La Antillia y la isla de las Siete Ciudades.
Siempre que afligen á una nación grandes calamidades fascinan los
espíritus ilusiones supersticiosas, y presentan, á pesar de la
diversidad de tiempos y de climas, el cuadro uniforme de las mismas
creencias y de las mismas quiméricas tradiciones.
Después de la caída del Imperio de los Incas fué general la persuasión
de que el hermano de Atahualpa había huído hacia las llanuras del Este,
más allá de los bosques de Vicabamba, para llevar allí el culto nacional
y fundar un nuevo Estado. Los indígenas del Perú conservaron la
esperanza de que los descendientes del príncipe fugitivo saldrían alguna
vez de su salvaje retirada y restablecerían la teocracia de Cuzco.
De igual suerte cuando los árabes, después de la victoria de Guadalete,
donde pereció Rodrigo, invadieron casi toda la Península ibérica, se
extendió la creencia popular de que seis obispos, guiados por el
Arzobispo de Oporto[354], se refugiaron con grandes tesoros en una isla
del mar del Oeste, fundando en ella, según la tradición, siete ciudades,
donde se establecieron los emigrados españoles y portugueses. Esta isla
de los obispos fué nombrada en portugués de _Septe (Sete) Cidades_,
nombre singularmente desfigurado en los mapas del siglo XV. Los eruditos
vieron en ella el asilo que, según Aristóteles y Diodoro de Sicilia, se
habían preparado los cartagineses en el seno del Atlántico, y como las
tradiciones de este género no indican ninguna localidad determinada, el
nombre de la isla de las _Sete Cidades_ fué probablemente aplicado al
principio al archipiélago de las Azores desde que se empezó á tener
alguna idea de su existencia.
La identidad de las dos islas, _Antillia_ y de las _Siete Ciudades_, se
determinó claramente por Martín Behaim en una rota puesta en el globo
que construyó en 1492, y en esta frase de la carta de Toscanelli al
canónigo Martínez: «La isla Antillia, que vosotros llamáis isla de las
_Siete Ciudades_», si bien parece que esta frase se ha considerado en
España un simple escolio[355] que intercaló Ulloa en la traducción
italiana de la vida de Cristóbal Colón, escrita por su hijo D. Fernando,
porque Barcia y Navarrete la suprimen al publicar la carta de Toscanelli
en español.
En todos los mitos es preciso distinguir cuidadosamente la fecha que
indica el mito _historiado_ y la época de su origen. Si es cierto que al
principio del siglo VIII, después de rendir á Mérida el jefe de los
godos Sacaru «embarcáronse los fugitivos para buscar asilo fuera de su
patria, subyugada por los moros» (lo que no es inverosímil), no por ello
se ha de deducir que la tradición fabulosa de Antillia tenga la misma
antigüedad. En los mapas del siglo XIV aun no vemos aparecer la isla con
este nombre ó con el de Siete Ciudades, porque Zurla niega
terminantemente que en el mapamundi de Pizigano (1367), conservado en
Palma, se vean escritas cerca de la figura de una estatua de hombre que
tiene una cinta de papel en la mano derecha, en el seno del mar del
Oeste, estas palabras: _Ad ripas Antilliæ ó Atullio_, que Mr. Buache
creyó leer en un calco enviado á París por la cuidadosa solicitud del
general Clarke[356]. Este mismo mapa de Pizigano presenta ya, sin
embargo, las _Isole dicte Fortunate_, _S. Brandany_ y la _Insula de
Brazie_ (Brazir, Brasil).
La indicación más antigua de la isla Antillia que conocemos hasta ahora
con exactitud parece ser la del Atlas veneciano de Andrés Bianco (1436),
acerca del cual llamó Formaleoni la atención[357] de los geógrafos desde
el año de 1782. Este Atlas, conservado en la Biblioteca de San Marcos,
contiene diez mapas dibujados en pergamino, folio pequeño de nueve
pulgadas y seis líneas de alto por un pie y dos pulgadas de ancho. Al
Oeste de la isla de las Azores aparecen en la quinta carta dos islas de
considerable tamaño en la dirección SSE.-NNO. y de forma rectangular muy
regular. Tomando por escala (porque el mapa no está graduado), la
distancia del cabo de San Vicente al de Finisterre (5° 51′) encuentro la
de 153 leguas marinas (en vez de 247) desde las costas de Portugal al
centro de las islas Azores de Bianco, y de las Azores á Antillia la de
87 leguas. Esta última isla estaría, por consiguiente, situada á 240
leguas marinas al Oeste de las costas de Portugal, es decir, á los 27°
55′ de la longitud occidental de París (en el meridiano de la isla de
San Miguel de las Azores), entre los 33° 20′ y 38° 30′ de latitud.
La longitud de Antillia, que llega á ser la de Portugal y de Inglaterra,
y su forma de un paralelógramo muy alargado (la base está en relación
con la altura de 1 á 3), llaman la atención á primera vista en el quinto
mapa de Bianco. Los golfos y las sinuosidades de los contornos están
indicados como si la figura de esta tierra hubiese sido conocida de un
modo exacto; pero esta apariencia de exactitud no debe, sin embargo,
sorprendernos, pues la encontramos durante los siglos XVI y XVII en
todas las tierras imaginarias, siendo trazadas las costas alrededor del
polo Sur con sinnúmero de detalles y una uniformidad imperturbable.
Al norte de Antillia, á unas 70 leguas de distancia, aparecía otra isla
más pequeña y de semejante figura rectangular. Ésta, según Bianco, era
la _isla de la Man Satanaxia_. El quinto mapa del Atlas presenta sólo la
extremidad meridional de esta _Mano de Satán_, á los cuarenta y dos y
medio grados de latitud. Pero en el planisferio de Bianco, que se cree
copiado en parte de un mapa del siglo XIV y que acaso era anterior á los
viajes de Marco Polo, las grandes islas de Antillia y de la _Man
Satanaxia_ están figuradas por completo á la misma distancia de las
Azores que el mapa núm. 5. Reconócense estas tierras por su forma y su
posición recíproca, aunque en el planisferio no están indicadas por sus
nombres.
M. Formaleoni se limita á suponer que la Antillia de Andrés Bianco y de
Toscanelli indicaba un descubrimiento de las islas Caribes, largo tiempo
anterior al de Colón; y el autor de las voluminosas compilaciones
geográficas, Mr. Hassel, ha ido mucho más lejos en sus conjeturas. Según
él, la isla de la Mano de Satán y la Antillia figuran las dos partes del
continente americano, separadas, según se creía, por un estrecho; el
mismo estrecho que á principios del siglo XVI buscaban vanamente en el
Veragua y en el istmo de Panamá[358].
En vista de la importancia que por largo tiempo se atribuyó á la
existencia de las dos citadas islas, es interesante dar á conocer una
carta marina que posee la biblioteca del gran Duque de Weimar[359].
Siendo anterior en muchos años al mapa de Bianco, presenta también los
contornos de Antillia y de la Man Satanaxia. No tiene nombre de autor,
pero es del año 1424, y doble de grande que el Atlas de Bianco.
Comprende casi la misma extensión de países que los mapas núm. 5 y núm.
8 de este Atlas, pero difiere esencialmente de éstos, á juzgar por la
pequeña parte que del núm. 5 han publicado Formaleoni y Buache. He aquí
las diferencias más notables que he observado, examinando el original,
mientras permanecí últimamente en Weimar en 1832, y los calcos
exactísimos que debo á la amistad de Mr. Froriep:
1.º El mapa de 1424 no representa más que la parte septentrional de
la isla Antillia y toda la isla rectangular del Satán. La distancia
desde las costas de Portugal al centro del grupo de las Azores, que los
mapas de la primera mitad del siglo XV señalan casi en la dirección del
meridiano, es de 110 leguas marinas. En el mapa de 1436 es de 153, según
dije antes. La distancia desde las Azores á Antillia es casi igual en
ambos mapas.
2.º Un poco al Norte de Madera, entre esta isla y las Azores, se lee
en el mapa de Weimar: _Insule Sancti Brandani_. Es el sitio donde el
mapa de Pizzigano de 1367 pone, lejos de las Canarias, las palabras
_Isolæ dictæ Fortunatæ_. Andrés Bianco no nombra ni las islas
Afortunadas ni las de San Brandán. En el mapa de 1824 aun hay rastros
del mito _septentrional_ de las islas de los Bienaventurados, cerca de
Irlanda, la _Insula Sacra_ de Avieno. Al Norte de Limerick está indicado
un gran golfo, sin duda el de Galway, lleno de infinidad de islotes,
junto á los cuales hay la siguiente inscripción: _Lacus fortunatus ubi
sunt multæ insulæ quæ dicuntur Insulæ San.... (Sancti Brandani?)_ En el
planisferio de Bianco, que es más antiguo que su Atlas, este golfo
circular de angosta entrada (_Lacus_ ó _Locus fortunatus_) está
figurado, pero sin nombre. En el mapa de Weimar, los contornos de
_Irlanda_ y de _Inghelia_ y _Escocia_ están bastante bien figurados,
pero los países puestos al Noroeste, por ejemplo, la Escandinavia, el
Báltico, la _Alamagna_, la provincia de _Pursia_ (Prusia) y la _Polana_
(Polonia), prueban la misma ignorancia que se advierte en las obras de
Bianco, Fra Mauro y Rivero.
Conocíase mejor el noroeste de Africa que el norte de Europa. Desde la
desembocadura del Escalda hasta la extremidad de Jutlandia, la costa en
el mapa de Weimar está figurada sin interrupción de Norte á Sur, de
suerte que _Holanda_, _Frixa_ (Frisia) y Dinamarca (_Dana_) se confunden
en una misma península.
3.º Frente á la isla de Chanaria está situado el gran cabo _Buçdor_
(Bucedor), nombre que con frecuencia se daba en la Edad Media al cabo
Bojador. Encuéntrase también en el mapa general de Bianco; pero en la
hoja número 5, que es la que comparamos aquí al mapa de 1424, confúndese
al cabo Bojador con el cabo Non (Formaleoni, pág. 20). El calco, grabado
por M. Buache, es inexacto en este punto.
Cerca del _cabo Non_, del mapa de Bianco, en el paralelo de la isla
_Chanaria_, desemboca el _fluvius Citarlis_, que nace de un gran lago
circular, situado en el interior de Africa. En este lago hay una gran
isla también circular. Créese estar viendo el lago Jamdra ó Palte
(propiamente Paldhi) del Tibet al Sur de Lassa. De este lago de diez y
ocho leguas de diámetro, llamado lago Citarlis, salen tres ríos; uno es
el _fluvius Citarlis_, que va al Oeste; el segundo corre hacia el Este,
y es quizá uno de los brazos del Nilo, según la opinión reinante en la
Edad Media; el tercero vierte sus aguas en el Atlántico con el nombre de
_Favia_ (_fluvius?_). _Demain_, al norte de cabo Agilón (Augulón,
Agulah), Citarlis ó Cintarlis, parece ser una reminiscencia de Cirta
Julia de Ptolomeo, capital de Numidia, indudablemente la Constantina de
hoy (_Edrisi, Africa_, ed. Hartmann, página 241). La interpretación
intentada derivando _Cintar-lis_ del Angra de Antonio González da
_Cintra_, bahía situada á tres y medio grados al Sur de Bojador,
paréceme menos cierta.
Los mapas más antiguos de Agathodæmon, donde hay lagos puestos en el
país de los Melano-Gétulos, pueden haber sido el origen de estos
extraños sistemas hidrográficos de la costa occidental del África y de
esas dobles líneas de agua que desembocan en lagos del interior del
Continente. La parte del mapa de 1424 que he hecho gravar, prueba que,
en la configuración, no está por cierto copiada del Atlas de Andrés
Bianco.
Continuando el orden cronológico, en que aparece la Antillia en los
mapamundi de la Edad Media, preciso es nombrar, á continuación del mapa
de origen italiano de la biblioteca de Weimar, y el núm. 5 de Andrés
Bianco, los mapas de Bedrazio y del cosmógrafo Martín Behaim.
Existe en Parma un mapamundi del genovés Beclario ó Bedrazio, que tiene
dos pies y dos y media pulgadas de largo y dos pies de ancho. Antes que
Zurla, ya hicieron mención de él Pezzana y Paciaudi[360]. Se ven en él
las formas rectangulares de las islas Antillia y Sarastagio (Mano de
Satán?), y cerca de Sarastasio (Satanaxio) una islita en forma de hoz
(_isola falcata_), llamada Dammar. Este grupo tiene la notable
inscripción siguiente: _Insule de novo repte_ (repertæ.)
Como más al Oeste de este grupo sitúa Bedrazio otra isla cuadrada con el
nombre de _Royllo_, el bibliotecario Paciaudi ha creído ver en estas
cuatro islas un principio del archipiélago de las Antillas.
Este notable mapa es de 1436, por tanto del mismo año que el Atlas de
Bianco y no anterior á éste, como asegura el cardenal Zurla[361]. La
isla en forma de hoz encuéntrase también cerca de la Man Satanaxio (un
poco al Norte) en el mapa de 1424.
Cítanse con frecuencia, como conteniendo también la isla Antillia, los
postulanos de Gracioso[362] Benincasa de Ancona y de su hijo Andrés
(1463-1473); pero se ha tomado, según parece, un mapa mucho menos
antiguo, de Blaze Voulodet, redactado en 1586, donde se encuentra, al
Oeste de Irlanda, una tierra llamada Scorafixa ó Stocafixa (Bacallaos?),
por una obra de Andrés Benincasa[363].
El globo de Behaim ofrece dos particularidades respecto á la Antillia.
La sitúa á los 24° de latitud, mientras Toscanelli, en su carta á Colón,
asigna á esta isla el paralelo de Lisboa[364] y la figura redonda y
pequeña, como la isla San Miguel, del archipiélago de las Azores;
mientras la isla de San Bradán tiene en el globo de Behaim la forma
rectangular que llama la atención en el mapa de Andrés Bianco, pero que
también tienen la isla de Royllo de Bedrazio, la _Giava maggiore_ de Fra
Maura, y el Japón (Zipangut) del geógrafo de Nuremberg.
La opinión del sabio Zurla[365], de que «la forma rectangular de la
Antillia» prueba que es la Atlántida de Platón, no merece serio examen.
En la extensa y verbosa topografía de la Atlántida, que presenta el
Critias, jamás se habla del contorno general de esta isla, descrita como
montuosa, cubierta de bosques, rica en aguas termales, donde pacen
elefantes. Lo que Platón dice de la _forma tetragonal_ ó _cuadrada_ sólo
se refiere á una llanura (τὸ πεδίον) de 3.000 estadios de larga y 2.000
estadios de ancha, situada en la parte meridional de la Atlántida. Esta
llanura[366], que rodea la ciudadela de Neptuno, pertenece al monarca
reinante; confina por el lado Sur con la mar, y al Norte, Este y Oeste
linda con las propiedades de los nueve arcontes, terreno lleno de
montañas y cuya forma no está designada. Además, aunque Platón dijera
que la forma de la Atlántida era rectangular, no había motivo para
suponer que, en el momento de su destrucción[367] se había quebrado la
isla como un pedazo de espato de Islandia en fragmentos completamente
semejantes y que la Antillía representaba uno de estos fragmentos.
Tampoco buscaremos los restos de la Atlántida en las formaciones que
sirven de base á la creta de Inglaterra en las _arenas verdes_ y el
_wealdclay_[368], ó, como se ha hecho más recientemente, «el plano de
Méjico en el fortín de la Atlántida, que Neptuno rodea de fosos llenos
de agua y de estrechas lenguas de tierra»[369]. La ciudad de Méjico, la
antigua Tenochtitlán, fué fundada por los Aztecas en el lago Tezcuco, el
año de 1325 de nuestra era, y se unía á las orillas del lago por medio
de diques trazados en línea recta. Sin llegar á Solón ó al Peplum de las
pequeñas Panatheneas, sería preciso atribuir á Platón, una previsión de
diez y seis siglos y medio.
Digno es de notar que, á pesar de lo vivamente que impresionaron el
ánimo de Colón la carta y el mapa de ruta de Toscanelli (Colón copia
frases enteras de la carta en la introducción del Diario de su primer
viaje), ni él, ni Gomara, ni Oviedo ó Acosta, ni los mapas de América ó
los mapamundi añadidos á las ediciones de Ptolomeo desde 1508 mencionan
la Antillia. Cuando Colón entra en el puerto de Lisboa el 4 de Marzo de
1493, no nombra la Antillia como punto de partida, dice que viene de
Cipango.
Recapitulando cuanto sabemos acerca de los primeros descubrimientos de
las islas de la India occidental, no veo en qué podría apoyarse la
opinión de que Colón mismo llamó Antillia á las islas Caribes. El primer
indicio de dicha aplicación lo encuentro en estas palabras de _Las
Oceánicas_, de Pedro Mártir de Anghiera[370]: «In Hispaniola _Ophiram_
insulam sese reperisse refert (Colonus), sed cosmographicorum tractu
diligenter considerato, _Antiliæ insulæ_ sunt illæ et adjacentes aliæ,»
He aquí la denominación geográfica de Antillas en plural. Pero hay más;
la única vez que se encuentra en las cartas de Amérigo Vespucci el
nombre de Colón, va unido al nombre de Antillia. «Venimus ad _Antigliæ_
insulam quam paucis nuper ab annis Christophorus Columbus discooperint.»
Estas palabras[371] están tomadas de la relación del (supuesto) segundo
viaje de Vespucci, del que dice haber terminado el 8 de Septiembre de
1500.
La correlación que existe entre los acontecimientos prueba que el nombre
de Antillia lo dió Vespucci á la isla Hispaniola, y que su relación es
la del viaje que hizo con Ojeda; porque en el (supuesto) primer viaje,
cuya fecha de partida fija Vespucci en 20 de Mayo de 1497 la Hispaniola
se llamaba pura y simplemente _Ity_, corrupción sin duda de Aïty[372].
Bartolomé de las Casas nos dice que[373] eran los portugueses quienes
aplicaban con preferencia á la Hispaniola el nombre de Antillia.
Estas aplicaciones de nombres geográficos eran muy arbitrarias en los
primeros tiempos de la conquista. Schoner[374] toma todavía, en 1533, la
ciudad de Méjico (Temistitlán) por el Quinsaï de Marco Polo, la célebre
ciudad china de Hangtcheu-fu. Gomara, que no duda de la identidad[375]
de la América y la Atlántida, hace derivar este último nombre de la
palabra mejicana _alt_ (agua), fantasía etimológica repetida muchas
veces en nuestros días, recordando además el nombre tártaro del Volga,
Attel, la _grande agua_.
Por lo demás, con la denominación de islas Antillas ha sucedido, como
con la de América. Estos nombres fueron propuestos, el primero, como
hemos visto, por Anghiera, en 1493, y el segundo por Ylacomylus, en
1507, y sin embargo, fué preciso que transcurriera más de un siglo para
que su uso se generalizara. Cristóbal Colón no dió jamás una
denominación al conjunto de las _Islas de la India_ que había
descubierto. En los primeros tiempos de la _conquista_ no se conocen más
que los nombres de _Islas de Lucayos_[376] (las islas Bahamas) y de
_Islas de Barlovento_[377] ó _Islas de los Caribes_ y _de los
Caníbales_[378] aplicadas al grupo que se extiende desde la Trinidad á
Puerto Rico (Boriken).
En los mapas de Juan de la Cosa y de Rivero no hay ni rastro del nombre
de Antillas. La reseña italiana de todas las islas del mundo por
Benedicto Bordone[379], no lo conoce, ni tampoco el _Isolario_, de
Porcaccio[380], el _Ptolomeo italiano_, de Antonio Mangini, de 1598, la
_Cosmographie_, de Andrés Thevet[381] y la _Descripción de las Indias
occidentales_, del historiógrafo Herrera[382], terminada en 1615.
Es verdaderamente extraordinario, que después de tan largo olvido
durante todo el siglo XVI, un nombre, que por primera vez había
aparecido en un mapa de 1436, sea el que al fin haya prevalecido en
Europa. Este nombre era sin duda más sonoro que el de islas Camercanas
que conocemos por el _Breviario geográfico_ de Bert., y por el viaje de
un religioso carmelita; pero ignoro en absoluto su etimología[383].
Probablemente lo que más contribuyó á poner el nombre de _Antillas_ en
los mapas de América fué la gran celebridad de los mapas de Cornelio
Wytfliet y del _Theatrum Orbis terrarum_ de Ortelio[384].
En cuanto al origen del _mito geográfico_ de la Antillia, de Andrés
Bianco, preciso es distinguir, como en todos los mitos, el elemento
ideal y la aplicación de este elemento á una localidad determinada. Un
acontecimiento verdadero, una emigración por mar, cuando los árabes
invadieron la península ibérica, dejó vagos recuerdos que han
sobrevivido á las desgracias públicas. Los emigrados tuvieron quizá el
deseo de ir á las islas Afortunadas, de buscar un asilo, como Sertorio
cuando huía de las tropas victoriosas de Sila, y la imaginación de los
pueblos, que embellece las tradiciones nacionales, trasladó un hecho
histórico natural al país de las ficciones. Se suponía que los fugitivos
habían fundado una colonia floreciente en el centro del Atlántico, pero
cuando se supo, y no tarde, que dicha colonia cristiana no estaba en las
islas Canarias, archipiélago muy visitado á causa del comercio de
esclavos guanches, fué preciso suponerla más lejos y asignarle una
posición determinada.
Descubiertas las Azores, ó mejor dicho, encontradas de nuevo varias
veces, pudieron engendrar la idea de una tierra muy extensa, porque se
suponía la continuidad de la costa correspondiente á distintas islas. En
este sentido, yo creo que todo el archipiélago de las Azores ocasionó
que se fijara la posición de la Antillia ó isla de los Siete Obispos y
de las Siete Ciudades, pues no me atrevo á conjeturar, como M.
Buache[385], que la Antillia de Bianco, ancha como España, sea la isla
de San Miguel, por la única razón de que los portugueses, aun hoy, dan á
una parte de esta isla el nombre de _Sete Citades_. Lo único que prueba
esta denominación es que los navegantes y los colonos portugueses no
olvidaban las antiguas tradiciones populares. El razonamiento de M.
Buache nos llevaría también á buscar la Antillia y las _Siete Ciudades_
á la península del Yucatán ó al Norte de Méjico en el seno del Nuevo
Continente.
Cuando admiró á Francisco Hernández de Córdoba (en 1517) el aspecto de
los templos (_teocallis_) construídos con piedras labradas y la
civilización de los pueblos del Yucatán; cuando descubrió las grandes
cruces que adoraban, creíase generalmente, dice Gomara[386], «que los
españoles que huyeron de su patria al ser invadida por los árabes, en
tiempo del rey Rodrigo, llegaron á aquellas lejanas costas.»
En la expedición aventurera que hizo el Padre franciscano Marcos de
Niza[387] á Cibola (el país de los bisontes, ó _vacas corcovadas_), más
allá de los 36° de latitud, buscábanse también las _Siete Ciudades_; «al
rey Taratax (especie de Preste Juan), que adoraba una cruz de oro y la
imagen de una mujer, _Señora del Cielo_».
Si la isla Antillia hubiera sido igual á la de San Miguel de las Azores,
no es probable que figurase en mapas que, como el de Bianco, presentan
simultáneamente todo el archipiélago de las Azores[388]. Mejor se
comprende que la Antillia, primitivamente señalada como una gran tierra
por confundirse las costas mal conocidas de las Azores, fuera puesta al
Oeste de dicho archipiélago cuando con precisión se reconoció su
pequeñez y los contornos de cada una de las islas que lo forman. Para
comprender bien la fuerza de este argumento preciso es recordar las
fechas verdaderas de los descubrimientos hechos por los portugueses en
la región templada del Océano Atlántico. Estas fechas son las
siguientes: descubrimiento del escollo de las Hormigas, en 1431; de la
isla de Santa María, 1432; de la de San Miguel, 1444; de Terceira, San
Jorge y Fayal, 1449; de Graciosa, 1453. El descubrimiento de las islas
más occidentales, Flórez y Corvo, parece ser anterior á 1449; pero esta
fecha es menos precisa[389]. El mapa de Bianco estaba terminado[390]
cuando el Infante, «guiado por mapas antiguos, sólo había hecho
reconocer la isla de Santa María, la única cuyo suelo no es volcánico».
Este mapa presenta á la vez los nombres árabes y cristianos: los de
_Bentufla_[391] y San Jorge (_San Zorzi_), y sitúa con bastante
corrección las nueve islas en tres grupos parciales; pero en vez de
estar orientados estos grupos de Sudeste á Noroeste, se encuentran casi
de Sur á Norte. El islote más lejano llámase ya _Corvos Marinos_. Los
nombres de San Jorge y de Corvo no fueron, pues, dados por los
portugueses en 1449, sino por otros pueblos de la Europa latina.
Los dos pueblos rivales y aventureros en la Edad Media, los normandos
y los árabes, fueron, sin duda, los que entonces[392] propagaron
noticias ciertas acerca del archipiélago de las Azores. Algunos
historiadores[393] suponen en el siglo IX el descubrimiento hecho
por los normandos. El geógrafo de Nubia, que es del siglo XII,
conoce en el Atlántico (en el _mar Tenebroso_) «la isla de _Raka_,
que es la de las _Aves_, habitada por grandes águilas ó buitres, que
se alimentaban con pescados y volaban de continuo alrededor de la
isla[394]. Ebn-al-Uardi[395] conoce, según parece, esta misma isla
con el nombre de _Thouïur_ (ó de las Aves), y dice que las águilas
rojas, provistas de enormes garras, se reunen allí y cazan lejos de
las costas en plena mar. Un rey de los francos (según dice Hucaïli)
envió á dicha isla un barco para ver aquellas aves; pero el buque
naufragó».
Los comentadores de los geógrafos árabes reconocieron desde hace largo
tiempo que la denominación de isla de los Azores (_Insule Accipitrum_)
no es más que la traduccion portuguesa de islas de los Buitres, ó de los
Halcones de Edrisi.
Las tres islas del Brasil (Brazie, Brazir ó de Mayotas), que señalan
casi todos los portulanos[396] del siglo XIV (por ejemplo, el de
Pizigano, trazado en 1367) entre los paralelos del cabo de San Vicente y
de Irlanda, son, sin duda, también islas del grupo Raka y de las
Azores[397]. Quizá el nombre mismo de Antillia, que por primera vez
aparece en un mapa veneciano de 1436, es sólo una forma portuguesa dada
á un nombre geográfico de los árabes. La etimología que se arriesga á
dar M. Buache paréceme muy ingeniosa, y, sobre todo, resulta probable si
se la adapta con alguna más precisión al carácter propio de las lenguas
semíticas. «En el número de las islas desconocidas que describe Edrisi
(Pars prima, Climatis tertii, p. 71), y que son, al parecer, dice M.
Buache[398], las Azores, hay una llamada _Mustaschin_; Ebn-al-Uardi la
llama Tinnin[399], lo cual significa isla de las Serpientes. Es creíble
que la palabra Antillia tenga la misma significación, y que se derive de
la palabra _tinnin_, como la de _Anjuan_ se deriva de la de _Juan_, que
se encuentra en muchos mapas antiguos». La última analogía no es
afortunada. La sílaba inicial paréceme mejor una corrupción del artículo
árabe de Al’-Tinnin, y de Al-tin se habrá hecho poco á poco Antinna y
Antilla; como, por un cambio análogo de consonantes, los españoles
hicieron, de _crocodile_, _corcodilo_ y _cocodrilo_. El dragón se llama
en árabe _Al Tin_, y la Antilia es quizá la isla de los Dragones
Marinos[400]; interpretación que parece confirmada por la figura de
hombre que es arrastrado hacia el mar por un grupo de serpientes, figura
puesta por Pizigano cerca de su isla de _Brazir_, y por las grandes
serpientes esculpidas en un monumento hecho de piedra, de que habla
Thevet, asunto que discutiremos más adelante. También puedo citar la
isla _Danmar_ (isla del vaso ó receptáculo de serpientes), que el mapa
de Bedrazio, de que antes he hablado, sitúa al lado de Antillia[401].
La palabra Antillia, sustituída por _Antilha_, puede, sin duda,
descomponerse en dos palabras portuguesas: _ante_ é _ilha_; pero,
conforme á la analogía de Antiparos, Anticirrha y Antibacchus[402],
significa, no lo que es opuesto á un continente, sino á otras
islas[403]. Nunca pusieron un nombre tan general y dogmático los
marinos, que _individualizan_ todo, y atienden con preferencia á las
condiciones de forma, de color ó de producciones.
La lectura de los últimos capítulos de Marco Polo podía infundir
esperanzas á un geógrafo teórico, como lo era Toscanelli, de que,
navegando desde Portugal hacia el Oeste, se encontraría, antes de llegar
al continente de Asia, la larga serie de islas que se extiende desde
Zipangu á Selendiv; pero ¿por qué dar á una sola grande isla, que se
suponía situada en el archipiélago de las Azores, ó cerca de él, el
nombre sistemático de Antilha?
Un literato distinguido creyó descubrir recientemente la explicación del
enigma en un pasaje de la obra de Aristóteles _De Mundo_[404], que antes
he examinado, y que trata de la existencia probable de tierras
desconocidas opuestas á la masa de continentes que habitamos. «Estas
tierras, grandes ó pequeñas, cuyas orillas están frente á las nuestras,
encuéntranse señaladas, dice, con la palabra _antiporthmoi_, que en la
Edad Media se tradujo _Antinsulæ_.»
Esta traducción es, para mí, injustificada. La Beocia y la Eubea,
separadas por un estrecho (el Euripo), son recíprocamente
_antiporthmoi_, y la palabra portuguesa inusitada de _Antilha_ no tiene
significación en griego. La traducción latina del libro _De Mundo_,
atribuída á Apuleyo, no ha podido dar origen á la denominación de
Antínsula, porque Apuleyo no fijó bien la atención[405] en la palabra
ἀντίπορθμος, y su libro es, además, una paráfrasis, suprimiendo ó
añadiendo lo que se le antoja[406].