FÁBULA VI.

_CALIXTO TRANSFORMADA EN OSA CREYÓ SER MUERTA POR SU HIJO._

Hacia tiempo que sabia esto la muger del gran Tonante, y habia diferido

el castigo para el tiempo conveniente. Pero no hay ya motivo de

dilacion, quando habia ya nacido de la adúltera el niño Arcas, cosa muy

dolorosa á Juno: luego que viéron á este niño sus airados ojos: „solo,

dixo, me faltaba, muger adúltera, ver que fueses fecunda, y que con el

parto se hiciera pública mi injuria, y se testificase la infamia de

mi marido. No te quedarás sin castigo; yo te quitaré, muger odiosa,

la hermosura con que te complaces, y que ha sido de tanto atractivo

para Júpiter.” Dixo esto, y asiendo sus cabellos por la parte anterior

de la cabeza, la hizo dar con la cara en tierra: ella le tendia los

brazos pidiéndole perdon, quando empezáron á ponérsele horrorosos con

negro vello, á torcerse las manos, y á crecerle en corvas uñas para

servirle de pies; el rostro, recreo de Júpiter en otro tiempo, se

para disforme con un largo hocico; y porque á nadie puedan mover á

compasion sus ruegos y ociosas palabras, pierde tambien el uso de la

habla, y solo la queda una voz iracunda, amenazadora y llena de terror,

que sale de la ronca garganta. No obstante, aunque convertida en osa,

conserva su antiguo entendimiento, y expresando sus sentimientos con

continuos gemidos, levanta las que en otro tiempo fuéron manos al cielo

y á las estrellas, é interiormente conoce ingrato á Júpiter, ya que

no puede llamárselo. ¡Ah! ¡quantas veces, no atreviéndose á descansar

sola en los desiertos bosques, se reclinaba delante de su casa, y en

los campos en otro tiempo suyos! ¡Quantas veces se vió obligada á

correr entre los peñascos estimulada de los ladridos de los perros!

Huye amedrentada de los cazadores, habiendo sido cazadora: muchas

veces se ocultó de las fieras que veia, olvidándose de lo que era;

y aunque osa, se amedrentaba de los osos que habia en los montes, y

temia igualmente á los lobos, no obstante que su padre estaba entre

ellos. Preséntase aquí Arcas, descendiente de Licaon, y de quince

años de edad, sin saber la desgracia de su madre; y quando persigue á

las fieras, quando elige aptos bosques para el intento, y rodea las

selvas de Erimanto con texidas redes, encuentra con su madre, que se

detiene apénas le ve, dando á entender que le conocia. Él retrocede, é

ignorante teme á la que sin cesar clavaba en él los ojos sin moverlos,

y no se atreve á llegarse mas cerca. Hubiera traspasado su pecho con

el penetrante venablo; pero lo impidió el Padre omnipotente, y separó

de allí juntamente á ellos, é impidió la maldad;[143] y arrebatándolos

con un rápido viento por los ayres, los colocó en el cielo, é hizo

estrellas cercanas. Luego que vió Juno á la adúltera lucir entre

las estrellas, se llenó de ira, y se presentó en el mar á la blanca

Tetis, y al viejo Océano, á quienes dan mucho honor los Dioses; y al

preguntarla la causa de su venida: „¿Quereis saber, les dice, por qué

la Reyna de los Dioses se halla aquí abandonando los alcázares del

cielo? Otra en mi lugar le ocupa. Tenedme por embustera, si quando la

noche obscurece todo el orbe, no viereis honradas en lo alto del cielo

á estas estrellas, deshonor mio, en la misma parte en que el último

y mas pequeño círculo[144] rodea con su espacio al extremo del exe.

¿Habrá, pues, quien sienta ofender á Juno, y la tema ofendida, quando

solo entre los Dioses hago bien, causando daño?[145] ¡Oh quánto he

hecho! ¡quán vasto es mi poder! La privé de ser muger,[146] y la he

hecho Diosa: así castigo á los culpados: de este modo es mi poderío

engrandecido. Vuélvala Júpiter su antiguo semblante, quítele la figura

de fiera, como lo hizo en la Argólica, hermana de Foronéo.[147] ¿Por

qué no se casa con ella, repudiando á Juno, la coloca en mi tálamo, y

hace á Licaon su suegro? Pero si en vosotros hace mella el desprecio de

vuestra alumna ofendida, no concedais á los Septentriones las cerúleas

aguas; apartad de ellas á estas estrellas, trasladadas al cielo en

castigo del estupro, para que no se bañe en el puro mar una adúltera.”

Concediéron los Dioses del mar su solicitud; sube á los rápidos ayres

la hija de Saturno en su ligero carro, tirado por pintados pavones,

tan poco ha estrellados con la muerte de Argos, como, loquaz cuervo,

que súbitamente vestias alas negras, habiéndolas tenido ántes blancas;

porque esta ave fué antiguamente tan blanca con nevadas plumas, que

igualaba á todas las mas blancas palomas. No cederia ni á los patos,

que estaban constituidos guardas del capitolio por su voz vigilante,

ni al cisne amante de las aguas. Le dañó la lengua, haciendo su

loquacidad que el color, que era blanco, fuese ahora contrario á

lo blanco. No hubo otra mas hermosa en toda la Tesalia que Larisea

Coronis. Agradote ciertamente, Délfico númen,[148] miéntras que, ó fué

casta, ó estuvo sin guardas; pero la febéa ave conoció el adulterio; y

para manifestar como centinela inexorable el oculto delito, caminaba á

su Señor; síguele la parlera codorniz, batiendo las alas para indagarlo

todo; y habiendo oido la causa de su viage, „inútil es tu camino, le

dice: no desprecies los presagios de mi lengua.”

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 79 / 101 题