_NARCISO TRANSFORMADO EN FLOR._
Cansado Narciso de la caza, y fatigado del ardor del Sol, se reclinó
al pie de aquella fuente atraido de la amenidad y hermosura del sitio;
pero intentando aplacar su sed en las cristalinas aguas, le sobreviene
otra de nuevo.[195] Porque transportado, al beber, de la imágen de
una hermosura[196] que veia retratada en ellas, ama una esperanza sin
efecto, teniendo por verdadero cuerpo lo que era una sola ilusion. Su
misma hermosura suspende á Narciso; se queda inmoble, sin alterársele
el semblante, como una estatua hecha de mármol de Paros. Contempla,
tendido, sus dos ojos, que parecian estrellas, sus dedos dignos de
Baco, y sus cabellos merecedores de Apolo, sus impúberes mexillas,
aquel cuello, que parecia de marfil, la delicadeza de su boca, y el
carmin que cubria á su candor extremado. Se admira de quanto en él
es admirable. Asimismo se desea imprudente, y es alabado el mismo
que alaba: quando desea, es de sí propio deseado; y á un mismo tiempo
despide fuego, y se abrasa. ¡Quantas veces besó inútilmente la engañada
fuente! ¡y quantas, lanzando los brazos en el agua, para asirse al
cuello que veia, no se encontraba á sí mismo! No conoce lo que está
viendo; pero con su vista se abrasa, y el error que seduce sus ojos
enciende mas su pasion. ¿Para qué procuras, crédulo,[197] unas fugaces
sombras? En ninguna parte está el ídolo de tu deseo. Retírate de esa
fatal fuente, y perderás lo que amas. Lo que ves, es solo una sombra
que reflexa en el agua. Nada tiene suyo, tú llevas, y en tí permanece
todo su encanto; y se separará contigo, si es que puedes de aquí
separarte. Pero ni la necesidad de comer, ni el cuidado del descanso le
pueden arrancar de allí, ántes tendido en la umbrosa yerba, contempla
aquella falaz figura, sin poder dar satisfaccion á su vista. Sus mismos
ojos causan su ruina, y se incorpora un poco, tendiendo sus brazos
á las selvas inmediatas: „¿Quién, selvas, exclama, ha amado con mas
crueldad? Bien sabeis, y yo sé, que muchos os fiáron sus secretos;
¿pero os acordais en los largos años que teneis, haber visto á un
amante, que como yo se haya consumido? Me lisonjeo con ver el objeto
de mi pasion; pero quando me agrada y le veo no puedo tocarle: ¡qué
error tan grande está apoderado de este miserable amante! y para mi
mayor tormento, ni el vasto mar, ni un dilatado camino, ó una ciudad
cercada de murallas, nos separa; la simple superficie del agua prohibe
nuestra union. Él mismo desea enlazarse conmigo, pues quantas veces
dí ósculos á las líquidas aguas, otras tantas quiso besarme. Es tan
corta la distancia que prohibe nuestra union, que puede creerse que
podemos tocarnos; y tú jóven, qualquiera que seas, sal; ¿por qué,
pues, eres el único que me burlas? ¿Adónde huyes quando te llamo? Mi
edad ni mi hermosura no es para que me desprecies: hasta las mismas
Ninfas me amáron. No sé qué esperanza me promete tu amigable semblante.
Quando yo te alargo mis brazos, me correspondes voluntariamente: ries
quando yo me rio: tambien fui testigo de tus lágrimas, quando yo las
derramaba: apruebas las señales de afecto que te hago devolviéndomelas;
y á lo que advierto, por el movimiento mismo de tus delicados labios,
despides palabras que no llegan á mis oidos. Ya conozco que yo soy á
quien amo; no me engaña mi imágen. Me abraso en amor de mí mismo: yo
alimento y sufro esta llama. ¿Qué haré? ¿seré suplicado, ó rogaré? Pero
¿qué pediré? En mí está lo que anhelo. En medio de la abundancia soy
miserable. Oxalá pudiera yo separarme de mi propio cuerpo: quisiera que
estuviese léjos de mi lo que amo; deseo pocas veces visto en un amante.
El dolor ya me debilita las fuerzas; no me queda mucho tiempo de vida,
y voy á morir en la flor de mi edad. Pero no me es sensible la muerte,
puesto que han de terminar con ella todas mis penas; quisiera sí, que
viviese largo tiempo mi amado: mas ¡ay! que ahora morirémos en un alma
con unos mismos deseos.” Dixo esto, y casi demente vuelve á mirar la
misma imágen: con el llanto enturbia las aguas, y con su turbacion
desapareció aquella hermosura. „¿Adónde huyes? clama, luego que se
habia ocultado: vuelve, y no desampares cruel á un amante: permítaseme
verte, ya que no tocarte, dando de este modo pábulo á un furor
miserable.”[198] Rasga sus vestidos de alto abaxo con la vehemencia del
dolor, y hiere su desnudo pecho con aquellas blancas manos, poniéndole
colorado con los golpes, y con el mismo color que tienen las manzanas,
quando de un lado estan blancas, y del otro rubicundas, ó el que suele
tener la uva en varios racimos quando todavía no ha acabado de madurar:
luego que el infeliz vió así su pecho en el agua ya serenada, no pudo
resistir mas; y así como suele derretirse la roxa cera con lento fuego,
y el rocío de la mañana con el calor del sol, del mismo modo se va ya
consumiendo, extenuado con el amor, y acabándose el ardor que ocultaba
su pecho. Habia perdido ya aquella blancura natural, el vigor y las
fuerzas le faltan, y desaparece aquello que tanto encantaba con ser
visto. Ya no exîste aquel cuerpo, que habia sido otro tiempo el objeto
del amor de Eco, quien, aunque airada y resentida de sus desprecios,
hizo gran sentimiento quando le vió; y quantas veces el miserable
jóven ¡ay! exclamaba, otras tantas le correspondia con las mismas
voces; y tambien hacia resonar movimientos de repercusion, quando
él se golpeaba el pecho con sus manos. La última voz que despidió,
mirando al agua como solia, fué: ¡ay, jóven en vano amado! y las mismas
palabras repitió aquel lugar:[199] y diciendo vale; _vale_ respondió
Eco. Dexó caer su cansada cabeza sobre la verde yerba, y la muerte
cerró aquellos ojos, que admiraban la hermosura de su Señor. Y aun en
la laguna Estigia se contemplaba atentamente, luego que fué recibido
en el Imperio de Pluton. Le lloráron las Nayades[200] sus hermanas, y
le ofreciéron los cabellos que se habian cortado sobre su sepulcro.
Lloráron tambien las Driadas,[201] y Eco corresponde á su llanto.
Disponian ya la hoguera, la leña hecha rajas, y el féretro; pero en
ninguna parte encuentran el cadáver, y en su lugar halláron una flor
roxa, ceñida de unas hojas blancas.
[Ilustración: (47) Baco llega triunfante á Grecia y resuenan los campos
con el ruido de sus fiestas.]