EUGENIO NOEL

Eugenio Noel ha publicado recientemente un folleto titulado _El

flamenquismo y las corridas de toros_ y un libro que lleva el título

de _Flamenquismo y república_. Eugenio Noel ha dedicado la mayor parte

de su actividad á combatir el flamenquismo: da conferencias en pueblos

y ciudades españolas; publica multitud de artículos. Continuamente

se halla Noel en peregrinación por tierras de España; á menudo, en

los periódicos encontramos noticias de discursos pronunciados por el

conferenciante; alguna vez nos sorprende la nueva de algún incidente

ruidoso provocado por las prédicas de Noel. Nos hacen suponer estos

incidentes--siempre lamentables--que el propagandista ha estado

demasiado agresivo en sus palabras; no podemos creer que, á exponer sus

ideas correctamente--y con todo el ardimiento que se quiera--, pudiera

haber quien atajase violentamente sus lícitas propagandas. De todos

modos, el espectáculo de un hombre joven que recorre España en perpetua

y caliginosa predicación contra el flamenquismo no puede menos de ser

interesante.

En las dos obras que ahora publica, Eugenio Noel ha condensado su

pensamiento sobre la materia que él impugna tan denodadamente.

Paralelamente á un renacimiento fervoroso--fervoroso y vergonzoso--del

flamenquismo, Noel inicia y desenvuelve su cruzada. En el folleto

citado escribe nuestro autor: «El español trabaja poco, y lo que es

peor, su trabajo está á merced de los Gobiernos; ignora el valor de

la tierra; huye del campo y se arrincona en las ciudades; permite una

bárbara ocultación de riqueza, y no le extraña ver en manos inertes

inmensas extensiones territoriales que harían la riqueza de un pueblo».

Sumariamente, en cuatro rasgos, éste es el boceto de un cuadro. Ahora

el reverso. «Á cambio de esto--añade Noel--, he aquí lo que posee:

396 plazas de toros, en las que da anualmente 872 corridas, y á las

que asisten, en cifras redondas, siete millones de personas. En esas

orgías se matan 4.394 toros, cuyo valor es de 5.318.000 pesetas, y

5.618 caballos, que fenecen entre los más espantosos é inmerecidos

martirios. De divertir á tal gente y de tal modo se encargan 62

matadores de alternativa y 324 novilleros, con 1.148 cuadrilleros de

oficio, que cobran cerca de cuatro millones de pesetas.» En _República

y flamenquismo_ el autor expone en unas páginas exactas un concepto del

valor que entre nosotros goza de gran predicamento y hace estragos. El

flamenquismo--dice Noel--implica la idea de que «el supremo valor es

la serenidad suficiente para que el pitón del toro roce las axilas»;

de donde saca, en consecuencia, que los peligros de la vida han de

afrontarse, como los cuernos del toro, con habilidad, con el engaño.

Es importante advertir que en otros pasajes de sus discursos y de sus

artículos el autor completa su idea del valor flamenco: completa la

idea del engaño (_listeza_ en política) con la idea de obstinación,

de testarudez, de obtusa pertinacia en el error ó en la decisión

desgraciada. Creemos que este segundo aspecto del fenómeno social es

más importante--y de más graves consecuencias--que el primero. Sea

de ello lo que quiera, el caso es que toda la doctrina que Eugenio

Noel desparrama en prosa hablada ó escrita se halla contenida en las

dos citas que acabamos de hacer. De un lado, la inmensa incultura,

la deplorable pasividad de una gran masa social en lo atañadero al

problema de su bienestar y de su conciencia de la vida; de otro,

formidable caudal de energía, de iniciativas y de riqueza, gastado,

derrochado espléndidamente en un deporte cruel. Agreguemos á esta

visión social una visión complementaria de la palingenesia de España

tal como la concibe Joaquín Costa, y tendremos esbozado el pensamiento

de Noel; pensamiento expuesto en una prosa cálida, pintoresca, un poco

redundante, un poco amplificadora.

Las propagandas y los libros de nuestro autor se prestan á múltiples

reflexiones. Tendríamos que examinar, ante todo, los orígenes del

flamenquismo. No es de ahora esta tendencia; más de un siglo lleva

de vida; aún podríamos decir que en la decimoséptima centuria se ven

rastros de flamenquismo en las sátiras y protestaciones que contra

él hacen, por ejemplo, Quevedo y Góngora. Pero el flamenquismo ó

majismo--que así se llamaba entonces--,cuando adquiere alarmantes

proporciones es á mediados del siglo XVIII; desde esa época sigue su

marcha incierta, ondulante, hasta que modernamente, con el aumento de

las plazas de toros, con la sistematización, digámoslo así, de las

corridas, llega á su máximum. Nos hallamos ahora en un momento álgido

del flamenquismo. En 1899 publicó Morel-Fatio una edición crítica de

la sátira de Jovellanos contra la mala educación de la nobleza; en

ese trabajo el ilustre hispanista trata de dilucidar los orígenes del

majismo y expone interesantes textos que demuestran la preocupación

que en el siglo XVIII inspiraba ese morbo social. Clavijo y Fajardo,

Jovellanos, Cadalso, describen el señorito flamenco--con todas sus

consecuencias--tal como hoy lo vemos circular por nuestras calles; Noel

no va más lejos en sus pinturas--ni en sus anatemas--de donde han ido

estos insignes pensadores. Si retocáramos algo el estilo de alguna de

estas páginas de Clavijo ó de Cadalso, y las publicáramos sin firma,

diríamos seguramente que se trataba de cosas y hombres de ahora, y no

de cosas y hombres de hace más de un siglo.

La literatura taurina y la antitaurina son extensísimas. No

intentaremos añadir una página más á la última; no es ese nuestro

propósito en este momento. Sí haremos notar la inmensa influencia

que ese deporte--si así puede llamarse--ejerce en todo un pueblo.

No son nocivos sólo los toros; es profundamente dañino también lo

que podríamos denominar los _aledaños de los toros_; es decir, el

ambiente, la particular _espiritualidad_ que la fiesta taurina crea

á su alrededor. Multitud de conceptos sociales, políticos, hasta

estéticos, son falseados por causa de los toros. La idea matriz del

valor que en los toros se engendra pasa á diversos órdenes de la vida.

El valor, dentro de ese ambiente, se concibe como fuerza física,

como obstinación, como ciega prosecución de un acto. En el extremo

opuesto de la escala psicológica se halla el _valor-inteligencia_, el

_valor-altruísmo_. Toda la marcha de la humanidad pudiéramos decir que

estriba en sustituir al valor-fuerza el valor-inteligencia. En la misma

guerra el valor sufre una transformación; el valor va siendo, no ímpetu

ciego, no intrépida temeridad, sino reflexión, cálculo, inteligencia,

ciencia. Vence quien más frialdad y ciencia tiene; y en la guerra la

victoria es lo que importa.

Sigamos con interés--en lo que tienen de laudables--las propagandas

de Eugenio Noel. Combatamos el flamenquismo; continuemos la obra

de Jovellanos y de Cadalso. Si invocamos la tradición, he aquí

una bella tradición. Pongamos nuestros ojos, no en el héroe de un

deporte inhumano, sino en el héroe por la ciencia, en el héroe por el

progreso.

Los valores literarios · 第 40 / 90 题