FÁBULA XVIII.

_JÚPITER APLACA Á JUNO._

No tardó Juno en encenderse en cólera por la muerte del fiel Argos,

y no quiso diferir la venganza para otro tiempo. Presenta luego á la

vista de su rival Iö una horrible furia, que la turbe su espíritu, é

introduciéndola en el pecho ocultamente la rabia, la hace andar errante

por todo el universo, llena de un anhelante terror: ¡tú solo, ó Nilo,

no eras aun testigo de sus desgracias! Y luego que llegó á tus orillas

se echó en la tierra fatigada, y puestas las rodillas en la márgen de

las riberas con el cuello erguido, dirige sus miradas al cielo de la

manera mejor que puede; y con gemidos, lágrimas y lúgubres bramidos,

parece que se queja á Júpiter, y le pide que ponga fin á sus males.

Júpiter, abrazando á Juno con semblante alegre, la ruega que finalice

las penas de la desventurada Iö: „Cesen, la dice, tus rezelos, ésta

no te causará en lo sucesivo ningun disgusto, y para crédito de la

verdad, la Estigia nos será testigo de mis promesas.” Luego que se

aplacó Juno por los ruegos de Júpiter, recobró Iö su perdida forma, y

quedó como ántes: se cae el pelo de que estaba cubierta; desaparecen

los cuernos; sus ojos se estrechan mas; la boca queda mas pequeña; los

brazos y manos toman su primera figura; y dividiéndose la pesuña de los

pies se convierte en cinco dedos: en una palabra, no conserva otra cosa

de becerra sino la extremada blancura. Se levanta la Ninfa contenta,

viendo que podia usar ya de solos dos pies; pero no se atreve á hablar,

temiendo prorumpir aun en bramidos, como quando estaba convertida en

becerra; y con bastante miedo repite entre sí las palabras que tanto

tiempo tenia interrumpidas. Ahora es venerada por Diosa[73] de los

que visten solo ropages de lino;[74] y se cree que esta es la madre

de Epafo, á quien tuvo del gran Júpiter, tributándosele en todas las

ciudades los mismos honores que á su madre.

Hubo un Faeton, hijo del Sol, que tenia la misma edad é inclinaciones

que Epafo; mas este, ofendido de su presuncion, y de que se gloriaba

igualarse á él, engreido de tener á Febo por padre, le habló de esta

manera: „Tú neciamente crees á tu madre en todo quanto te dice, y

así estás orgulloso con la opinion errada de un fingido progenitor.”

Avergonzado Faeton, ocultó con el pudor su ira, é inmediatamente pasó á

referir á su madre Climene[75] los oprobios que acababa de oir. „Y para

que mas te muevas, ó madre, la dice: yo, aquel que soy tan atrevido y

libre en hablar, callé por entónces. Es una mala vergüenza que haya

habido atrevimiento para decirnos estos ultrajes, y que no hayamos

podido contradecirlos. Por tanto, si es cierto que puedo gloriarme

de tener á un Dios por padre, dame pruebas de mi nacimiento, y pon

en claro que es celestial la sangre que corre por mis venas.” Luego

que acabó de hablar, se abrazó al cuello de su madre, y la rogó por

su vida, por la de Merope[76] su esposo, y por los casamientos de sus

hermanas, le diese señales de su legítimo padre.

No sé si conmoviéron mas el corazon de Climene los ruegos de Faeton, ó

la ira que agitaba su espíritu por un delito que se le imputaba; y así

levantó ámbas manos al cielo, y dirigiendo la vista hacia el Sol: „Te

juro, hijo mio, dixo, por este resplandor adornado de tan refulgentes

rayos, que nos oye y ve, que tú eres hijo de este Sol que miras, de

este Sol que gobierna todo el mundo. Él mismo me niegue sus luces, y

sea este el dia postrero de mi vida si no te digo la verdad. Ademas que

no te es muy difícil visitar los lares de tu padre: la casa de donde

nace dista poco de nuestra tierra. Si te animas, ve y sabrás de él

mismo tu orígen.” Luego que Faeton oyó este discurso de su madre, salió

lleno de regocijo, y ya se creia estar dentro del cielo. Atraviesa la

Etiopia y las provincias de los Indios,[77] que habitan debaxo del Sol,

y llega con prontitud al claro y paterno Oriente.

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 72 / 101 题