XVI

Sin embargo, no parece bien que estando Sarrió en Madrid, yo me acueste

tranquilamente sin haberle visto.

Por lo tanto, no me acuesto. Es posible--me digo--que vaya al teatro

esta noche.

¿A qué teatro?

¿A un teatro honesto o a un teatro levantisco? Esto último no lo debiera

haber pensado: es casi un insulto al buen Sarrió. Si él va al teatro,

seguramente será al Español, a la Comedia, tal vez al Real. Entre estos

tres, ¿por cuál me decido? Yo creo recordar que a Sarrió le gustaban los

versos; yo a veces le declamaba algunos y él me decía que eran muy

bonitos. Estos gustos estéticos le habrán inclinado a ir al Español;

además, en los pueblos hay una marcada preferencia por los dramas en

verso. La compañía de cómicos que llegan la dividen en _compañías de

verso_ y _compañías de canto_. Claro está que los hombres graves

prefieren la de verso, y como Sarrió es un hombre grave, habrá

indudablemente ido al Español. Yo también voy. Y mientras voy pienso

todas estas cosas y me dedico un aplauso por mis dotes de lógico y

filósofo.

Llego al Español cuando están a mitad de un acto. No sé si entrar en la

sala o permanecer en el vestíbulo hasta que acaben.

Me decido por entrar; procuro no molestar con el ruido de mis pasos. Al

sentarme suena una larga salva de aplausos. Yo miro al escenario y

también aplaudo.

No sé por qué se aplaude; pero, en fin, aplaudo. ¿Cómo negarme a ello,

cuando a mi derecha y a mi izquierda veo las manos batir entusiasmadas?

Sobre todo a mi izquierda. ¿Quién será éste que aplaude con tal saña? Me

vuelvo, le miro a la cara. ¡Y es Sarrió! Sarrió que mira también y me

reconoce. Y entonces se levanta; yo también me levanto. Y me da un

fuerte abrazo, mientras grita:

--¡Lo mismo que don Luis María Pastor!

--¡Sí, sí--exclamo yo--, lo mismo que don Luis María Pastor!

Y en la sala del Español se ha producido un escándalo enorme. En los

palcos, en las butacas, en el paraíso protestaban ruidosamente de

nuestra expansión; la representación se ha interrumpido, y hemos tenido

que marcharnos avergonzados, mohinos, cabizbajos.

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 77 / 81 题