Entre tanto que Espinosa andaba obrando las hazañas que habemos

contado, Vasco Nuñez estábase en el Darien, no poco desfavorecido de

Pedrárias y cuasi como preso, porque no se debia fiar dél y porque

no se saliese de la mano, como ya fuese con título de Adelantado

y admitido á la gracia del Rey. Habíase llegado á la conversacion

frecuente del Obispo, don fray Juan Cabedo, y trabajado mucho de

ganalle; ó por induccion propia del mismo Vasco Nuñez, ó que el mismo

Obispo se moviese á ello de sí mismo, entendió en que Pedrárias

perdiese los resabios que tenia contra él, y lo honrase y atrajese á

sí é se ayudase dél, y finalmente de él se fiase como de los demas,

pues más que otro, así por la experiencia de la tierra, como con las

fuerzas y autoridad de ser Adelantado, más que ninguno podia servirle

y ayudarle; y para lo atraer á lo que pretendia, como era el Obispo

elocuentísimo, representóle lo que Vasco Nuñez habia trabajado y

padecido en descubrir, diz que, y poblar aquellas tierras y sujetar

aquellas gentes al señorío del Rey, é dado la vida á los primeros

españoles que en Urabá llegaron, sobre que se habia fundado su

catedral iglesia, todo lo cual encareció, como él lo sabia encarecer,

por grandes y señalados servicios, y certificándole que, segun á él

parecia, nunca descubriria la tierra, ni sabria los secretos della,

si de Vasco Nuñez no hacia fiel amigo. Estas y otras razones le

trujo el Obispo á Pedrárias para persuadirlo, el cual, finalmente,

se persuadió serle provecho ayudarse de Vasco Nuñez y tenerle por

amigo, aunque reconciliado como dicen, y, ó fingia, ó realmente para

tenerle más obligado y más á la mano en lo que cometerle y mandarle

quisiese, tractó de casarlo con la hija mayor, de dos que en España

tenia, llamada Doña María. Hízose el desposorio con autoridad del

Obispo y las demas ceremonias que se requerian. En breve determinó

Pedrárias de enviar á Vasco Nuñez á que asentase una villa en el

puerto de Acla, y que de allí adelante procurase de poner por obra

en la mar del Sur algunos bergantines para descubrir por ella las

riquezas grandes que haber por aquellas tierras tenian concebido.

Tomó Vasco Nuñez 80 hombres de los que allí habia, y en un navío fué

la costa abajo; y, llegado á Acla, halló la fortaleza, que Gabriel de

Rojas habia hecho, vacía, por haberla desmamparado por temor de los

indios. Allí constituyó Alcaldes y Regidores, y pusóle nombre la villa

de Acla; está sobre la mar, el puerto es muy hondable, pero, por las

grandes corrientes que en él entran y salen, las naos que en él están

ó entran, por echallas á la tierra, padecen gran peligro. Mandó Vasco

Nuñez á todos sus compañeros, nuevos vecinos, que, pues ya los indios

de aquella provincia eran acabados, y no habia ya qué ir á saltear,

que cada uno, con los esclavos que tenia, que no andaban sin muchos

dellos, y con sus mismas manos hiciesen sus sementeras para tener

comida. En ésto él era el primero, porque era hombre de muchas fuerzas

y sería entónces de cuarenta años, y siempre en todos los trabajos

llevaba la delantera. En este tiempo llego allí á Acla el licenciado

Espinosa, con la victoria, y riqueza y esclavería, que de la tierra de

Paris, robado traia, y hecha por todos grande fiesta, por las buenas

nuevas, Espinosa con sus satélites se partieron. Vasco Nuñez, como

hombre de experiencia, sintiendo que despues de llegados al Darien, y

repartido entre todos el oro y despojo que traian, no podian sufrirse

allí ociosos muchos dias, metióse en un bergantin y fuese tras ellos

con intencion de traer consigo la más gente que pudiese para engrosar

su nueva ó negra villa, y para desde allí entender en hacer navíos en

la mar del Sur, que era por entónces de todos el principal y último

fin; holgóse Pedrárias con él y tratándole en lo exterior, y quizá

en lo interior tambien, como á hijo, dióle 200 hombres y proveyóle

de todo lo que le pidió y convenia para aquel gran viaje, que todos

estimaban ser provechoso, con todo lo cual, embarcado en tres navíos

pequeños, dió á su Acla la vuelta. Llegados á Acla, halló Vasco Nuñez

haberse venido á esta isla Española Diego Albitez, á quien debia de

haber dejado en su lugar en la villa; vino á esta isla Diego Albitez,

con intencion de pedir á los religiosos de Sant Hierónimo, que la

gobernaban, licencia para hacer un pueblo en el Nombre de Dios, y de

allí tratar del descubrimiento de la mar del Sur. Todos aquellos que se

sentian ricos de los grandes robos que habian perpetrado, y destruido

aquella tierra, siempre aspiraban y sospiraban por ser cabezas por sí,

é no tener á quien acatar sobre sí, y de éstos era Diego Albitez; los

Hierónimos no quisieron entrometerse en hacer mudanza, por lo cual lo

remitian á Pedrárias, pero no andaba por eso, sino por salírsele de

las manos. Diego Albitez, visto ésto, fletó un navío, y halló hasta 60

hombres que con él á ganar aquellos perdones quisieron ir; fué derecho

al Darien, y fingió que habia ido por gente y bastimentos, de lo cual

Pedrárias mostró rescibir de su ida y vuelta placer, ó de verdad ó

fingido, porque era hombre muy recatado y entendido, y tambien como

á él le viniese gente y cosas de bastimento, todo lo demas bien lo

sufria. Descansando Diego Albitez algunos dias, quiso sacar á ejercitar

en la religion que habia profesado á sus novicios, y así, pedida

licencia á Pedrárias, salió á saltear y robar las gentes de Veragua,

que tenian sobre todas la fama de muy ricas. Vasco Nuñez no poco sintió

la presuncion de Diego Albitez, pero todos disimulando para en su

tiempo derramar la ponzoña que del descubrimiento de otros conciben,

costumbre muy ordinaria de los mundanos que andan fuera de camino,

envió á Compañon, así llamado, sobrino, segun creo, del mismo Diego

Albitez, á que viese si en el rio de la Balsa, que ya dijimos salir á

la mar del Sur, habria dispusicion para hacer navíos. Fué Compañon y

vido el rio y halló todo buen aparejo en todo él para hacer los navíos

y naos que quisiesen, y de camino á la tornada fué á saltear y robar y

hacer esclavos las gentes que por aquella tierra vivian, las cuales le

resistieron cuanto les fué posible, donde no padesció poco peligro; no

entendí que él á los indios, ni los indios á él hobiesen muerto alguno

ó herido. Entre tanto que Compañon iba y venia, comenzó Vasco Nuñez á

cortar, por su persona primero, madera para principiar los bergantines,

y así lo hicieron los que estaban con él; donde labraron toda ó la

mayor parte de la madera de cuatro bergantines, para llevalla despues

así labrada, al dicho rio de la Balsa, y allí formar los bergantines

y por él sacarlos á la mar, como al cabo se hizo. Tornó luégo Vasco

Nuñez á enviar á Compañon con ciertos españoles y 30 negros á la cumbre

de las sierras, de donde ya las aguas á la mar del Sur vertian, para

que hiciese una casa donde descansasen los que habian de llevar á

cuestas la madera labrada, y las anclas y jarcias de los bergantines,

y se tuviesen los bastimentos y comida y armas y lo demas para su

defensa. Y es de saber aquí, que nunca salian los españoles de una

parte á otra que no llevasen muchos indios cada uno, que les llevaban

las cargas de su ropa en que dormian, y sus armas y la comida, y hasta

los negros esclavos eran de los indios servidos, y llamados perros

aporreados y afligidos. Hecha la casa en lo alto de la sierra, puso

por obra luégo Vasco Nuñez de subir la madera que estaba ya labrada de

los bergantines, hasta ponella en la casa, que habria sus 12 leguas

de sierras y rios, que ya se bajaban ya se subian, hasta llegar á la

sierra muy alta donde se asentó aquella guarida. Esta madera se cargó

sobre los indios que tenian por esclavos, y los que iban á saltear

cada dia, y su parte llevaron los negros que no eran sino obra de 30,

y tambien cada uno de los españoles llevaba la que podia. Los trabajos

que aquí llevando y subiendo esta madera, y clavazon y herramientas, y

despues las anclas y la jarcia y todos los demas aparejos necesarios

á los bergantines, y despues bajándola hasta el rio, que por todos

se padecieron, no pueden ser creidos, pero no se halló que negro ni

español muriese dellos, más de los infelices indios no tuvieron número

los que perecieron y concluyeron sus tristes dias; yo ví firmado de

su nombre del mismo Obispo, en una relacion que hizo al Emperador en

Barcelona el año de 519, cuando él de la tierra firme vino, como más

largo adelante, placiendo á Dios, será referido, que habia muerto el

Vasco Nuñez, por hacer los bergantines, 500 indios, y el secretario del

mismo Obispo me dijo que no quiso poner más número porque no pareciese

cosa increible, pero que la verdad era que llegaban ó pasaban de 2.000;

y segun el trabajo era, cierto, cualquiera lo debe tener por posible y

haber pasado con verdad así, porque llevar hombres desnudos en cueros

24 y 25 leguas de sierras altísimas, subidas y descendidas, á cuestas

madera labrada para hacer cuatro navíos, y anclas de hierro de tres,

y cuatro, y cinco, y seis quintales, y cables, que son las maromas

para las anclas, que pesaban otro tanto y muy poco ménos, y otros mil

aparejos cuasi tan pesados que los navíos requieren, y todo ésto sin

comer sino un poco de grano de maíz áun no hecho pan, sino como lo

comen las aves ó las bestias, ¿qué hombres aunque tuvieran cuerpos

en parte formados de materia de hierro lo pudieran sufrir sin morir?

Y porque los indios allí perecian con aquel ejercicio, enviaba Vasco

Nuñez cuadrillas á cazar indios, donde quiera que se creia que estarian

escondidos, porque toda la tierra estaba huida por los montes por miedo

dellos, y se meterian en los abismos; despues que hacian alguna cara

juntos para resistir á los españoles, y como vian no poder contra ellos

prevalecer, se desparcian escondiéndose por las montañas á cuadrillas,

ó á linajes, ó á familias, y destos sabian, porque cuando tomaban algun

indio á poder de grandes tormentos le hacian descubrir los lugares

secretos donde se habian metido. Daban en ellos cuando más olvidados

y secretos creian que estaban, y muertos los primeros que topaban á

cuchilladas y estocadas, y de los perros desgarrados y despedazados,

á los demas que tomaban á vida, leíanles el requerimiento, estándolos

atando en traillas; y puesto que todas ó muchas veces desta manera se

hacia, en especial se hizo entendiendo Vasco Nuñez en la obra destos

navíos.

CAPÍTULO LXXV.

Pasada la madera, que en Acla pudo hacer que se labrase, al rio de

las Balsas, porque no era para más de los dos bergantines ó navíos, y

habíase de aparejar para otros dos, repartió Vasco Nuñez toda la gente

que tenia, españoles, negros é indios, en tres capitanías. A la una

dió cargo que cortase y asentase madera; á la segunda, que acarrease

de Acla las anclas, y clavazon y jarcia y todos los demas instrumentos

y aderezos; á la tercera, que fuese á robar los mantenimientos que

por toda la tierra de los alrededores hobiese, y, á vueltas, cuantos

indios pudiesen traer captivos. Comenzóles Dios á mostrar lo que en

aquellas obras le servian, porque cuanto trabajaron en cortar la

madera y aserralla en Acla y mar del Norte, y despues en llevalla los

tristes indios á cuestas por tan aspérrimos é intolerables caminos,

todo se les convirtió en vacío, por ser la madera de allí en tierra

que estaba muy cerca de la mar salada, y así fué luégo de gusanos

comida, de donde sucedió serles necesario cortalla de nuevo en el

rio; habiendo pues cortado mucha della, y quizá tambien aserrádola,

ya que querian poner en astillero, que es comenzar los bergantines,

vinieron de súbito tan grandes avenidas que les llevó el rio parte

de la madera, y parte soterró la lama y cieno, subiendo el agua dos

estados encima. No tuvieron todos otro remedio para no se ahogar,

sino subirse sobre los árboles, á donde puestos no estaban sin mucho

peligro; aquí desmayó Vasco Nuñez, viendo tanta dificultad en la obra

de sus negros navíos, por la cual quiso volverse á su villa de Acla,

y dejarse de aquella demanda, como aborrido. Ayudábale á se volver

la hambre que padecian; y parece que los de la tercera cuadrilla, á

quien dió cargo de ir á robar mantenimientos y indios, no acudian.

Francisco Compañon se ofreció á pasar á la otra banda del rio á buscar

gente y comida, y pasó con algunos por cierta puente que hicieron de

ciertos vejucos y raíces, que ataron algunos nadadores de las ramas

de los árboles; aunque la puente fué tal, que pasaron el agua sobre

la cinta, y algunas veces llegábales á los pechos. Andaba Vasco Nuñez

comiendo raíces, de donde se podrá congeturar qué debian de padecer 500

ó 600 indios que allí tenian, y cuántos de hambre morian; finalmente,

hobo de irse á Acla, puesto que no con el primer motivo, sino para

proveer de algun mantenimiento y de gente española, si del Darien ó de

las islas de nuevo viniese, para lo cual envió al Darien á Hurtado, y

traer las anclas y jarcia, y dar en todo priesa. En ésto vino Francisco

Compañon, que habia robado toda la tierra de comida y de indios que

trujo captivos, en los cuales, como en acémilas, cargó todo lo que

para llevar tenia, y sobre sus hombros, anclas, y jarcias, y velas, y

cables, y clavazon y cuanto habia, pusieron en el rio. Volvió Bartolomé

Hurtado con 60 hombres que le dió Pedrárias y otras cosas que Vasco

Nuñez le envió á pedir, y tomado nuevo ánimo, torna Vasco Nuñez al rio,

con la gente de españoles y indios, y todo recaudo para proseguir á la

obra de sus bergantines, y, con inmensos trabajos y hambre y muerte de

indios, comenzó y acabó dos dellos; los cuales hechos, y echados al

agua, y proveidos de lo que les era menester para navegar, metióse con

los españoles que cupieron en ellos, y navega á la isla mayor de las de

las Perlas. Y entre tanto que los demas, pocos á pocos, los bergantines

los traian, trabajó de robar y allegar cuanto bastimento en la isla

pudo, lo uno, diz que, para subjetar las gentes della por hambre, y lo

otro para tener con qué los que allí estuviesen sustentarse. Díjose

que, andando en ésto Vasco Nuñez, rescibió una carta del arzobispo

de Sevilla, D. Diego de Deza, de quien hobimos en el primer libro

hablado, que fué alguna parte para el descubrimiento destas Indias,

siendo el maestro del príncipe D. Juan, en la cual le decia que habia

sabido haber descubierto la mar del Sur, y que tuviese por cierto,

que si proseguia por el Poniente la tierra hallarian indios de lanza

y armaduras de cuerpo, y si corriese hácia el Oriente que toparian

grandes riquezas y ganados infinitos. Esta creo yo que es patraña,

porque el arzobispo de Sevilla, siendo tan prudente y tan sabio, no

podia adevinar lo que nunca leyó, vido ni oyó, ni hombre imaginó de

todos los pasados, y no habia de poner su gravedad y autoridad en

boca del vulgo, no saliendo como él denunciaba; porque por revelacion

tampoco hemos de creer que lo habia alcanzado, porque si así fuera,

primero y no á otro sino sólo al Rey Católico, que mucho lo amaba, lo

significara. Así que, Vasco Nuñez, despues de robada la isla grande

de las Perlas y escandalizada, y quizá muerta y captiva mucha gente

della, comenzó á navegar hácia la tierra firme, la vuelta del Oriente,

con ciento y tantos hombres, porque los indios que tenian captivos por

aquella parte haber mucho oro les señalaban; y ésta fué otra segunda

ó tercera nueva ó señal de la grandeza de las riquezas del Perú.

Yendo, pues, sobre un puerto que llamaron despues puerto ó punta de

Piñas, 25 leguas ó alguna más pasada la punta ó cabo del golfo de Sant

Miguel, hallaron gran número de ballenas, que parecian punta ó cabo

de peñas que salia gran trecho á la mar; temieron los marineros de se

allegar porque venia la noche, y arribaron á otra punta con intencion

de, siendo de dia, tornar á su viaje, y porque les hizo el viento

contrario, acordó Vasco Nuñez de ir á dar en la tierra del cacique

Chucama, por vengar los españoles que allí habian muerto á Gaspar de

Morales, de que se hizo mencion arriba en el capítulo 64. Salieron

las gentes de allí á resistillos, pero como siempre ha de caer sobre

ellos la mala ventura, como en gente desnuda, sólo dan de sí muestra

que si fuesen armados y las armas tales como las nuestras, otro gallo,

para su natural defensa y contra nuestra injusticia, les cantaria; así

que, muertos muchos dellos, los vivos pusiéronse en huida. Anduvo

algunos dias robando y captivando y destruyendo aquellas provincias.

Tornóse á la isla, y allí apareja de hacer cortar madera, y comenzar

los otros dos bergantines ó pequeños navíos; faltábale algun hierro y

pez y otras cosas para acabar los bergantines, por lo cual acordó de

enviar á Acla por ello. Y porque tenian ya nueva que el Emperador era

venido á reinar á Castilla, y que habia proveido á un caballero de

Córdoba, llamado Lope de Sosa, por Gobernador de tierra firme, quiso

tambien Vasco Nuñez que supiesen si era venido, ó qué nueva se tenia

de su venida, porque, quitada la gobernacion á Pedrárias, su suegro,

consiguiente cosa era quitarle los navíos y dar la empresa á alguno de

los que traia consigo. Temiendo, pues, ésto, una noche, hablando con un

Valderrábano y con un clérigo llamado Rodrigo Perez, díjoles: «Segun

lo mucho que há que vinieron las nuevas, que el Rey tenia proveido por

Gobernador á Lope de Sosa desta tierra firme, no parece posible que

ó no sea venido ó no haya nueva de ser cercana su venida, y, si es

venido, Pedrárias, mi señor, ya no tiene la gobernacion, y así nosotros

quedamos defraudados de nuestros deseos, y tantos trabajos como en ésto

habemos puesto quedan perdidos; paréceme, pues, que para haber noticia

de lo que nos conviene será bien que vaya el capitan Francisco Garavito

á la villa de Acla, con demanda del hierro y pez que nos falta, y

sepa si es venido, porque si lo fuere se torne, y nosotros acabaremos

como pudiéremos estos navíos y proseguiremos nuestra demanda, y, como

quiera que nos suceda, de creer es que el que gobernare nos rescibirá

de buena voluntad porque le ayudemos y sirvamos; pero si Pedrárias,

mi señor, todavía tuviere la gobernacion, dalle hán parte del estado

en que quedamos y proveerá de lo que pedimos, y partirnos hemos á

nuestro viaje, del cual espero en Dios que nos ha de suceder lo que

tanto deseamos.» Díjose, que cuando esto Vasco Nuñez hablaba comenzó á

llover, y que la guarda, persona que velaba su cuarto, se recogió á la

sombra y debajo del tejado de la casa donde Vasco Nuñez estaba por no

mojarse, el cual oyó como decia que convenia irse con los navíos su

viaje, no entendiendo más de la plática, ni por qué causa; y ampliando

en su pensamiento que aquello era quererse huir de Pedrárias, y con

esta opinion ó error, calla y no da parte á nadie, hasta que fué tiempo

de poder dañar diciéndolo á Pedrárias.

CAPÍTULO LXXVI.

Pareció bien á los con quien hablaba Vasco Nuñez su intento y palabras,

y aprobáronselo, y en prosecucion dello llamó á Francisco Garavito,

y dále dello parte, y con 40 hombres despáchalo para Acla; llegados

á Acla, hallan que Lope de Sosa no era venido, y que Pedrárias como

de ántes gobernaba. Díjose que cuando Vasco Nuñez se partió para el

rio de la Balsa, debia ser la postrera vez, Andrés Garavito escribió

á Pedrárias que Vasco Nuñez iba como alzado, y con intencion nunca

más á obedecelle ni estar á su obediencia y mandado, y Pedrárias,

como siempre dél estuvo sospechoso, que nunca pudo tragallo, poco era

menester para que lo creyese por verdad, porque corazon que sospecha

una vez alterado fácil cosa es en aquello que teme del todo derrocallo.

Dijeron que esta falsedad ó testimonio falso, ó quizá verdad, escribió

Garavito á Pedrárias, porque Vasco Nuñez, por una india que tenia por

amiga, que arriba en el cap. 40 dijimos el cacique Careta haberle

dado, le habia de palabra maltratado. Dos dias ó tres despues de

llegado Garavito, llega del Darien Pedrárias, el cual, por la carta

de Garavito, luégo se despachó muy indignado para haber á Vasco Nuñez

á las manos y acortarle los pasos. Preguntando Pedrárias qué hacia y

dónde quedaba, díjole Garavito y los que con él vinieron, que en la

isla, y dando priesa á acabar los bergantines, y quedaba esperando

ciertas cosas que le enviaba á pedir para acaballos y tambien lo que

mandaba; con ésto se asosegó algo Pedrárias y disimuló algunos dias

lo que traia pensado, dentro de los cuales, un Tesorero, que debia

ser proveido por el tesorero Pasamonte desta isla, llamado Alonso

Martel de Lapuente, que no estaba bien con Vasco Nuñez porque le pidió

en la residencia cierto oro que le habia prestado, y el Tesorero

creyó que habia sido dado, supo de aquel que velaba, cuando Vasco

Nuñez dijo en la isla las susodichas palabras á Valderrábano, lo que

habia oido y Vasco Nuñez hablado. Va luégo el dicho Alonso Martel á

decírselo á Pedrárias; luégo Pedrárias, de súpito, se retificó en

sus sospechas presentes y pasadas, y hecho muy furibundo, cuasi de

enojo é indignacion desatinaba, prorrumpiendo en palabras contra

Vasco Nuñez injuriosas y desmandadas, y con aquella saña escribióle

una carta mandándole que viniese á Acla, fingiendo que tenia cosas

que con él comunicar tocantes y necesarias para su viaje. Y cosa es

aquí de notar, que no hobiese hombre que á Vasco Nuñez avisase de

la indignacion contra él de Pedrárias, y el peligro que padecer si

venia esperaba; ciertamente la razon parece que se puede asignar, ó

que Vasco Nuñez era tan mal quisto de todos, que todos le deseaban

mal, ó que todos temian tanto á Pedrárias que ninguno se atrevió á

enojalle, ó que fué juicio de Dios que determinó dalle su pago de

tantas crueldades como en aquellas gentes habia perpetrado: y ésta

postrera debió ser y debemos creer que fué la verdadera y eficaz, y

está harto clara. Y tras la carta, sospechando que no querria venir,

despachó á Francisco Pizarro con mandamiento y la gente armada que

pudo enviar para que le prendiese donde quiera que lo hallase. Díjose

que un italiano, llamado micer Codro, astrólogo, que andaba con

Vasco Nuñez, hombre que por ver mundo habia venido á estas partes,

le dijo, estando en el Darien, que el año que viese cierta estrella,

que señalaba, en tal lugar, correria gran peligro su persona, pero

si de aquel peligro escapaba sería el mayor señor y más rico que

hobiese por todas estas tierras indianas; y pocos dias ántes desto,

dijeron que una noche vido la estrella en aquel lugar, y comenzó á

mofar de lo que le habia dicho micer Codro, y comenzó á decir á los

que con él estaban: «donoso estaria el hombre que creyese á hombres

adivinos, especialmente á micer Codro que me dijo ésto y ésto, y hé

aquí la veo cuando me hallo con cuatro navíos y 300 hombres y en la

mar del Sur, y de propíncuo para navegarla, etc.» Esto dicen que pasó

jactándose mucho Vasco Nuñez de su felicidad; el cual, rescibida la

carta de Pedrárias, estando en una isleta llamada de Tortugas, dejando

á Francisco Compañon haciendo los navíos en la grande, puso luégo por

obra su camino en cumplimiento de lo que le mandaba; dijeron tambien

que los mensajeros, llegando cerca de Acla, le dijeron que Pedrárias,

su suegro, estaba de él muy indignado, pero él, hallándose inocente,

creia que llegando ante Pedrárias y mostrándole no habelle ofendido lo

aplacara. Topó á Francisco Pizarro con gente, que le iba á prender, y

díjole: «¿qué es ésto, Francisco Pizarro? no solíades vos así salirme

á rescibir.» Salieron á rescibirlos del pueblo, y Pedrárias proveyó

que lo llevasen preso á la casa de un vecino llamado Castañeda; envió

á Bartolomé Hurtado á las islas para que tomase y tuviese por él los

navíos y toda la armada. Mandó al licenciado Espinosa que procediese

contra Vasco Nuñez por todo el rigor de justicia que hallase, porque

todo su fin era despachalle; y por descuidalle fuéle á ver un dia y

díjole: «No tengais, hijo, pena por vuestra prision y proceso que yo he

mandado hacer, porque para satisfacer al tesoro Alonso de Lapuente y

sacar vuestra fidelidad en limpio lo he hecho.» Despues que Pedrárias

entendió que el proceso estaba, al ménos coloradamente, fundado para

cortalle la cabeza, dijeron que fué á donde estaba preso y con rostro

airado le dijo: «Yo os he tratado como á hijo, porque creia que en

vos habia la fidelidad que al Rey y á mí en su nombre debíades, pero,

pues os queríades rebelar contra la corona de Castilla, no es razon de

tractaros como á hijo, sino como á enemigo, y por tanto de hoy más no

espereis de mí obras otras sino las que os digo.» Respondió Vasco Nuñez

que habia sido y era todo falsedad que le habian levantado, porque

nunca tal pensamiento le vino, porque, si él tal intencion tuviera, no

tenia necesidad de venir á su llamado, pues tenia 300 hombres consigo

y cuatro navíos, con los cuales, sin vello ni oillo él, se fuera por

esa mar adelante donde no le faltara tierra en que asentar pobre ó

rico; pero como venia con simplicidad y de tales propósitos libre, no

temió de venir á Acla por su llamado, para verse así preso y publicado

por infiel á la corona real de Castilla, y á él en su nombre como

decia. Fuese Pedrárias de la cárcel y mandóle poner más prisiones, y

el licenciado Espinosa, dando cuenta á Pedrárias de los méritos del

proceso, dijo que incurrido habia en pena de muerte, pero que por los

muchos servicios que en aquella tierra habia hecho al Rey, merecia

que se le otorgase la vida. Respondió Pedrárias muy airado: «Pues si

pecó muera por ello.» El licenciado Espinosa no quiso sentenciarlo á

muerte, diciendo que merecia perdon por los señalados servicios que

habia hecho, protestando que no lo sentenciaria si no se lo mandaba

espresamente por escrito. Pedrárias, que no via la hora de sacalle

desta vida, poco tardó en dalle su mandamiento, y ciento le diera sin

deliberar lo que hacia. Espinosa entónces hace de veras el negocio,

acumulándole la muerte de Diego de Nicuesa, y la prision y agravios

del bachiller Anciso, y sobre todo fundó su sentencia; la cual fué

que le cortasen la cabeza, yendo el pregonero delante diciendo á voz

alta: «Esta es la justicia que manda hacer el Rey, nuestro señor, y

Pedrárias su Lugarteniente, en su nombre, á este hombre, por traidor

y usurpador de las tierras subjetas á su real corona etc.» Lo cual,

oido por Vasco Nuñez cuando lo sacaban, levantó los ojos y dijo: «Es

mentira y falsedad que se me levanta, y, para el caso en que voy,

nunca por el pensamiento me pasó tal cosa ni pensé que de mí tal se

imaginara, ántes fué siempre mi deseo servir al Rey como fiel vasallo y

aumentalle sus señoríos con todo mi poder y fuerzas.» No le aprovechó

nada su afirmacion, y así le cortaron la cabeza sobre un repostero

harto viejo, habiéndose ántes confesado y comulgado, y ordenado su

alma segun lo que el tiempo y negocio le daba lugar. Luégo tras él la

cortaron á Valderrábano, y tras aquel á Botello, y tras éste á Hernan

Muñoz, y el postrero fué Argüello, todos cinco por una causa viéndose

unos á otros; y porque para degollar al Argüello quedaba ya poco dia,

viniendo la noche, hincáronse de rodillas todo el pueblo ante Pedrárias

pidiéndole por merced que diese la vida á Argüello, pues ya eran

muertos los cuatro y parecia que Dios, con enviar la noche, aquella

muerte atajaba. No blandeó Pedrárias en nada, ántes con gran pasion

les respondió, que si querian que aquel viviese, en sí mismo queria

se ejecutase la justicia; y desta manera, con grande angustia y dolor

de todos, y áun lágrimas de algunos, fenecieron todos cinco aquel

dia, y así quedó Pedrárias sin sospecha de Vasco Nuñez de Balboa que

tanto trabajó de aumentar los señoríos del Rey, como él dijo, matando

y destruyendo aquellas gentes, con tan ignominiosa muerte, al tiempo

que más esperaba subir. E será bien que se coloque Vasco Nuñez en el

catálogo de los perdidos con Nicuesa y Hojeda, y con los que despues se

pornán en él, que hicieron mal fin en estas Indias, siendo señalados en

hacer mal á indios.

CAPÍTULO LXXVII.

Historia de las Indias (vol. 4 de 5) · 第 18 / 38 段