FÁBULA XIV.

_AGLAURA TRANSFORMADA EN PIEDRA._

En fin, viendo Aglaura á Mercurio acercarse, se sentó al frente de

la puerta para impedirle la entrada; y al comenzar á hablarle con

caricias, súplicas y halagos, „basta, le dice: yo no me he de apartar

de aquí sin que te vayas.” Permanezcamos, dixo el ligero Cileno, baxo

de este comun acuerdo: abrió las cinceladas puertas con su vara;

pero queriendo ella levantarse, no pudo mover aquellas partes de

nuestro cuerpo, que se encorvan estando sentados. Forcejea ella por

levantarse derecha, pero se le endurecen las junturas de las rodillas;

por sus uñas corre el frio, y se ponen pálidas sus venas por la falta

de sangre; y así como el cancer, mal incurable, suele dilatarse

lentamente, y viciar las partes sanas, del mismo modo se apodera poco á

poco de su pecho aquel frio mortal, y le impide los movimientos vitales

y respiracion.

[Ilustración: (37) Mercurio entra en el aposento de Herse contra la

voluntad de su hermana Aglaura.]

No hizo esfuerzo para hablar; pero aunque lo hiciera no hubiera podido,

porque ya el cuello era piedra, su boca se habia endurecido, y sentada

parecia una estatua: ni aun la piedra era blanca, porque la habia

inficionado su perverso corazon el veneno de la Envidia.

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 87 / 101 题