_OCIROE TRANSFORMADA EN YEGUA._
Se hallaba alegre el Semifiera con tener por alumno á un Dios, y
preferia este honor al trabajo de educarle: quando he aquí que se le
presenta con los hombros cubiertos de sus rubios cabellos su hija, á
quien la Ninfa su madre puso por nombre Ociroe, habiéndola parido en
las riberas del rápido rio Caico.[159] No se contentaba esta con haber
aprendido las artes de su padre, sino que vaticinaba los secretos de
los hados. Un dia pues, concibiendo en su mente los fatídicos furores,
y cobrando vigor con el espíritu divino que tenia encerrado en su
pecho, miró al infante,[160] y le dixo: „Crece ¡ó niño! que traes la
salud al orbe:[161] muchas veces te deberán la vida los cuerpos de los
mortales.
[Ilustración: (32) Ociroe anuncia á su padre Quirón el destino del niño
Esculapio.]
Se te permitirá volver á dar la vida; pero sabe, que aunque lo harás
una sola vez[162] contra la voluntad de los Dioses, no se te permitirá
otra vez, por el fuego de tu abuelo,[163] que te quitará la vida:
despues de haber sido Dios, quedarás un cuerpo muerto; y el que poco ha
eras cuerpo, volverás á ser Dios, y renovarás dos veces tus hados. Tú
tambien, padre caro, no mortal, sino criado para ser eterno, desearás
poder morir, quando te atormente la sangre de la venenosa serpiente,
introducida por los miembros heridos. Los Dioses te harán de eterno
mortal; y las tres Diosas[164] cortarán el hilo de tu vida.” Aun le
quedaba algo que decir sobre el destino de su padre,[165] quando
suspira de lo profundo de su pecho, y empieza á derramar copiosas
lágrimas diciendo: „El destino se vuelve contra mí; no puedo hablar
mas, y se me impide la articulacion de la lengua. No debian haberme
sido tan apreciables las artes,[166] que me han acarreado la ira de
Dios. ¡Oxalá hubiera ignorado lo futuro! Ya parece que se me quita el
semblante humano; ya me agrada la yerba por comida; ya tengo deseo de
correr por los dilatados campos; ya me convierto en yegua, y en unos
pechos de quienes no degenero.[167] Pero ¿por qué soy mudada toda,
puesto que mi padre es de dos formas?” Al decir esto, se le entendian
ya muy poco sus últimos lamentos, y se confundiéron sus palabras.
No pareció aquel primer sonido de yegua sino del que la imita: á
poco tiempo prorumpe en claros relinchos, y aplica sus brazos á la
yerba.[168] Entónces se juntan los dedos, y la ligera uña liga las
cinco con un eterno casco. Se extiende su rostro y cuello. Se convierte
en cola la mayor parte del prolongado manto; y como los sueltos
cabellos se tendian por el cuello, se convirtiéron en hermosas crines,
y á un mismo tiempo se innovó la voz y semblante, y tomó el nombre de
aquel monstruo.
[Ilustración: (33) Apolo guarda los ganados de Admeto en los campos de
Mesene.]