si están dentro los cuidados?
Tan mozo no soy que pueda
correr tras goces livianos,
ni tan viejo todavía
que mi pecho esté ya exhausto.
¿Qué puede darme la vida?
«Abstente, abstente; sé cauto,»
es el odioso estribillo
que eternamente escuchamos,
y que cada hora repite
con retintín más amargo.
Rompe el día, y con el día
viene a mis ojos el llanto,
al ver que en sus largas horas
ninguna ventura aguardo;
al ver que el placer posible
lo destruyo analizándolo,
y las hermosas imágenes
que mis ansias engendraron,
malas artes las convierten
en solemnes mamarrachos.
Viene la lúgubre noche;
rendido en el lecho caigo,
y al buscar paz y reposo,
pesadillas no más hallo.
El espíritu que enciende
el volcán en que me abraso,
en el corazón encierra
sus tempestades y estragos.
Dentro, fuego; fuera, nieve:
di si en tan mísero estado
odio con razón la vida
y pronta muerte reclamo.
MEFISTÓFELES
Huésped importuno, empero,
es la muerte en todos casos.
FAUSTO
¡Feliz aquel a quien ciñe
la sien de sangrientos lauros!
¡Feliz aquel a quien hiere
tras ardiente danza, cuando
la hermosa de sus amores
abriole los dulces brazos!
¡Feliz yo, si el alma mía,
en sus celestiales raptos,
al ver al sublime Espíritu,
se hubiera en él abismado!
MEFISTÓFELES
¿Y por qué, anoche, de cierto
negro licor huyó el labio?
FAUSTO
¿Vas al acecho?
MEFISTÓFELES
No todo
lo sé; pero siempre sé algo.
FAUSTO
Pues bien: si mi horrible angustia
son calmó tranquilo y grato,
que de mi niñez gozosa
los dulces recuerdos trajo,
¡mal hayan las ilusiones
que el corazón trastornando,
a engañadores abismos
llevan así nuestros pasos!
¡Mal hayan las fantasías
que a nuestros sueños dan pábulo!
¡Mal hayan las apariencias
que al sentido tienden lazos!
¡Mal hayan gloria y renombre!
¡Mal hayan pompas y aplausos,
y cuanto al mundo nos liga,
hogar, familia o arado!
¡Mal hayan Mammón y el oro
con que pretende pagarnos,
y los cojines que brinda
a nuestro muelle regalo,
y la vid y sus racimos,
y el amor y sus halagos!
¡Mal hayan fe y esperanza,
y sobre todo ese engaño,
mal haya la pacientísima
resignación de nuestro ánimo!
CORO DE ESPÍRITUS (_invisible_)
¿Qué has hecho del mundo,
del mundo esplendente?
Tu puño iracundo
lo aplasta inclemente,
triunfal semidiós.
La hermosa y querida
visión de la vida
cayó destrozada,
cayó ya en la nada;
de aquella hermosura
tan cándida y pura
nuestra alma va en pos;
y mísero llanto
vertemos, al ver
hoy roto el encanto
tan plácido ayer.
¡Oh tú, soberano
del género humano!
¡Soberbio titán!
Engendra en el seno
del alma profundo,
más puro y sereno,
más grande, otro mundo;
da vida a tu afán:
y en plectros sonoros
espléndidos coros
tus glorias dirán.
MEFISTÓFELES
Ya vino en tu ayuda
mi gente menuda,
que en sabios consejos
te muestra a lo lejos
placer y emoción.
En pos de ellos vuela,
huyendo estos muros,
do en antros oscuros
se extingue y se hiela
tu audaz corazón.
No el propio dolor avives,
negro buitre en ti cebado;
ven, y en la pobre compaña
de este miserable diablo,
serás hombre, por lo menos,
cual lo son tantos y tantos.
Y no imagines, por ende,
que te arrojo al vulgo sandio:
nunca fui de los primeros;
pero, si aceptas mi amparo,
tuyo soy desde ese instante,
y en mí encuentras en el acto
compañero, y si más quieres,
servidor, y hasta lacayo.
FAUSTO
¿Y a qué me obliga ese obsequio?
MEFISTÓFELES
¡Oh, calla! No apremia el pago.
FAUSTO
Diz que el diablo es egoísta,
y si nos ayuda en algo,
no hace jamás por el mero
amor de Dios el milagro.
Temibles son tus ofertas:
di qué pides; habla claro.
No es bueno tener en casa
un servidor de tu rango.
MEFISTÓFELES
Pues bien: _aquí_ he de servirte
sin pereza y sin descanso,
y tú harás por mí lo mismo
cuando estemos _allá abajo_.
FAUSTO
Allá abajo, poco importa.
Si este mundo haces pedazos,
del mundo que después venga
no he de hacer el menor caso.
Del suelo que mis pies huellan
todas mis dichas brotaron;
el sol que mi frente baña
correr vio todos mis llantos:
si el sol cae y se hunde el suelo,
ya por nada más me afano.
Me es igual, si hay otra vida,
que odio impere o amor santo,
y que esa morada póstuma
sea el Empíreo o el Tártaro.
MEFISTÓFELES
Entonces, ¿en qué reparas?
Decídete: acepta el pacto,
y verás, al punto mismo,
adónde llego y alcanzo.
Vas a gozar lo que nadie
gozar pudo, ni aun soñándolo.
FAUSTO
¿Qué podrás, qué podrás darme?
¿Qué entiendes tú, pobre diablo,
qué entiendes de la insaciable
sed del espíritu humano?
¿Qué podrás darme? Manjares,
que pronto cansan al labio;
oro, que cual vivo azogue
escapa de nuestras manos;
lucha en que jamás vencemos,
juego en que nunca ganamos;
hermosuras, que al vecino
sonríen en nuestros brazos;
gloria, placer de los dioses,
que pasa como un relámpago.
Muéstrame un árbol que vista
cada día nuevos ramos,
y un fruto que no se pudra
en él antes de tocarlo.
MEFISTÓFELES
Te daré cuanto apetezcas:
el empeño no es tan arduo.
Ya es hora; ven; el banquete
está servido: ¡a saciarnos!
FAUSTO
Si en el lecho deleitoso
logro un punto de descanso,
tuyo soy. Si satisfecho
de mí mismo un día me hallo,
y complacido me rindo
a tus deleites y engaños,
sea aquel mi último instante.
Dime, ¿aceptas ese trato?
MEFISTÓFELES
Aceptado: aprieta.
FAUSTO
Aprieta.
Si algún día, embelesado,
al momento fugitivo
digo: «Ten el vuelo raudo»,
échame al cuello la soga,
abre el abismo a mi paso,
doble a muerto la campana,
párese el vital horario,
todo para mí concluya,
y comience tu reinado.
MEFISTÓFELES
Piénsalo bien: algún día
podré quizás recordártelo.
FAUSTO
Recuérdalo cuando gustes:
lo que prometo, lo pago.
Ser esclavo tuyo, o de otro,
¿qué importa, si siempre esclavo
he de ser?
MEFISTÓFELES
Pues da comienzo
el festín del Doctor Fausto,
y el mismo Diablo en persona
a servirle va los platos.
Mas... por la vida o la muerte,
no estorbarán tres o cuatro
renglones.
FAUSTO
¿Juzgas, pedante,
firma y sello necesarios?
Ni de caballero entiendes,
ni de palabras y tratos.
Una dije, y para siempre
quedé por ella obligado.
¿Piensas tú que cuando todo
vuela a merced de los hados,
sujetarán mi albedrío
tus tres renglones o cuatro?
¡Pueril y vana quimera!
¿Por qué impresionas a tantos?
¡Feliz quien de su firmeza
hace al alma tabernáculo!
Encontrará en su camino
lo más escabroso llano.
Fantasma es que al mundo aterra
un papel emborronado:
apenas la pluma leve
trazó los fatales rasgos,
tienen ya el lacre y la tinta
fuerza y poder soberano.
Pide, Espíritu maligno,
¿quieres papel, bronce o mármol?
¿Tomo el buril o la pluma?
Escoge: eres dueño y árbitro.
MEFISTÓFELES
¿Qué tienes? ¿Por qué te exaltas?
Cualquier papel, un retazo
basta, y una sola gota
de sangre para firmarlo.
FAUSTO
Si quieres, sea.
MEFISTÓFELES
Es la sangre
jugo precioso y extraño.
[Ilustración]
FAUSTO
No temas que el pacto rompa:
todas las fuerzas del ánimo
rindo, entrego y comprometo,
al admitirlo y firmarlo.
Tanto voló mi arrogancia,
que ya entre los tuyos me hallo.
Burlome el excelso Espíritu,
e insensible a mis halagos,
la esquiva Naturaleza
arrebujose en su manto;
la hebra del pensar se ha roto,
y estoy del saber cansado.
Templen los dulces deleites
las vivas llamas en que ardo,
y envueltos en gasas de oro
vengan, Magia, tus encantos.
Al torrente de la vida
lanzareme, y al acaso
en su raudal de aventuras
iré corriendo y rodando.
Bienandanzas y desastres,
pena y gozo, risa y llanto,
encadenen de mis días
los eslabones variados:
son acción y movimiento
ley del espíritu humano.
MEFISTÓFELES
Meta no pongo ni valla:
si, fugaz revoloteando,
desflorarlo quieres todo,
todo puedes desflorarlo.
Conmigo ven, y no temas.
FAUSTO
De felicidad no te hablo:
lo que yo quiero es el vértigo,
el goce inquieto y amargo,
el avivador despecho,
el amor que crece odiando.
El alma, al saber cerrada,
a otras emociones abro;
cuanto el hombre goza y sufre
quiero sufrirlo y gozarlo.
Sentir quiero en mis entrañas
todo lo bueno y lo malo,
y en la esencia de mi vida
convertirlo y apropiármelo.
¡Venturoso yo, si toda
la Humanidad en mí abarco,
y al fin y al postre, como ella,
choco, reviento y estallo!
MEFISTÓFELES
¡Ay, en verdad te lo digo,
yo que centenares de años
estoy royendo y royendo
el fruto indigesto y áspero!
¡Ay, en verdad te lo digo!
De la cuna al campo santo
digerir no puede el hombre
la levadura de antaño.
Ese todo, que ambicionas,
solo es a un Dios adecuado:
para él, fulgores eternos;
para mí, noche y espanto;
para vosotros, tinieblas
y luces, sombras y rayos.
FAUSTO
Quiérolo todo.
MEFISTÓFELES
Bien; sea.
No más encuentro un obstáculo,
uno solamente: es corto
el tiempo y el arte es largo.
Paréceme que debieras
prepararte, aprender algo.
Asóciate a un buen poeta:
este, lleno de entusiasmo,
con soñadas perfecciones
coronará tu retrato;
del león con la arrogancia,
con la agilidad del gamo,
con la viveza italiana
y con el tesón germánico.
Unirá en tu noble pecho
con maravilloso lazo
magnanimidad y astucia,
y con arte soberano
te ha de hacer galán fogoso
y gentil enamorado.
Tal ejemplar y arquetipo
voy hace tiempo buscando;
si con él doy algún día,
don Microcosmos le llamo.
FAUSTO
¿Quién soy, pues, si esa corona
de la Humanidad no alcanzo,
esa perfección, que enciende
mis ansias?
MEFISTÓFELES
Al fin y al cabo,
eres quien eres. Encúmbrate
sobre coturnos o zancos,
y con pelucón disforme
ciñe y abulta los cascos,
¿quién serás? El mismo que eres,
ni más gordo ni más flaco.
FAUSTO
¡Ay!, acumulé el tesoro
de la humana ciencia en vano:
cuando en mi interior penetro,
allí nuevas fuerzas no hallo;
ni me acerco al Infinito,
ni una línea me levanto.
MEFISTÓFELES
Miras las cosas de un modo
vulgar; hay que ser más cauto,
y antes que vuelen los goces,
discretamente apurarlos.
¿Es tuya, di, tu cabeza?
¿Tuyos son tus pies y manos?
Pues del mismo modo es tuyo
lo que te sirve de algo.
Si tienes seis buenos potros,
y los unces a tu carro,
en vez de tener dos piernas,
¿cuántas tienes? Veinticuatro.
Basta de filosofías;
lánzate conmigo al campo:
quien se devana los sesos
me parece el pobre jaco,
que por negro maleficio
está en un yermo trotando,
sin ver que en torno se extienden
frescos y sabrosos pastos.
FAUSTO
¿Cuándo partimos?
MEFISTÓFELES
Al punto.
De este calabozo huyamos.
¿Qué haces en él? Aburrirte
y aburrir a los muchachos.
Deja ese oficio indigesto
al vecino don Gaznápiro;
no te afanes en la trilla
de paja en la que no hay grano.
Lo poco bueno que aprendes
no te atreves a enseñárselo
a tus discípulos. Uno
te espera. ¿No oyes sus pasos
en el corredor?
FAUSTO
No puedo
recibirle.
MEFISTÓFELES
Luengo rato
aguarda: si no le admites,
corre el pobre buen bromazo.
Déjame el gorro y la bata;
(_Se los pone._)
me sientan como pintados.
En mi agudeza confía;
quince minutos reclamo.
Tú, para el famoso viaje,
prepárate mientras tanto.
(_Vase_ FAUSTO.)
MEFISTÓFELES, _envuelto en la larga vestidura de_ FAUSTO
Razón y saber desdeña,
las dos alas que te han dado;
deja que en sus obras vanas
de ilusiones y de encantos
te afirme y envuelva el suave
Espíritu del engaño;
y así, Doctor, serás mío,
sin condiciones ni obstáculos.
Dio el sino a su mente indócil
impulso desenfrenado,
y ese escape, no es posible
detenerlo ni pararlo.
Sobre los terrenos goces
salta aturdido, y lo arrastro
de mediocridad insípida
por los derroteros áridos.
Luchará con sus afanes
cuerpo a cuerpo y brazo a brazo;
los manjares tentadores
escaparán de su labio,
y en balde misericordia
pedirá, porque ese fatuo
se ha de hundir de todos modos,
aunque no se entregue al Diablo.
ENTRA UN ESTUDIANTE
ESTUDIANTE
Ha poco que estoy aquí,
y ansío conocer al hombre
eminente, cuyo nombre
con elogio siempre oí.
MEFISTÓFELES
Sois galante. En mí veréis
un hombre a todos igual.
¿Maestro hubisteis?
ESTUDIANTE
No tal,
y si serlo vos queréis...
Tengo voluntad no escasa,
juventud, algún dinero;
mi madre --¡siempre hay un pero!--
quería tenerme en casa;
mas tras la ciencia, señor,
todos mis anhelos van.
MEFISTÓFELES
Para lograr vuestro afán
no hallarais sitio mejor.
ESTUDIANTE
¡Ay! Lejos de él encontrarme
quisiera, si hablamos francos:
a estas aulas y estos bancos
nunca podré acostumbrarme.
En este oscuro rincón
no se ven cielo ni verde;
y aquí el pobre alumno pierde
el sentido y la razón.
[Ilustración]
MEFISTÓFELES
El hábito hará que os cuadre
lo que amargo al pronto ha sido.
El niño recién nacido
huye el pecho de su madre;
luego con vivo placer
halla en él grato sustento:
habréis tal contentamiento
en las ubres del saber.
ESTUDIANTE
En ellas nutrirme ansío:
¿cómo hacerlo?
MEFISTÓFELES
Meditad,
primero, a qué facultad
se inclina vuestro albedrío.
ESTUDIANTE
En saber mi afán se encierra:
asimilarme querría
Natura y Filosofía,
cuanto abarcan cielo y tierra.
MEFISTÓFELES
Para alcanzar esa palma
estáis en buenos senderos:
procurad no distraeros.
ESTUDIANTE
Pondré en ello toda el alma.
Bástame una concesión:
tener, los festivos días,
unas cuantas horas mías
en la florida estación.
MEFISTÓFELES
El tiempo es un torbellino
que huyendo va sin cesar;
mas se puede adelantar
mucho con orden y tino.
Estudiad primeramente
un curso preparador
de Lógica: es la mejor
disciplina de la mente.
Ajustados borceguís
ella os calza, y con su ayuda
ligero la senda ruda
del pensamiento seguís,
sin perder la dirección
yendo de atrás adelante,
como la ráfaga errante
de la inquieta exhalación.
Después de esto, en repetidas
lecciones dificultosas,
aprenderéis que las cosas
más fáciles y sabidas,
cual comer o respirar,
con minucioso interés
por uno, por dos y tres
se tienen que analizar.
El telar del pensamiento
es como el del tejedor:
hilos de vario color
pone un golpe en movimiento;
viene y va la lanzadera
con extraña rapidez,
y se ejecuta a la vez
la combinación entera.
El sabio, lleno de sí,
llega, y en lección no breve
prueba que es y que ser debe
necesariamente así.
Esto, primero; después
eso, segundo, va en pos;
y a seguida de los dos
viene, en fin, lo que hace tres.
Y os demostrará profundo,
con raciocinio severo,
que no puede haber tercero
sin primero y sin segundo.
Esto, a fuerza de atender,
el alumno lo comprende;
lo que con esto no aprende
el alumno es a tejer.
Si quiere el docto estudiar
algo viviente, animado,
su alma, su espíritu a un lado
aparta, en primer lugar;
y cuando al fin sujetó
sus elementos a examen,
solo le falta el ligamen
que inmaterial los unió.
La química a ese poder
_Naturæ encheiresin_ llama,
y sin quererlo proclama
la nada de su saber.
ESTUDIANTE
Ni una palabra comprendo.
MEFISTÓFELES
Ya lo veréis de otro modo.
Clasificándolo todo,
ordenando y dividiendo,
vencerlo podréis al fin.
ESTUDIANTE
Mientras tanto, pierdo el tino.
Una rueda de molino
da vueltas en mi magín.
MEFISTÓFELES
Luego, en segundo lugar,
debéis, con ansia afanosa,
la profunda y provechosa
Metafísica estudiar.
Esa ciencia omnipotente,
que a la razón pone el sello,
nos habla de todo aquello
que no alcanza nuestra mente;
y si queda aún más oscuro,
no temáis, porque al instante
con un nombre rimbombante
os sacará del apuro.
Quieren tenaces porfías
esos estudios. Tendréis
cuatro o cinco, o quizás seis
lecciones todos los días.
Al toque de la campana
vendréis, exacto y cumplido,
con el cuaderno aprendido,
de buena o de mala gana;
y aunque diga el libro tanto
como el profesor en clase,
escribid, cual si os dictase
el mismo Espíritu Santo.
ESTUDIANTE
Ya sé que es de gran provecho.
Escolar que con congojas
emborrona muchas hojas,
vuelve a casa satisfecho.
MEFISTÓFELES
Pero elegir facultad
debéis.
ESTUDIANTE
La Jurisprudencia
no excita mi preferencia.
MEFISTÓFELES
No me sorprende, en verdad.
Conozco esa ciencia ruin.
Las leyes, cambiando nombres,
sucédense entre los hombres
como epidemia sin fin;
y en su curso desigual
cambian: la razón más fuerte
en sinrazón se convierte;
acá es bien lo que allí es mal.
Hijo del hombre, ¡ay de ti!
De aquel derecho sagrado
que contigo se ha engendrado,
no se acuerda nadie aquí.
ESTUDIANTE
¡Feliz quien por vos se guía!
Al escucharos, más crece
mi prevención. ¿Qué os parece?
¿Estudiaré Teología?
MEFISTÓFELES
Quisiera con hábil tino
aconsejaros. En esa
ciencia es difícil empresa
seguir siempre el buen camino.
Aunque estudiéis con afán,
de distinguir no halláis medio
la ponzoña y el remedio,
que en ella mezclados van;
y así juzgo lo mejor
tener tan solo presente
un texto, y seguir fielmente
las máximas del autor.
Ateneos, sin temer,
a las palabras, y abierta
veréis la más fácil puerta
en el templo del saber.
ESTUDIANTE
Mi inexperiencia confieso:
una idea hallar creí
en cada palabra.
MEFISTÓFELES
¡Oh, sí!..
Mas no os apuréis por eso.
A lo mejor del pensar
falta la idea en mal hora,
y una palabra sonora
llena muy bien su lugar.
Con palabras cada día
doctamente discutís;
con palabras erigís
la más hermosa teoría.
A las palabras fe humilde
prestad: es tal su valer
que no les podéis poner
ni quitar punto ni tilde.
ESTUDIANTE
Perdonad, si a otro terreno
voy, y del presente salgo:
¿no me podéis decir algo
de la ciencia de Galeno?
Tres años bien poco son,
y hay largo trecho que andar;
pero es un gran auxiliar
vuestra docta dirección.
MEFISTÓFELES (_para sí._)
Con tal gravedad le hablo
que me aburro yo a mí mismo:
¡basta ya de dogmatismo!
Vuelvo a mi papel de diablo.
(_En voz alta._)
¡Medicina! ¡Luminar
digno del mayor respeto!
¡Gran ciencia!... Mas su secreto
fácil es de penetrar,
y en un momento os lo explico.
Escuchadme. Con profundo
sentido escrutad el mundo
de lo grande y de lo chico.
Y analizados los dos
doctamente, dejad que ande
lo chico, y también lo grande,
como lo dispuso Dios.
Os lo diré, aunque os asombre:
cavilar es necedad;
la ocasión aprovechad,
pues la ocasión hace al hombre.
Sois bien formado y galán,
emprendedor y dispuesto;
fiad en vos mismo, y presto
todos en vos confiarán.
De la mujer, sobre todo,
ocupaos: sus lamentos,
sus ayes, sus aspavientos,
todos se curan de un modo.
Buscad término prudente
entre el respeto y la audacia
y con esa diplomacia
es vuestra la hermosa cliente.
Título habéis de tener
que os inicie en su favor,
probando que es superior
a todos vuestro saber;
y ya podéis intentar
sabrosas galanterías,
que otros, tras largas porfías,
no se atreven ni a soñar.
Sin temor a sus enojos,
cuando la pulséis, resuelto
oprimid el brazo esbelto,
flechándole bien los ojos;
y sin mengua de su honor,
palpad, con mano ligera
si a la mórbida cadera
le molesta el ceñidor.
ESTUDIANTE
Eso lo entiende el más romo:
¡promete la facultad!
Al menos con claridad
se comprende el qué y el cómo.
MEFISTÓFELES
La ciencia es árida: en vano
con su sombra nos convida;
pero el árbol de la vida
siempre está verde y lozano.
ESTUDIANTE
¡Paréceme todo un sueño!
¿Podré, en otras ocasiones,
vuestras útiles lecciones
aprovechar?
MEFISTÓFELES
Sois muy dueño.
ESTUDIANTE
Cuéstame esfuerzo partir,
y completarais mis glorias
si en mi libro de memorias
quisierais algo escribir.
(MEFISTÓFELES _escribe en el libro de memorias del_ ESTUDIANTE, _y se
lo devuelve_.)
ESTUDIANTE, _leyendo_
_Eritis sicut Deus, scientes bonum et malum._
(_Cierra el libro respetuosamente y se retira._)
MEFISTÓFELES
Busca, del saber en pos,
lo que la Sierpe ofrecía:
ha de pesarte algún día
tu similitud con Dios.
ENTRA FAUSTO
FAUSTO
¿Dónde vamos?
MEFISTÓFELES
Me es igual.
Si no te parece mal,
visitarás, con mi ayuda,
ahora a la gente menuda,
después a la principal.
Provecho hallarás y agrado
en el curso inesperado.
FAUSTO
Para hacerlo más fecundo,
aunque soy hombre barbado,
fáltame una cosa, mundo.
Corto soy como el que más;
siempre me juzgué y me vi
pequeño entre los demás.
MEFISTÓFELES
Si tienes confianza en ti,
pronto paso te abrirás.
FAUSTO
¡En marcha! ¡Manos a la obra!
Pero, coche no has traído,
ni caballos...
MEFISTÓFELES
¡Qué zozobra!...
Basta este manto extendido
para nuestra empresa, y sobra.
Con tal de que para el viaje
no traigas mucho equipaje,
un soplo de aire caliente
preparo, y está corriente
el fantástico carruaje.
Si en el coche volador
pesamos poco, mejor;
más presto haremos la vía.
Ya por la audaz correría
te felicito, Doctor.
[Ilustración]
[Ilustración]
TABERNA DE AUERBACH EN LEIPZIG
REUNIÓN DE ALEGRES CAMARADAS
FROSCH
¿No hay quién beba? ¿No hay quién ría?
Yo os haré cambiar la mueca.
¿Quién en paja húmeda trueca
vuestra inflamable alegría?
BRANDER
¡Tuya es la culpa, pardiez!
Haz alguna señalada
tontería o marranada.
FROSCH
Ahí las tienes, a la vez.
(_Le vierte un vaso de vino en la cabeza._)
BRANDER
¡Puerco!
FROSCH
Quisístelo así.
SIEBEL
¡Basta ya! ¡Fuera gritones!
¡Preparad bien los pulmones,
y en coro! ¡Seguidme a mí!
(_Tararea estrepitosamente_)
ALTMAYER
¡La casa se viene abajo!
¡El tímpano estalla y zumba!
SIEBEL
Si la bóveda retumba,
señal de que es bueno el bajo.
FROSCH
Cierto. ¡Afuera el que no esté
conforme!... ¡Ya va!... Esto es serio.
(_Canta_)
«El Sacro Romano Imperio,
¿cómo se mantiene en pie?»
BRANDER
¡Qué canción! ¡Solemne y crítica!
¡Política, en conclusión!
Empalagosa canción
es toda canción política.
Bendice a Dios soberano
cada día, al levantarte,
por no tener que ocuparte
del Sacro Imperio Romano.
Por mí, tengo a mucho honor
y a gran ventura no ser
Chambelán ni Canciller,
Príncipe ni Emperador.
Mas si os interesa tanto
tener caudillo notorio,
formemos el Consistorio
y elijamos Padre Santo.
Ya sabéis que la elección,
hasta a quien no la merece,
dignifica y engrandece.
ALTMAYER
¡A otra cosa! ¡Otra canción!
FROSCH, _canta_
Ve de rama en rama,
ruiseñor de abril,
saluda a mi dama,
ruiseñor gentil.
SIEBEL
¿A tu dama? ¡Ja, ja, ja!
¡Buenos saludos son esos!...
FROSCH
¡Saludo, abrazos y besos!
Nadie me lo impedirá.
(_Canta._)
Ten la puerta abierta,
niña de mi amor;
la noche su velo
tiende protector.
Cierra bien la puerta,
ciérrala bien ya;
la aurora en el cielo
despuntando está.
SIEBEL
Requiébrala a tu placer:
al freír será el reír;
lo que me hizo a mí sufrir,
a ti te hará padecer.
Dele el diablo en galardón
un extravagante enano,
que con ella, mano a mano,
se deleite en un rincón;
y con burlescos reproches,
al volver del aquelarre,
un chivo me los agarre
y les dé las buenas noches.
Pero un mancebo jovial,
un mozo de carne y hueso,
robusto y gallardo, es eso
mucho honor para hembra tal.
¿Saludos? ¡De buena gana
y con excelentes modos!...
FROSCH
¿Cómo?
SIEBEL
Rompiéndole todos
los vidrios de la ventana.
BRANDER, _golpeando la mesa_
¡Caballeros, atención!
Es preciso ser galantes,
y pues hay muchos amantes
en aquesta reunión,
voy a seguir yo también
la costumbre establecida,
dándoles, por despedida,
algo que les sepa bien.
Será un cantar a la moda,
muy gracioso y muy sencillo:
repetid el estribillo
con el alma y la voz toda.
(_Canta._)
En la despensa una rata
logró el hocico meter;
de jamón, manteca y nata
hartábase a su placer.
Como Lutero, echó panza,
viviendo allí sin afán.
La cocinera en venganza
diole un día solimán.
Al momento saltó fuera
con frenético furor,
cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
EL CORO, _con gran algazara_
Cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
BRANDER, _continuando la canción_
Salta y brinca, sale y entra,
corre de acá para allá,
y en todo cazo que encuentra
a beber sedienta va.
Todo lo muerde, desgarra
y rompe, fuera de sí,
y ni el diente ni la garra
mitigan su frenesí;
hasta que la angustia fiera
vence y postra su vigor,
cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
CORO
Cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
BRANDER
Salvación del cielo impetra,
corre y corre sin cesar;
en la cocina penetra
y se arroja en el hogar.
Entre ascuas y llamaradas
halla sepultura en él,
mientras ríe a carcajadas
la envenenadora cruel.
Exhaló de esa manera
el postrimer estertor,
cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
CORO
Cual si la pobre tuviera
dentro del cuerpo al Amor.
SIEBEL
¡Cómo ríen, en sus glorias,
con la canción insensata!
¡Emponzoñar a una rata!...
¡Qué interesantes historias!
BRANDER
¡Panzudo sentimental!
Se apiada, y bien sé por qué:
porque su retrato ve
en el hinchado animal.
ENTRAN FAUSTO Y MEFISTÓFELES
MEFISTÓFELES
Entre gente divertida
he de llevarte, ante todo,
y verás tú de qué modo
goza esa gente la vida.
Para ella el tiempo mejor
en continua fiesta pasa,
pues es, si en ingenio escasa,
riquísima en buen humor;
y contenta con su suerte,
gira en un círculo estrecho,
cual gato que satisfecho
con su cola se divierte.
Mientras dura la salud,
mientras el patrón le fía,
come el pan de cada día
sin cuidados ni inquietud.
BRANDER
Forasteros son, mirad,
dícenlo porte y semblante;
parece que en este instante
arriben a la ciudad.
FROSCH
Es tu sospecha fundada;
hijos son de otro país.
Es, en pequeño, un París
Leipzig; por eso me agrada.
SIEBEL
¿Quiénes serán? No imagino...
FROSCH