EL RETRATO DE CERVANTES

¿En qué estado se encuentra la cuestión relativa al

retrato--supuesto--de Cervantes? Recordará el lector que hace algún

tiempo se descubrió un retrato de Cervantes. Adquiriólo la Academia

Española. Se publicaron respecto á él propugnaciones é impugnaciones.

Hubo entusiasmo lírico y efusivo. Entre los que--cautamente--recelaron

de la autenticidad del retrato se contó don Juan Pérez de Guzmán;

los artículos impugnativos publicados por este erudito en _La Época_

causaron indignación entre los cervantistas defensores de la efigie

encontrada. ¿En qué estado se encuentra esta cuestión? El señor Pérez

de Guzmán no ha publicado el extenso trabajo que anunciara (del cual

sus artículos eran simplemente el prólogo); los defensores del retrato,

ante tal silencio, no han dado tampoco á luz los datos que tenían

preparados para combatir el estudio anunciado. Y el discutido retrato

de Cervantes se halla, según creemos, en la Academia Española... que

tampoco se atreve á decir nada.

El señor Foulché-Delbosc es un eminente amador de la literatura

española. Dirige la _Revue Hispanique_. Le estiman y admiran cuantos

entre nosotros, sinceramente, sin espíritu de bandería (que tantos

estragos hace entre los eruditos), se dedican á las investigaciones

literarias. Su caudal de erudición española representa una cantidad

formidable de perseverancia y de trabajo. Y lo que es más raro

tratándose de eruditos, gente gregaria y anodina; lo que es más raro,

lo que hace de este hispanista un hombre aparte: Foulché-Delbosc tiene

independencia mental, originalidad, juicio propio, rebeldía á la noción

secular y recibida. Decimos todo esto--que no huelga tratándose, no

del público de los profesionales, sino del gran público--para que se

tome en cuenta, en lo que vamos á exponer, el prestigio y la autoridad

de quien habla. Foulché-Delbosc ha publicado un breve trabajo sobre el

supuesto retrato de Cervantes. Dado á luz primeramente en la _Revue

Hispanique_, se ha hecho después de tal estudio una reducidísima

tirada. Á la buena amistad del autor debemos un ejemplar.

El retrato descubierto se atribuye á Juan de Jáuregui. En el prólogo de

las _Novelas ejemplares_, Cervantes dice que si algún amigo quisiera

poner un grabado suyo--de Cervantes--al frente del libro, «le diera

mi retrato el famoso Juan de Xauregui». De estas palabras se ha

deducido que existía un retrato de Cervantes pintado por Jáuregui. Mas

la deducción es un poco precipitada. ¿Quiere decir Cervantes que el

retrato ha sido ya hecho y que si un amigo quisiera grabarlo se lo

podría dar su autor? ¿Quiere decir, por el contrario, que si ese tal

amigo quisiera hacer un grabado, Jáuregui, el pintor, podría hacer

un retrato de donde sacar el grabado? El verdadero sentido de la

frase citada no aparece muy claro. Es éste un pequeño problema, no de

erudición, sino de psicología. Si tuviéramos que inclinarnos á algún

lado, nos inclinaríamos á creer en la segunda interpretación; es decir,

en la que considera que el retrato de Jáuregui no existe, en la que

juzga que el pintor, á ser necesario, pudiera pintar un retrato para

los fines que se indican.

Cervantes escribiría el prólogo de las _Novelas ejemplares_ en 1611;

el retrato descubierto lleva la fecha de 1600. ¿Tan peregrino es ese

retrato de Jáuregui que Cervantes se acuerda de él (y se acuerda para

determinada finalidad importante) á la distancia de once años? Once

años en la vida de Cervantes eran cosa considerable; once años de

angustias, de estrecheces y de dolorosas privaciones hacen cambiar la

fisonomía de un hombre. Envejece la faz, y la luz de la íntima tristeza

asoma--irreprimible--por los ojos y se marca en todas las líneas del

rostro. ¿Quería poner Cervantes al frente de su nuevo libro un retrato

que ya, con los once años transcurridos, estaba en discordancia con

el original? Si en ese mismo prólogo se pinta el mismo Cervantes como

envejecido, ¿de qué manera conciliar este espíritu de sinceridad--noble

espíritu--con el deseo de dar al público una imagen suya inexacta, ya

pasada, sin realidad presente? Otro pequeño problema de psicología

es éste--¡oh, eruditos!--De un lado está la delicada sinceridad de

Cervantes; de otro, un prurito de petulancia y rejuvenecimiento.

Observando el supuesto retrato se notan en él algunas repintaciones.

Importantísimos son esos retoques y desfiguramientos. «Nadie, que yo

sepa, los ha hecho notar»--escribe Foulché-Delbosc. Llegamos á la parte

más grave del problema. Las repintaciones á que aludimos interesan

toda la región sincipital anterior. «La cabeza, antes de ser retocada,

tenía una frente de una mediana altura; el antiguo límite del cabello

es netamente visible, y el original no adolecía de ningún comienzo de

calvicie. Y Cervantes tenía una _frente lisa y desembarazada_. Hay

aquí, pues, una discordancia que, á mi juicio, es una nueva prueba de

inautenticidad.» (¿No habrá también--añadimos nosotros--repintación

en esos bigotes del retrato, bigotes recios, gruesos, pero hechos

infantilmente, ingenuamente, para acomodarlos á los _bigotes grandes_

de que habla el propio Cervantes en el prólogo á las _Novelas?_) Ante

tan extraño hecho surge vehementemente la duda. La duda hace que

imaginemos una hipótesis. El retrato descubierto pudo ser arreglado y

repintado en el siglo XVIII sobre otro retrato antiguo. Indudablemente,

alguien quiso hacer pasar por de Cervantes ese retrato. Recordemos

el ambiente que en esa época se formó--á manera de un renacimiento,

de una reivindicación--en torno de Cervantes. Comenzó en esa época

el verdadero amor al gran novelista. ¿Por qué ha de ser absurda la

hipótesis indicada? No se encontraba retrato auténtico de Cervantes; en

el prólogo de las _Novelas ejemplares_ se daban minuciosos detalles de

la fisonomía de Cervantes. Surgió en algún cerebro la idea de _crear_

una efigie auténtica del autor del _Quijote_. Á mano tenía un retrato

_parecido_; era sólo cuestión de desfigurarlo con hábiles retoques...

En 1600, fecha del retrato aludido, Jáuregui tendría--según los

documentos encontrados--unos diez y seis años. No es una maravilla

la pintura; no pasa de ser un retrato mediocre. Pero ¿hasta qué

punto es verosímil que Jáuregui, á esa edad, hiciera ese retrato? Y

aparte de esto, ¿hasta dónde es verosímil también que Cervantes, á

la distancia de once años, sintiera la añoranza de una pintura, no

obrada por la mano de un gran maestro, sino mediocre, hecha por un mozo

inexperto? Aquí se impone el examen atento, detenido, escrupuloso, de

la inscripción que la pintura lleva. La fecha es de 1600. «La fecha de

1600, tan extraña hoy que sabemos que Jáuregui nació en Noviembre de

1583, se explica fácilmente si recordamos que hasta 1899 se creía que

el pintor-poeta había nacido en 1570 ó hacia ese año.» El desconocido

que en el siglo XVIII--ó cuando fuere--simuló el retrato de Cervantes,

puso bien la fecha, de modo que, según entonces se creía, el retrato no

resultaba una extraña precocidad de un pintor adolescente.

Se impone--en conclusión--un examen técnico, realizado por técnicos,

de las condiciones materiales del retrato y de las condiciones del

rótulo que lleva. Empléense los reactivos y procedimientos que en

estos casos se acostumbra. ¿Se hará así? Mucho tememos que no. Y, sin

embargo, no padecería el prestigio de nadie, ni habría menoscabo de

nada, si se demostrase que esta pintura no es auténtica. Los que la han

propugnado y defendido, ¿qué cosa más noble, laudable y delicada pueden

haber hecho sino desear que, al cabo del tiempo, tras tantas rebuscas

é investigaciones, poseamos una imagen auténtica del más grande de

nuestros artistas literarios?

Los valores literarios · 第 12 / 90 题