XIV.

Colón no supo los viajes de los escandinavos á la América

septentrional.

Referidos los sucesos que impulsaron al descubrimiento del continente

americano, por las estaciones intermedias de las islas Færoë, la

Islandia y la Groenlandia, resta examinar si Cristóbal Colón supo algo

de este descubrimiento, ó si pudo comprender la relación que tenía con

sus proyectos.

La única base de esta cuestión es un párrafo mal interpretado de la

_Vida del Almirante_, escrita por su hijo don Fernando. Al dar á conocer

las ocupaciones del grande hombre, antes de su llegada á España, cita

don Fernando el _Tratado de las cinco zonas habitables_, cuyo autor

(Cristóbal Colón), á fin de probar la posibilidad de la habitación por

la experiencia de sus propios viajes, dice lo siguiente: «En el año de

1477, por Febrero, navegué más allá de Tyle cien leguas, cuya parte

austral dista de la equinoccial 73 grados, y no 63 como quieren algunos,

y no está sita dentro de la línea que incluye al Occidente Ptolomeo,

sino es mucho más occidental; y los ingleses, principalmente los de

Brístol, van con sus mercaderías á esta isla, que es tan grande como

Inglaterra; cuando yo fui allá no estaba helado el mar, aunque las

mareas eran tan gruesas que subían 26 brazas y bajaban otro tanto.

Verdad es que Tyle, de quien Ptolomeo hace mencion, está en el sitio

donde dice y hoy se llama Frislanda.»

Este párrafo es doblemente notable á causa del nombre de Frislanda,

célebre por los viajes de los venecianos Nicolás y Antonio Zeni, que

fueron al Norte en 1388 y 1404. Colón no conoció seguramente el Diario

manuscrito de Antonio Zeno, que, como sabemos, quedó olvidado en poder

de su familia hasta 1558, en que vió la luz[291] la edición de

Marcolini, cincuenta y dos años después de la muerte del Almirante y

diez y ocho después de la de su hijo D. Fernando, que, por tanto, nada

pudo tomar de él[292]. No fueron, pues, los hermanos Zeni quienes

inventaron el nombre de Frislanda, que no debemos confundir[293] con la

isla de los Bacalaos (isla de Stockfich, _Stokafixa_), del septimo mapa

de Andrés Bianco, dibujado en 1436.

Recordando la permanencia del Almirante en Lisboa desde 1470 á 1484,

llama la atención la fecha de su viaje á _Tile_ en 1477, sobre todo de

un viaje á las regiones árticas en el rigor del invierno. Haré observar

primero que su estancia en Portugal fué mucho menos permanente de lo que

se acostumbra á suponer. No cabe duda de que Colón tomó parte en cuatro

expediciones antes de 1484, á saber: á Túnez, al archipiélago griego, á

Islandia y á la costa de Guinea, sin contar los frecuentes viajes á

Porto Santo, donde residía su mujer D.ª Felipa Muñiz Perestrello y

donde nació D. Diego Colón. Lo incierto no son los acontecimientos

mismos, sino su orden cronológico, y esta incertidumbre alcanza también

á la prioridad de los ofrecimientos que el Almirante hizo á varias

potencias, por ejemplo, á la República de Genova[294] y á los Reyes de

Portugal y de Inglaterra.

Los biógrafos modernos (exceptuando á Spotorno y al juicioso Washington

Irving) han ordenado los hechos de la manera más arbitraria, mientras el

mismo D. Fernando Colón confiesa que la época del viaje de su padre «á

la Mina ó á Guinea le parece bastante dudosa»[295]. «Yo he pasado

veintitrés años en el mar, dice el Almirante; he visto todo el Levante y

el Occidente y el Norte; he ido muchas veces de Lisboa á la costa de

Guinea, pero en parte alguna encontré tan excelentes puertos como en

esta tierra de la India (el Nuevo Mundo).» Como esta comparación prueba

que el párrafo citado por don Fernando es posterior á 1492, y como el

Almirante asegura, según su mismo biógrafo, que navegó «desde la edad

más tierna», á los catorce años, el cálculo de los veintitrés años

pasados en el mar puede ser exacto[296] suponiendo, como lo afirma

Navarrete, que Colón nació en 1436.

Las aventuras de este grande hombre en el Mediterráneo se reducen á un

viaje á Chío, que poseían entonces los Giustiniani de Génova, «donde vió

coger el almáciga»; al mando de unas galeras genovesas en las cercanías

de la isla de Chipre[297] durante la guerra con los venecianos; á una

expedición á Túnez por cuenta del rey Renato de Anjou y á los viajes que

parece hizo con un marino célebre en su época, que Fernando Colón llama

Colón _el mozo_, para distinguirle de un tío de éste, que fué capitán de

las armadas navales del Rey de Francia en 1476.

La expedición á Túnez tuvo por objeto capturar una galera (probablemente

napolitana), la _Fernandina_, estacionada en las costas de Africa. Colón

refiere, en una carta (escrita á los Reyes Católicos desde la Española)

fechada en el mes de Enero de 1495[298], cómo por un ardid, «cuando el

difunto rey Renato (_Reinel_) le envió á Túnez», apaciguó una

insurrección de marineros cerca del islote de San Pedro, en la costa

occidental de Cerdeña. Se coloca este hecho en 1473[299], acaso porque

en 1472 guerreaba con los turcos Fernando, hijo natural del rey Alfonso

de Nápoles, y podía bloquear el puerto de Túnez; pero en esta época el

bueno y poético rey Renato ocupábase tranquilamente de pinturas y

fiestas pastorales en Provenza, perdidas ya todas sus esperanzas de

hacer valer sus derechos sobre Sicilia y Aragón, desde que murió en

Barcelona, en 1470, su hijo Juan II, duque de Calabria.

La expedición que Colón hizo por cuenta del rey Renato debió

corresponder necesariamente al intervalo entre los años de 1459 y 1470,

y creo que fuera desde 1461 á 1463, cuando, con ayuda de los genoveses,

procuró Juan II, duque de Calabria, conquistar á Nápoles, donde reinaba

Fernando, de la casa de Aragón. Esta circunstancia es, en mi concepto,

un motivo más para considerar exacta la opinión de los que sostienen que

Colón nació en 1436 y no en 1446; porque á la edad de diez y siete años

no se tiene el mando de un buque de guerra, ni se representan los

intereses de un soberano extranjero.

Más difícil es determinar la época que Colón navegó en las galeras de

_Colón el mozo_. Muñoz es el primero en probar, por medio de los anales

de Marco Antonio Coccejo (Sabellico), que la novelesca aventura descrita

por Fernando Colón para explicar la llegada de su padre á Lisboa en

1474, no pudo realizarse hasta 1485, es decir, cuando éste había salido

ya de Portugal. Fue, pues, en otra época cuando Colón navegó («durante

largo tiempo») con _Colon el mozo_, cuyo parentesco estimaba en mucho,

porque, hijo de un fabricante de paños (su padre vivía aún en 1494, y su

nombre figura entre los testigos en un testamento de esta época, _textor

pannorum_), dice con orgullo en un fragmento de sus escritos que ha

llegado hasta nosotros. «Yo no soy el primer almirante de mi familia.»

La expedición á la costa de Guinea y «_al fuerte de San Jorge de la

Mina_» del Rey de Portugal, necesariamente es posterior á 1481, porque

hasta entonces, según dije antes, no se construyó esta fortaleza.

Cualquiera que sea el año en que Colón hizo su viaje al Norte (Muñoz y

Barrow[300] lo suponen antes de la llegada del Almirante á Portugal),

«nada indica que este viaje le haya conducido á la costa de Groenlandia,

más allá del limite occidental del mundo conocido por Ptolomeo, y que

llegara al Nuevo Mundo, sin advertirlo, quince ó veinte años antes del

descubrimiento de las Antillas»[301]. Se ha interpretado muy mal el

único párrafo de las _cinco zonas_ en que se trata de la expedición al

Norte y que copié anteriormente. Colón distingue con gran sagacidad dos

islas de Thulé (para nombrarla usa la ortografía de muchos manuscritos

antiguos que escriben Thyle, Thile y Tyle)[302], una mas septentrional

situada al NO., grande como Inglaterra, y otra más meridional y más

pequeña, llamada Frislanda. Considera esta última como la Thulé de

Ptolomeo, y añade que está situada donde Ptolomeo indica, á los 63° de

latitud. Yo creo que lo que distingue es la Thulé de Dicuil (Islandia),

y las Færoe ó Mainland, la isla principal del archipielago de las

Shetland la Thulé de Plinio de Tácito, de Solino, y verosímilmente de

Pytheas, si Solino no tomó los datos de dos relaciones, una de las

cuales se refería á Islandia[303]. Podría decirse que Colón había

adivinado lo que las investigaciones geográficas han hecho cada vez más

probable en los tiempos modernos.

Cierto es que las latitudes que Colón atribuye á las dos islas de Thulé

no convienen ni á la costa meridional de Islandia ni al grupo de las

islas Shetland. La primera se encuentra á 63½° y no á 73°; las

Shetland están á los 60½° y no á los 63°; pero las posiciones que el

Almirante indica no son resultado de observación propia de las alturas

meridianas del sol durante una navegación invernal en climas brumosos.

Al identificar Frislanda con la Thulé de Ptolomeo, adopta también Colón

la latitud de este geógrafo, y supone Islandia 10° más al Norte que

Frislanda, mientras que desde Mainland á la costa más boreal de Islandia

apenas hay 6½°. Esta exageración no es extraña respecto á la _última

Thulé_.

Tampoco se debe pedir cuenta á Colón de las cien leguas que se alaba

haber navegado más allá de la Thulé más septentrional, y que le

llevaron, según su cálculo, hasta los 78° de latitud, bastante más lejos

de los paralelos de las tierras de Scoresby y de Edam. La vaguedad de

estas valuaciones numéricas no debe obligarnos á rechazar el hecho de

una expedición á los mares de Islandia, á una isla muy grande donde el

comercio y la pesca atraían á los comerciantes de Bristol. Olafsen nos

enseña que, desde la primera mitad del siglo XV, los ingleses

frecuentaban mucho los puertos meridionales de Islandia, sobre todo

Thorlaks-Hafn, y que los obispos del país favorecían el comercio

británico.

Un antiguo poema inglés (_The policie of keeping the sea_), que Hakluyt

nos ha dado á conocer, confirma la frecuencia de las comunicaciones

entre Brístol é Islandia, en la época de los primeros viajes de

Sebastián Cabot.

Lo que Colón dice de grandes mareas y del mar libre de hielo al Norte de

Thulé, refiérese sin duda á lo que había leído en las compilaciones

geográficas de la Edad Media, sobre la concreción de los elementos ó el

_pulmón marino_ del Océano boreal, como acerca del _æstus supra

Britanniam octogenis cubitis intumescentes_. Era costumbre de entonces

tener siempre á la vista los asertos de los antiguos para confirmarlos ó

rectificarlos según se presentaba la ocasión.

La hipótesis enunciada por Malte Brun de que Colón hubiera sabido en

Frislanda ó en Islandia el viaje de los hermanos Zeni y el

descubrimiento de la América septentrional por los escandinavos, es muy

poco probable. Colón buscaba el camino de la India para llegar por el

Oeste al país de las especias, y aunque supiera que los colonos

escandinavos de la Groenlandia habían descubierto el Vinland, y que los

pescadores de Frislanda habían llegado á una tierra llamada Drogeo, no

creería seguramente que tales noticias tuvieran relación alguna con sus

proyectos. Vinland y Drogeo tuvieron interés para nosotros cuando se

adquirió la certidumbre de la continuidad de las costas desde el cabo de

Paria hasta la desembocadura del San Lorenzo.

Además, en la segunda mitad del siglo XV, cuando hacía ya trescientos

cincuenta años que toda navegación al Vinland estaba interrumpida, el

recuerdo de los descubrimientos groenlandeses no podía permanecer tan

vivo en Islandia que llegara la noticia á conocimiento de un marino

genovés, al cual seguramente le importaban tan poco los _Sagas_ del

país, como los manuscritos de Adam de Brema.

Este célebre canónigo geógrafo, que describe la Curlandia y una parte de

Prusia como formando islas en el Báltico[304], conoció sin duda el

Vinland desde el siglo XI; pero su _Historia eclesiástica_ y su

_Corografía escandinava_ fueron impresas por primera vez setenta y tres

años después de muerto Colón.

El mérito de haber reconocido el primer descubrimiento de la América

continental por los normandos, pertenece indudablemente al geógrafo

Ortelio, que emitió esta opinión desde el año 1570, casi en vida de

Bartolomé de las Casas, el célebre contemporáneo de Colón y de

Cortés[305]. «Lo único hecho por Cristóbal Colón, dice Ortelio, es poner

el Nuevo Mundo en comunicaciones estables de comercio y utilidad con

Europa»[306]. Este juicio es mucho más severo. Por lo demás, las

opiniones del geógrafo no se basaban en las expediciones al Vinland, que

para nada menciona (quizá porque las obras de Adam de Brema no fueron

impresas hasta 1579,) sino en los viajes de Nicolás y Antonio Zeni,

1388-1404, á pesar de haber sido siempre problemática la localidad á

donde llegaron[307].

Nada diré de este asunto, acerca del cual se han agotado ya, según

parece, todas las combinaciones posibles[308]. Hablar de una isla Icaria

donde reina un rey Icarus, hijo de Dædalus, rey de Escocia, parece á

primera vista que es comprender estos viajes entre los mitos

geográficos; pero el ejemplo mismo de Cristóbal Colón, que creia oir en

boca de los indígenas de Haïtí, de Cuba y de Veragua los nombres de las

ciudades citadas por Marco Polo, nos prueba cuánto desfiguran los

viajeros los sonidos de las lenguas que ignoran, sobre todo cuando

dirige sus interpretaciones una falsa erudición.

Examinando imparcialmente la relación de los Zeni, encuéntrase en ella

ingenuidad y descripciones detalladas de objetos de que por nada, en

Europa, podían tener idea. Si, como pretende Torfæus en el prefacio de

su obra sobre el Vinland, el libro de los Zeni fuera una ficción

destinada á empañar la gloria de Colón, el editor hubiera procurado sin

duda relacionar los descubrimientos venecianos, si no con los del marino

genovés, al menos con los descubrimientos boreales de los _Bacallaos_ de

Cabot ó de Gómez. Hubiera además insistido en la prioridad de la

expedición de los Zeni hacia las costas del Nuevo Mundo; hubiera dicho

que los viajes posteriores á la Florida y Méjico habían probado cuán

exacto era lo que los pescadores de Frislanda supieron al arribar al

«mundo nuevo» de Drogeo acerca de la riqueza y de la civilización de los

pueblos (americanos) situados hacia el Sur y el Sureste. El aislamiento

de los hechos y la falta de recriminaciones disipan la sospecha de

impostura; pero la confusión extrema que reina en los datos numéricos de

las distancias y de los días de navegación, parece probar el desorden

con que fueron redactados y el deplorable estado de unos manuscritos

que, en parte, debieron destrozar los herederos de los viajeros Zeni,

ignorando su valor.

Según ya he recordado, ni Andrés Bianco, ni su maestro Fra Mauro en el

mapamundi trazado en la misma Venecia desde 1457 á 1470, nombran la

Frislanda que Eggers, Buache y Malte Brun toman por el grupo de las

Færoë. Esta proximidad á Escocia hace probable la facilidad con que

vemos que en 1391 Nicolás Zeni se reune con su hermano Antonio; pero el

silencio de Fra Mauro[309], geógrafo veneciano de inmensa erudición, y

la ignorancia absoluta del nombre de Frislanda en los _Sagas_ y en los

anales de Islandia[310] y de Noruega, son dos circunstancias muy

difíciles de explicar.

Pero resulta siempre cierto que Colón no aprendió en su viaje á Thulé

nada que pudiera favorecer sus vastos proyectos.[311] Ni en el pleito

entre el fisco y D. Diego Colón, en el cual todas las inculpaciones

acerca de la novedad del descubrimiento fueron discutidas y estimadas en

su verdadero valer, ni en los primeros cincuenta y cinco años que

siguieron al pleito, se ha hablado nada de descubrimiento de la América

septentrional anterior á 1492.

La Groenlandia, que se creía tan inmediata á Noruega que en el mapa de

los Zeni todavía figura como una prolongación peninsular de la

Escandinavia, fué considerada en toda la Edad Media como perteneciente á

los mares de Europa, y la idea de relacionar la historia de su primera

colonización con la del descubrimiento de las _Nuevas Indias_, no pudo

ocurrírsele ni á los más crueles enemigos de Colón.

Cristóbal Colón y el descubrimiento de América, Tomo 1 Historia de la geografía del nuevo continente y de los progresos de la astronomía náutica en los siglos XV y XVI · 第 22 / 43 题