FÁBULA VIII.

_NARCISO TRANSFORMADO EN FLOR._

Cansado Narciso de la caza, y fatigado del ardor del Sol, se reclinó

al pie de aquella fuente atraido de la amenidad y hermosura del sitio;

pero intentando aplacar su sed en las cristalinas aguas, le sobreviene

otra de nuevo.[195] Porque transportado, al beber, de la imágen de

una hermosura[196] que veia retratada en ellas, ama una esperanza sin

efecto, teniendo por verdadero cuerpo lo que era una sola ilusion. Su

misma hermosura suspende á Narciso; se queda inmoble, sin alterársele

el semblante, como una estatua hecha de mármol de Paros. Contempla,

tendido, sus dos ojos, que parecian estrellas, sus dedos dignos de

Baco, y sus cabellos merecedores de Apolo, sus impúberes mexillas,

aquel cuello, que parecia de marfil, la delicadeza de su boca, y el

carmin que cubria á su candor extremado. Se admira de quanto en él

es admirable. Asimismo se desea imprudente, y es alabado el mismo

que alaba: quando desea, es de sí propio deseado; y á un mismo tiempo

despide fuego, y se abrasa. ¡Quantas veces besó inútilmente la engañada

fuente! ¡y quantas, lanzando los brazos en el agua, para asirse al

cuello que veia, no se encontraba á sí mismo! No conoce lo que está

viendo; pero con su vista se abrasa, y el error que seduce sus ojos

enciende mas su pasion. ¿Para qué procuras, crédulo,[197] unas fugaces

sombras? En ninguna parte está el ídolo de tu deseo. Retírate de esa

fatal fuente, y perderás lo que amas. Lo que ves, es solo una sombra

que reflexa en el agua. Nada tiene suyo, tú llevas, y en tí permanece

todo su encanto; y se separará contigo, si es que puedes de aquí

separarte. Pero ni la necesidad de comer, ni el cuidado del descanso le

pueden arrancar de allí, ántes tendido en la umbrosa yerba, contempla

aquella falaz figura, sin poder dar satisfaccion á su vista. Sus mismos

ojos causan su ruina, y se incorpora un poco, tendiendo sus brazos

á las selvas inmediatas: „¿Quién, selvas, exclama, ha amado con mas

crueldad? Bien sabeis, y yo sé, que muchos os fiáron sus secretos;

¿pero os acordais en los largos años que teneis, haber visto á un

amante, que como yo se haya consumido? Me lisonjeo con ver el objeto

de mi pasion; pero quando me agrada y le veo no puedo tocarle: ¡qué

error tan grande está apoderado de este miserable amante! y para mi

mayor tormento, ni el vasto mar, ni un dilatado camino, ó una ciudad

cercada de murallas, nos separa; la simple superficie del agua prohibe

nuestra union. Él mismo desea enlazarse conmigo, pues quantas veces

dí ósculos á las líquidas aguas, otras tantas quiso besarme. Es tan

corta la distancia que prohibe nuestra union, que puede creerse que

podemos tocarnos; y tú jóven, qualquiera que seas, sal; ¿por qué,

pues, eres el único que me burlas? ¿Adónde huyes quando te llamo? Mi

edad ni mi hermosura no es para que me desprecies: hasta las mismas

Ninfas me amáron. No sé qué esperanza me promete tu amigable semblante.

Quando yo te alargo mis brazos, me correspondes voluntariamente: ries

quando yo me rio: tambien fui testigo de tus lágrimas, quando yo las

derramaba: apruebas las señales de afecto que te hago devolviéndomelas;

y á lo que advierto, por el movimiento mismo de tus delicados labios,

despides palabras que no llegan á mis oidos. Ya conozco que yo soy á

quien amo; no me engaña mi imágen. Me abraso en amor de mí mismo: yo

alimento y sufro esta llama. ¿Qué haré? ¿seré suplicado, ó rogaré? Pero

¿qué pediré? En mí está lo que anhelo. En medio de la abundancia soy

miserable. Oxalá pudiera yo separarme de mi propio cuerpo: quisiera que

estuviese léjos de mi lo que amo; deseo pocas veces visto en un amante.

El dolor ya me debilita las fuerzas; no me queda mucho tiempo de vida,

y voy á morir en la flor de mi edad. Pero no me es sensible la muerte,

puesto que han de terminar con ella todas mis penas; quisiera sí, que

viviese largo tiempo mi amado: mas ¡ay! que ahora morirémos en un alma

con unos mismos deseos.” Dixo esto, y casi demente vuelve á mirar la

misma imágen: con el llanto enturbia las aguas, y con su turbacion

desapareció aquella hermosura. „¿Adónde huyes? clama, luego que se

habia ocultado: vuelve, y no desampares cruel á un amante: permítaseme

verte, ya que no tocarte, dando de este modo pábulo á un furor

miserable.”[198] Rasga sus vestidos de alto abaxo con la vehemencia del

dolor, y hiere su desnudo pecho con aquellas blancas manos, poniéndole

colorado con los golpes, y con el mismo color que tienen las manzanas,

quando de un lado estan blancas, y del otro rubicundas, ó el que suele

tener la uva en varios racimos quando todavía no ha acabado de madurar:

luego que el infeliz vió así su pecho en el agua ya serenada, no pudo

resistir mas; y así como suele derretirse la roxa cera con lento fuego,

y el rocío de la mañana con el calor del sol, del mismo modo se va ya

consumiendo, extenuado con el amor, y acabándose el ardor que ocultaba

su pecho. Habia perdido ya aquella blancura natural, el vigor y las

fuerzas le faltan, y desaparece aquello que tanto encantaba con ser

visto. Ya no exîste aquel cuerpo, que habia sido otro tiempo el objeto

del amor de Eco, quien, aunque airada y resentida de sus desprecios,

hizo gran sentimiento quando le vió; y quantas veces el miserable

jóven ¡ay! exclamaba, otras tantas le correspondia con las mismas

voces; y tambien hacia resonar movimientos de repercusion, quando

él se golpeaba el pecho con sus manos. La última voz que despidió,

mirando al agua como solia, fué: ¡ay, jóven en vano amado! y las mismas

palabras repitió aquel lugar:[199] y diciendo vale; _vale_ respondió

Eco. Dexó caer su cansada cabeza sobre la verde yerba, y la muerte

cerró aquellos ojos, que admiraban la hermosura de su Señor. Y aun en

la laguna Estigia se contemplaba atentamente, luego que fué recibido

en el Imperio de Pluton. Le lloráron las Nayades[200] sus hermanas, y

le ofreciéron los cabellos que se habian cortado sobre su sepulcro.

Lloráron tambien las Driadas,[201] y Eco corresponde á su llanto.

Disponian ya la hoguera, la leña hecha rajas, y el féretro; pero en

ninguna parte encuentran el cadáver, y en su lugar halláron una flor

roxa, ceñida de unas hojas blancas.

[Ilustración: (47) Baco llega triunfante á Grecia y resuenan los campos

con el ruido de sus fiestas.]

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 97 / 101 题