A PEPITA SARRIÓ.

_En Petrel._

«Querida Pepita: Quedé en escribirte desde París, pero no puede ser,

porque no he ido aún a París. Te escribo desde Madrid. Y quiero contarte

muchas cosas. Aquí yo hago una vida terrible. Sabrás que emborrono todos

los días un fajo de cuartillas. No me levanto muy temprano; me acuesto

tarde. Y cuando me despierto, mientras me desperezo un poco y recapitulo

sobre lo que he de hacer durante el día, oigo un reloj que suena las

diez en el piso de al lado, y después otro en el piso de abajo, y luego

otro en el piso de arriba. Y mi reloj, este reloj pequeñito que tú

conoces, va marchando sobre la mesilla en un tic-tac suave. Como es ya

tarde--¡las diez!--, me echo de la cama y abro el balcón. La calle está

mojada; el cielo está de color de plomo.

»Yo, cuando veo este cielo gris, oscuro, triste, me acuerdo de ese

cielo tan limpio y tan azul. Y cuando me acuerdo de ese cielo azul, me

acuerdo también de unos ojos anchos y azules...

»Pero es preciso estar aquí, Pepita; es preciso vivir en este Madrid

terrible; en provincias no se puede conquistar la fama. La fama no

estamos muy acordes los que vamos tras ella en lo que consiste; pero yo

puedo asegurar que el fajo de cuartillas que emborrono todos los días,

lo emborrono por conquistarla.

»Cuando me siento ante la mesa, después de levantarme, me esperan sobre

ella una porción de libros. Los que han escrito estos libros quieren que

yo los lea. ¿Por qué quieren que yo los lea? Yo no puedo leerlos todos;

esto es un compromiso tremendo. Y digo que sí que los he leído. Sin

embargo, no es bastante decir que los he leído: he de añadir lo que

pienso de ellos. Yo, en realidad, Pepita, no pienso nada de la mayor

parte de los libros que se publican. Pero a un hombre que escribe en los

periódicos, ¿le es lícito no pensar nada de una cosa? ¡No, no! Un hombre

que borrajea en los periódicos ha de tener siempre lista su opinión

sobre todas las cosas. Y yo también doy mi opinión sobre estos libros:

unas veces es benévola, y son las más, y otras, muy pocas, me pongo

serio y escribo cosas atroces. Cuando ocurre esto, es que estoy de mal

humor, Pepita. Entonces todo me parece malo, y un libro también ha de

parecérmelo.

»Luego me arrepiento pensando que acaso el que escribió ese libro es un

buen hombre que tiene seis hijos y que trabaja todo el día en una

oficina. Y resulta que al mal humor que tenía antes se añade este otro.

Y, por eso, yo rehuyo cuanto puedo el escribir acerca de los libros que

tengo sobre la mesa y digo que todos son admirables, aunque no los haya

leído.

»A las doce, después que he gastado una poca tinta, almuerzo. Creo que

es malsano trabajar después de comer. Y ésta es la causa de que yo dé un

pequeño paseo. Algunos días voy al Retiro, que es un gran jardín con

muchos árboles; otros, si el tiempo es desapacible, me meto en el museo

de Pinturas. A la hora en que yo voy al Retiro no hay nadie. Todo está

silencioso; los troncos se yerguen desnudos, negruzcos, con manchas de

líquenes verdosos; las violetas crecen, moradas y olorosas, entre el

césped. No es mucho lo que ando yo por estos paseos: inmediatamente

regreso y me cuelo en el Ateneo o en la Biblioteca. Y después que he

leído un largo rato, cojo unos papeles blancos y voy escribiendo en

ellos cosas verdaderamente tremendas. Esto que yo escribo se llama una

crónica.

»Y al día siguiente, cuando al levantarme la veo en el periódico, aparto

los ojos de ella avergonzado, y meto el periódico en el cajón de la

cómoda.

»Y otra vez principia otro día igual al de ayer e idéntico al de mañana:

leo, paseo un poco, vuelvo a leer, torno a escribir las cosas horribles

sobre los pequeños papeles.

»Y por la noche, cuando me acuesto, pongo el relojito sobre la mesilla:

su andar suave resuena en la alcoba. _¡Mar-cha! ¡Mar-cha!_, parece que

me dice. Y yo marcho, Pepita; yo leo una muchedumbre de libros, yo

emborrono una atrocidad de cuartillas, pero esa gloria tan casquivana no

llega, no llega...

»Adiós; escríbeme.

»ANTONIO.»

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 57 / 81 题