II

«Pepita: Ya soy un periodista político terrible. Para ser periodista

político no se necesita más que tener mala intención. «¡Pero tú,

Antonio,--me dirás--, no tienes mala intención!» Es verdad: yo no la

tengo, pero a veces hago un esfuerzo y consigo tenerla. Claro está que

no tengo inquina hacia nadie ni hacia nada; no me interesan tampoco

estas o las otras ideas; por eso, Pepita, mi tarea es más fácil, porque

hago mis artículos con entera tranquilidad, sin apresurarme, sin

aturdirme, poniendo esas pequeñas gotas de hiel donde quiero ponerlas.

Ayer hice un artículo. Ha ocurrido aquí una cosa muy gorda que llaman

crisis ministerial: consiste en que los que mandan se quitan para que

manden otros. Pues bien; yo quise hacer la historia de esta cosa: he de

confesar que yo no sabía nada de ella. Sin embargo, las historias de las

cosas que no sabemos son las mejores historias. Hice la historia: revelé

detalles atroces: todos los políticos y los periodistas se quedaron

estupefactos. Estos políticos y estos periodistas he de advertirte que

son una gente muy inocente: con un adarme de ingenio y otro de audacia

se les asombra a todos. Por eso no es extraño que ante mi artículo

abrieran espantados los ojos. Mira lo que decía el _Heraldo_ (¿lees tú

este periódico?).

«Esa interpretación de lo sucedido en el regio alcázar no creemos que se

haya insertado jamás en ningún periódico, y por añadidura ministerial,

desde que la prensa existe. Para encontrar algo parecido, no igualado,

sería preciso remontarse a la época en que González Bravo ejercía de

revolucionario en el famoso _Guirigay_.» Te confieso que yo me reí

anoche un poco cuando leí el _Heraldo_; pero luego me puse serio.

Indudablemente--dije--, yo soy un hombre terrible.

»¡Desde que la prensa existe, que no se había hecho cosa parecida!...

¿Comprendes la trascendencia de mi obra? ¿Podía yo dormir tranquilamente

después de haberla realizado? No; de ninguna manera. Y cuando vine a

casa me sentía desasosegado, nervioso, obsesionado por mi tremendo

artículo. Y tuve que pensar en ti un poquito para sentirme tranquilo y

poder dormir como un hombre vulgar.

»ANTONIO.

»P. S. Ahora acaban de echarme _El Imparcial_ por debajo de la puerta, y

veo que reproduce mi artículo, y añade que «no ha podido menos de

motivar comentarios muy vivos».

»¡Qué terrible es esto, Pepita!»

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 58 / 81 题