donde holgando algun dia, no se les cocia el pan, en especial á Vasco
Nuñez que no podia estar quieto; deliberó de ir á descubrir algo por
la mar, un golfo que por allí parecia entrar mucho en la tierra,
especialmente. Desque Chiapes vido su determinacion, persuadíale y
rogábale mucho que no lo hiciese por entónces, porque era muy peligroso
navegar por aquella mar en aquel tiempo, y señalaba tres meses del año,
conviene á saber, Octubre, y Noviembre, y Diciembre; pero Vasco Nuñez
no por aquellos miedos y peligros se detiene, diciendo que Dios los
habia de ayudar, porque de aquel viaje habia de salir mucho servicio
á Dios y aumento de su fe, por los tesoros grandes que se habian de
descubrir, para que los reyes de Castilla hiciesen guerra contra
infieles. Su grande ambicion y cudicia envolvia y aburujaba con el
servicio de Dios, que nunca pretendió, sino hacerse á sí, de sangre de
hombres inocentes, rico. El cacique Chiapes, porque no pareciese que no
le guardaba toda fidelidad, como buen amigo, aunque sabia el peligro
en que se ponia, todavía quiso acompañalle y seguille. Embarcáronse
Vasco Nuñez y Chiapes, y 80 españoles de los más sanos de todos los
que tenia, los demas déjanlos allí en las nueve canoas dichas, y para
remallas y ayudar en todo lo que se ofreciera muchos indios, y porque
entraron en el golfo susodicho, dia de Sant Miguel, que es á 29 de
Setiembre, púsole aquel nombre, como hoy lo tiene. Sucedió luégo, en
entrando, apartados algo de tierra, tan grandes olas y tan bravas, que
Vasco Nuñez, por haber tomado el consejo de Chiapes, renunciara todas
las riquezas del mundo que tuviera. Fué grandísima ventura todos no
perderse, y los indios, que suelen nadar como peces, mostraban más el
peligro en que se vian, por las muchas veces que sabian peligrar en
aquel golfo por experiencia, y este miedo que mostraban los indios
causaba á los españoles mayor desconfianza de su buena suerte. La
causa de andar la mar en aquel golfo, sin que haga viento, tan brava
é inquieta, es las muchas isletas y arracifes, ó peñascos, que hay
en él. Tomaron por remedio los indios, como maestros en aquello, que
se juntaron unas canoas con otras, y atáronse con cuerdas, porque
atadas no se trastornan tan fácilmente; llegáronse al reparo de una
isleta, y saltaron en tierra, ligando las canoas, ó á las peñas, ó á
algunos arbolillos mariscos que allí crescen, donde estuvieron toda la
noche con muy poco ménos tormento que si luégo vieran la muerte, y no
estuvieron muy léjos della, porque, creciendo la mar, cubrió toda la
isleta como si no hobiera en ella tierra ó peñas, y ellos en el agua
hasta la cinta, ó poco ménos. Venido el dia, y tornando á bajar la mar,
van á ver sus canoas, de las cuales hallan algunas hechas pedazos,
otras abiertas por muchas partes, y todas llenas de arena y de agua
salada, y en ninguna hato ni comida, de todo lo que en ellas tenian,
hallaron. No hay mucho aquí que dudar de cuánta miseria, angustia, y
tristeza estarian llenos y sobrepujados; viéndose así tan cercanos á
del todo perecer, comenzaron á socorrerse, desollando cortezas de los
arbolillos marinos que allí estaban y majándolas, y con ellas y con
hierbas, tajaban y tupian las hendiduras de las canoas que no estaban
del todo quebradas, y, como mejor pudieron, tornáronse á embarcar
con muy grande peligro, y padeciendo terrible hambre. Van en demanda
de la tierra de un señor llamado Tumaco, que está en un rincon del
mismo golfo, y éste hallaron, para resistilles, aparejado, el cual
les dió una batalluela, de las que los desnudos, donde no tenian
hierba ponzoñosa, solian dar; venciéronlo, aunque flacos de hambre, y
ahuyentáronlo como á los de atras, quedando los que alcanzaron, por
los perros y con las espadas, hechos pedazos, y el mismo Cacique bien
descalabrado. Envió luégo el cacique Chiapes mensajeros de su gente
al Tumaco, avisándole de la fortaleza de los españoles, y cuán crueles
eran contra los que no se les daban, y cuán bien trataban los que
tenian por amigos, como hacian á él y á los otros señores que quedaban
en los caminos por donde venian. No habia Chiapes aún experimentado
el tractamiento que despues le hicieron, y como no era oro todo lo
que relucia en los españoles, y como habian todos de perecer en las
minas y en los otros trabajos en que los pusieron para hacerse ricos,
y por ello sacalles la sangre. Tumaco no quiso ser persuadido de los
mensajeros de Chiapes, y, cierto, en su seso estaba; tórnale á enviar
otros mensajeros, ó otra vez los mismos, avisándole, como amigo, porque
tuviese por cierto que, si no venia, no se podia escapar de sus manos,
donde sería cruelmente muerto, y todo su señorío disipado, y todo lo
demas que pudo envialle á decir, para movello, le significaron. En
fin, convencido de las razones y temores que le pusieron, acordó de
sacar de la necesidad virtud; pero él no quiso venir, mas envió su
hijo, al cual Vasco Nuñez rescibió muy bien, y creo que le dió una
camisa y otras cosillas, y tornólo á enviar á su padre, amonestándole
que le dijese todo el mal y bien que podian los españoles hacerle,
por eso, que no tardase ni porfiase á perseverar en no querer venir
á ser su amigo. Viendo Tumaco que así habian tratado á su hijo,
creyendo que así sería todo y siempre, al tercero dia determinó de
venir bien acompañado de su gente y principales, pero no quiso traer
consigo nada que ofreciese para la lámpara que tanto ardia, y aquella
ofrenda deseaba. Rescibióle con mucha fiesta Vasco Nuñez y los demas,
y aseguráronlo mucho, hablóles Chiapes, loando mucho á los españoles,
que eran buenos amigos, y que era razon de los abrigar y ayudar, pues
eran extranjeros y estaban en sus tierras, y otras cosas para lo
atraer á la confianza y amistad de los cristianos; él, así aplacado y
confiado por las palabras de Chiapes y por la conversacion alegre que
experimentaba, envió de la gente que consigo trujo, ciertos criados
á su casa, los cuales trujeron ciertas joyas de oro, y, lo que más
valia y más se estimó, y con razon, trujeron 240 perlas gruesas, muy
preciosas, y de otras menudas, muchas. Desque Vasco Nuñez y todos las
vieron, no se podia encarecer el alegría y regocijo que tuvieron,
creyendo que ya se les acercaban las riquezas inmensas que el hijo del
rey Comogre les habia denunciado, por lo cual se tenian por los más
bienaventurados del mundo, y daban ya por bien empleados todos sus
trabajos, que no eran mucho menores que infernales. Las perlas grandes,
como dije, eran de mucho valor, salvo, que por echar los indios en el
fuego las ostias donde ellas están para las abrir, salian ahumadas,
y no tan blancas como ellas lo eran y son de su natural. Despues, el
tiempo andando, enseñaron los españoles á los indios como abriesen
las ostias, sin fuego, más aína y con más cuidado y continuacion que
la doctrina cristiana, porque no viene alguno dellos por aquel fin
acá, y ésto, cierto, creo, por lo que habemos largamente visto, que lo
podemos afirmar sin pecado; pues como viese Tumaco que tanta fiesta
se hacia por las perlas, y que todos dellas se admiraban, por mostrar
ser liviandad y que él las tenia en poco, envió luégo ciertos indios,
mandándoles que fuesen á pescar más, los cuales se dijo que trujeron,
desde á cuatro dias, dellas tantas que pesaron 12 marcos. Todo ésto
era materia para que los nuestros no pudiesen tragar la saliva de
gozo, tanto les crescia la esperanza de su desideratísima felicidad.
Todos los españoles y indios estaban en grandísimo regocijo; los
españoles, por los argumentos que juzgaban serles todo aquello de su
bienandanza, y los indios, mayormente los Caciques, por el amistad de
los cristianos, creyendo que aquella les habia de durar, y que los
españoles estimaban en mucho el oro y perlas que ellos tenian en nada,
y que se contentaran con lo que les daban y no quisieran dellos más,
y mayormente se holgaba Chiapes por haber sido medianero de la paz y
amistad de Tumaco y los cristianos. Certificaron Chiapes y Tumaco á
Vasco Nuñez, estar una isla distante de allí obra de cinco leguas,
segun por señas señalaban, dentro en aquel golfo, donde señoreaba un
Rey gran señor, en la cual habia gran multitud de ostias muy grandes,
en las cuales se criaban perlas tan grandes como aceitunas, y como
habas, segun por señas significaban. Oido Vasco Nuñez de la isla y
de la riqueza de las perlas, no podia caber en sí por la excesiva
alegría, dice que luégo quiere pasar á ella é que aparejen las canoas;
los dos Caciques amigos le ruegan que no se ponga en aquel peligro en
tal tiempo, que lo deje para el verano, cuando la mar está en sosiego,
y entónces podrá ir á su placer y alcanzar cumplimiento de su deseo,
y que para entónces ellos con su gente le acompañarian. Temió Vasco
Nuñez no le acaeciese lo que de ántes habia padecido en la isleta, y
así tuvo por bueno el consejo de aquellos Caciques sus amigos. Díjose
que aquel cacique Tumaco dió nuevas á Vasco Nuñez, como por aquella
costa en adelante, señalando hácia el Perú, habia grande cantidad de
oro, y ciertos animales sobre que ponian sus cargas las gentes della,
y que de barro hizo una figura como las ovejas de aquella tierra, con
el pescuezo que tienen, que parece propio de camello; estaban los
españoles admirados, dellos decian que mentian, dellos pensaban si
eran camellos, dellos si eran ciervos ó dantas, que las hay en muchas
partes de tierra firme, que son como terneras chiquitas, pero difieren
porque tienen las piernas muy chicas, cuasi un palmo del suelo, y creo
que carecen de grandes cuernos: y éste fué el segundo indicio que Vasco
Nuñez alcanzó de las riquezas y estado del Perú.
CAPÍTULO L.
Con todas estas tan nuevas nuevas, cargado de larguísima esperanza
de las riquezas de oro y perlas que esperaba de descubrir el verano
venidero, y que nunca gozó aunque las habia mayores que jamás fueron
imaginadas ni soñadas, Vasco Nuñez acordó, muy contento, y alegre, y
triunfante, volverse al Darien; despidió allí los caciques Chiapes y
Tumaco, que se quedasen muy enhorabuena, dándoles gracias por lo que
por él y los suyos habian hecho, y en especial á Chiapes, que más
con él habia trabajado y más seguídole, y abrazándolos, y ellos á
él (mayormente Chiapes lloró mucho apartándose dél, porque, cierto,
comunmente los indios aman á los que no les hacen mal), y con alguna
muestra de querellos bien de veras, dejó con él los españoles que
estaban mal dispuestos y flacos, encomendándoselos tuviese cargo
dellos, hasta que estuviesen buenos y pudiesen irse tras él, dióle
todos los indios que hobo menester, que le llevasen las cargas y
acompañasen hasta donde quisiese servirse dellos. Fueron por otro
camino que habian venido, y aportaron á la tierra y señorío de un
otro Cacique llamado Teaocham; éste, sabido que iban y las obras que
hacian á las gentes donde llegaban, si no les salian á rescibir,
como no tuviese fuerzas para les resistir, acordó salirles de paz al
camino, y hacelles todo el rescibimiento de amistad y benevolencia, y
acogimiento, y servicio en su pueblo que le fué posible; trujo ante
sí consigo su presente, que ofreció á Vasco Nuñez, 1.000 castellanos
de oro en piezas labradas por muy lindo artificio, y 200 perlas muy
finas, puesto que algo turbias por haberlas sacado de las conchas ó
ostias al fuego. Dióles abundantemente de comer de todo lo que tenia,
y hospédalos, en todo lo que pudo, como si fueran sus deudos y amigos,
y á toda la gente que de Chiapes traia; rogó á Vasco Nuñez que diese
licencia que se tornasen á su tierra los chiapenses, porque estando
en su casa, no les habia de faltar cosa de lo que tuviese. Fué así,
é mandóles dar comida para su camino. Holgáronse allí con Teaocham
dos ó tres dias, y porque el camino para el Darien, desde allí, era
despoblado mucha parte, y de altísimas y estériles sierras, donde habia
muchos tigres y leones, proveyóles de mucho bastimento, bizcocho, y
pescado salado, y otras cosas, y mucha gente que le sirviese y llevase
las cargas, y hombres de sus principales, y con ellos por Capitan,
para que mandase y ordenase á todos por el camino, el mayor y más
amado hijo que tenia, mandándole que no se apartase de los españoles
un credo, ni se volviese, ni él ni hombre de los que con él iban, sin
voluntad y mandado de Vasco Nuñez. Guiaron su camino los indios por
la tierra de un otro señor, mayor que todos los que atras quedaban,
que debia de ser enemigo dellos, del cual justa ó injustamente se
quejaban, y quisieran, por ventura, que los españoles á quien tenian ya
por invencibles, hicieran guerra contra él, que Pacra se llamaba; éste
Pacra, gran señor, no osó salir de guerra ni de paz, sino escondióse; y
ántes que aquí llegasen, subiendo por unas aspérrimas sierras, que no
tenian por mucha parte del camino agua, padecieron tan terrible sed,
que si no fuera por las guías, que, apartado del camino en un rincon de
un valle, mostraron una fuente, hombre dellos no escapara. Llegados al
pueblo de Pacra, halláronlo todo vacío de gente, aunque no faltó que
robar, porque 3.000 pesos de oro en joyas hallaron; envió Vasco Nuñez
mensajeros, que por los montes lo buscasen y le dijesen que viniese á
verlos sin temor, y que sería su amigo, y si no que lo iria á buscar y
lo haria echar á los perros que le hiciesen pedazos como habia hecho á
los demas. Pacra, temiendo su severidad y la ferocidad de los perros,
que ya eran temidos por toda la tierra más que los diablos, acordó
venir (aunque tarde porque no osaba), é ponerse en sus manos habiéndolo
asegurado; trujo consigo otros tres señores, que debian quizá ser sus
vasallos y con gente acompañado. Era, segun escribió Vasco Nuñez
al Rey, este señor Pacra feísimo de gesto, y de todos los miembros,
diferente de otros hombres, desproporcionado, que de vello todos se
admiraron. Dijo Vasco Nuñez, que otros Caciques y señores comarcanos,
sabido que Pacra habia venido á ver á los españoles, vinieron á
quejarse dél, que les habia hecho muchos agravios, y que por ésto
determinó de matarlo; con éste acuerdo, primero preguntóle blandamente,
como rogándole, que dijese dónde se cogia el oro de aquella tierra,
que de abundar dello tenia mucha fama; respondió que no sabia;
hácele muchas amenazas, dále muchos tormentos, no le aprovechó nada.
Preguntado de dónde habia habido aquellos 3.000 pesos que le tomaron,
respondió que ya eran muertos los que sabian sacallo en tiempo de sus
padres y suyo, y que despues que habia crecido en edad, de mandar
buscar ni sacar oro habia tenido poco cuidado. Hízolo, en fin, echar á
los perros con los otros tres señores que habian venido á acompañallo,
que los hicieron pedazos, y despues de muertos por los perros, hízolos
quemar. Bien es aquí de notar la gran tiranía y ceguedad deste pobre
Vasco, que, habiéndolo asegurado, y venido confiado del seguro, y sin
le haber ofendido, dalle tal pago, y tambien ¿qué juez era él en el
señorío de Pacra, siendo por toda la tierra tirano y haciendo á todos
los señores della obras de tirano, para conocer de las quejas que los
otros Caciques, de Pacra daban? Item, ya que tuviera jurisdiccion sobre
Pacra, á cuya jurisdiccion era él ántes, de ley natural, subjeto,
¿seguíase que, porque los otros de aquel se quejasen, tuviesen razon
ni justicia de agraviarse? Item, ¿qué sabia Vasco Nuñez, si aquellos
eran sus vasallos, como quiera que fuese gran señor, y por rebelársele
ó querérsele rebelar, viendo la fuerza de los españoles, le levantaban
achaques? Item, ¿oyó en juicio contradictorio á Pacra, fué convencido
en él despues de jurídicamente muy examinada la causa y entendido su
lenguaje, de que apénas entendia tres palabras, para que á él y á los
otros tristes tres señores, que de su seguridad se fiaron, echase á
los perros que los despedazasen? Pero, cierto, harto más injusto é más
infelice y más feo parecia y era Vasco Nuñez, ante el acatamiento
de Dios, haciendo las injusticias y tiranías é infestaciones que por
toda aquella tierra cometia él y los demás, teniendo el apellido y
nombre cristiano, que Pacra aunque más feo é injusto fuese, dado que
los que dél se quejaban dijesen verdad, cuanto más que quizá no lo
era, y no era Vasco juez para examinallo, ni lo podia, por falta de
saber la lengua, examinar, sino el oficio que á él le competiera,
por ser cristiano, era ser medianero entre ellos, hacellos amigos y
ponellos á todos en paz, lo cual pudiera muy bien hacello y con mucha
facilidad. Despues que los españoles que dejó en el pueblo de Chiapes
se sintieron en breve dispuestos para caminar, siguieron á Vasco
Nuñez acompañados con gente y bastimentos de Chiapes; viniéronse por
cierto señorío y casa de un otro Cacique y señor, llamado Bononiáma,
la penúltima sílaba luenga. Este, como los vido, recibiólos con toda
alegría y benignidad; hospédalos como si fueran sus hermanos, dáles en
presente 2.000 castellanos. Descansados un dia ó dos pártense, y el
mismo señor, con mucha provision de comida y muchos servidores, los
quiso acompañar hasta ponellos donde Vasco Nuñez estaba; llegado al
pueblo de Pacra donde áun estaban, toma á algunos por la mano y dice á
Vasco Nuñez: «Ves aquí, hombre valiente y esforzado, tus compañeros,
los cuales, así como en mi casa entraron, buenos y sanos, te los
traigo; el que hace los truenos y relámpagos y nos da los fructos de
la tierra, y nos mantiene, á tí é á ellos os guarde.» Esta sentencia
creian que pretendia significar su plática, y cuando decia alzaba
los ojos al sol, por manera que al sol debian de tener por Dios, ó
por dador de los bienes temporales; otras muchas palabras dijo, que
parecian ser de amor, que aunque no se entendian en este sonido las
interpretaban. Vasco Nuñez, como mejor pudo, le mostró referille
agradecimiento y muchas gracias por haber hecho tan buen acogimiento y
hospedaje y compañía á los españoles; dióle muchas cosillas de las de
Castilla, que allí tenia, que él tuvo por gran favor y riqueza. Supo
dél muchos secretos del oro de aquellas provincias, y de las tierras
vecinas, segun Vasco Nuñez escribió al Rey, entre las cuales debió de
tener aviso de las cosas del Perú, segun en su carta al Rey encarecia.
Despidióle, para que se volviese á su casa y tierra, con grande amor
y alegría, quedando ambos confederados en amistad perpétua. Estuvo
reposando Vasco Nuñez y su compañía en el pueblo de Pacra, que hizo
despedazar á los perros, treinta dias, donde se rehicieron y cobraron
todos fuerzas, porque todos venian, y los más sanos, de los grandes
trabajos, y hambres muchas veces, muy deshechos. Partióse de allí,
acompañándoles siempre la gente que traia del cacique Teaocham, que
arriba dijimos salirle á rescibir voluntaria y graciosamente; tomaron
la ribera en la mano del rio de Comogre, del cual tomó el nombre la
region y tierra, y el mismo Cacique, cuyo hijo significamos arriba que
dió á Vasco Nuñez las nuevas del Perú y de sus riquezas. Subieron unas
sierras terribles y aspérrimas, despobladas, sino fueron dos Caciquejos
paupérrimos que topó en un poblezuelo, que no debian tener labranzas,
sino pocas, como hombres muy montañeses; aquestos llevó consigo por
guías, y tomado de allí algun poco bastimento, yendo de sierra en
sierra, sin camino, y á veces por ciénagas donde se sumian, si no iban
sobre aviso, fueron tres dias con trabajo nunca oido, y algunos de los
indios teaochenses, de hambre, cansancio y flaqueza, y tambien de los
españoles, desfalleciendo. Era aquella tierra no andada, porque, aunque
habia algunos pueblos, no comunicaban unos con otros, contentándose
cada uno con lo que tenia; llegaron á un pueblo de un Cacique,
nombrado Buchebuca, el cual hallaron todo vacío, porque, sintiendo que
los españoles venian, huyeron él y toda su gente. Envió á buscallo
algunos indios de los teaochenses, que todo lo trabajaban y suplian;
halláronlo por los montes ó sierras, escondido; aseguránlo de parte
de los españoles, respondió que él no habia huido de miedo, sino de
vergüenza y tristeza, por no se hallar con tanto bastimento, y comida,
y aparejo para rescibirlos, segun ellos merecian, pero que, en señal
de amistad y confederacion con ellos, rescibiesen aquellos vasos y
piezas de oro que los enviaba, pidiéndoles perdon porque más no podia
servirles. Salieron de aquel pueblo harto desconsolados y hambrientos
y con mucha flaqueza, porque como era mucha gente los españoles y
los indios, que les traian las cargas y les servian por el camino,
y no traian acémilas ni carretas para traer los bastimentos, donde
quiera que llegaban, puesto que les diesen mucho, y cuanto bastimento
tenian, como no podian los indios llevar más de dos ó tres arrobas á
cuestas y comian todos dello, en dos dias que andaban por despoblado
no tenian que comer. Viniendo su camino, asomaron ciertos indios por
un cerro y hicieron señas que los esperasen, que los querian hablar;
Vasco Nuñez mandó que todos parasen, pregúntales que qué es lo que
quieren; comienzan: «Nuestro señor Chioriso os envia á saludar, y dice
que quisiera mucho que fuérades á su pueblo, por mostraros el amor que
os tiene, aunque no os ha visto, por la fama que teneis de valientes
hombres; ha oido decir que haceis mal y perseguís á los que hacen mal á
otros, y él tiene un enemigo, gran señor, de quien rescibe mucho daño,
y querria que le ayudásedes; éste tiene mucho oro, del cual podríades
vosotros gozar, pero mi señor, en señal del bien que os quiere y os
desea, os envia estos 30 platos ó piezas de oro, prometiendo que os
dará muchas más si teneis por bien de ir á donde él está.» Pesaban, á
lo que entendí, 1.400 castellanos. Vasco Nuñez mostró agradecérselo á
su señor, dándoles esperanza que algun dia iria á visitallo, y envióle
ciertas hachuelas de hierro, que por ellas le dieran de oro diez veces
más, y pensaran que no se las pagaban. Despidiólos muy alegres y ricos
con sus hachas, y llenos de esperanza que algun dia los iria á visitar,
y él con su hueste prosigue por su camino adelante.
CAPÍTULO LI.