III

El cielo se nubla; relampaguea; caen sonoros goterones sobre la parra. Y

un chubasco se deshace en hilos brilladores entre los pámpanos.

Verdú mira el sol que de nuevo ha vuelto a surgir tras la borrasca. Don

Víctor, en un rincón, siempre inmóvil, siempre triste, muy triste, se

acaricia en silencio sus blancas patillas ralas.

--Yo amo la Naturaleza, Antonio--dice Verdú--: yo amo, sobre todas las

cosas, el agua. El cardenal Belarmino dice que el agua es una de las

escalas para subir al conocimiento de Dios.

El agua,--escribe él--«lava y quita las manchas, apaga el fuego,

refrigera y templa el ardor de la sed, une muchas cosas y las hace un

cuerpo, y últimamente, cuanto baja, tanto sube y se levanta después...»

Pero Belarmino no sabía que el agua tiene sus amores; los santos no

saben estas cosas. Y yo te diré los amores del agua.

El agua ama la sal; es un amor apasionado y eterno. Cuando se

encuentran se abrazan estrechamente; el agua llama hacia sí la sal, y la

sal, toda llena de ternura, se deshace en los brazos del agua... ¿No has

visto nunca en el verano cómo desciende la lluvia en esos turbiones

rápidos que refrescan y esponjan la verdura? El agua cae sobre las

anchas y porosas hojas y busca a su amiga la sal; pero la sal está

aprisionada en el menudo tejido de la planta. Entonces el agua se

lamenta de los desdenes de la sal, le reprocha su inconstancia, la

amenaza con olvidarla. Y la sal, enternecida, hace un esfuerzo por salir

de su prisión y se une en un abrazo con su amada. Sin embargo, ocurre

que el sol, que tiene celos del agua, a la que también adora, sorprende

a los dos amantes y se pone furioso. «¡Ah!--exclama en ese tono con que

se dicen estas cosas en las comedias--¡ah! ¿Conque estás hablando de

amores con la sal? ¿Conque la has hecho salir de su cárcel, donde estaba

encerrada por orden mía? ¡Pues yo voy a castigarte!» Y entonces el sol,

que es un hombre terrible, manda un rayo feroz contra el agua; la cual,

como es tan inocente, tan medrosica, abandona a la sal y huye toda

asustada.

Y ésta es la causa, Antonio, por qué en el verano, cuando ha pasado el

chubasco y el sol luce de nuevo, vemos sobre las hojas de algunas

plantas, las cucurbitáceas, por ejemplo, unas pequeñas y brilladoras

eflorescencias salinas...

Antonio Azorín pequeño libro en que se habla de la vida de este peregrino señor · 第 31 / 81 题