¡Qué celestial transporte me extasía!

¡Cuál late ansioso el pecho conmovido!

¡Cuán feliz en tu seno olvidaría

el volar de las horas, dulce nido!

Aquí en sueños de amor, Naturaleza,

modelaste esa angélica criatura;

aquí, cuando a latir el pecho empieza,

la niña descansó cándida y pura.

Aquí, la actividad viva y sagrada,

porque a mi afán su perfección conteste,

completó esa hermosura consumada,

que imagen es de la beldad celeste.

¿Y tú, qué buscas, qué ansías, alma mía?

Goce interior inunda el pecho exhausto...

¿Por qué tiemblo, y mi mente se extravía?

¡Te desconozco, desdichado Fausto!

Mi ser penetra enervadora calma:

buscaba el choque del placer violento,

¡y en dulces sueños se evapora el alma!

¿Juguete somos del fugaz momento?

¡Ay! Si aquí apareciese, pura y bella,

la pobre niña que burlar ansías,

¡cuán pequeño, Don Juan, turbado ante ella,

a sus pies mudo y trémulo caerías!

MEFISTÓFELES

Viene: huyamos al instante.

FAUSTO

¡Huyamos! No volveré.

MEFISTÓFELES

Esta cajita encontré;

mírala: pesa bastante.

Dejémosla en este armario,

y por quien soy te aseguro

que producirá el conjuro

el efecto necesario.

Baratijas son el don,

para obtener otras luego:

el juego, al fin, siempre es juego,

y las niñas, niñas son.

FAUSTO

No me atrevo...

MEFISTÓFELES

¡Belcebú

te confunda! ¿Que la engaño

piensas, o quieres, tacaño,

quedarte las joyas tú?

Renuncia, pues, al placer

con que tu ilusión halagas,

y de este modo no me hagas

tiempo y trabajo perder.

Mas no da tu gentileza

en extremos tan villanos.

Por mí, lávome las manos

y me rasco la cabeza.

(_Pone el estuche en el armario y rueda la llave._)

Ahora, salgamos de aquí.

Conviene ver si la niña

por sí misma se encariña

y se enamora de ti.

¡Vamos! ¡Pronto! Va a llegar...

Pareces, tan grave y serio,

que hayas vuelto al ministerio

de tu cátedra escolar,

y que en su negro ropón

envuelta, pálida y tísica,

esté Doña Metafísica

dictándote la lección.

Ven.

(_Vanse._)

MARGARITA, _con una luz en la mano_

¡Qué calor! ¡Qué bochorno!

Abriré.

(_Abriendo la ventana._)

Me parecía

que la noche estaba fría,

y esto abrasa como un horno.

Mas ¿qué tengo? ¿Qué me pasa?

Siento un hondo escalofrío...

¡Quisiera que ya, Dios mío,

mi madre estuviera en casa!

¡Ay! La angustia me sofoca;

inquieta, turbada estoy.

¡Bah! ¡Cuán aprensiva soy!

¡Cuán aprensiva y cuán loca!

(_Comienza a desnudarse y a cantar._)

Hubo en Thule un rey amante,

que a su amada fue constante,

hasta el día que murió;

ella, en el último instante,

su copa de oro le dio.

El buen rey, desde aquel día,

solo en la copa bebía,

fiel al recuerdo tenaz,

y al beber humedecía

una lágrima su faz.

Llegó el momento postrero,

y al hijo su reino entero

cediole, como era ley:

solo negó al heredero

la copa el constante rey.

En la torre que el mar besa,

por orden del rey expresa

--tan próximo ve su fin--

la Corte en la regia mesa

gozó el último festín.

El postrer sorbo el anciano

moribundo soberano

apuró sin vacilar,

y con enérgica mano

arrojó la copa al mar.

Con mirada de agonía,

la copa que al mar caía,

fijo y ávido, siguió;

vio como el mar la sorbía,

y los párpados cerró.

(_Abre el armario para guardar los vestidos, y ve el estuche._)

¿Quién ha puesto en el armario

este cofrecillo? Abierta

no he dejado yo la puerta...

¡Vaya! ¡Es lance extraordinario!

¿Qué contendrá? No lo sé;

a mi madre alguien lo dio

quizás en prenda. ¡Si yo

pudiera abrir!... Probaré.

Cuelga aquí una llave de oro

de una cintita de seda...

¿Me atrevo?... Entra bien; ya rueda;

ya está abierto. ¡Qué tesoro!

¡Joyas son!... Riqueza igual

no vi: lucirlas podría

en el más solemne día

la dama más principal.

Turbada, aturdida estoy:

¿quién será su dueño, quién?

Veré si me sienta bien

el collar.

(_Poniéndoselo al espejo._)

¡Otra ya soy!

Si, a lo menos, fueran míos

los zarcillos... Porque es cosa

bien pobre un rostro de rosa

sin ajenos atavíos.

De juventud y beldad

los hombres ya no hacen caso;

si te echan flores al paso,

es por lástima y piedad.

¿Para qué ser bella quieres?

Hoy solo existe un tesoro,

y ese tesoro es el oro:

¡el oro!... ¡Pobres mujeres!

[Ilustración]

[Ilustración]

PASEO

FAUSTO, _pensativo, yendo y viniendo_. MEFISTÓFELES _se dirige a él._

MEFISTÓFELES

¡Por las llamas del Averno!...

¡Por las burlas del amor!...

Si algo hay más malo, por ello

quiero jurar, ¡voto a bríos!

FAUSTO

¿Qué tienes? ¿Qué te acongoja?

¿Has perdido la razón?

Un gesto como ese gesto

no vi nunca.

MEFISTÓFELES

Tal estoy,

que me diera hoy mismo al Diablo,

si el Diablo no fuese yo.

FAUSTO

¿Qué te pasa?

MEFISTÓFELES

¿Qué me pasa?

El petardo más atroz...

El regalo de tu niña

un cura me lo birló.

Apenas lo vio la madre,

entrole pasmo y temblor:

tiene el olfato muy fino

la buena sierva de Dios;

escudriñándolo todo

anda, con ojo avizor,

para indagar si las cosas

santas o profanas son,

y que no era don divino

el presente adivinó.

«Bienes mal ganados, dijo,

corrompen el corazón:

llevemos, hija, estas joyas

a la Madre del Señor,

para conseguir la gracia

por su santa intercesión.»

La pobre Margaritica

torció el gesto y observó

que a caballo dado..., y luego

un hombre sin religión

no ha de ser quien tan amable

se presenta. Al confesor

llama la madre, y el lance

le cuentan entre las dos.

Todo jubiloso el cura

exclama: «Tenéis razón:

quien renuncia humanos bienes,

otros logra de más pro.

La Iglesia tiene buen vientre:

ella acepta cualquier don;

y a veces reinos enteros,

por mayor gloria de Dios,

tragó, sin sentir por ende

empacho ni indigestión.

Solo a la Iglesia, señora,

tal privilegio se dio.»

FAUSTO

Los reyes y los judíos

gozan de igual distinción.

MEFISTÓFELES

Y así, diciendo y haciendo,

con la frescura mayor,

el cura, collar, zarcillos

y sortijas se embolsó;

y cual si fueran un cesto

de nueces, sin más _adiós_

ni más _gracias_, me las deja,

dándoles la bendición.

FAUSTO

¿Y Margarita?

MEFISTÓFELES

Mohína,

recelosa, y... ¿qué sé yo?

¡Si ella misma no comprende

lo que pasa en su interior!

Pero asegurarte puedo

que, dándose cuenta o no,

piensa mucho en el obsequio

y en el fino obsequiador.

FAUSTO

¡Pobre niña! Sus congojas

me llegan al corazón.

Venga otro estuche, que al cabo

no era aquel de gran valor.

MEFISTÓFELES

Para Vuestra Señoría

baratijas todo son...

FAUSTO

Haz lo que te digo, y toma

el consejo que te doy:

aplícate a la vecina.

A diablo predicador

no te metas. ¿Faltan joyas?

Tráelas, pues.

MEFISTÓFELES

Por ellas voy.

(FAUSTO _se va_.)

Capaz sería este loco,

por divertir a su amor,

de hacer fuegos de artificio

con estrellas, luna y sol.

[Ilustración]

CASA DE LA VECINA

MARTA, _sola_

¡Dios perdone a mi marido!

¡Cuán mal conmigo se porta!

Ir siempre de Zeca en Meca,

dejándome pobre y sola...

Y jamás le di motivo:

Dios sabe cuán cariñosa

he sido con él. (_Llorando._) Acaso

habrá muerto: ¡qué congoja!

¡Provista hallárame, al menos,

de su partida mortuoria!

MARGARITA, _entrando_

Señora Marta...

MARTA

¿Qué quieres,

Margarita?

MARGARITA

Se me doblan

las rodillas. ¡Otro hallazgo

en mi armario! Una preciosa

cajita de ébano, y dentro

las más espléndidas joyas.

¡Un gran tesoro! No pueden

comparárseles las otras.

MARTA

¡No lo digas a tu madre;

no las lleve a la parroquia!

MARGARITA

¡Mirad, cómo resplandecen!

MARTA

Ven aquí; ¡mujer dichosa!

(_Le pone las joyas._)

MARGARITA

¡Qué lástima no lucirlas

en la calle a cualquier hora,

o en la iglesia!...

MARTA

Ven a verme,

y ante el espejo, a tus solas,

te engalanas y deleitas.

Luego, ocasiones de sobra

vendrán, en que poco a poco

vayas sacándolas todas.

Hoy la cadena; mañana

los zarcillos... Si lo nota

tu madre, nada más fácil

que inventar cualquier historia.

MARGARITA

¿De qué mano estos presentes

provendrán? ¡Es sospechosa!...

(_Llaman a la puerta._)

¡Cielos! ¡Si fuera mi madre!...

MARTA, _apartando la cortina y mirando_

Es un hidalgo: persona

desconocida... ¡Adelante!

MEFISTÓFELES, _entrando_

Perdonad: sin ceremonia

me presento. Mi propósito

es hablar con la señora

Marta Espadilla.

MARTA

¿En qué puedo

serviros? Yo soy.

MEFISTÓFELES

La honra

me basta, de conoceros.

Volveré: tenéis ahora

visita de alto copete.

Vendré a la tarde.

MARTA

Te toma

por una dama, ¡Dios santo!

¿Lo escuchaste?

MARGARITA

La lisonja

agradezco. Soy doncella

humilde y pobre. Estas joyas

no son mías.

MEFISTÓFELES

¡Oh, no es eso!

El ademán, la imperiosa

mirada... Mucho me place

el encuentro.

MARTA

¿Qué ocasiona

vuestra visita?

MEFISTÓFELES

Quisiera

nuevas más satisfactorias

comunicaros, y os ruego

que no estalle vuestra cólera

sobre el portador. Ha muerto

vuestro esposo, y por mi boca

os saluda.

MARTA

¡Mi marido

ha muerto! ¡Misericordia!

¡Pobre de mí!... Yo fallezco...

MARGARITA

No os entreguéis a esa loca

desesperación...

MEFISTÓFELES

Oídme,

si queréis saber la historia.

MARGARITA

Por estos trances, quisiera

no amar nunca. ¿Quién soporta

tal pérdida?

MEFISTÓFELES

Todo tiene

compensación. Sin zozobras

no hay placeres.

MARTA

Referidme,

señor, sus últimas horas.

MEFISTÓFELES

En Padua, junto a la iglesia

de San Antonio famosa,

en terreno bendecido,

el eterno sueño goza.

MARTA

¿Y os dio para mí?

MEFISTÓFELES

Un encargo

importante: su memoria

habéis de honrar, consagrándole

trescientas misas. Mi bolsa,

por lo demás, está huera.

MARTA

¿Qué decís? ¿Ni una bicoca

por recuerdo? ¿Ni un humilde

joyel, que para su esposa

el ganapán más ingrato

guarda en sus pobres alforjas,

aunque haya de pasar hambre

y haya de pedir limosna?

MEFISTÓFELES

Señora, lo siento mucho;

mas debo decir, en honra

del difunto, que el dinero

no derrochó. Con devota

contrición lloró sus culpas

y su suerte poco próspera.

MARGARITA

¡Desdichado! Más de un _requiem_

le prometo.

MEFISTÓFELES

¡Encantadora

muchacha! ¡Y esos abriles

están ya pidiendo bodas!

MARGARITA

Es pronto.

MEFISTÓFELES

Si aún no marido,

cortejo. ¡Qué mayor gloria

que ser posesor y dueño

de un tesoro de tal monta!

MARGARITA

Cortejos no se acostumbran

en esta tierra.

MEFISTÓFELES

Y ¿qué importa?

Nada más fácil...

MARTA

El hilo

seguid de la infausta crónica.

MEFISTÓFELES

Vi expirar al triste enfermo.

No era su cama mortuoria

de estiércol; mas sí de paja

podrida, sucia y hedionda.

Pero ejemplar, cristianísimo,

fue su tránsito. «¡Aún es floja

la penitencia!, exclamaba.

¡Me abomino! ¡Me abochornan

mis culpas! ¡Mujer, oficio

dejar!... ¡Cuánto me trastorna

esa idea!... ¡Si supiese

que ella, al menos, me perdona!»

MARTA

¡Ya le perdoné!

MEFISTÓFELES

Y seguía:

«Aun cuando culpa, y no poca,

ella tuvo.»

MARTA

Mintió en eso.

¡A los bordes de la fosa

tal calumnia!...

MEFISTÓFELES

El pobrecillo

deliraba, pues: «¡Cuán pronta

huyó la paz!, exclamaba:

¡qué vida!, ¡qué batahola!

Darle cada año un infante;

buscar, para tantas bocas,

después el pan, el pan, digo,

en su acepción llana y propia;

y jamás comer tranquilo

mi porción.»

MARTA

¿Y de su esposa

olvidó así la ternura,

la constancia, las congojas?...

MEFISTÓFELES

¡Oh, no! Guardaba en el fondo

del alma vuestra memoria.

«Cuando partí, me decía,

de Malta, oración ansiosa

recé por ella y mis hijos:

la oyó Dios, y nuestra flota

a una galera otomana

dio caza al punto; apresola:

tesoros para el Gran Turco

llevaba. Diose a la tropa

la recompensa debida,

y mi parte no fue corta.»

MARTA

¿Dónde están esas riquezas?

Quizá las guardó recónditas...

MEFISTÓFELES

¿Quién sabe, quién sabe adónde

las llevaron a estas horas

los cuatro vientos?... En Nápoles

prendose de su persona

una gentil damisela,

y pruebas diole tan hondas

de fino amor, que el pobrete

hasta la muerte sintiolas.

MARTA

¡Ladrón de sus propios hijos!

¿No pudieron la deshonra

ni la miseria apartarle

de esa vida ignominiosa?

MEFISTÓFELES

Pero, al fin, murió. ¡Si fuera

yo su viuda!... Negras tocas

un año, y después en busca

de otros goces y otras glorias.

MARTA

Otro como mi primero

no hallaré. Cabeza loca,

pero ¡un corazón!... Más falta

no tenía, ni más sobras,

que gustar sobradamente

del vino, el juego y las mozas.

MEFISTÓFELES

Menos malo, si gozabais

libertad para las tornas.

A trocar estoy dispuesto,

si ese trato os acomoda,

nuestro anillo.

MARTA

El buen hidalgo

es dado a chanzas y bromas.

MEFISTÓFELES (_aparte._)

¡Paso atrás! Al mismo diablo

tal vez la palabra coja

la viuda.

(_Dirigiéndose a_ MARGARITA.)

¿Qué tal se encuentra

el corazoncito, hermosa?

MARGARITA

No os comprendo.

MEFISTÓFELES

(_Aparte._) ¡Qué inocencia!

El cielo os guarde. (_Despidiéndose._)

MARGARITA

Él os oiga.

MARTA

Escuchad: ¿fuera posible

lograr documento en forma,

que acredite cuándo el pobre

murió y en dónde reposa?

Gústame tener en orden

mis asuntos y mis cosas...

Si publicase su muerte

la _Gaceta_...

MEFISTÓFELES

Lo que otorgan

y declaran dos testigos,

verdad, que no admite contra,

siempre ha sido. Un camarada

va conmigo, que la historia

conoce, y dará fe de ella.

Lo traeré.

MARTA

Venga en buen hora.

MEFISTÓFELES

¿También estará la niña?

Mozo es de rango y de nota;

ha corrido mucho, y sabe

tratar a las damas.

MARGARITA

Toda

turbada estaré.

MEFISTÓFELES

¿Turbada?

¡Ni ante el mayor rey de Europa!

MARTA

A la tarde os aguardamos.

Estaremos a la sombra

del jardín, tras de la casa.

MEFISTÓFELES

Hasta la tarde, señora.

[Ilustración]

CALLE

FAUSTO, MEFISTÓFELES

FAUSTO

¿Cómo va? ¿Qué adelantamos?

MEFISTÓFELES

¡Te abrasa ya la impaciencia!

Margarita será tuya

pronto. Esta tarde has de verla

en casa de una vecina,

tal que mejor no se encuentra

para el papel honrosísimo

de buscona y de tercera.

FAUSTO

¡Muy bien! ¡Soberbio!

MEFISTÓFELES

Pero algo

me piden en recompensa.

FAUSTO

Amor con amor se paga.

MEFISTÓFELES

Hay que dar en toda regla

jurídico testimonio

de que allá, en Padua la bella,

al cuerpo de su marido

echaron sagrada tierra.

FAUSTO

Bien: emprendamos el viaje.

MEFISTÓFELES

¡Oh _simplicitas_! ¿Quién piensa

cosa tal? Sin más pesquisas,

atestigua cuanto quieran.

FAUSTO

Si otro plan mejor no tienes,

aquí dio fin nuestra empresa.

MEFISTÓFELES

¡Oh santo varón! ¡Oh insigne

virtud! ¿Será la primera

y última vez que atestigües

en falso? Di: ¿no recuerdas

cuando con labio imperioso,

cuando con frente altanera,

de Dios, del hombre y el mundo,

del alma y la inteligencia,

dabas, a diestro y siniestro,

definiciones quiméricas?

¿Sabías tú más de aquello

que de las horas postreras

del buen señor de Espadilla,

que _in sancta pace requiescat_?

FAUSTO

¡Siempre embustero y sofista!...

MEFISTÓFELES

Es que mi vista penetra

más hondo, y sé que mañana

irás, limpia la conciencia,

a seducir a la pobre

Margarita, y mil protestas

le harás de amor, de amor puro...

FAUSTO

¡Con toda el alma!

MEFISTÓFELES

¿De veras?

Luego, con el alma toda,

le dirás que es tu primera

pasión, y con toda el alma

le prometerás perpetuas

fidelidad y constancia...

FAUSTO

¡Y le diré lo que sienta!

Cuando en mi ardiente deliquio,

cuando en mi dicha suprema,

para expresar mis afanes

frases mis labios no encuentran,

y cruzando el universo

revolviendo cielo y tierra,

de las palabras más nobles

mi frenesí se apodera,

y a la fiebre en que me abraso

la llamo infinita, eterna,

¿es eso ilusión diabólica?

¿Es mentira y apariencia?

MEFISTÓFELES

Tengo, pues, razón.

FAUSTO

Escucha,

y déjame en paz la lengua.

A aquel que callar no quiere

darle la razón es fuerza...

Tu implacable taravilla

me cansa, aturde y marea:

¡tienes razón! Sobre todo,

porque he de hacer lo que quieras.

[Ilustración]

[Ilustración]

JARDÍN

MARGARITA _del brazo de_ FAUSTO. MARTA _con_ MEFISTÓFELES, _paseando

arriba y abajo_

MARGARITA

Sois conmigo tan galán,

que abochornada os escucho.

Los que viajan y ven mucho,

buscan, allá donde van,

momentánea distracción;

pues poco, de otra manera,

interesaros pudiera

mi pobre conversación.

FAUSTO

Un acento de tus labios,

de tus ojos un destello,

valen más que todo aquello

que nos enseñan los sabios.

(_Le besa la mano._)

MARGARITA

¿Qué hacéis? ¿Os dignáis besar

mano tan áspera y ruda?

Preciso es que a todo acuda

y trabaje sin cesar.

Mi madre es tan hacendosa

y exigente...

(_Pasan._)

MARTA

¿Y vais así,

siempre en movimiento?

MEFISTÓFELES

Oh, sí:

la necesidad acosa,

urge el negocio; y a fe

que es triste, siempre intranquilo,

dejar más pronto el asilo

que más grato al alma fue.

Pero, el deber...

MARTA

Mientras dura

la juventud divertida,

no es malo pasar la vida

yendo siempre a la ventura.

Mas los años breves son,

y al acercarse a la muerte

insoportable es la suerte

del infeliz solterón.

[Ilustración]

MEFISTÓFELES

Esa vejez, triste y fría,

miro con horror también.

MARTA

Pues, señor, pensadlo bien,

hoy que es tiempo todavía.

(_Pasan._)

MARGARITA

Quien marchó, pronto olvidó,

y aunque en vos así no fuera,

amigos tendréis doquiera

que sepan más que sé yo.

FAUSTO

¿Qué es el saber? ¡Vanidad!

¿Por qué, mereciendo tanto,

no aprecia su valor santo

la inocente ingenuidad?

La sencillez sin recelo

que goza el grato reposo:

este es el don más precioso

que nos puede dar el cielo.

MARGARITA

Pues, si os lleva lejos Dios,

pensad algún rato en mí:

¡yo tendré tantos aquí

para acordarme de vos!...

FAUSTO

¿Tan sola estás?...

MARGARITA

¿Qué he de hacer?

La labor nunca es escasa,

pues, aunque es chica la casa,

siempre hay algo a qué atender.

No queremos admitir

sirvienta, y hay que lavar

y coser y cocinar,

hay que entrar, hay que salir.

Mi madre, ¡es tan pulcra en todo,

tan exacta!... Y a fe mía,

si otra fuera, no tendría

que afanarse de ese modo.

Muchos gastan, bien lo advierto,

aunque a su estado no cuadre...

Hacienda nos dejó el padre,

nuestra casita y el huerto.

Y ahora no me quejo, no;

tengo un vivir sosegado:

mi único hermano es soldado,

y mi hermanita murió.

¡Mucho me hizo padecer!

Pero de nuevo por ella

pasara la angustia aquella:

¡tanto se hacía querer!

FAUSTO

Si era semejante a ti,

ángel del cielo sería.

MARGARITA

Cura de ella yo tenía,

y estaba loca por mí.

Nació --¡desgraciada suerte!--

después de morir el padre,

y estuvo entonces mi madre

a las puertas de la muerte.

Cuando, tras larga amargura,

pudo, al fin, dejar el lecho,

estaba exhausto su pecho

para la infeliz criatura.

Yo un día tras otro día,

sin detenerme por nada,

de agua y leche azucarada

la alimentaba y nutría.

Y de esa dulce manera,

contemplándome y sonriendo,

iba en mis brazos creciendo,

cual si mi propia hija fuera.

FAUSTO

Y entonces, di, ¿no es verdad?,

¿gozaste el más puro bien?

MARGARITA

Sí; pero había también

horas de amarga ansiedad.

Como estaba colocada

junto a mi cama su cuna,

no pasaba noche alguna

sin despertar azorada;

pues, apenas se movía,

para procurarle abrigo,

acostábala conmigo,

o en mis brazos la mecía.

Ora le daba alimento;

ora, con impulso blando,

paseábala cantando

por el oscuro aposento.

Y había que madrugar

a la mañana siguiente,

ir al mercado, a la fuente,

y afanarse sin cesar;

y así, no siempre, señor,

está el ánimo contento;

mas, con tanto movimiento,

se come y duerme mejor.

(_Pasan._)

MARTA

¡Pobres mujeres! Gastamos

en balde nuestras razones;

son para los solterones

inútiles los reclamos.

MEFISTÓFELES

Solo una mujer cual vos

catequizarme podría.

MARTA

¿Tenéis el alma aún vacía?

Sed franco, aquí entre los dos.

MEFISTÓFELES

Dice un adagio profundo:

«Buen hogar y esposa honrada,

dicha es que no está pagada

con todo el oro del mundo.»

MARTA

Digo si guardáis presente

algún recuerdo...

MEFISTÓFELES

Hasta ahora

en todas partes, señora,

fui acogido cordialmente.

MARTA

¿Nunca sentisteis arder

vuestro corazón herido?...

MEFISTÓFELES

Siempre mal me ha parecido

el jugar con la mujer.

MARTA

Inútil será que os hable...

No me explico.

MEFISTÓFELES

O no os entiendo;

pero ya voy comprendiendo

que sois muy buena y amable.

(_Pasan._)

FAUSTO

Apenas puse aquí el pie,

¿me reconociste, oh cielo?

MARGARITA

Los ojos, turbada, al suelo,

¿no visteis cómo bajé?

FAUSTO

Y dispensando osadías,

que amor inspira y dirige,

¿perdonas lo que te dije

cuando del templo salías?

MARGARITA

¡Corrida quedé y cortada!

Nunca estuve en caso igual:

de mí nadie piensa mal,

ni he sido en lenguas llevada.

¿Qué, decía, habrá encontrado

de provocador en mí,

para acercárseme así,

con tan libre desenfado?

¿Por quién me toma? ¿Qué piensa?

Gritaba así mi despecho;

pero algo había en mi pecho

que hablaba en vuestra defensa;

y entonces --sábelo Dios--

contra mí me revolvía,

al ver que, como debía,

no me indignaba con vos.

FAUSTO

¡Dulce amor!

MARGARITA

Voy a probar...

Permitid... (_Coge una margarita._)

FAUSTO

¿Qué haces? ¿Un ramo?

MARGARITA

Es un juego.

FAUSTO

En él reclamo

mi parte.

MARGARITA

Os vais a burlar.

(_Deshoja la flor pronunciando algunas palabras._)

Me quiere... (_A media voz._)

FAUSTO

Mi anhelo calma.

MARGARITA

No me quiere; sí, no, sí...

FAUSTO

¿Qué dices?...

MARGARITA

Sí, no... ¡Ay de mí!

¡Me quiere!

(_Arrancando la última hoja con sereno júbilo._)

FAUSTO

¡Con toda el alma!

Deja a una inocente flor

divino oráculo ser...

¡Te amo! ¿Sabes comprender

de esa palabra el valor?

(_Asiendo sus dos manos._)

MARGARITA

Tiemblo...

FAUSTO

No tiembles, paloma,

no temas: estas miradas,

estas manos enlazadas,

te explican lo que otro idioma

no te pudiera explicar:

entregarse sin recelo,

y las delicias de un cielo

interminable gozar.

¡Interminable!... El mayor

suplicio su fin sería:

no temas, no, vida mía;

¡eterno será este amor!

(MARGARITA _estrecha las manos de_ FAUSTO; _después se desprende de él

y huye. Él queda un instante pensativo, y luego echa a correr tras de

ella._)

MARTA

Anochece.

MEFISTÓFELES

Os dejo en paz.

MARTA

No os detengo, francamente,

porque, ¡ay, amigo!, ¡la gente

es aquí tan suspicaz!

No tiene otra ocupación

que ir atisbándolo todo,

y obréis de este o de otro modo,

hay chisme y murmuración.

MEFISTÓFELES

¿Y la pareja?

MARTA

Perdida

entre los árboles.

MEFISTÓFELES

¡Bien!

¡Tierna es la dama!

MARTA

¡Y también

el galán!

MEFISTÓFELES

¡Esa es la vida!

[Ilustración]

UN PABELLONCITO EN EL JARDÍN

MARGARITA

_entra de un salto, se esconde detrás de la puerta y mira por la

rendija, con un dedo en los labios_

MARGARITA

¡Ya viene!

FAUSTO, _llegando_

¿Piensas de mí

burlarte? ¡Toma!

(_La besa._)

MARGARITA, _abrazándole y devolviéndole el beso_

¡El mejor

de los hombres! Es mi amor

tuyo todo...

(MEFISTÓFELES _llama a la puerta_.)

FAUSTO

¿Quién va ahí?

MEFISTÓFELES

Un amigo.

FAUSTO

¡Un animal!

MEFISTÓFELES

Vengo a llamaros: ya es hora.

FAUSTO, _a_ MARGARITA

¿Podré acompañarte ahora?...

MARGARITA

Mi madre... Parece mal.

¡Adiós, adiós!

FAUSTO

Si ha de ser,

¡adiós!

MARTA

¡Adiós, que ya es tarde!

MEFISTÓFELES

¡Guárdeos el cielo!

MARTA

¡Él os guarde!

MARGARITA, _a_ FAUSTO

Pronto nos hemos de ver.

(_Vanse_ FAUSTO _y_ MEFISTÓFELES.)

MARGARITA

¡Gran Dios! ¿Qué dirá de mí?

En su presencia, turbada

me encuentro, y avergonzada;

y digo a todo que sí.

En esta pobre mujer,

sin talento y sin encanto,

un hombre que vale tanto

¿qué mérito pudo ver?

[Ilustración]

[Ilustración]

BOSQUES Y CAVERNAS

FAUSTO, _solo_

Me has otorgado, Espíritu sublime,

todo cuanto pedí. No en vano has vuelto

a mí los ojos en tu ardiente llama.

Tú, la Naturaleza, el mundo entero

por imperio me das, y al alma mía

vigor para admirarlo y comprenderlo.

No en estéril asombro me extasío

ante sus maravillas: como el pecho

de un amigo, penetra mi pupila

sus profundos arcanos y misterios.

En prolongada tropa, ante mis ojos

haces tú desfilar, allá a lo lejos,

la viviente legión, y mis hermanos

en el bosque y el aire y el mar veo.

Y cuando airada la tormenta ruge,

destrozando los pinos gigantescos,

y la frondosa mole derrumbada

retumbar hace los lejanos ecos,

a la oculta caverna me conduces,

donde, solo, a mí mismo me contemplo,

y en mi propia conciencia miro absorto

mayores maravillas y portentos.

Brilla entonces purísima la luna,

endulzándolo todo, y de los negros

peñascos y del húmedo follaje

las sombras surgen de pasados tiempos,

templando el que fatídico me abruma

de la contemplación goce siniestro.

Mas nunca humana dicha fue completa:

para gozar este placer supremo,

que a los dioses me eleva y me aproxima,

me das, Genio fatal, un compañero

frío, impudente, que a mis propios ojos

me humilla y me envilece, y con un gesto

o una palabra tus celestes dones

destruye y anonada. Él en mi pecho

hizo brotar la hoguera abrasadora

de esta pasión, y vacilante y ebrio

voy del afán devorador al goce,

y otra vez en el goce ansío el deseo.

MEFISTÓFELES, _saliendo_

¿Aún no te cansa esta vida?

¡Siempre igual! ¡Qué aburrimiento!

No es malo probarlo todo;

pero cambiando de objetos.

FAUSTO

¿No tienes otra faena

que turbar mis gratos sueños?

MEFISTÓFELES

¿Quieres que te deje solo?

¡Bah! ¿Te creo o no te creo?

No perdiera yo gran cosa:

caprichoso, huraño, terco,

harto de tal camarada

quedara cualquiera presto,

pues lo que quiere o no quiere

nadie le saca del cuerpo.

FAUSTO

¡Está bien! ¡Tras aburrirme,

aún tendré que agradecértelo!

MEFISTÓFELES

Fausto: Primera parte · 第 7 / 11 段