_CALIXTO ARROJADA DE LA COMPAÑIA DE DIANA._
He aquí á Diana, acompañada de su coro, que entra por el alto Menalo,
orgullosa con las fieras que habia cazado; ve á Calixto, y la llama;
pero ella huye, temiendo que Júpiter estuviese aun transformado en
Diana; mas despues que conoció que las Ninfas andaban igualmente, se
acerca á ellas persuadida á que no habia engaño. ¡Ah! ¡quán difícil
es que no salga á la cara un delito! No se atreve á levantar los
ojos del suelo; no va al lado de la Diosa, ni la primera de todas
sus compañeras, como ántes solia; al contrario, guarda un profundo
silencio, y con el rubor da señales de su pudor perdido. Diana, á
no ser vírgen, hubiera conocido su culpa por muchos indicios; pero
aseguran que las Ninfas la conociéron. Ya la Luna iba caminando á
llenar por la nona vez su plateado rostro,[140] quando la Diosa
cazadora, fatigada del calor de su hermano,[141] entró en un fresco
bosque, del que baxaba un resonante arroyo, y corria por las golpeadas
arenas. Despues que alabó aquel sitio, tocó con el pie la superficie
de las aguas; y alabándolas igualmente, no hay testigo, dice, que nos
vea: bañémonos en sus cristalinas corrientes. Se cubre Parrasia[142]
de rubor: las demas Ninfas se desnudan, y ella sola busca dilaciones.
Desnúdanla al verla dudosa, y su delito quedó luego patente. Atónita
ella, y queriendo tapar el vientre con las manos, sal de aquí, la dixo
Diana, y no contamines estas sagradas aguas; y la mandó apartarse de su
compañía.
[Ilustración: (29) Arcas va á matar á su madre Calixto transformada en
Osa por Juno.]