_ECO TRANSFORMADA EN VOZ._
Vió á Narciso, obligando á los ciervos á dar en las opuestas redes,
Eco, Ninfa vocinglera, que ni podia callar, quando otro hablaba, ni
hablar la primera. Todavía era cuerpo Eco y no solo voz:[192] aunque
capaz de hablar, no tenia otro uso su voz que el que ahora tiene, y
es repetir las últimas silabas de las palabras. De este modo la habia
castigado Juno, porque quando esta Diosa queria sorprehender á Júpiter
en los montes con alguna de las Ninfas, Eco la detenia con agradables
discursos hasta que estas se retiraban. Conociendo la hija de Saturno
el engaño: „yo haré, dice, que tenga corta potestad esa lengua de que
abusas para engañarme, y el uso de tu voz sea muy limitado.” Siguióse
la execucion á la amenaza; y Eco, desde este tiempo, no podia articular
sino los últimos acentos de las palabras que oía. Luego, pues, vuelvo
á decir, que vió por las inaccesibles selvas á Narciso, y se vió
cautiva de su hermosura, rastrea ocultamente sus pasos, y quanto
mas le sigue, tanto mas se acrecienta la llama en que se abrasa, del
mismo modo que arden las extremidades de las teas untadas con azufre
activo. ¡Ó quantas veces quiso llegarse á él con cariñosas palabras,
manifestarle su amor, y aun rogarle! pero lo repugna su naturaleza,
no la concede empezar, y solo le permite que se disponga á repetir
las últimas palabras que escucha. Separado por ventura el jóven de la
muchedumbre de sus fieles compañeros, ¿quién está aquí? dixo; y _está
aquí_, respondió Eco. Se pasma, y mirando á todas partes, llégate,
clama con el mayor esfuerzo: y ella llama á quien la llama:[193] vuelve
á mirar con mas atencion, y como no se acercaba nadie, ¿por qué huyes
de mí, dice? y oye repetir las mismas palabras. Se para, y engañado
de aquella voz articulada alternativamente: juntémonos aquí, dice, y
como á nada podia responder Eco mas gustosa, _juntémonos_, le responde.
Comprueba con los hechos sus palabras; y saliendo de las selvas con la
ansia de echar los brazos al deseado cuello, huye él impidiendo así
los brazos, diciéndola: apártate de mí, que estoy dispuesto á morir
ántes de reducirme á ser tuyo: nada le responde ella, sino _ser tuya_.
Se oculta vergonzosa entre las selvas, y desde entónces, cubriendo su
ruboroso rostro de hojas, habita solo en las cavernas, conservando sin
embargo su amor, que se aumenta con el sentimiento de verse repudiada.
Los vigilantes cuidados tienen extenuado su cuerpo miserable, la
flaqueza arruga su piel, y toda la sangre de su cuerpo se convierte en
ayre; no quedó de ella otra cosa sino la voz y los huesos; pero solo la
voz se conserva, porque los huesos fuéron trocados en piedras. Desde
este tiempo se esconde entre las selvas; pero no se dexa ver en monte
alguno: todos la oyen, porque solo el sonido vive en ella.
Se burló Narciso de aquella infeliz, del mismo modo que se habia
burlado de otras Ninfas, ya de los rios, ya de los montes, é igual befa
habia hecho de muchos hombres quando era muchacho. Hubo alguno, que
resentido de los desprecios y arrogancia de este jóven, ¡oxalá, dice,
levantando las manos al cielo, que él ame sin ser correspondido de su
amada! Oyó su justa peticion la Diosa Nemesis.[194] En un apacible
valle habia una fuente, á cuyas aguas, tan claras como la plata, jamas
habian tocado los pastores ni ganados. Ninguna ave, ninguna fiera,
ningun ramo caido de los árboles la habian enturbiado. Estaba revestido
de yerba, á la que conservaba fresca el agua inmediata, y la densidad
de la selva no permitia que el Sol calentara con sus rayos aquel
sitio.
[Ilustración: (46) Narciso se ve en una Fuente y se enamora de sí
mismo.]