Despachados Luis Carrillo y Juan de Ayora para sus romerías, luégo

envió Pedrárias á Pedrárias, su sobrino, con 200 hombres con dos

navíos, al rio de la provincia del Cenú, la última sílaba aguda, para

que descubriese y anduviese aquella tierra y rio, y robase el oro que

pudiese, porque los indios que habia hecho esclavos en Isla Fuerte,

como arriba se dijo, decian que en aquella tierra ó provincia habia

mucha riqueza, como vian á todos por oro tan caninos; y verdad era,

porque aquella provincia era el fonsario y entierro de muchas gentes de

la tierra adentro, que venian á enterrar sus muertos de muchas leguas,

y enterraban con ellos cuanto oro tenian. De aquellas sepulturas se

hobo despues grande suma de oro y riquezas, aunque todo há poco, como

el mundo sabe, lucido. Así que fué con su gente Pedrárias, sobrino,

y navíos al rio de Cenú, que está del Darien 30 ó poco más leguas de

la parte del Oriente; llegados al puerto y echadas las barcas para

subir por el rio; y siendo dificultosa la subida por la corriente y

la gente ser nueva, y la gran multitud de mosquitos que los comian, y

la esperanza de haber lo que buscaban con tantos trabajos muy fria,

comenzaron á sentir más el oficio y trabajo del remar que el consuelo

de conseguir su fin les ofrecia. Por todos estos accidentes comenzaron

á caer enfermos y á morir; viéndose Pedrárias, sobrino, en mucha

angustia, y que él tambien padecia el peligro de la vida, y no ver

aparejo para hacer asiento, que quizá era lo que más queria, por salir

de tanta tristeza dió luégo la vuelta al Darien con la mitad ménos

de la compañía. Viéndolo Pedrárias, su tio, más creo que se holgara

si lo viera que los navíos cargados de oro y de muchos indios hechos

esclavos traia. Desde á poco, hé aquí viene Luis Carrillo con toda su

compañía, que habia desmamparado y despoblado la villa de las Anades,

diciendo que no podian hallar bastimentos para se sustentar por andar

los indios huidos; con estos recaudos estaba Pedrárias muy afligido,

y via que no ponia en cosa mano que no se le deshacia, puesto que no

dejaba de recoger del oro robado, y esclavos hechos tan contra Dios y

su ley, cuanto para sí aplicar podia; pero el ciego infelice, ser la

causa de los reveses que padecia el mal estado en que él y todos los

españoles, que en aquella tierra estaban, vivian, destruyendo aquellas

inoxias gentes, no advertia. Aquel Luis Carrillo, despues que comenzó á

asentar su villa de las Anades, puso por obra de hacer catas, con los

indios esclavos que él y los de su compañía tenian, en aquel rio, para

ver el oro que habia, y puesto que por aquel y por otros muchos rios,

y toda aquella tierra es de oro rica, pero como se saca con grandísimo

trabajo y há menester paciencia y tiempo para cogollo, porque no suele

salir tan á montones que luégo se alegre y contente y harte la gran

cudicia, comenzaron á desajenarse los vecinos de la nueva villa; pero

el Luis Carrillo, por esforzar los vecinos á que no desmayasen, y

dalles algun contentamiento, acordó de salir, con los que más sanos y

dispuestos estaban, á captivar indios de los que por sus obras y de los

demas andaban ahuyentados, y otros que estaban en sus pueblos con temor

cada dia esperándolos. Fuese por la tierra de Abrayba á la provincia

nombrada Ceracaná, la última luenga, que vivian en las barbacoas ó

casas sobre los árboles que estaban en el agua, los cuales, sintiendo

los españoles, se defendieron con sus varas un buen rato, pero no les

aprovechó porque los españoles, combatidas siete de aquellas casas

altas, prendieron al cabo más de 400 ánimas, y queriendo ir adelante

á buscar más los ya captivos probaron á huir, y escapáranse sino por

un perro que llevaban que lo soltaron, y aquel los detuvo habiendo

muchos dellos desgarrado; á aquellos 400 repartió Luis Carrillo entre

sí mismo y su compaña. Venidos á su pueblo de las Anades, fuese luégo

al Darien á decir á Pedrárias que era imposible allí perseverar por

no haber comida y por otras incomodidades, y así luégo lo despoblaron.

Por este tiempo debia enviar Pedrárias al bachiller Anciso al Cenú,

como hervia siempre la fama y más la cudicia del abundar en oro aquella

provincia, como á hombre que tenia experiencia de aquellas tierras y

que lo haria mejor que Pedrárias su sobrino, y como Anciso era jurista

debió parecerle que justificaba, con usar del requerimiento, mejor sus

robos y violencias que iba á hacer á los vecinos del Cenú, que Juan de

Ayora y Luis Carrillo, sin él, las suyas, y así dice él en su «Suma

de geografía», cuasi al cabo della, hablando del Cenú, las palabras

siguientes: «Yo requerí, de parte del rey de Castilla á dos Caciques

destos del Cenú, que fuesen del rey de Castilla, y que les hacia saber

como habia un sólo Dios, que era Trino y Uno, y gobernaba el cielo y la

tierra, y que éste ha venido al mundo y habia dejado en su lugar á Sant

Pedro, y que Sant Pedro habia dejado por su sucesor, en la tierra, al

Santo Padre, que era Señor de todo el mundo Universo, en lugar de Dios,

y que ese Santo Padre, como Señor del Universo, habia hecho merced

de toda aquella tierra de las Indias y del Cenú al rey de Castilla,

y que, por virtud de aquella merced que el Papa habia hecho al Rey,

les requeria que ellos le dejasen aquella tierra, pues le pertenecia;

y que si quisiesen vivir en ella, como se estaban, que le diesen la

obediencia como á su señor, y le diesen en señal de obediencia alguna

cosa cada un año, y que eso fuese lo que ellos quisiesen señalar, y

que si ésto hacian que el Rey les haria mercedes y les daria ayuda

contra sus enemigos, y que pornia entre ellos frailes ó clérigos que

les dijesen las cosas de la fe de Cristo, y que si algunos se quisiesen

tornar cristianos, que les haria mercedes, y que los que no quisiesen

ser cristianos, que no les apremiarian á que lo fuesen sino que se

estuviesen como se estaban.» Respondiéronme, que en lo que decia que

no habia sino un Dios, y que éste gobernaba al cielo y la tierra y que

era Señor de todo, que les parecia bien y que así debia ser, pero en lo

que decia, que el Papa era Señor de todo el Universo, en lugar de Dios,

y que él habia hecho merced de aquella tierra al Rey de Castilla,

dijeron que el Papa debia estar borracho cuando lo hizo, pues daba lo

que no era suyo, y que el Rey, que pedia y tomaba la merced, debia ser

algun loco pues pedia lo que era de otros, y que fuese allá á tomarla

que ellos le pornian la cabeza en un palo, como tenian otras, que me

mostraron de enemigos suyos, puestas encima de sendos palos, cabe el

lugar, y dijeron que ellos se eran señores de su tierra y que no habian

menester otro señor. Yo les torné á requerir que lo hiciesen, si no que

les haria la guerra y les tomaria el lugar, y que mataria á cuantos

tomase, ó los prenderia y los venderia por esclavos. E respondiéronme,

que ellos me pornian, primero, la cabeza en un palo, é trabajaron por

lo hacer, pero no pudieron porque les tomamos el lugar por fuerza,

aunque nos tiraron infinitas flechas é todas herboladas, é nos hirieron

dos hombres, con hierba, y entrambos murieron de la hierba aunque las

heridas eran pequeñas; y despues prendí yo en otro lugar al un Cacique

dellos, que es el que dije arriba que me habia dicho de las minas del

Nocri, é hallélo hombre de mucha verdad é que guardaba la palabra, y

le parecia mal lo malo y bien lo bueno, y cuasi de esta forma se hacen

allá todas las guerras. Todo ésto es lo que Anciso dice formalmente

y á la letra en el lugar alegado. ¿Qué mayor argumento ni más claro,

confesado por su boca, de la ignorancia y ceguedad del bachiller

Anciso, y de quien ordenó el tal requerimiento, y de todos los que

creian que por él se excusaban las tan horribles é impías guerras, y

robos, y calamidades que á aquellas gentes, por ellas, los españoles

les causaban? ¿Qué evidencia les hizo Anciso en su requerimiento

para constituillos en culpa de contumacia, y que él tuviese legítima

causa de invadillos, tomalles el pueblo matándolos y captivándolos?

¿qué injurias ó daños representaba haber el rey de Castilla, ó

España, ó el mismo Anciso dellos rescibido? ¿qué tierras ó bienes

le habian usurpado, que pidiéndoles la restitucion dellas fueron en

mora constituidos, despues de muchas veces rogados y requeridos? ¿Qué

bárbaros, incultos y hombres bestialísimos, no escarnecerán de aquel

requerimiento y de quien lo hizo? ¡Y que afirme Anciso, como testigo de

vista, que de aquella forma que él hizo la guerra á los vecinos de la

provincia del Cenú, se hicieron allá todas las guerras! _¿Quid ægemus

testibus? ex ore tuo, oh bachalarie Anciso, te judico_, y pregúntote

¿si eran obligados á creerte luégo, que el Dios que les hacia saber era

Trino y Uno, y así de las otras particularidades de tu requerimiento?

¿Bastabas tú, quizá, con gente armada, que venias á robar su oro, sus

haciendas, sus mujeres y hijos, y su libertad, por testigo? ¿Y qué

sabian qué cosa eran frailes, ni clérigos, que nunca jamás habian

visto ni oido; fe, ni Cristo, ni qué era ser cristianos, y los demas

que habian de ser entre ellos por disparates tenidos, puesto que en

sí fuesen margaritas divinas? Aunque yo para mí por cierto tengo, que

mucho de lo que Anciso aquí dice fué fingida fábula, y no historia

del todo allí acaecida, porque parece ser imposible en dos años poder

aquellos Caciques entender qué cosa era Sant Pedro, ni Papa, ni otros

términos y sentencia que allí Anciso refiere, como fuese aquella la

primera vez que españoles entraron allí, y no supiesen vocablo ninguno

de su lengua, cuanto ménos en una hora que pudieron en aquello tardar,

y por ésto tengo por incierto que del Papa ni del Rey dijesen aquellas

palabras los indios.

CAPÍTULO LXIV.

Desque los Pedrárias, y los oficiales del Rey é tambien el Obispo,

vieron que todos los que iban á hacer aquellas entradas siempre traian

robado mucha cantidad de oro, aunque algunos dejaban las vidas en la

demanda, comenzaron á tomar gusto en lo que aquellos traian, porque

á todos cabia, por diversos caminos ó respectos, alguna parte. De

aquí provino que ya las entradas se aprobaban y hacian por todos,

áun aquellos que de oficio les incumbia vituperallas, y acusallas, y

estorballas en cuanto pudiesen, viendo tan manifiestos los grandes

estragos que en aquellas gentes se hacian, y el daño que de allí

resultaba, áun para el provecho del Rey, ya que de la honra de Dios

ni de la infamia de la religion cristiana y de la perdicion de tantas

ánimas no se hobiera de tener algun cuidado; y así, en cada cuadrilla

que salia de españoles, y que Pedrárias licenciaba y mandaba que

fuesen á robar oro y captivar indios para los hacer esclavos, el mismo

Pedrárias y cada uno de los cuatro oficiales del Rey, y, lo que más

de llorar era, el mismo reverendo Obispo, enviaban los criados que

cada uno tenia é queria, y de vuelta repartíase todo el oro que se

habia robado y los indios que tomaban, condenados por esclavos, y cada

uno de los Pedrárias, y oficiales, y Obispo, rescibia tantas partes

cuantos criados habia enviado: y desta manera no se derramaba gota de

sangre, ni robaba castellano, ni captivaba persona alguna, de que todos

no fuesen reos, y á la restitucion del todo, _in solidum_, cada uno

dellos, y el señor Obispo que habia de poner la vida por defension de

aquellas sus ovejas, no fuese obligado. Entre otras estaciones hizo

una Vasco Nuñez, por induccion ó mandado de Pedrárias, desta manera:

él habia escrito al Rey, que en el rio Grande del Darien, por él

arriba, tenia nuevas que habia grandes riquezas de oro por estar por

allí el dios ó ídolo de Dabayba, y por esta nueva habia muchos de los

principales que habia consigo traido Pedrárias, que la empresa de irlo

á buscar por gran merced le demandaban, pero Pedrárias, segun dijo

ó se sintió dél, no quiso concedella á ninguno, porque sino saliese

verdad no culpasen á sus Capitanes, sino al mismo Vasco Nuñez que lo

habia inventado; y por ésto mandólo que tomase 200 hombres, y fuese

á buscar el dios de Dabayba y traer la riqueza de que se tractaba.

Embarcóse con ellos en muchas canoas, porque no habia otro aparejo para

por aquel rio navegar, y llegando á la tierra y señorío de los que se

llamaban gugures, que era mucha, saliéronles al encuentro con muchas

canoas, armados, yendo los españoles descuidados, y diéronles tanta

priesa que ántes que mirasen por sí tenian la mitad de los españoles

muertos ahogados, porque los nuestros, y todos, somos en el agua, en

especial en aquellas canoas, gatos, y los indios, por ser grandes

nadadores y desnudos en cueros, hácennos grande ventaja, trastornando

las canoas, lo cual hecho poco trabajo es menester para matarnos.

Entre los primeros cayó luégo muerto Luis Carrillo, el poblador de

la villa de las Anades, donde pagó lo que habia hecho en ella y en

las otras partes, y plegue á Dios que con aquella muerte su divinal

justicia se haya contentado; Vasco Nuñez, con los que le quedaron,

acordó de tomar la tierra, los indios tambien dejaron el agua, y van

tras ellos siguiendo el alcance; plugo á Dios que se sustentaron hasta

que vino la noche, y con la oscuridad tuvieron lugar de huir por montes

y valles, porque de otra suerte ninguno dellos escapara. Vino Vasco

Nuñez herido, y alguno de los restantes maltratados, y díjose que los

Capitanes nuevos de Pedrárias se holgaron viéndolo venir desbaratado,

porque se le aguase la fama que tenia de hacer por allí aquellas

hazañas, y porque si ellos despues errasen no se maravillase nadie;

Pedrárias más quisiera que viniera de oro cargado, y de no lo venir, é

cognoscer que perdia mucha gente, no podia no pesalle. En estos dias

llegó cierto navío al Darien que trujo una Provision real, por la cual

el Rey daba título á Vasco Nuñez de Adelantado de Coyva y Panamá,

donde despues se asentó la ciudad así nombrada; Coyva era una isleta

cerca de por allí, que el mismo Vasco Nuñez envió á suplicar al Rey,

porque le habian dicho los indios, ó él mal entendido, cuando andaba

en el descubrimiento del mar del Sur, que habia ó perlas ó oro en

mucha abundancia. Rescibida la Provision hízose apregonar. Comiénzase

Vasco Nuñez y los que le amaban á llamar con regocijo Adelantado, no

dejando de haber murmullo ó corrillos, dellos en bien, dellos en mal,

porque, segun se dijo y pareció, de la prosperidad de Vasco Nuñez no

gustaba bien, con los suyos, Pedrárias, viendo que se le iba saliendo

de las manos; y la fortuna no olvidaba á Vasco Nuñez de levantallo,

para despues de más alto lo derrocar. Ayudó luégo á lo susodicho, y

desabrimientos de Pedrárias, que volvió Andrés Garavito de la isla de

Cuba, con 60 españoles, para seguir á Vasco Nuñez, con armas y otras

cosas necesarias para pasar por el Nombre de Dios á poblar en la

mar del Sur, esperando que el Rey le daria la gobernacion de lo que

poblase. Garavito, surgiendo seis leguas del puerto, envió secretamente

á avisar á Vasco Nuñez de su venida. No se le encubrió á Pedrárias la

venida del Garavito, y el propósito de Vasco Nuñez de como pretendia

sin él gobernar, enviando al Rey por licencia para ello y así salírsele

de la mano, fuéle oirlo molestísimo, é, mucho, indignado, le mandó

prender y meter en una jaula de madera; puesto que, á ruego grande del

obispo, don fray Juan Cabedo, no le metieron en la jaula, y al cabo

Pedrárias le mandó soltar, con ciertas condiciones que se pusieron

entre ambos. Posible cosa es creer que nunca las cosquillas de los

ánimos, secretas, cesaron.

CAPÍTULO LXV.

Como, despues del oro, la riqueza de las perlas, que Vasco Nuñez habia

descubierto cuando descubrió la mar del Sur y lo habia escripto al Rey,

por aquella tierra sonaba, y Pedrárias, no ménos deseoso de henchirse

dellas que de oro hartarse, no se olvidaba, envió á un Gaspar de

Morales con 60 hombres, que fuese á la mar del Sur y pasase á las islas

que llamaban los indios de Terareguí, la última aguda, que despues de

las Perlas se llamaron, en especial una que llamaban la isla Rica,

y trabajase de haber cuantas pudiese, porque en Castilla las buenas

son muy preciadas y oro es lo que oro vale. Yendo su camino por los

pueblos y señoríos de los Caciques que Vasco Nuñez habia dejado en amor

y confederacion de los españoles todos quietos, halló que Francisco

Becerra, siendo rescibido dellos no ménos pacífica y amorosamente que

si fueran todos sus hermanos, los habia robado y asolado, al cual topó

en el camino, que se tornaba al Darien cargado de oro y con gran número

de indios presos por esclavos. Tomó Gaspar de Morales uno de aquellos

españoles, que Becerra llevaba, por guía, para lo que pretendia ir

adelante, y los indios y gente que restaba y que sentian irse Francisco

Becerra, creyendo que ya sin haber más españoles podian salirse de los

montes seguros, llegaba la langosta de Gaspar de Morales, y prendia y

robaba lo que Becerra no habia destrozado; y así, robando, matando y

captivando, llegó á la costa del mar del Sur, á la tierra y señorío

de un Cacique, Tutibra llamado, el cuál lo recibió de paz, y les dió

de todo lo que tenia, y les hizo todo buen hospedaje en su casa. No

tenia más de cuatro canoas, segun pareció, aparejadas, en las cuales no

pudieron caber todos los españoles y su aparato que siempre llevaban,

por cuya causa dejó allí la mitad dellos con un Capitan llamado

Peñalosa, y con los demas, con estas canoas, se fué á un pueblo de

otro Cacique, nombrado Tunaca, que debia estar para pasar á las islas

más en paraje. Este los estaba esperando con toda su gente de paz,

y les tenia aparejado buen rescibimiento, y las cosas comestibles

en abundancia, y rogóles mucho que se holgasen y descansasen en su

casa, pero no se lo consintió el ansia de las perlas que esperaban

haber, que los llevaba y mandaba; así, luégo, el dia siguiente, saltó

Gaspar de Morales con la mitad de los españoles en ciertas canoas

grandes, y Francisco Pizarro en otras con los demas, los cuáles dende

á poco rato, navegando, no quisieran, por cuantas perlas habia en el

mundo, haber allí entrado. La gente que de indios llevaban, que las

gobernaban, eran de los Caciques de Chiapes y de Tumaco, de que arriba

hemos hablado, que siempre guardaron el amistad que con Vasco Nuñez

pusieron, aunque mil veces tuvieron razon de quebrantársela; levantóse

tanto la mar, de que vino la noche, que todos pensaron perecer, y las

canoas una de otra apartadas, que no se vieron, cada uno dellos creia

ser los otros anegados. Por grande ventura, finalmente, aportaron á

la mañana todos á una de las islas, que son muchas, lo cual tuvieron

por milagro que Dios hacia por ellos, como por personas que tanto le

servian en andar en aquellos pasos santos. Hallaron la gente della,

toda, en solemnes fiestas ocupada, y porque tenian de costumbre, cuando

aquellas fiestas celebraban, estar todas las mujeres sin verse con los

maridos, apartadas, y los maridos lo mismo, sin ellas á otra parte, y

los españoles llegaron por la parte donde ellas estaban, no hicieron

ménos que tomallas todas y captivallas y atallas. Hácese mandado á

los maridos, los cuales, como leones bravos, vienen con sus varas

tostadas, porque no tienen ni usan flechas, y dan en los españoles muy

de presto y dellos hirieron algunos, pero no les hicieron heridas de

lombardas. Sueltan el perro que llevaban y vá á los indios y en ellos

hace terrible estrago, huyen los tristes asombrados de tal género de

armas, y aunque muchos murieron y pensaban morir, pero por la rabia

de ver llevar sus mujeres y hijas, tornaron á ir tras los españoles,

tirando varas, por librallas; ninguna cosa les aprovechó sino para

morir más de los que restaban. De allí fueron estos pecadores á la

isla más grande, donde tenia su asiento y casa real el Rey é señor de

aquellas islas, ó al ménos de las más, el cual, sabiendo que venian, ó

porque habia sido ya informado del estrago que en aquella isla primera

dejaban hecho, ó por la fama de sus ordinarias crueldades, salió con su

gente á les defender la entrada en su isla, ó por ventura despues de

entrados echallos; el cual hecho huir, con el perro desgarrados algunos

de los suyos, no por eso dejó de tornar cuatro veces con la gente que

más podia recoger, probando si pudiera desterralos de su tierra ó

matallos. Intervinieron los indios, que llevaban consigo chiapenses y

tumaquenses, amigos, diciéndoles que los españoles eran muy fuertes y

que todo lo sojuzgaban (y pudieran añidir que todo lo abrasaban), y que

sojuzgaron á los señores Ponca, Pocorosa, Quarequa, Chiape, Tumaco, y

á otros muchos, los cuales al cabo vinieron á se les subjetar, puesto

que al principio resistieron pero no pudieron prevalecer; con estos

ejemplos y persuasiones hobo de venir á ellos pacíficamente. Metiólos

en su casa, la cual dijeron que era maravillosamente hecha, y muy más

que otras de Caciques señalada, hizo sacar una cesta de vergas muy

lindas hecha, llena de perlas que pesaron 110 marcos, todas muy ricas,

y entre ellas una que pocas parece haberse hallado en el mundo tan

grandes ni tales; era como una nuez pequeña, otros dijeron que como

una pera cermeña, la cual llevó á España la mujer de Pedrárias y la

presentó á la Emperatriz, é dijeron que le mandó dar 4.000 ducados por

ella. Diéronle cuentas, y espejos, y cascabeles, y otras cosillas de

las nuestras, de que el Cacique fué muy alegre. Toma luégo el Gaspar

de Morales por la mano, y á otros que entendió ser principales, y

súbelos á un miradero de madera como torre, de donde se parecia mucho

espacio de la mar y de tierra, y, vuelta la cara al Oriente, con la

mano muéstrales la mar y la tierra que va hácia el Perú, diciendo:

«Mirad qué larga mar y qué de tierra va por allí,» y vuelve la cara

al Mediodia, y despues al Poniente, y dice lo mismo; despues señala

las islas, «ved qué de islas á una mano y á otra están por aquí, todas

están debajo de mi imperio; toda ésta es muy buena y próspera tierra,

y si vosotros llamais buena tierra la que tiene y abunda en oro y

perlas, segun me parece que lo buscais, oro entre nosotros poco hay,

pero de perlas toda la mar destas islas está dellas llena, dellas yo

os daré cuantas quisiéredes, con tanto que me guardeis la fidelidad y

amistad que yo os guardaré, y desto estar ciertos que os la guardaré

y me gozaré siempre de conversar con vosotros.» Estas y otras dulces

y amigables palabras les dijo, de que ellos quedaron admirados y

contentos. Cuando ya los nuestros querian partirse, le rogaron que

para el Rey grande suyo, dellos, rey de Castilla, le hiciese coger

100 marcos de perlas, lo cual otorgó de muy buena gana, como cosa que

tenia en poco hacerlo, pero no por eso se tuvo por obligado á hacerlo

como fuese señor absoluto en aquellas islas y tierras. Habia tantos

venados y conejos en aquella isla, que se venian á las casas de los

vecinos, cuantos querian y habian menester, donde mataron los nuestros

muchos con las ballestas, con que tuvieron muchos dias harta fiesta.

Dijeron que lo habian baptizado y puesto nombre Pedrárias, siguiendo

el error que los españoles, y áun clérigos y frailes algunos, siempre

tuvieron, baptizando á éstos infieles sin darles doctrina alguna, ni

de Dios tener chico ni grande conocimiento, más del que dél ellos

se tienen, y así son causa que despues de bautizados los indios y

rescibido el carácter (si empero no ponen obstáculo, y tienen intencion

de rescibir lo que los españoles les dicen ser bueno, como de todos

creemos), que vayan á idolatrar y cometan mil sacrilegios, lo cual

es certísimo hacerse, porque ni ántes que el bautismo les den los

enseñan ni pueden enseñarles, ni entender las cosas de la fe en tan

poco tiempo, ni despues, porque así como de ántes se quedan; y ésta es

injuria é irreverencia que se hace al Sacramento, tan intenpestiva é

indiscretamente.

CAPÍTULO LXVI.

Historia de las Indias (vol. 4 de 5) · 第 14 / 38 段