GLOSARIOS Á XENIUS

Á 630 metros.--Á 630 metros de altura, en esta altiplanicie castellana,

ante este paisaje austeramente noble, hemos conocido--y con él

cordialmente hemos charlado--á un hombre que venía de las doradas

riberas del Mediterráneo. Era un joven alto, trajeado con aliño y

sin atuendo; su musculatura destacaba proporcionada; en la placidez

de su cara brillaba una mirada inteligente. Ni era presuroso en el

ademán, ni locuaz. Su voz sonaba levemente; á menudo los finales de

sus frases--opacas, tenues--se perdían en una á manera de penumbra.

Tras de lo dicho con brevedad, flotaba como un ambiente de meditación

y de recogimiento. Cuando hacía una observación, se veía en la palabra

sucinta, en la reflexión rápida, el trabajo recopilador de una copiosa

lectura. Hay hombres que atraen y hechizan más--ó por lo menos,

tanto--por sus silencios como por sus palabras. Este joven que subía

á la altiplanicie castellana desde el piélago azul era uno de ellos.

En su presencia estábamos, no ante un hombre que habla, sino ante un

hombre que medita.

Este hombre medita y escribe. Todos los días en las cuartillas

consigna alguna impresión: una impresión sugerida por el espectáculo

intelectual. Aparecen sus anotaciones en un periódico diario--_La Veu

de Catalunya_. Llevan el título genérico de «Glosario». Los glosarios

de Xenius son de todos los tamaños, tratan de todas las materias.

Unos tienen seis ú ocho líneas; alguno ha ocupado--ampliamente--toda

una plana del periódico. El espíritu ávido y curioso del glosador va

comentando en sus apuntes toda clase de acaecimientos, incidentes y

novedades intelectuales. La muerte de un poeta, la declaración de

una guerra, la venta de un cuadro célebre, un concierto clásico,

la publicación de un volumen de poesías líricas... He aquí, en

compendio, una serie de temas de los que figuran en los glosarios.

Durante ocho años, en la breve sección del periódico barcelonés, ha

ido reflejándose, día por día, la vida universal. La vida universal

vista, sentida, expresada por un temperamento que, siendo clásico,

pristinamente clásico, beneficia de todas las aportaciones--ya

definitivas--de la revolución romántica.

* * * * *

IMPRESO EN PARMA.--Sobre la mesa en que escribimos estas líneas tenemos

un libro impreso bellamente en Parma. Es un libro español: _La comedia

nueva_, de Moratín. Estampada está esta edición--blanca y clara--en la

«oficina de don Juan Bautista Bodoni» el año 1796. ¿Por qué hablamos

de esta elegante edición, elegante dentro de su sobriedad? No se ha

hecho una edición de Moratín más en consonancia con su genio. Siempre

que pensamos en Moratín tributamos mentalmente nuestra admiración á su

sentido de las proporciones y del equilibrio, á su amor á la claridad,

á su preocupación por el bello ordenanamiento y por la simetría,

á su buen gusto irreprochable. Y nuestra admiración va acompañada

de un irreprimible pesar: quisiéramos que á todas estas cualidades

enumeradas, que á tales condiciones de artista impecable, se uniera

un poco de entusiasmo, un poco de fuego, un poco de ímpetu, un poco

de exaltación ante el espectáculo de la Naturaleza ó los sublimes

artificios del arte. ¿Qué es lo que preferiremos: el fuego romántico ó

la disciplina clásica? ¿Con qué nos quedaremos: con la pasión romántica

ó con la serenidad clásica? Después de 1830, habiendo pasado tantos

años, á la distancia en que nos encontramos de aquella fecha, nuestra

sentencia no puede ser dudosa. El ideal es el de un escritor que

sintiendo vibrar entusiásticamente su espíritu ante el mundo exterior,

que mostrándose ávido de todo espectáculo mental, que siendo capaz de

exaltación y de entusiasmo, logre mantener su arte en una armónica

serenidad. La inquietud romántica dentro de la línea clásica: así

podemos expresar la fórmula del artista moderno. Nuestro glosador

pertenece á esta estirpe de artistas.

UN RETRATO DE INGRES.--Estando Ingres en Roma, en 1839, comenzó á

pintar el retrato de un célebre músico; dicho retrato no fué terminado

hasta 1842, hallándose el pintor ya de vuelta en París. El artista

retratado figura en actitud pensativa, ensoñadora. Detrás de él,

una esbelta mujer--simbólica--extiende su mano sobre la cabeza del

artista... Xenius ha concentrado todo su arte de pensador y de poeta en

hacer el retrato de una mujer catalana, símbolo de la tradición y de

la raza. El libro se titula--con el apelativo de la protagonista--_La

ben plantada._ Nos place imaginar el retrato de Xenius con la figura

por él ideada--concentración de Cataluña--, extendiendo, amorosa y

simbólicamente, sobre la cabeza del artista su mano.

* * * * *

EL ORO SOBRE LO VERDE; LO BLANCO SOBRE LO AZUL.--Imaginemos un

pueblecito en las márgenes del Mediterráneo, en tierra catalana. Las

casas, puestas en lo alto, escalonadas, son blancas; por la mañana, á

los primeros rayos del sol, fulgen las nítidas paredes; á la tarde,

cuando el día muere, esas paredes albas hacen sobre el pueblo, en la

penumbra, en tanto que allá arriba brillan las primeras estrellas, un

vago resplandor. Esas paredes blancas son las que primero recogen la

luz naciente y las últimas que le dicen adiós. El pueblo está cercado

de huertos; de entre las casas, por las callejas, asoma el boscaje

verde de jardincillos interiores. Sobre el verde de la cortina de

los huertos destacan--como en la enramada de Botticelli--los puntos

encendidos, gualdos, áureos, de los naranjos. El verde resalta

sobre lo blanco del caserío. Y lo blanco y lo verde--en inefable

armonía--se funden sobre la inmensa mancha azul del cielo y sobre

la extensión azul del mar. Un profundo silencio reina sobre tales

radiantes colores. No es grande el pueblo; no hay en él fastuosidades

ni atracciones mundanas. Sólo unas pocas familias vienen en busca de

sedante solaz en los días caliginosos del verano. La intimidad reina

entre todos los veraneantes. Hombres y mujeres apegados á la tierra

nativa, practicadores de los usos tradicionales, el cosmopolitismo no

ha borrado de ellos la mentalidad secular de la raza. Aquí todo está

en armonía: el paisaje, las usanzas familiares, el culto al hogar

milenario, las modalidades del habla, las inflexiones de la voz, el

gesto, las actitudes de la marcha. La tradición y la raza aquí son

reposo, orden y claridad. Y entre todas las figuras que se destacan

sobre el azul, el verde y el blanco, ninguna como la de Teresa, á quien

por lo esbelta y por lo eurítmica llaman _la ben plantada_.

En Teresa ha querido modelar Xenius una figura simbólica y real á la

vez. Ha culminado en su libro--tan alado y sabio--la sensibilidad

de su pueblo. No es posible en lengua catalana expresar un más

perfecto consorcio de romanticismo y de clasicismo. Esto en cuanto al

aspecto estético del libro. Pero tiene _la ben plantada_--y ello es

esencialísimo--una trascendencia social, nacional. Toda una fórmula

de tradicionalismo se encierra en esas páginas. Seamos nosotros

como nuestra esencia quiere lógicamente que seamos--parece decirnos

Xenius--; en nuestro suelo, en nuestro paisaje, en la disposición

de nuestras casas, en nuestro idioma, en nuestro arte, en nuestro

derecho hay un tipo ideal sobre el que debemos plasmarnos. No nos

descentremos violenta y absurdamente. La continuidad de la raza exige

la perseverancia en nosotros mismos. Un pueblo no puede ser grande y

bello en la incoherencia. La incoherencia es la contradicción entre los

elementos espontáneos y naturales y los elementos innovadores. No se

crea que por esto cerramos la puerta á la innovación; la vida necesita

renovarse. Mas la innovación ha de ser cauta, mesurada y prudente... Y

Xenius, tradicionalista, propugnador ferviente de determinada modalidad

social é histórica, nos da el ejemplo de la universalidad, de la

renovación, asomándose al tumulto del mundo moderno y anotando sus

palpitaciones, día por día, en su «Glosario».

Los valores literarios · 第 24 / 90 题