envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200 hombres con dos
navíos, al rio de la provincia del Cenú, la última sílaba aguda, para
que descubriese y anduviese aquella tierra y rio, y robase el oro que
pudiese, porque los indios que habia hecho esclavos en Isla Fuerte,
como arriba se dijo, decian que en aquella tierra ó provincia habia
mucha riqueza, como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era,
porque aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes de
la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de muchas leguas,
y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De aquellas sepulturas se
hobo despues grande suma de oro y riquezas, aunque todo há poco, como
el mundo sabe, lucido. Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino,
y navíos al rio de Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de
la parte del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para
subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente y
la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que los comian, y
la esperanza de haber lo que buscaban con tantos trabajos muy fria,
comenzaron á sentir más el oficio y trabajo del remar que el consuelo
de conseguir su fin les ofrecia. Por todos estos accidentes comenzaron
á caer enfermos y á morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha
angustia, y que él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver
aparejo para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir
de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad ménos
de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo que se holgara
si lo viera que los navíos cargados de oro y de muchos indios hechos
esclavos traia. Desde á poco, hé aquí viene Luis Carrillo con toda su
compañía, que habia desmamparado y despoblado la villa de las Anades,
diciendo que no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar
los indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido,
y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia, puesto que no
dejaba de recoger del oro robado, y esclavos hechos tan contra Dios y
su ley, cuanto para sí aplicar podia; pero el ciego infelice, ser la
causa de los reveses que padecia el mal estado en que él y todos los
españoles, que en aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas
inoxias gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó á
asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer catas, con los
indios esclavos que él y los de su compañía tenian, en aquel rio, para
ver el oro que habia, y puesto que por aquel y por otros muchos rios,
y toda aquella tierra es de oro rica, pero como se saca con grandísimo
trabajo y há menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele
salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte la gran
cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la nueva villa; pero
el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á que no desmayasen, y
dalles algun contentamiento, acordó de salir, con los que más sanos y
dispuestos estaban, á captivar indios de los que por sus obras y de los
demas andaban ahuyentados, y otros que estaban en sus pueblos con temor
cada dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia
nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas ó
casas sobre los árboles que estaban en el agua, los cuales, sintiendo
los españoles, se defendieron con sus varas un buen rato, pero no les
aprovechó porque los españoles, combatidas siete de aquellas casas
altas, prendieron al cabo más de 400 ánimas, y queriendo ir adelante
á buscar más los ya captivos probaron á huir, y escapáranse sino por
un perro que llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo
muchos dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre
sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese luégo
al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí perseverar por
no haber comida y por otras incomodidades, y así luégo lo despoblaron.
Por este tiempo debia enviar Pedrárias al bachiller Anciso al Cenú,
como hervia siempre la fama y más la cudicia del abundar en oro aquella
provincia, como á hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y
que lo haria mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista
debió parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor sus
robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú, que Juan de
Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así dice él en su «Suma
de geografía», cuasi al cabo della, hablando del Cenú, las palabras
siguientes: «Yo requerí, de parte del rey de Castilla á dos Caciques
destos del Cenú, que fuesen del rey de Castilla, y que les hacia saber
como habia un sólo Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la
tierra, y que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á Sant
Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor, en la tierra, al
Santo Padre, que era Señor de todo el mundo Universo, en lugar de Dios,
y que ese Santo Padre, como Señor del Universo, habia hecho merced
de toda aquella tierra de las Indias y del Cenú al rey de Castilla,
y que, por virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey,
les requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia;
y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le diesen la
obediencia como á su señor, y le diesen en señal de obediencia alguna
cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos quisiesen señalar, y
que si ésto hacian que el Rey les haria mercedes y les daria ayuda
contra sus enemigos, y que pornia entre ellos frailes ó clérigos que
les dijesen las cosas de la fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen
tornar cristianos, que les haria mercedes, y que los que no quisiesen
ser cristianos, que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se
estuviesen como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que decia que
no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al cielo y la tierra y que
era Señor de todo, que les parecia bien y que así debia ser, pero en lo
que decia, que el Papa era Señor de todo el Universo, en lugar de Dios,
y que él habia hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla,
dijeron que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo
que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la merced, debia ser
algun loco pues pedia lo que era de otros, y que fuese allá á tomarla
que ellos le pornian la cabeza en un palo, como tenian otras, que me
mostraron de enemigos suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el
lugar, y dijeron que ellos se eran señores de su tierra y que no habian
menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen, si no que
les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria á cuantos
tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos. E respondiéronme,
que ellos me pornian, primero, la cabeza en un palo, é trabajaron por
lo hacer, pero no pudieron porque les tomamos el lugar por fuerza,
aunque nos tiraron infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron
dos hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba aunque las
heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro lugar al un Cacique
dellos, que es el que dije arriba que me habia dicho de las minas del
Nocri, é hallélo hombre de mucha verdad é que guardaba la palabra, y
le parecia mal lo malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen
allá todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente
y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento ni más claro,
confesado por su boca, de la ignorancia y ceguedad del bachiller
Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento, y de todos los que
creian que por él se excusaban las tan horribles é impías guerras, y
robos, y calamidades que á aquellas gentes, por ellas, los españoles
les causaban? ¿Qué evidencia les hizo Anciso en su requerimiento
para constituillos en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima
causa de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos?
¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla, ó
España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué tierras ó bienes
le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion dellas fueron en
mora constituidos, despues de muchas veces rogados y requeridos? ¿Qué
bárbaros, incultos y hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel
requerimiento y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de
vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos de la
provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras! _¿Quid ægemus
testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico_, y pregúntote
¿si eran obligados á creerte luégo, que el Dios que les hacia saber era
Trino y Uno, y así de las otras particularidades de tu requerimiento?
¿Bastabas tú, quizá, con gente armada, que venias á robar su oro, sus
haciendas, sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué
sabian qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian
visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas
que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto que en
sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí por cierto tengo, que
mucho de lo que Anciso aquí dice fué fingida fábula, y no historia
del todo allí acaecida, porque parece ser imposible en dos años poder
aquellos Caciques entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros
términos y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la
primera vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo ninguno
de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron en aquello tardar,
y por ésto tengo por incierto que del Papa ni del Rey dijesen aquellas
palabras los indios.
CAPÍTULO LXIV.
Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el Obispo,
vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas siempre traian
robado mucha cantidad de oro, aunque algunos dejaban las vidas en la
demanda, comenzaron á tomar gusto en lo que aquellos traian, porque
á todos cabia, por diversos caminos ó respectos, alguna parte. De
aquí provino que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos,
áun aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas, y
estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los grandes
estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño que de allí
resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que de la honra de Dios
ni de la infamia de la religion cristiana y de la perdicion de tantas
ánimas no se hobiera de tener algun cuidado; y así, en cada cuadrilla
que salia de españoles, y que Pedrárias licenciaba y mandaba que
fuesen á robar oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo
Pedrárias y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más
de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados que
cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo el oro que se
habia robado y los indios que tomaban, condenados por esclavos, y cada
uno de los Pedrárias, y oficiales, y Obispo, rescibia tantas partes
cuantos criados habia enviado: y desta manera no se derramaba gota de
sangre, ni robaba castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos
no fuesen reos, y á la restitucion del todo, _in solidum_, cada uno
dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension de
aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras estaciones hizo
una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado de Pedrárias, desta manera:
él habia escrito al Rey, que en el rio Grande del Darien, por él
arriba, tenia nuevas que habia grandes riquezas de oro por estar por
allí el dios ó ídolo de Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los
principales que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo
á buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun dijo
ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque sino saliese
verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al mismo Vasco Nuñez que lo
habia inventado; y por ésto mandólo que tomase 200 hombres, y fuese
á buscar el dios de Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba.
Embarcóse con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo para
por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de los que se
llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al encuentro con muchas
canoas, armados, yendo los españoles descuidados, y diéronles tanta
priesa que ántes que mirasen por sí tenian la mitad de los españoles
muertos ahogados, porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en
especial en aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes
nadadores y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando
las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos.
Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el poblador de
la villa de las Anades, donde pagó lo que habia hecho en ella y en
las otras partes, y plegue á Dios que con aquella muerte su divinal
justicia se haya contentado; Vasco Nuñez, con los que le quedaron,
acordó de tomar la tierra, los indios tambien dejaron el agua, y van
tras ellos siguiendo el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta
que vino la noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes
y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino Vasco
Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y díjose que los
Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron viéndolo venir desbaratado,
porque se le aguase la fama que tenia de hacer por allí aquellas
hazañas, y porque si ellos despues errasen no se maravillase nadie;
Pedrárias más quisiera que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é
cognoscer que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias
llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por la cual
el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de Coyva y Panamá,
donde despues se asentó la ciudad así nombrada; Coyva era una isleta
cerca de por allí, que el mismo Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey,
porque le habian dicho los indios, ó él mal entendido, cuando andaba
en el descubrimiento del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en
mucha abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase
Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo Adelantado, no
dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos en bien, dellos en mal,
porque, segun se dijo y pareció, de la prosperidad de Vasco Nuñez no
gustaba bien, con los suyos, Pedrárias, viendo que se le iba saliendo
de las manos; y la fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo,
para despues de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y
desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la isla de
Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez, con armas y otras
cosas necesarias para pasar por el Nombre de Dios á poblar en la
mar del Sur, esperando que el Rey le daria la gobernacion de lo que
poblase. Garavito, surgiendo seis leguas del puerto, envió secretamente
á avisar á Vasco Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la
venida del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia
sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y así salírsele
de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado, le mandó
prender y meter en una jaula de madera; puesto que, á ruego grande del
obispo, don fray Juan Cabedo, no le metieron en la jaula, y al cabo
Pedrárias le mandó soltar, con ciertas condiciones que se pusieron
entre ambos. Posible cosa es creer que nunca las cosquillas de los
ánimos, secretas, cesaron.
CAPÍTULO LXV.
Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco Nuñez habia
descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo habia escripto al Rey,
por aquella tierra sonaba, y Pedrárias, no ménos deseoso de henchirse
dellas que de oro hartarse, no se olvidaba, envió á un Gaspar de
Morales con 60 hombres, que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas
que llamaban los indios de Terareguí, la última aguda, que despues de
las Perlas se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica,
y trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las buenas
son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su camino por los
pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco Nuñez habia dejado en amor
y confederacion de los españoles todos quietos, halló que Francisco
Becerra, siendo rescibido dellos no ménos pacífica y amorosamente que
si fueran todos sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó
en el camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran número
de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales uno de aquellos
españoles, que Becerra llevaba, por guía, para lo que pretendia ir
adelante, y los indios y gente que restaba y que sentian irse Francisco
Becerra, creyendo que ya sin haber más españoles podian salirse de los
montes seguros, llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y
robaba lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando y
captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra y señorío
de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió de paz, y les dió
de todo lo que tenia, y les hizo todo buen hospedaje en su casa. No
tenia más de cuatro canoas, segun pareció, aparejadas, en las cuales no
pudieron caber todos los españoles y su aparato que siempre llevaban,
por cuya causa dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado
Peñalosa, y con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de
otro Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las islas
más en paraje. Este los estaba esperando con toda su gente de paz,
y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las cosas comestibles
en abundancia, y rogóles mucho que se holgasen y descansasen en su
casa, pero no se lo consintió el ansia de las perlas que esperaban
haber, que los llevaba y mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó
Gaspar de Morales con la mitad de los españoles en ciertas canoas
grandes, y Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende
á poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia en el
mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban, que las
gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y de Tumaco, de que arriba
hemos hablado, que siempre guardaron el amistad que con Vasco Nuñez
pusieron, aunque mil veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse
tanto la mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las
canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno dellos creia
ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente, aportaron á
la mañana todos á una de las islas, que son muchas, lo cual tuvieron
por milagro que Dios hacia por ellos, como por personas que tanto le
servian en andar en aquellos pasos santos. Hallaron la gente della,
toda, en solemnes fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando
aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse con los
maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas á otra parte, y
los españoles llegaron por la parte donde ellas estaban, no hicieron
ménos que tomallas todas y captivallas y atallas. Hácese mandado á
los maridos, los cuales, como leones bravos, vienen con sus varas
tostadas, porque no tienen ni usan flechas, y dan en los españoles muy
de presto y dellos hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de
lombardas. Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos
hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género de
armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir, pero por la rabia
de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á ir tras los españoles,
tirando varas, por librallas; ninguna cosa les aprovechó sino para
morir más de los que restaban. De allí fueron estos pecadores á la
isla más grande, donde tenia su asiento y casa real el Rey é señor de
aquellas islas, ó al ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó
porque habia sido ya informado del estrago que en aquella isla primera
dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades, salió con su
gente á les defender la entrada en su isla, ó por ventura despues de
entrados echallos; el cual hecho huir, con el perro desgarrados algunos
de los suyos, no por eso dejó de tornar cuatro veces con la gente que
más podia recoger, probando si pudiera desterralos de su tierra ó
matallos. Intervinieron los indios, que llevaban consigo chiapenses y
tumaquenses, amigos, diciéndoles que los españoles eran muy fuertes y
que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo abrasaban), y que
sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa, Quarequa, Chiape, Tumaco, y
á otros muchos, los cuales al cabo vinieron á se les subjetar, puesto
que al principio resistieron pero no pudieron prevalecer; con estos
ejemplos y persuasiones hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos
en su casa, la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más
que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas muy
lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos, todas muy ricas,
y entre ellas una que pocas parece haberse hallado en el mundo tan
grandes ni tales; era como una nuez pequeña, otros dijeron que como
una pera cermeña, la cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la
presentó á la Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por
ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas de
las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo el Gaspar
de Morales por la mano, y á otros que entendió ser principales, y
súbelos á un miradero de madera como torre, de donde se parecia mucho
espacio de la mar y de tierra, y, vuelta la cara al Oriente, con la
mano muéstrales la mar y la tierra que va hácia el Perú, diciendo:
«Mirad qué larga mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara
al Mediodia, y despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala
las islas, «ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas
están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera tierra,
y si vosotros llamais buena tierra la que tiene y abunda en oro y
perlas, segun me parece que lo buscais, oro entre nosotros poco hay,
pero de perlas toda la mar destas islas está dellas llena, dellas yo
os daré cuantas quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y
amistad que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré
y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y otras dulces
y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron admirados y
contentos. Cuando ya los nuestros querian partirse, le rogaron que
para el Rey grande suyo, dellos, rey de Castilla, le hiciese coger
100 marcos de perlas, lo cual otorgó de muy buena gana, como cosa que
tenia en poco hacerlo, pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo
como fuese señor absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos
venados y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los
vecinos, cuantos querian y habian menester, donde mataron los nuestros
muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos dias harta fiesta.
Dijeron que lo habian baptizado y puesto nombre Pedrárias, siguiendo
el error que los españoles, y áun clérigos y frailes algunos, siempre
tuvieron, baptizando á éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni
de Dios tener chico ni grande conocimiento, más del que dél ellos
se tienen, y así son causa que despues de bautizados los indios y
rescibido el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion
de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de todos
creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios, lo cual
es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo les den los
enseñan ni pueden enseñarles, ni entender las cosas de la fe en tan
poco tiempo, ni despues, porque así como de ántes se quedan; y ésta es
injuria é irreverencia que se hace al Sacramento, tan intenpestiva é
indiscretamente.
CAPÍTULO LXVI.