlo con todas sus pertenencias en poder de D. Fernán

Pérez de Ayala, hijo y heredero del Gran Canciller de Castilla, a 5 de

julio de 1431.

¿Habían hecho en la fábrica estos monjes alguna obra o modificación

importante antes de enajenar la donación de la ricahembra alavesa?

Amador de los Ríos se inclina a creer que, «a excepción de algunos

miembros decorativos, los cuales dan razón de la centuria oncena, en que

se erigió, sin duda, todo cuanto constituye desde el siglo XI la iglesia

de Santa María de Estíbaliz fué debido a los abades de Nájera.

ESTILO Y DESCRIPCIÓN DEL TEMPLO

LA FACHADA.

La fachada principal, o sea la del Mediodía, se compone de tres cuerpos

diferentes. El primero lo constituye la portada; el segundo, un

riquísimo ventanal; el tercero, es el de la espadaña o campanario.

(Lámina 28.)

La puerta es un primor de elegancia y buen gusto. Hállase decorada por

gallardas columnas, cuajadas en su totalidad de entrelazos, dados y

flores cuatrifolias de apacible relieve; de capiteles que se alzan entre

hojas bellamente picadas y pájaros bizarramente esculpidos; de

baquetones que se desenvuelven con notable galanura y gracia, formando

en semicírculo la archivolta y en el extremo superior de la misma, de

una proporcionada cimbra, ennoblecida de follajes tallados

asombrosamente. (Láminas 29 y 30.)

Esta primera zona o cuerpo está cerrada por una imposta suntuosísima,

todavía dispuesta en bisante y exornada de vástagos serpenteantes, hojas

y flores esculpidas con valentía, con lo que se completa la decoración

fastuosa del primer cuerpo.

Menos rico y proporcionado el segundo, ostenta, cobijada por un arco

redondo, una ventana destinada a dar luz al crucero. Son las jambas que

la decoran muy sencillas y sencillísimos también los volteles que

describen sus intradós.

[Illustration: Lámina 29.

ESTÍBALIZ Puerta del hastial del sur de la basílica.]

[Illustration: Lámina 30.

ESTÍBALIZ. Detalle de la portada de la basílica.]

[Illustration: Lámina 31.

ESTÍBALIZ Interior del ábside de la basílica.]

La ventana sustituyó sin duda a los característicos rosetones de que

hacían gala los templos románicos, y por las proporciones de su abertura

cree Amador de los Ríos que cuando se trazó «no se cubría ya aquel

espacio con láminas de yeso ni con otras cristalizaciones naturales».

El tercer cuerpo es la espadaña o campanario, que se componía de tres

arcos; pero que por haber destruído el central una centella, quedaron

reducidos a dos. No ofrece el menor particular, ni por los arcos, ni por

las campanas.

El muro que forma en toda su extensión el cuerpo de la iglesia

mostrábase enteramente liso y únicamente animaban su tejaroz algunos

modillones y canecillos semejantes a los de Armentia.

LOS ÁBSIDES.

Son tres, y corresponden a la fachada de Levante. Semejantes a los de

Armentia, presentan la disposición, decorado y formas generales de esta

clase de cerramientos en las basílicas románicas de tres naves,

construídas durante el siglo XII; mas abiertos los arcos de las

fenestras, que daban templada luz al santuario, parecen indicar, según

observaciones de Amador de los Ríos, que «se acercaba el momento en que

la aplicación del vidrio iba a transformar aquellas construcciones

impulsando el desenvolvimiento de un nuevo y más grandioso estilo

arquitectónico». (Lám. 31.)

INTERIOR DEL TEMPLO.

No tiene, como la de Armentia, pórtico. Entre la puerta ya descrita y el

interior del templo, hay un recinto, como de dos varas en cuadro, de

paredes lisas, cerrado por puertas de madera, lisas también.

Entrando ya en la iglesia, se advierte a simple vista su carácter

completamente románico. La planta, como la de Armentia, es de cruz

latina, y también de una sola nave, aun cuando está cerrada por los tres

ábsides ya descritos.

[Illustration: ESTÍBALIZ

Capiteles del crucero de la basílica.

(Lado del Evangelio.)]

El desarrollo de su alzado hasta el arranque de los arcos, determinado

por una cornisa muy saliente, ajústase a las prescripciones del estilo

románico en su postrera época; embasamento, columnas, capiteles,

muestran, por cierto, extremada variedad y pertenecen al gusto

predominante en la parte románica de la basílica de Armentia; y los

arcos torales, elevándose ligeramente sobre el medio punto, acentúan ya

de un modo inequívoco el desenvolvimiento natural de la ojiva, que

siguen de igual modo las bóvedas.

[Illustration: ESTÍBALIZ

Capiteles del crucero de la basílica.

(Lado de la Epístola.)]

LA VIRGEN.

La Virgen de Estíbaliz se levanta sobre un altar lleno siempre de cirios

y de flores, produciendo, por la desproporción y tosquedad de su

tallado, cierta impresión de primitivismo.

Está sentada en un sillón, teniendo en su regazo al Niño Jesús y

sosteniéndolo con su mano izquierda. Mide 1,18 metros de altura por 0,30

centímetros de ancho, y el pintado y la talla de sus ropas acusa una

antigüedad que se remonta al siglo XII.

EL FRONTAL.

En el altar donde se alza la Virgen, situado a la derecha del

presbiterio, y único de la iglesia, hay un frontal notabilísimo.

Consiste en una gran tabla de mármol, enriquecida de labores caladas,

que descubren a simple vista ser derivaciones, no muy lejanas, del arte

latino-bizantino, cuyo florecimiento, como se sabe, se realiza bajo la

dominación visigoda, después de la conversión de Recaredo.

El mármol, trabajado primorosamente, está, como decimos, cuajado de

calados lindos, en dos circunferencias tangentes, muy caprichosas y

notables.

LA PILA BAUTISMAL.

También es una obra de arte por su riqueza y delicadísimas labores, la

pila bautismal, de una sola piedra, tallada en doce arcos separados por

columnitas, representando extraños mascarones y descansando sobre tres

columnas de caprichosos capiteles. Se desconocen el artífice y la

antigüedad; pero se juzga, generalmente, obra muy posterior a la del

templo. (Lám. 32.)

[Illustration: Lámina 32.

ESTÍBALIZ Pila bautismal de la basílica.

(_Fot. L. E._)]

[Illustration: Lámina 33.

ABERÁSTURI Puerta de la iglesia.

(_Fot. L. E._)]

ABERÁSTURI

EL LUGAR.

A unos siete kilómetros de Vitoria, en un paraje poco fértil, entre

tierras de labrantío y monte bajo, está el lugar de Aberásturi,

compuesto de 40 edificios, con escuela incompleta y unos 200 habitantes.

LA IGLESIA.

Su iglesia parroquial, de entrada, está bajo la advocación de San

Esteban. Además tiene dos ermitas: una en el mismo pueblo y otra en el

sitio que se denomina de Uriarte, distante poco más de un kilómetro.

La iglesia está clasificada entre las románicas por D. Ángel de Apraiz,

en su autorizado estudio sobre _El románico en Álava_.

Es una fábrica cuya antigüedad data de los comienzos del siglo XII. Muy

pobre de ornamentación, lo único verdaderamente notable en ella es la

portada, exornada con tres órdenes de columnas a cada lado, sencillas,

con los capiteles desnudos y una archivolta muy severa y muy

característica. (Lám. 33.)

El interior del templo es, igualmente, sobrio y acusa por la sencillez

de sus elementos y la adustez de sus bóvedas, el carácter arqueológico

de la centuria que lo construyó.

ALEGRÍA

LA VILLA.

Situada en la llanura de Álava, como a tres leguas de Vitoria, entre

huertas, poblados y alamedas fértiles; su nombre es adecuado al paisaje

risueño y encantador.

Tiene en la actualidad unos 140 edificios y cerca de 700 habitantes. Su

parroquia, dedicada a San Blas, es de entrada, y pertenece al

arciprestazgo que da nombre a la villa; además tiene las ermitas de

Nuestra Señora de Ayala, de San Miguel de Henayo, de Nuestra Señora de

Larraza, de San Julián, de San Pedro Larraz y de San Martín, y un

convento de religiosas clarisas, cuya fundación data de 1581.

RUINAS DE LA FORTIFICACIÓN.

En un cerrete próximo a la iglesia de San Blas quedan aún vestigios del

recinto amurallado que, flanqueado por cuatro grandes cubos en los

ángulos, y por otros cuatro menores en los centros, defendía a la villa

de las incursiones enemigas.

Notabilísima era esta obra de fortificación, pues la base de

circunferencia de los cubos grandes llegaba a 37 metros, y la de los

pequeños a ocho. De cubo a cubo había siete metros de distancia, y el

perímetro de la fortificación alcanzaba 124. Había 15 troneras con

emplazamiento para la artillería gruesa, y el recinto tenía tres puertas

empotradas en el murallón.

HISTORIA

Se ve, pues, que la villa alcanzó tiempos memorables y que su historia

es digna de recordación.

En la antigüedad Alegría se llamó Dulanci, y por sus cercanías pasó la

famosa Vía romana de Astorga a Burdeos, registrada en el _Itinerario_ de

Antonino.

En diferentes excavaciones se han encontrado monedas de Augusto y de

Tiberio, y alguna lápida.

Por privilegio que otorgó en Sevilla D. Alfonso XI, dado a 20 de octubre

de 1375, se decía:

[Illustration: Lámina 34.

ALEGRÍA Ermita de Ntra. Sra. de Ayala: Exterior.]

[Illustration: ALEGRÍA Ermita de Ntra. Sra. de Ayala: Fachada del sur y

ábside.

(_Fotografías L. E._)]

_«Y porgue la dicha villa sea mejor poblada, e los moradores de ella

valan más é hayan mejor con qué nos servir, tenemos por bien que la

dicha villa haya nombre Alegría de Dulanci... é que hayan el fuero de

las leyes, según que le habían primero, porque sean mantenidos en paz e

en justicia, é que se juzguen todos por él los que moraren, é que los

alcaldes dende que libren é judguen los pleitos criminales e civiles por

el dicho fuero.»_

Además, el propio Alfonso XI les concedió que sus vecinos nombrasen

todos los años alcalde y merino del pueblo, y pudiesen tener todos los

lunes un mercado franco.

Don Fernando, _el Católico_, les confirmó estos privilegios en 1480, y

años después, en 1501, la reina D.^a Isabel compraba en 600.000

maravedises las fortalezas de Alegría a la casa de Lazcano.

En la guerra con la primera República francesa, por los años de 1795, el

ejército francés, vencido en Azcárate, fué perseguido hasta Alegría y

obligado a abandonarla.

En la guerra civil de los siete años, el 27 de octubre de 1834, se libró

también en la villa un combate sangriento, que ocasionó la célebre

derrota de los liberales al mando del brigadier O'Doyle, por los

carlistas que mandaba Zumalacárregui. Las bajas liberales fueron más de

1.000 muertos, y las de los carlistas, más de 700.

ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE AYALA.

El monumento más característico y notable de esta villa histórica es,

sin duda, la ermita de Nuestra Señora de Ayala, uno de los contados

templos románicos que se conservan sin huellas de reconstrucción, ni en

su fachada, ni en su pórtico. (Lám. 34.)

Tanto el citado Sr. Apraiz, como D. Federico Baráibar, la diputan por

una verdadera joya. Y el ilustre arquitecto D. Vicente de Lampérez, que

tan sabia y prolijamente la describió, también proclama las bellezas

características de su pórtico.

Por la parte del Mediodía, entre un verde pretil de rosales y los

penachos de ramaje de algún árbol, blanquea la gentil arcada de su

pórtico.

Forma el pórtico como el primer cuerpo de la fábrica y está adosado a

ella, más bajo, y recubierto de un tejado sin cornisa, ni canecillos, ni

impostas de ninguna especie. (Lám. 35.)

Tres arcos de elegante y severa faz, apuntados ligeramente en ojiva dos

de ellos, y el tercero, desarrollado en la natural curva románica,

prestan su luz al pórtico de la ermita. Los dos de los extremos,

tapiados en su base por gruesos muros, ostentan verjas de barrotes

primitivos; el arco central tiene tres escalones que dan acceso al

interior del pórtico.

Los pilares de tan severa arcada forman un haz macizo de columnas

sencillas, rematadas en capiteles muy de la época, y el tono general de

la fachada, por la disposición de sus elementos y el orden primitivo de

la sillería, es de un carácter sorprendente.

El interior del pórtico (lám. 36) ofrece las bellezas de sus tres arcos

y la adustez de sus paredes lisas. El lienzo que es frontero de la

arcada nos presenta la puerta del Santuario (lám. 37), enriquecida con

cinco órdenes de columnas que descansan en basamentos de rica talla y

terminan en capiteles de un ajedrezado purísimo.

Catálogo Monumental de España; Provincia de Álava Inventario general de los monumentos históricos y artísticos de al nación. · 第 6 / 12 段