Viajes de los escandinavos al Nuevo Mundo en los siglos XI y XII.
Existe en los mudables destinos de la civilización y del estado social
de los pueblos algo permanente y estable que se relaciona con la
configuración de las tierras, su aislamiento mayor ó menor, las
influencias del clima y los agentes físicos en general. Acabamos de ver
que el estado de barbarie en que se encontraban las costas opuestas de
los continentes de Asia y América donde más se aproximan, excluía, al
parecer, cualquier empresa de emigración ó de navegación lejana en
tiempos remotos. Reservado estaba á la parte más septentrional del
Atlántico, donde la Escandinavia insular de América (la Groenlandia) se
aproxima á una distancia de ochocientas á novecientas millas marinas á
Escocia y á Noruega, dar ocasión al descubrimiento de América por el
lado oriental.
Dos circunstancias favorecieron este descubrimiento, que coincide con el
principio del siglo xi de nuestra era. La primera corresponde á la
geografía física. Entre los paralelos de 58°½ y 64°, el canal del
Atlántico, ya bastante estrecho, está sembrado de muchos grupos de islas
(las Orcades, las Færoë, Islandia) que presentan una serie de estaciones
intermedias, y conducen, por los antiguos levantamientos volcánicos (las
doleritas y las traquitas)[274] á las costas de la América insular del
Norte. La segunda se refiere á la actividad del espíritu de empresa en
los pueblos de Europa próximos, en la Edad Media, á esa misma región de
un mar boreal cubierto de islas, que fueron teatro de sus expediciones.
La unión de ambas causas físicas y morales produjeron el descubrimiento
del Nuevo Continente por los escandinavos.
Los normandos y los árabes fueron las únicas naciones que, hasta
principios del siglo XII, compartieron la gloria de las grandes
expediciones marítimas, la afición á aventuras extraordinarias, la
pasión del pillaje y de las conquistas efímeras. Los normandos ocuparon
sucesivamente la Islandia y la Neustria, saquearon los santuarios de
Italia, conquistaron á los griegos la Pulla, y hasta escribieron sus
caracteres rúnicos en los flancos de uno de los leones que Morosini
quitó al Pireo de Atenas para adornar el arsenal de Venecia.
En todo lo que á la historia se refiere, preciso es distinguir las
fechas de los acontecimientos, y las diversas épocas en que empezaron á
combinarse aquéllas y éstos y á estudiar sus relaciones con
descubrimientos mucho más recientes. En medio de tantos acerbos debates
producidos por envidiosa malignidad y por las aficiones á una falsa
erudición clásica entre los contemporáneos de Cristóbal Colón, acerca
del mérito de este grande hombre, nadie pensó en las navegaciones de los
normandos como precursores de los genoveses. Esta idea no se mostró
sino sesenta y cuatro años después de muerto Colón. Sabíase por sus
propios escritos, sobre todo por su obra acerca de las _zonas
habitables_ «que había ido á Thule», pero entonces este viaje al Norte
no engendró sospecha alguna sobre prioridad del descubrimiento, y
preferíase, para atacar á Colón, recurrir á algún manuscrito[275] que un
bibliotecario del papa Inocencio VIII debió enseñar á un miembro de la
rica familia de los Pinzones.
Si se quiere seguir con precisión la serie de hechos que han conducido á
las costas boreales de América, conviene no olvidar que en las islas
situadas entre Escocia, Noruega y Groenlandia las expediciones de los
misioneros irlandeses rivalizaron con las de los normandos. La preciosa
obra de Dicuil _De Mensura Orbis terræ_, cuya edición _princeps_ debemos
(y solamente desde 1807) al Sr. Walckenaer, ha llegado á ser de
grandísima importancia para esclarecer la historia de esta rivalidad.
Los anacoretas cristianos en el norte de Europa y los piadosos monjes
budhistas en el interior de Asia, exploraron y pusieron en relaciones
con la civilización las comarcas más inaccesibles. El espíritu de
propaganda y el deseo de extender las creencias religiosas prepararon
igualmente las vías para las invasiones hostiles y para el cambio
pacífico de ideas y de productos. Este fervor propio de las religiones
de la India, de la Palestina y de la Arabia, y extraño á la
_indiferencia_ del politeísmo de los griegos y de los romanos, dió
especialísimo aspecto á los progresos de la geografía en la primera
mitad de la Edad Media.
Comentando dos importantes pasajes de Dicuil (capítulo VII, párs. 2 y
3), M. Letronne[276] demuestra ingeniosa y satisfactoriamente que «las
islas Færoë, habitadas desde hacía un centenar de años por ermitaños de
Scottia (Irlanda tuvo este nombre hasta el reinado de Malcolm II),
fueron abandonadas por ellos desde el año 725, época de la primera
invasión de los escandinavos en las Islas Británicas; y que la Islandia
fué visitada y acaso colonizada por los irlandeses en el año 799, es
decir, sesenta y cinco años antes de que lo fuera por los
escandinavos.»
El _Landnamabok_, publicado de nuevo[277] recientemente en una colección
de los Sagas históricos por la Real Sociedad de Anticuarios del Norte,
en Copenhague, refiere textualmente que los noruegos encontraron en
Islandia libros irlandeses, campanillas y otros objetos que los _Papæ_
(Papas), «hombres de Occidente que profesaban la religión cristiana,
habían dejado allí, especialmente en los dos cantones de Papeya y
Papyli, en la costa oriental». Ahora bien; se sabe por los Sagas de las
Orcades[278] que estas islas estaban habitadas á fines del siglo IX por
«dos naciones, los _Peti_ (probablemente descendientes de los Pictos) y
los Papæ (los _padres_[279], _sacerdotes_, _religiosos_, sin duda los
_clerici_ de Dicuil).» Snorro-Sturlæson dice que hasta la misma Escocia
se llamaba entonces _Pettoland_.
Las islas Færoë y la Islandia convirtiéronse en estaciones intermedias,
en puntos de partida para llegar á la Escandinavia americana; de igual
suerte que el establecimiento de Cartago sirvió á los Tyrios para llegar
al estrecho de Gadira y al puerto de Tartesus, y desde Tartesus fué este
pueblo de viajeros, de estación en estación, hasta Cerné, el _Gauleón_
(isla de los barcos) de los cartagineses.
Cuando se puede seguir una misma costa, el agrupamiento y la proximidad
de las islas determinan frecuentemente la dirección de los
descubrimientos geográficos. Los de los escandinavos se han referido con
tanta prolijidad en estos últimos años, que basta recordar aquí las
épocas.
La Islandia, visitada después de los monjes irlandeses y de los _Peti_,
por el pirata Naddoc, hacia el año de 860, no tuvo colonia noruega
estable hasta el año 874, y entonces sólo por los cuidados de Ingulf y
de Hiorleif. Se enseña todavía al Sur de la isla la tumba del primero de
estos fundadores, en la cima de una montaña que se llama Ingolfsfiæll.
Cerca de Kielarnäs están las ruinas de la casa de un hijo de Ingulf[280]
construída el año 888.
Desde la Islandia pasó Eric Rauda á Groenlandia, ó en el año de 932 ó en
el de 982, porque los Sagas difieren en las fechas. La verdadera
colonización de Groenlandia no es más antigua del año 986, próximamente
en la época en que los noruegos llevaron el cristianismo á Islandia,
durante el reinado de Olaf I.
La costa oriental de Groenlandia dista del cabo Straumsnæs (cabo NO.) de
Islandia, según el gran mapa del capitán Graah[281], cincuenta y dos
leguas marinas en la dirección de SE. á NO., entre los 67° y 68° de
latitud. Se ha supuesto, por la corta distancia, que poco antes de la
gran catástrofe del Scaptar-Iokul, en 1783, se vieron durante muchas
horas desde la costa septentrional de Islandia, sin duda por reflejo de
las nubes, «fuegos volcánicos en la costa de Groenlandia»[282]. Se sabe
hoy que no ha sido esta costa oriental, tan próxima á Islandia, la que,
durante tres siglos, sirvió de asiento á colonias escandinavas, como
Cranz, Torfæus y sus antecesores lo afirmaron erróneamente.
Cuanto Eggers[283] dijo en 1793 sobre la situación de establecimientos
cristianos en la Groenlandia, está confirmado y apoyado con pruebas aún
más convincentes por el viaje de Mr. Graah y por las sabias
investigaciones acerca de las antigüedades escandinavas de Mr. Rafn. Las
colonias, más antiguas Œster y Vesterbygden, están situadas en la
costa occidental en el _Inspectorat meridional_ de Julianshaab, donde
los bosquecillos de abedules anuncian un clima más templado. Toda esta
costa hasta el _Inspectorat boreal_[284] de Uppernavik (lat. 72° 50′),
está cubierta de ruinas de las antiguas colonias escandinavas, mientras
en la costa oriental no hay rastro alguno de habitaciones europeas, y
muestra, como todas las costas orientales, un rigor de clima contrario
al desarrollo de la vida orgánica. Las heleras bajan de las montañas
como dique continuo hacia el litoral: las corrientes que al Norte del
paralelo de 64½° se dirigen al SO., contribuyen á amontonar los
témpanos de hielo arrancados en las regiones polares[285].
El capitán Graah estuvo mas de diez y ocho meses expuesto á grandes
sufrimientos en las costas desiertas de la Groenlandia oriental. Llegó
en sus exploraciones hasta los 65° 20′, y reconoció que la descripción
que los Sagas hacen de la costa habitada por los islandeses no conviene
en manera alguna á la localidad del litoral oriental. Los estrechos
canales (fjord) que recortan la costa habitada, sólo son frecuentes en
la parte occidental, lo mismo en Groenlandia que en Noruega y en la
América boreal.
El atento examen del camino seguido por los antiguos navegantes
escandinavos para llegar á las colonias de Osterbygde, demuestra la
exactitud de las primeras nociones de Eggers que Mr. Malte Brum ha
reproducido y enriquecido con muchas observaciones nuevas en su _Precis
de l’histoire de la Géographie_. Según las investigaciones de Mr.
Graah[286] se iba de Islandia primero al O., despues al SO. hasta un
_hvarf_ ó _vendeplads_ (punto en que la costa cambia de dirección);
desde allí la navegación se dirigía, como la costa misma á NNO. El
_hvarf_ estaba, por tanto, colocado entre el cabo Farewell, designado
con el nombre de _Hvidsærken_, y el cabo Egede en la extremidad de la
península groenlandesa, donde hay un archipiélago de islotes parecido al
del cabo de Hornos y la Tierra del Fuego.
La prueba más irrecusable del emplazamiento de las colonias scandinavas,
la ofrecen las inscripciones rúnicas descubiertas desde hace diez años
en la costa occidental de Groenlandia. Se ha reconocido que muchas de
estas inscripciones, por ejemplo las que han sido encontradas en 1831 en
Igalikko (lat. 60° 51′), y en 1832 en Ikigeit ó Egegeit (lat. 60° 0′) al
norte de Fridriksal, que corresponden á los siglos XI y XII por la forma
de los runos, comparados con los runos de Noruega, cuya fecha se sabe
con exactitud; pero ha fijado ademas grandemente la atención de los
anticuarios otro monumento de la parte más septentrional de la península
groenlandesa que el capitán Graah ha traído á Europa. Este monumento
tiene, al parecer, la fecha de 1135, y es una marca, una señal erigida
en la parte más elevada de la isla de Kingiktorsoak (lat. 72° 55′), una
de las Womans Islands, un poco al norte de Uppernavik.
Un groenlandés llamado Pelinut, halló esta piedra rúnica en 1824 encima
de una roca, y el misionero Kragh tuvo el mérito de ser el primero en
darla á conocer[287]. La versión latina de Rask, que me ha sido
comunicada por M. Rafn, dice: _Erlingr Sighvati filius et Bjarn Thordi
filius et Eindridi Oddi filius feria septima ante diem victorialem
extruxerunt metas hasce ac purgaverunt_ (locum), MCXXXV. Esta fecha,
trescientos cincuenta y siete años anterior á Cristóbal Colón, no es
inverosímil, conforme á las opiniones generalmente admitidos hoy
respecto á la época de los descubrimientos escandinavos. Preciso es
recordar, sin embargo, que la interpretación del valor numérico de los
seis runos en que se cree encontrar un millar, una centena, tres decenas
y un cinco, conforme á la analogía de las cifras romanas, ha dejado
dudas en el ánimo de sabios muy versados en el estudio de los signos
gráficos de los noruegos[288].
Las estaciones intermediarias de Islandia y de la Groenlandia dieron
lugar acaso, desde el año 985, al descubrimiento del Vinland, cuando con
el intento de reunirse con su padre, recientemente establecido en la
Groenlandia, el islandés Biarn Herjolfson conoció toda la violencia de
los vientos de Noroeste y fué llevado hacia una tierra que, por la
frondosidad de la vegetación, parecióle al primer aspecto muy distinta
de las que hasta entonces había descubierto.
De vuelta á donde residía su padre, unióse Biarn con Leif Ericson (hijo
de Eric Rauda, el fundador de los primeros establecimientos islandeses
en la Groenlandia), y emprendió con él una expedición lejana, en la cual
tocaron el año 1001 ó 1005 sucesivamente en Hallyland, Markland[289] y
Vinland. Sabido es que á esta última comarca le dió dicho nombre, por la
abundancia de vides silvestres que allí había, un alemán, Türker, que
acompañaba á los normandos y les hablaba de la posibilidad de hacer
vino.
Examinando atentamente las indicaciones de la longitud del día en los
distintos Sagas, se ha deducido que los parajes visitados entonces por
los escandinavos estaban situados entre los paralelos de 41° á 50°, lo
cual corresponde á la costa que se extiende desde Nueva York á
Terranova, costa en que vegetan más de siete especies de Vitis.
Mr. Rafn, que prepara una extensa é importante obra sobre la historia de
los descubrimientos americanos, cree que los escandinavos llegaron hasta
la Carolina del Norte, pero que la principal estación de estos
intrépidos marinos fué la desembocadura del San Lorenzo, sobre todo la
bahía de Gaspe, frente á la isla Anticosti, donde la abundancia y
facilidad de la pesca podían atraerles. Afortunadamente la sociedad de
anticuarios de Copenhague está reuniendo los materiales relativos á esta
época tan memorable de la Edad Media.
Todo lo escrito fuera de Dinamarca acerca de los descubrimientos
escandinavos en América, aumenta muy poco nuestros conocimientos; sólo
cuando el conjunto de los hechos sea comprobado y sometido á sabia
crítica, podrá intentarse con éxito el artificio de las opiniones y de
las conjeturas.
En esta clase de acontecimientos, como en otros de antigüedad más
remota, conócense, por decirlo así, las masas, la realidad de las
comunicaciones entre la Groenlandia y el continente americano; pero el
detalle de los sucesos es vago y á veces, en la apariencia,
extraordinario. Sólo los sabios dinamarqueses y noruegos pueden hacer
desaparecer las contradicciones de fechas y de distancias, y las dudas
respecto á la dirección y duración de las navegaciones y al aspecto de
las comarcas descritas por los Sagas.
Hay investigaciones y trabajos que sólo pueden realizarse junto á las
mismas fuentes de conocimientos. Tales son las ventajas de la América
española para el estudio de la historia de la civilización primitiva de
Méjico, Guatemala y el Perú, y las de Italia para las cartas de marear
de la Edad Media, que permanecen olvidadas en las bibliotecas públicas y
privadas.
Los recuerdos de las expediciones al Vinland, denominación geográfica
tan vaga como lo ha sido la de _Terranova_ á fines del siglo XV, abarcan
tan sólo un período de ciento veinte á ciento treinta años. El último
viaje de que se ha conservado tradición cierta es el del obispo
groenlandés Eric, que fué al Vinland á predicar el Evangelio. Los
establecimientos de la Groenlandia occidental, muy florecientes hasta la
mitad del siglo XIV, fueron arruinándose progresivamente por los
monopolios destructores del comercio, por la invasión de los Esquimales
(_Skræellinger_) en 1349 ó 1379 (porque no se sabe ciertamente el año),
por la peste negra (_schwarze Tod_) que asoló el Norte desde el año 1347
hasta el de 1351, y por el ataque de una flota enemiga cuyo punto de
partida se ignora. No se cree hoy en la fábula de un cambio súbito de
clima, en la formación de una barrera de hielo que causó la separación
total entre las colonias establecidas en Groenlandia y su metrópoli.
Como las colonias sólo ocupaban la parte más templada de la costa
occidental, no es posible lo que se ha dicho de que un obispo de Skalhot
viera en 1540 en la costa oriental, más allá del muro de hielo, pastores
llevando á pastar sus rebaños. La acumulación de hielos[290] en el
litoral frontero á Islandia depende, como antes hemos indicado, de la
configuración del país, de la proximidad de una serie de montañas
paralelas á la costa y de la dirección de las corrientes. Este estado de
cosas no data de fines del siglo XIV ó principios del XV, y el mito de
la formación de una barrera de hielo en los tiempos históricos, parécese
bastante al de la supuesta destrucción de esta barrera en 1817,
destrucción que debía cambiar por segunda vez el clima de todo el
Noroeste de Europa.