_AGLAURA TRANSFORMADA EN PIEDRA._
En fin, viendo Aglaura á Mercurio acercarse, se sentó al frente de
la puerta para impedirle la entrada; y al comenzar á hablarle con
caricias, súplicas y halagos, „basta, le dice: yo no me he de apartar
de aquí sin que te vayas.” Permanezcamos, dixo el ligero Cileno, baxo
de este comun acuerdo: abrió las cinceladas puertas con su vara;
pero queriendo ella levantarse, no pudo mover aquellas partes de
nuestro cuerpo, que se encorvan estando sentados. Forcejea ella por
levantarse derecha, pero se le endurecen las junturas de las rodillas;
por sus uñas corre el frio, y se ponen pálidas sus venas por la falta
de sangre; y así como el cancer, mal incurable, suele dilatarse
lentamente, y viciar las partes sanas, del mismo modo se apodera poco á
poco de su pecho aquel frio mortal, y le impide los movimientos vitales
y respiracion.
[Ilustración: (37) Mercurio entra en el aposento de Herse contra la
voluntad de su hermana Aglaura.]
No hizo esfuerzo para hablar; pero aunque lo hiciera no hubiera podido,
porque ya el cuello era piedra, su boca se habia endurecido, y sentada
parecia una estatua: ni aun la piedra era blanca, porque la habia
inficionado su perverso corazon el veneno de la Envidia.