XVIII

Vuelvo de la estación de Atocha de despedir a Sarrió. Si alguna vez yo

tuviera tiempo, escribiría un libro titulado _Sarrió en Madrid_. Pero no

lo tendré: un mazo de cuartillas me espera sobre la mesa; he de leer una

porción de libros, he de ojear mil periódicos...

Me siento ante la mesa. El recuerdo de Sarrió acude a mi cerebro: nos

hemos abrazado estrechamente.

--¿Sarrió, ya no nos volveremos a ver más?

--Sí, Azorín; ya no nos volveremos a ver más.

Ha silbado la locomotora. Y a lo lejos, cuando se perdía el tren en la

penumbra de los grandes focos eléctricos, Sarrió, asomado a la

ventanilla, agitaba su antiguo sombrero cónico.

Me paso la mano por la frente como para disipar estos recuerdos. Es

preciso volver a urdir estos artículos terribles todos los días,

inexorablemente; es preciso ser el eterno _hombre de todas horas_, en

perpetua renovación, siempre nuevo, siempre culto, siempre ameno.

Arreglo las cuartillas: mojo la pluma. Y comienzo...

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 79 / 81 题