FÁBULA XV.

_IÖ CONVERTIDA EN VACA._

Júpiter previó la llegada de su esposa, y al momento transformó á Iö en

una blanca becerra; pero aun en esta forma mantenia su hermosura. Juno

alaba, aunque con violencia, la belleza de aquella novilla, y pregunta

á su marido, como si estuviese ignorante, de qué toro era cria, de

dónde habia venido, y á qué vacada pertenecia. Júpiter, para evitar que

supiese el dueño de quien era, la respondió que la Tierra la acababa de

producir. Entónces Juno se la pide como una fineza. Júpiter no sabe qué

partido tomar: desprenderse de su amada le es muy doloroso; negársela

á Juno le hace con ella sospechoso: el pudor le mueve á entregársela,

y el amor lo reprueba. El amor hubiera vencido al pudor; pero como la

solicitud de su hermana y esposa era de tan pequeña entidad como una

novilla, podia creer Juno que no lo era, y así aumentarse en ella las

sospechas. Entregada la concubina por Júpiter á su esposa, aun no se

tranquiliza ésta, y teme de su marido que se la robe: hasta que por

último la entrega á Argos, hijo de Arestor, para que la guarde.

[Ilustración: (20) Júpiter transforma á Iö en Vaca para ocultarla á la

vigilancia de Juno.]

Adornaban la cabeza de este cien ojos, y de estos, dos descansaban y

dormian alternativamente, y los demas velaban y quedaban de centinela.

En qualquiera parte que estuviese, jamas perdia de vista á Iö; y aun

quando estaba vuelto de espaldas, siempre la tenia delante: de dia

la dexaba pacer, y de noche la encerraba, y aherrojaba, lo que ella

seguramente no merecia: se alimentaba de las hojas de los árboles y

yerbas amargas:[61] la tierra, que no siempre está cubierta,[62] la

servia de cama á esta infeliz, y el agua cenagosa era su ordinaria

bebida; y quando intentaba suplicar á Argos con los brazos tendidos,

veia que la faltaban para hacerlo; y haciendo esfuerzos para quejarse,

solo se resolvia su voz en bramidos, cuyo eco la hacia temblar,

causándola miedo su propia voz. Llegó tambien á las riberas del rio

Inaco su padre, en donde acostumbraba muchas veces explayarse; pero

habiendo visto en el agua los nuevos cuernos que tenia, se espantó, y

queria huir de sí misma. Las Nayades sus hermanas ignoraban quien era,

y aun su padre Inaco no lo sabia; pero ella seguia con docilidad á

este y aquellas, de quienes se dexaba tocar, admirándose todos de su

docilidad. El anciano Inaco la presentaba yerbas, que cortaba; y ella

lamia y besaba sus manos, no pudiendo contener las lágrimas, y si la

voz la ayudara,[63] le pediria socorro, le diria su nombre, y contaria

sus desgracias: mas para suplir este defecto, le graba en la arena

con el pie la triste historia de su transformacion: ¡ay desdichado de

mí! exclamó el padre, pendiente de los cuernos y cerviz de la blanca

novilla. ¡Ay desdichado de mí! ¿No eres tú, hija, la que he buscado

por todas partes? No te hallé quando te buscaba, y te hallo ahora que

no te busco: me causas mayor dolor que quando estabas perdida. ¿Por

qué callas? ¿Por qué no respondes á mis palabras? Solamente arrancas

suspiros de tu profundo pecho, y me contestas con bramidos, que es

solo lo que puedes hacer. Yo, ignorando tu desgraciada situacion, te

prevenia tálamo y teas, lisonjeándome con la esperanza de tener primero

yerno y despues nietos. Pero ya tu marido y tus hijos serán del rebaño

en que te hallas.[64] Esta es la ocasion en la que el ser Dios me es

perjudicial, pues que siendo inmortal, ninguna esperanza me queda de

que mis dolores tengan fin con la muerte; y así se prolongarán por una

eternidad mis lágrimas. Quando Inaco se lamentaba de esta suerte con su

hija, el estrellado Argos se la arrebata de su presencia, y la lleva á

pacer por diversas partes: él ocupa á lo léjos la elevada cumbre de un

monte, desde donde podia sentado registrarlo todo.

Metamorfóseos o Transformaciones (1 de 4) · 第 69 / 101 题