El cielo se nubla; relampaguea; caen sonoros goterones sobre la parra. Y
un chubasco se deshace en hilos brilladores entre los pámpanos.
Verdú mira el sol que de nuevo ha vuelto a surgir tras la borrasca. Don
Víctor, en un rincón, siempre inmóvil, siempre triste, muy triste, se
acaricia en silencio sus blancas patillas ralas.
--Yo amo la Naturaleza, Antonio--dice Verdú--: yo amo, sobre todas las
cosas, el agua. El cardenal Belarmino dice que el agua es una de las
escalas para subir al conocimiento de Dios.
El agua,--escribe él--«lava y quita las manchas, apaga el fuego,
refrigera y templa el ardor de la sed, une muchas cosas y las hace un
cuerpo, y últimamente, cuanto baja, tanto sube y se levanta después...»
Pero Belarmino no sabía que el agua tiene sus amores; los santos no
saben estas cosas. Y yo te diré los amores del agua.
El agua ama la sal; es un amor apasionado y eterno. Cuando se
encuentran se abrazan estrechamente; el agua llama hacia sí la sal, y la
sal, toda llena de ternura, se deshace en los brazos del agua... ¿No has
visto nunca en el verano cómo desciende la lluvia en esos turbiones
rápidos que refrescan y esponjan la verdura? El agua cae sobre las
anchas y porosas hojas y busca a su amiga la sal; pero la sal está
aprisionada en el menudo tejido de la planta. Entonces el agua se
lamenta de los desdenes de la sal, le reprocha su inconstancia, la
amenaza con olvidarla. Y la sal, enternecida, hace un esfuerzo por salir
de su prisión y se une en un abrazo con su amada. Sin embargo, ocurre
que el sol, que tiene celos del agua, a la que también adora, sorprende
a los dos amantes y se pone furioso. «¡Ah!--exclama en ese tono con que
se dicen estas cosas en las comedias--¡ah! ¿Conque estás hablando de
amores con la sal? ¿Conque la has hecho salir de su cárcel, donde estaba
encerrada por orden mía? ¡Pues yo voy a castigarte!» Y entonces el sol,
que es un hombre terrible, manda un rayo feroz contra el agua; la cual,
como es tan inocente, tan medrosica, abandona a la sal y huye toda
asustada.
Y ésta es la causa, Antonio, por qué en el verano, cuando ha pasado el
chubasco y el sol luce de nuevo, vemos sobre las hojas de algunas
plantas, las cucurbitáceas, por ejemplo, unas pequeñas y brilladoras
eflorescencias salinas...