Sobre el valor de Dostoievski, al cual el ensayista toma, aunque sin
gran entusiasmo, como modelo de escritor de novelas, por suponer que
está dentro de sus fórmulas, no estamos tampoco de acuerdo.
El ensayista considera que la lentitud, la morosidad, el que la acción
de las obras de Dostoievski ocurra en un lapso de tiempo muy corto,
es uno de sus valores positivos. Yo creo que no hay tal. El valor
de Dostoievski, y ello, aunque reconocido y vulgar, no deja de ser
cierto, está en su mezcla de sensibilidad exquisita, de brutalidad y de
sadismo, en su fantasía enfermiza, y al mismo tiempo poderosa en que
toda la vida que representa en sus novelas es íntegramente patológica
por primera vez en la literatura y en que esta vida se halla
alumbrada por una luz fuerte, alucinada, de epiléptico y de místico.
Dostoievski echa la sonda en el espíritu de hombres mal conocidos por
sus antecesores. Es un enfermo genial que hace la historia clínica de
los inconscientes, de los hombres de doble personalidad, a los cuales
ve mejor, porque su psicología casi íntegramente está dentro de lo
patológico. Dostoievski es un iluminado, en otro plano, pero igual que
Mahoma o Santa Teresa de Jesús.
Se comprende que Dostoievski pueda ser aprovechado por los psiquiatras,
porque es el hombre que ha puesto el máximo de atención en las
anomalías espirituales.
Esta atención detenida, exagerada, observando y fijando con los menores
detalles los movimientos de naturalezas fuertes, brutales e instintivas
como la suya, tiene que dar un resultado muy sugestivo.
Que hay en él una técnica de novelista adaptada a sus condiciones, es
cierto; pero es una técnica que si se pudiera separar del autor y ser
empleada por otro no valdría gran cosa. Dostoievski, cuando deja su
técnica novelesca y no hace más que narrar lo visto por él, como en
_Los Recuerdos de la Casa de los Muertos_, es tan interesante y coge al
lector tanto, como en sus demás libros.
Que la morosidad no es un valor podría presentar para probarlo ejemplos
mil de novelas pesadas, prolijas y malas.
—_El Idiota_ y los _Hermanos Karamazoff_ son libros voluminosos, cuya
acción transcurre en pocos meses —me dicen.
—Cierto —contesto yo—. También _El Cocinero de Su Majestad_, de
Fernández y González, es una novela larguísima, que pasa en tres días;
pero esto no le saca de ser un folletín mediano.
Haciendo una comparación un tanto ramplona, a la que era aficionado
un amigo, diríamos que esta máquina poderosa, que es la obra
dostoievsquiana, que nos asombra por su agilidad y por su temple,
es como un automóvil que para mi contrincante tiene, naturalmente,
un motor, pero que lo más transcendental en él es la carrocería; en
cambio, a mí me parece lo contrario; para mí la obra del ruso tiene
seguramente su carrocería, pero lo esencial en ella es la fuerza de su
motor.
Cierto que mi tesis es una tesis vulgar, porque es la más admitida;
pero, a pesar de su vulgaridad, me parece la más exacta.