FÁBULA XV.

_EUROPA ROBADA POR UN TORO._

Dexa la tierra, nombrada de Palas,[181] el nieto de Atlante, despues

de haber castigado aquellas palabras y ánimo sacrílego, y batiendo

sus alas, entra por fin en el cielo. Llámale á parte su padre,[182]

y sin confesarle la causa de su amor: „hijo, le dice, fiel ministro

de mis órdenes, no te detengas; y baxando con la ligereza que te es

propia, camina á la provincia de Sidonia, y conduce á la ribera del

mar una torada real, que verás paciendo en los montes.” Dicho esto,

inmediatamente conduxo el ganado á las orillas que se le habian

prescrito, y en las que acostumbraba divertirse la hija del gran Rey

Agenor, acompañada de muchas jóvenes Fenicias. No se concilian bien,

ni pueden de ordinario estar en un mismo sugeto la magestad y el amor.

Aquel padre y rector de los Dioses, cuya diestra está armada de rayos,

y á cuya voluntad se estremece todo, toma la figura de toro, y mezclado

con los novillos, berrea, y se pasea hermoso por la tierna yerba.

[Ilustración: (38) Júpiter transformado en toro roba á Europa y la

lleva á la Isla de Creta.]

Su color era tan blanco como la nieve, á la que ni ha manchado el

duro pie, ni derretido el húmedo austro. El cuello sobresale con los

hermosos músculos; cuelga de la garganta la papada: sus cuernos, aunque

pequeños, parecian hechos á torno, y mas lucidos que una pura piedra

preciosa. Ningun ayre amenazador se observaba en su frente, ni sus ojos

eran crueles; la paz habitaba en su semblante. Se admira la hija de

Agenor de su hermosura, y de verle tan pacífico y manso; pero temia al

principio tocarle, aunque le veia tan dócil: mas ya despues se acerca,

y presenta flores á su blanca boca. Se regocija el amante, y esperando

el complemento de su voluptuosidad, besa sus manos: ¡ah! ¡ah! ¡con qué

dificultad difiere sus intentos! Ya se divierte con su amada, y salta

regocijado en la verde yerba: ya se echa de espaldas en la refulgente

arena; y perdiendo poco á poco el miedo, unas veces presenta su pecho

para que lo palpen aquellas manos virginales, otras los cuernos, para

que los entreteja con nuevas guirnaldas. Atrevióse tambien la real

doncella, no sabiendo á quien oprimia, á subir á las espaldas del

toro; y entónces, dexando el Dios poco á poco la tierra y seca ribera,

introduce sus mentidos pies en las aguas. De allí pasa mas adelante,

y lleva la presa por medio de las olas. Se llena ella de temor; y

viéndose robada, vuelve la vista á la playa que habia dexado, asiéndose

con una mano al cuerno, y con la otra á la espalda; y sus vestidos se

arrugan tremolados del viento.

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 88 / 101 题