Colón no supo los viajes de los escandinavos á la América
septentrional.
Referidos los sucesos que impulsaron al descubrimiento del continente
americano, por las estaciones intermedias de las islas Færoë, la
Islandia y la Groenlandia, resta examinar si Cristóbal Colón supo algo
de este descubrimiento, ó si pudo comprender la relación que tenía con
sus proyectos.
La única base de esta cuestión es un párrafo mal interpretado de la
_Vida del Almirante_, escrita por su hijo don Fernando. Al dar á conocer
las ocupaciones del grande hombre, antes de su llegada á España, cita
don Fernando el _Tratado de las cinco zonas habitables_, cuyo autor
(Cristóbal Colón), á fin de probar la posibilidad de la habitación por
la experiencia de sus propios viajes, dice lo siguiente: «En el año de
1477, por Febrero, navegué más allá de Tyle cien leguas, cuya parte
austral dista de la equinoccial 73 grados, y no 63 como quieren algunos,
y no está sita dentro de la línea que incluye al Occidente Ptolomeo,
sino es mucho más occidental; y los ingleses, principalmente los de
Brístol, van con sus mercaderías á esta isla, que es tan grande como
Inglaterra; cuando yo fui allá no estaba helado el mar, aunque las
mareas eran tan gruesas que subían 26 brazas y bajaban otro tanto.
Verdad es que Tyle, de quien Ptolomeo hace mencion, está en el sitio
donde dice y hoy se llama Frislanda.»
Este párrafo es doblemente notable á causa del nombre de Frislanda,
célebre por los viajes de los venecianos Nicolás y Antonio Zeni, que
fueron al Norte en 1388 y 1404. Colón no conoció seguramente el Diario
manuscrito de Antonio Zeno, que, como sabemos, quedó olvidado en poder
de su familia hasta 1558, en que vió la luz[291] la edición de
Marcolini, cincuenta y dos años después de la muerte del Almirante y
diez y ocho después de la de su hijo D. Fernando, que, por tanto, nada
pudo tomar de él[292]. No fueron, pues, los hermanos Zeni quienes
inventaron el nombre de Frislanda, que no debemos confundir[293] con la
isla de los Bacalaos (isla de Stockfich, _Stokafixa_), del septimo mapa
de Andrés Bianco, dibujado en 1436.
Recordando la permanencia del Almirante en Lisboa desde 1470 á 1484,
llama la atención la fecha de su viaje á _Tile_ en 1477, sobre todo de
un viaje á las regiones árticas en el rigor del invierno. Haré observar
primero que su estancia en Portugal fué mucho menos permanente de lo que
se acostumbra á suponer. No cabe duda de que Colón tomó parte en cuatro
expediciones antes de 1484, á saber: á Túnez, al archipiélago griego, á
Islandia y á la costa de Guinea, sin contar los frecuentes viajes á
Porto Santo, donde residía su mujer D.ª Felipa Muñiz Perestrello y
donde nació D. Diego Colón. Lo incierto no son los acontecimientos
mismos, sino su orden cronológico, y esta incertidumbre alcanza también
á la prioridad de los ofrecimientos que el Almirante hizo á varias
potencias, por ejemplo, á la República de Genova[294] y á los Reyes de
Portugal y de Inglaterra.
Los biógrafos modernos (exceptuando á Spotorno y al juicioso Washington
Irving) han ordenado los hechos de la manera más arbitraria, mientras el
mismo D. Fernando Colón confiesa que la época del viaje de su padre «á
la Mina ó á Guinea le parece bastante dudosa»[295]. «Yo he pasado
veintitrés años en el mar, dice el Almirante; he visto todo el Levante y
el Occidente y el Norte; he ido muchas veces de Lisboa á la costa de
Guinea, pero en parte alguna encontré tan excelentes puertos como en
esta tierra de la India (el Nuevo Mundo).» Como esta comparación prueba
que el párrafo citado por don Fernando es posterior á 1492, y como el
Almirante asegura, según su mismo biógrafo, que navegó «desde la edad
más tierna», á los catorce años, el cálculo de los veintitrés años
pasados en el mar puede ser exacto[296] suponiendo, como lo afirma
Navarrete, que Colón nació en 1436.
Las aventuras de este grande hombre en el Mediterráneo se reducen á un
viaje á Chío, que poseían entonces los Giustiniani de Génova, «donde vió
coger el almáciga»; al mando de unas galeras genovesas en las cercanías
de la isla de Chipre[297] durante la guerra con los venecianos; á una
expedición á Túnez por cuenta del rey Renato de Anjou y á los viajes que
parece hizo con un marino célebre en su época, que Fernando Colón llama
Colón _el mozo_, para distinguirle de un tío de éste, que fué capitán de
las armadas navales del Rey de Francia en 1476.
La expedición á Túnez tuvo por objeto capturar una galera (probablemente
napolitana), la _Fernandina_, estacionada en las costas de Africa. Colón
refiere, en una carta (escrita á los Reyes Católicos desde la Española)
fechada en el mes de Enero de 1495[298], cómo por un ardid, «cuando el
difunto rey Renato (_Reinel_) le envió á Túnez», apaciguó una
insurrección de marineros cerca del islote de San Pedro, en la costa
occidental de Cerdeña. Se coloca este hecho en 1473[299], acaso porque
en 1472 guerreaba con los turcos Fernando, hijo natural del rey Alfonso
de Nápoles, y podía bloquear el puerto de Túnez; pero en esta época el
bueno y poético rey Renato ocupábase tranquilamente de pinturas y
fiestas pastorales en Provenza, perdidas ya todas sus esperanzas de
hacer valer sus derechos sobre Sicilia y Aragón, desde que murió en
Barcelona, en 1470, su hijo Juan II, duque de Calabria.
La expedición que Colón hizo por cuenta del rey Renato debió
corresponder necesariamente al intervalo entre los años de 1459 y 1470,
y creo que fuera desde 1461 á 1463, cuando, con ayuda de los genoveses,
procuró Juan II, duque de Calabria, conquistar á Nápoles, donde reinaba
Fernando, de la casa de Aragón. Esta circunstancia es, en mi concepto,
un motivo más para considerar exacta la opinión de los que sostienen que
Colón nació en 1436 y no en 1446; porque á la edad de diez y siete años
no se tiene el mando de un buque de guerra, ni se representan los
intereses de un soberano extranjero.
Más difícil es determinar la época que Colón navegó en las galeras de
_Colón el mozo_. Muñoz es el primero en probar, por medio de los anales
de Marco Antonio Coccejo (Sabellico), que la novelesca aventura descrita
por Fernando Colón para explicar la llegada de su padre á Lisboa en
1474, no pudo realizarse hasta 1485, es decir, cuando éste había salido
ya de Portugal. Fue, pues, en otra época cuando Colón navegó («durante
largo tiempo») con _Colon el mozo_, cuyo parentesco estimaba en mucho,
porque, hijo de un fabricante de paños (su padre vivía aún en 1494, y su
nombre figura entre los testigos en un testamento de esta época, _textor
pannorum_), dice con orgullo en un fragmento de sus escritos que ha
llegado hasta nosotros. «Yo no soy el primer almirante de mi familia.»
La expedición á la costa de Guinea y «_al fuerte de San Jorge de la
Mina_» del Rey de Portugal, necesariamente es posterior á 1481, porque
hasta entonces, según dije antes, no se construyó esta fortaleza.
Cualquiera que sea el año en que Colón hizo su viaje al Norte (Muñoz y
Barrow[300] lo suponen antes de la llegada del Almirante á Portugal),
«nada indica que este viaje le haya conducido á la costa de Groenlandia,
más allá del limite occidental del mundo conocido por Ptolomeo, y que
llegara al Nuevo Mundo, sin advertirlo, quince ó veinte años antes del
descubrimiento de las Antillas»[301]. Se ha interpretado muy mal el
único párrafo de las _cinco zonas_ en que se trata de la expedición al
Norte y que copié anteriormente. Colón distingue con gran sagacidad dos
islas de Thulé (para nombrarla usa la ortografía de muchos manuscritos
antiguos que escriben Thyle, Thile y Tyle)[302], una mas septentrional
situada al NO., grande como Inglaterra, y otra más meridional y más
pequeña, llamada Frislanda. Considera esta última como la Thulé de
Ptolomeo, y añade que está situada donde Ptolomeo indica, á los 63° de
latitud. Yo creo que lo que distingue es la Thulé de Dicuil (Islandia),
y las Færoe ó Mainland, la isla principal del archipielago de las
Shetland la Thulé de Plinio de Tácito, de Solino, y verosímilmente de
Pytheas, si Solino no tomó los datos de dos relaciones, una de las
cuales se refería á Islandia[303]. Podría decirse que Colón había
adivinado lo que las investigaciones geográficas han hecho cada vez más
probable en los tiempos modernos.
Cierto es que las latitudes que Colón atribuye á las dos islas de Thulé
no convienen ni á la costa meridional de Islandia ni al grupo de las
islas Shetland. La primera se encuentra á 63½° y no á 73°; las
Shetland están á los 60½° y no á los 63°; pero las posiciones que el
Almirante indica no son resultado de observación propia de las alturas
meridianas del sol durante una navegación invernal en climas brumosos.
Al identificar Frislanda con la Thulé de Ptolomeo, adopta también Colón
la latitud de este geógrafo, y supone Islandia 10° más al Norte que
Frislanda, mientras que desde Mainland á la costa más boreal de Islandia
apenas hay 6½°. Esta exageración no es extraña respecto á la _última
Thulé_.
Tampoco se debe pedir cuenta á Colón de las cien leguas que se alaba
haber navegado más allá de la Thulé más septentrional, y que le
llevaron, según su cálculo, hasta los 78° de latitud, bastante más lejos
de los paralelos de las tierras de Scoresby y de Edam. La vaguedad de
estas valuaciones numéricas no debe obligarnos á rechazar el hecho de
una expedición á los mares de Islandia, á una isla muy grande donde el
comercio y la pesca atraían á los comerciantes de Bristol. Olafsen nos
enseña que, desde la primera mitad del siglo XV, los ingleses
frecuentaban mucho los puertos meridionales de Islandia, sobre todo
Thorlaks-Hafn, y que los obispos del país favorecían el comercio
británico.
Un antiguo poema inglés (_The policie of keeping the sea_), que Hakluyt
nos ha dado á conocer, confirma la frecuencia de las comunicaciones
entre Brístol é Islandia, en la época de los primeros viajes de
Sebastián Cabot.
Lo que Colón dice de grandes mareas y del mar libre de hielo al Norte de
Thulé, refiérese sin duda á lo que había leído en las compilaciones
geográficas de la Edad Media, sobre la concreción de los elementos ó el
_pulmón marino_ del Océano boreal, como acerca del _æstus supra
Britanniam octogenis cubitis intumescentes_. Era costumbre de entonces
tener siempre á la vista los asertos de los antiguos para confirmarlos ó
rectificarlos según se presentaba la ocasión.
La hipótesis enunciada por Malte Brun de que Colón hubiera sabido en
Frislanda ó en Islandia el viaje de los hermanos Zeni y el
descubrimiento de la América septentrional por los escandinavos, es muy
poco probable. Colón buscaba el camino de la India para llegar por el
Oeste al país de las especias, y aunque supiera que los colonos
escandinavos de la Groenlandia habían descubierto el Vinland, y que los
pescadores de Frislanda habían llegado á una tierra llamada Drogeo, no
creería seguramente que tales noticias tuvieran relación alguna con sus
proyectos. Vinland y Drogeo tuvieron interés para nosotros cuando se
adquirió la certidumbre de la continuidad de las costas desde el cabo de
Paria hasta la desembocadura del San Lorenzo.
Además, en la segunda mitad del siglo XV, cuando hacía ya trescientos
cincuenta años que toda navegación al Vinland estaba interrumpida, el
recuerdo de los descubrimientos groenlandeses no podía permanecer tan
vivo en Islandia que llegara la noticia á conocimiento de un marino
genovés, al cual seguramente le importaban tan poco los _Sagas_ del
país, como los manuscritos de Adam de Brema.
Este célebre canónigo geógrafo, que describe la Curlandia y una parte de
Prusia como formando islas en el Báltico[304], conoció sin duda el
Vinland desde el siglo XI; pero su _Historia eclesiástica_ y su
_Corografía escandinava_ fueron impresas por primera vez setenta y tres
años después de muerto Colón.
El mérito de haber reconocido el primer descubrimiento de la América
continental por los normandos, pertenece indudablemente al geógrafo
Ortelio, que emitió esta opinión desde el año 1570, casi en vida de
Bartolomé de las Casas, el célebre contemporáneo de Colón y de
Cortés[305]. «Lo único hecho por Cristóbal Colón, dice Ortelio, es poner
el Nuevo Mundo en comunicaciones estables de comercio y utilidad con
Europa»[306]. Este juicio es mucho más severo. Por lo demás, las
opiniones del geógrafo no se basaban en las expediciones al Vinland, que
para nada menciona (quizá porque las obras de Adam de Brema no fueron
impresas hasta 1579,) sino en los viajes de Nicolás y Antonio Zeni,
1388-1404, á pesar de haber sido siempre problemática la localidad á
donde llegaron[307].
Nada diré de este asunto, acerca del cual se han agotado ya, según
parece, todas las combinaciones posibles[308]. Hablar de una isla Icaria
donde reina un rey Icarus, hijo de Dædalus, rey de Escocia, parece á
primera vista que es comprender estos viajes entre los mitos
geográficos; pero el ejemplo mismo de Cristóbal Colón, que creia oir en
boca de los indígenas de Haïtí, de Cuba y de Veragua los nombres de las
ciudades citadas por Marco Polo, nos prueba cuánto desfiguran los
viajeros los sonidos de las lenguas que ignoran, sobre todo cuando
dirige sus interpretaciones una falsa erudición.
Examinando imparcialmente la relación de los Zeni, encuéntrase en ella
ingenuidad y descripciones detalladas de objetos de que por nada, en
Europa, podían tener idea. Si, como pretende Torfæus en el prefacio de
su obra sobre el Vinland, el libro de los Zeni fuera una ficción
destinada á empañar la gloria de Colón, el editor hubiera procurado sin
duda relacionar los descubrimientos venecianos, si no con los del marino
genovés, al menos con los descubrimientos boreales de los _Bacallaos_ de
Cabot ó de Gómez. Hubiera además insistido en la prioridad de la
expedición de los Zeni hacia las costas del Nuevo Mundo; hubiera dicho
que los viajes posteriores á la Florida y Méjico habían probado cuán
exacto era lo que los pescadores de Frislanda supieron al arribar al
«mundo nuevo» de Drogeo acerca de la riqueza y de la civilización de los
pueblos (americanos) situados hacia el Sur y el Sureste. El aislamiento
de los hechos y la falta de recriminaciones disipan la sospecha de
impostura; pero la confusión extrema que reina en los datos numéricos de
las distancias y de los días de navegación, parece probar el desorden
con que fueron redactados y el deplorable estado de unos manuscritos
que, en parte, debieron destrozar los herederos de los viajeros Zeni,
ignorando su valor.
Según ya he recordado, ni Andrés Bianco, ni su maestro Fra Mauro en el
mapamundi trazado en la misma Venecia desde 1457 á 1470, nombran la
Frislanda que Eggers, Buache y Malte Brun toman por el grupo de las
Færoë. Esta proximidad á Escocia hace probable la facilidad con que
vemos que en 1391 Nicolás Zeni se reune con su hermano Antonio; pero el
silencio de Fra Mauro[309], geógrafo veneciano de inmensa erudición, y
la ignorancia absoluta del nombre de Frislanda en los _Sagas_ y en los
anales de Islandia[310] y de Noruega, son dos circunstancias muy
difíciles de explicar.
Pero resulta siempre cierto que Colón no aprendió en su viaje á Thulé
nada que pudiera favorecer sus vastos proyectos.[311] Ni en el pleito
entre el fisco y D. Diego Colón, en el cual todas las inculpaciones
acerca de la novedad del descubrimiento fueron discutidas y estimadas en
su verdadero valer, ni en los primeros cincuenta y cinco años que
siguieron al pleito, se ha hablado nada de descubrimiento de la América
septentrional anterior á 1492.
La Groenlandia, que se creía tan inmediata á Noruega que en el mapa de
los Zeni todavía figura como una prolongación peninsular de la
Escandinavia, fué considerada en toda la Edad Media como perteneciente á
los mares de Europa, y la idea de relacionar la historia de su primera
colonización con la del descubrimiento de las _Nuevas Indias_, no pudo
ocurrírsele ni á los más crueles enemigos de Colón.