_SIRINGA TRANSFORMADA EN CAÑA._
No podia ya Júpiter sufrir los males á que veia expuesta á Iö; y
para remediarlos, llamó á su hijo Mercurio, que es el que tuvo de
Maya, y le mandó que diese muerte á Argos. No hubo en esto detencion;
inmediatamente puso sus talares[65] en los pies: acomodó á sus sienes
el petaso, y á su mano aquella misteriosa vara que tiene la virtud de
adormecer. Luego que se acomodó en esta forma, baxó á la tierra desde
el alcázar de su padre: en ella se quitó el sombrero, y dexó las alas,
quedándose solamente con la vara; y baxo el disfraz de pastor guiaba
las congregadas cabras por descaminados campos, tocando la flauta.
Admirado Argos del sonido que oía, le habló en estos términos. „Tú,
quien quiera que seas, puedes venir á sentarte conmigo en este peñasco,
porque no hay un lugar mas fecundo de yerba para el ganado, y ves la
sombra, que es tan regalada para los pastores.”
[Ilustración: (21) Siringa, hija del Rio Ladon, perseguida de Pan y
convertida en Caña.]
Aceptó el nieto de Atlante[66] la oferta de Argos; y despues de
haberle divertido todo el dia con varios discursos, y cantado con el
acompañamiento de la flauta, procuró se quedase dormido. Mas él trabaja
con todo cuidado para no dexarse vencer del sueño; y aunque unos ojos
dormian, no obstante velaban otros; y así pregunta á Mercurio quál
era el orígen de aquella flauta que hacia poco tiempo era conocida.
Entónces Mercurio le habló de esta manera:
„En los bien frescos montes de la Arcadia hubo entre las Amadriades[67]
una Nayade[68] muy celebrada, á quien las Ninfas llamáron Siringa.
Muchas veces habia esta burlado á los Sátiros[69] que la perseguian,
y despreciado los homenages que la tributaron todas las Deidades que
habitan, ó en los umbrosos bosques, ó en la fértil tierra. Veneraba
á Diana, y la imitaba en los mismos exercicios de la caza y en su
virginidad; de modo que vestida con el trage de aquella, podia engañar
á qualquiera, y ser tenida por la misma Diana,[70] si no fuera su arco
de cuerno, y el de la Diosa de oro. Pero á pesar de esta diferencia,
no dexaban algunas veces de equivocarse. Pan,[71] coronada su cabeza
con hojas de pino, la encontró un dia que baxaba del monte Licéo, y la
habló en estos términos: cede, bella Ninfa, á los deseos de un Dios
que quiere ser tu esposo. Aun le quedaba que referir otras palabras; y
la Ninfa, poco sensible á sus discursos, huyó por caminos extraviados
hasta llegar al rio Ladon; pero hallándose detenida por las aguas,
rogó á las Ninfas, sus hermanas, que la transformasen: tampoco refirió
que Pan habia corrido tras ella, y que creyendo tenerla asida, se
halló abrazado con unas cañas; y que miéntras él suspiraba, las agitó
el viento, resultando un sonido muy parecido á los ayes de quien se
queja: que entónces, habiendo quedado suspenso Pan con el nuevo arte y
dulzura de aquella voz, dixo: ha de haber sin embargo entre nosotros
una estrecha conexîon; y tomando algunas cañas desiguales, las unió
con cera, y de ellas formó la flauta que se llama Siringa, conservando
en ella el nombre de la Ninfa.”