XVII

¿Cómo había yo de reconocer a Sarrió, si se ha comprado otro sombrero?

Este sombrero es perfectamente semiesférico. Pero Sarrió está disgustado

con este sombrero. Creo que acabará por retirarlo y volverse a poner el

otro; ésta es mi impresión.

Esta tarde hemos estado paseando por la Castellana; al anocher, para

descansar un poco, hemos entrado en la Mallorquina. Sarrió y yo opinamos

que en Madrid no hay un sitio más ameno que la Mallorquina. Aquí

estábamos tomando un pequeño refrigerio, cuando a mí se me ha ocurrido

repasar un periódico; mis malas costumbres no pueden abandonarme. Y como

lo más entretenido--y lo más instructivo--de un periódico son los

_sucesos_, yo, naturalmente, he echado la vista sobre ellos. Mejor

hubiera sido que no la hubiese echado. He aquí lo que mis ojos han

leído:

«UN CHUSCO:

Anoche, en el teatro Español, un chusco trató de dar una broma a nuestro

distinguido compañero en la prensa don Antonio Azorín. Representábase

el segundo acto de _Reinar después de morir_, cuando de una de las

butacas, situadas junto a la que ocupaba el señor Azorín, se levantó un

sujeto y le abrazó, lanzando fuertes exclamaciones. Excusamos decir la

algazara que con tal motivo se promovió en la elegante sala del Español.

El señor Azorín y el individuo bromista tuvieron que abandonar el teatro

entre las protestas de los espectadores.»

Y Azorín, que le ha leído a Sarrió este suelto, ha dicho tristemente:

--Esta es, querido Sarrió, la manera que tienen los hombres de escribir

sus historias. Creemos saberlo todo y no sabemos nada. Nuestras

imaginaciones caprichosas es lo que nosotros reputamos por axiomas

infalibles. Y así la mentira pasa por verdad, y la iniquidad es

justicia. El tiempo y la distancia lo borran y trastruecan todo. No

sabemos lo que pasa a nuestro lado: ¿cómo saber lo que ha pasado en

tiempos remotos y lo que ocurre en luengas tierras?

Seamos sencillos: declaremos modestamente nuestra incompetencia. Y más

valdrá, entre juzgar a los hombres y echar el peso de nuestro voto a una

u otra banda, no echarlo a ninguna, y no juzgar a nadie ni ser juzgado.

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 78 / 81 题