en aquella fecha a la academia de Amherst, fundada en 1814, época en
que los residentes de Hampshire suscribieron la cantidad necesaria
para su sostén. En los ejercicios inaugurales, la tradición recuerda
que tomó la palabra el famoso Noah Webster, como presidente del
consejo directivo. El colegio abrió sus puertas con tres profesores
y 49 estudiantes. El manejo del colegio corresponde al referido
consejo directivo, cuyo número de miembros no puede exceder de
17, de los cuales siete deben ser clérigos y el resto laicos. Sin
embargo, el colegio no es sectario y no existen restricciones
congregacionalistas en él. El control interno de aquel plantel está
en manos de la facultad, compuesta de un funcionario ejecutivo, que
es el presidente del colegio, y unos 30 profesores y conferenciantes.
En 1882 la facultad asoció a la dirección del instituto un cuerpo de
10 estudiantes, bajo el nombre de Senado colegial. Los miembros de
esta pequeña asamblea, son elegidos por sus respectivas clases, de
acuerdo con los reglamentos establecidos y en la siguiente proporción:
cuantro _seniors_, tres _juniors_, dos _sophomores_ y un _freshman_.
El presidente del colegio dirige las reuniones del senado y puede
vetar cualquiera de sus resoluciones. Los departamentos de instrucción
se dividen en filosofía, historia y arte, lengua y literatura, y
ciencia. El estudiante puede elegir entre un curso clásico o un curso
científico, lo que lo autoriza para recibir en el primer caso el
diploma de Bachiller en artes, y, en el segundo el de Bachiller en
ciencias. Todos los estudiantes están obligados a seguir las clases
del primer año. Después de él existe gran libertad de elección de
materias cursadas. Los estudios electivos consisten en griego, latín,
francés, alemán, italiano y sánscrito; cursos completos de retórica
y oratoria, lógica, literatura inglesa, biología, criptogámica y
fenográmica; zoología, fisiología y biología general, etc. Los
estudios de geología y mineralogía del colegio de Amherst, gozan
de una gran reputación en este país. Un amplio gabinete de física
facilita el cultivo de esta materia y tiene elementos especiales para
instruir a los alumnos en la parte relativa a la electricidad. También
existen cursos de astronomía, para los cuales el colegio cuenta con
instructores distinguidos, y como en todos los institutos análogos de
los Estados Unidos, en Amherst, se presta una atención preferente a la
cultura física de los alumnos.
El número actual de estudiantes de Amherst es de unos cuatrocientos
cincuenta. Muchos de ellos carecen de medios amplios, pero la ciudad, a
pesar de sus proporciones reducidas, les facilita ocasiones de ganarse
la vida y poder continuar sus estudios. El costo de la educación en
Amherst, es a menudo un motivo de seria preocupación para una familia.
Según una publicación reciente, fundada en investigaciones realizadas
entre los alumnos, el menor gasto anual de un joven estudiante alcanza
a 308 dólares, sin contar sus desembolsos durante el tiempo de
vacaciones. Un gran número de estudiantes gasta menos de 400 dólares
por año, pero la mayoría necesita de 475 a 675 dólares anuales. Se han
publicado cuadros en que los gastos están calculados en cuatro escalas
diferentes. He aquí los resultados obtenidos, que me parece vale la
pena de reproducirse:
_Costo de vida y educación en Amherst_
Barata Económ. Liberal Costosa
Enseñanza 110 » 110 » 110 » 110 »
Libros 8 » 15 » 20 » 35 »
Alojamiento 12 » 30 » 75 » 200 »
Combustible y alumbrado 11 » 15 » 25 » 40 »
Pensión 111 » 129 50 148 » 222 »
Mueblaje (promed. anual) 10 » 15 » 30 » 40 »
Ropa 50 » 70 » 150 » 200 »
Lavado 10 » 15 » 25 » 40 »
Cuotas de sociedad -- 20 » 20 » 20 »
Utiles de escritorio 5 » 10 » 15 » 20 »
Subscripciones -- 5 » 20 » 40 »
Varios 30 » 35 » 50 » 60 »
----- ------ ----- ------
357 » 469 50 688 » 1027 »
El departamento de educación física y de higiene de Amherst merece
una mención especial. Los estudiantes están obligados a hacer cierta
cantidad de ejercicios físicos diarios bajo la vigilancia y dirección
de un médico. Con ese objeto se fundó un gimnasio en que la condición
física personal de cada estudiante es examinada antes de prescribírsele
el ejercicio que la experiencia demuestra como más benéfico para su
salud. Anexo al gimnasio existe un departamento antropométrico, donde
los alumnos son examinados, medidos y sometidos a prueba en cada una
de las funciones esenciales de su cuerpo, tres veces durante el curso.
El estudiante a quien se encuentra defectuoso o mal desarrollado
es sometido a un régimen especial en beneficio de su salud y de su
desarrollo futuro.
Existen en Amherst numerosas sociedades fraternales de estudiantes,
designadas por letras griegas y entre las cuales merecen una mención
especial la Alpha, Delta, Phi, la Psi, Upsilon, etc. La formación de
aquellos clubs o centros estudiantiles ha sido muy discutida en los
Estados Unidos, especialmente por su carácter secreto. Sin embargo, las
autoridades del colegio los consideran benéficos y refiriéndose a ellos
el ex presidente de Amherst Mr. Julius H. Seelye, escribe lo siguiente:
«Otros podrán dar una opinión más exacta que yo, a propósito de las
fraternidades colegiales en otras partes; pero en cuanto concierne
a Amherst, sólo puede haber un juicio favorable respecto a ellas.
Sin lugar a duda, ofrecen aquí una benéfica energía, tanto sobre el
colegio como sus miembros individuales. La combinación es fuerza sea
entre jóvenes o viejos; y cuando los hombres se reúnen persiguiendo
buenos fines pueden esperarse mejores resultados que si aquellos
fines fueran perseguidos por individuos aislados. El propósito de
aquellas sociedades es ciertamente bueno. Ellas no están simplemente
constituidas para la diversión, aunque son una de las más fructíferas
fuentes de placer en la vida de colegio de un estudiante. Su principal
objeto es el mejoramiento de sus miembros, mejoramiento en cultura
literaria y en carácter varonil. Todas ellas son sociedades literarias.
No hace mucho, se trató de introducir entre nosotros una nueva
sociedad con fines prominentemente sociales más bien que literarios;
pero la tentativa no sólo dejó de recibir el asentimiento necesario
del presidente del colegio sino también encontró una gran oposición
de parte de la mayoría de los estudiantes. Uno de los más felices
caracteres de la vida social de Amherst está relacionado con las casas
de las sociedades. No existen mejores residencias en la aldea, ni mejor
mantenidas que ellas. No son lujosas sino limpias y de buen gusto.
Están rodeadas de jardines; el precio de sus habitaciones no es mayor
que el promedio del de las otras casas, y no solamente proporcionan
a los estudiantes que las ocupan un lugar agradable sino que el
cuidado de la casa y sus alrededores es por sí mismo una cultura. No
es necesario objetar a esas sociedades por ser secretas. Secretas son
principalmente en el nombre; en realidad su carácter secreto no es
más que esa reserva propia al más familiar contacto entre familias y
amigos. Tratadas como las sociedades lo son entre nosotros y ocupando
el lugar que ocupan su carácter secreto no produce mal alguno. En vez
de promover camarillas y cábalas en realidad, éstas han disminuído
en el colegio después de la organización de las fraternidades. La
rivalidad que existe entre ellas es sana, y conducida abiertamente y de
una manera viril. Las sociedades deben devolver al colegio el tono que
han recibido primero en él. Estoy convencido que en cualquier colegio
en que prevalezca una vida elevada y pura, las sociedades alimentadas
por su fuente producirán corrientes brillantes y vivificadoras.
Ciertamente ellas alegran y refrescan toda nuestra vida de colegio en
Amherst.»
El viaje a Amherst se efectúa por la línea del ferrocarril central de
Massachussetts. La pequeña aldea en que está situado el colegio se
encuentra a 90 millas de Boston y se llega a ella después de cuatro
horas de viaje. La ola de la inmigración inglesa que desembarcó en
las rocas de Plymouth y se estableció en las riberas de la bahía de
Massachussetts, tardó cien años en llegar hasta Amherst, lo que prueba
la lentitud del desenvolvimiento primitivo de la población en estos
parajes. En el trayecto se goza de los encantos de un paisaje siempre
variado y especialmente interesante en esta época del año, en que los
árboles empiezan a perder sus hojas y otros se revisten de colores
rojizos, bronceados y amarillos, que resaltan aún más sobre el fondo
verde obscuro de los pinos inalterables. La línea férrea cruza por
Waltham, el centro más importante de la manufactura de relojes. Poco
después se llega a Weston, dotado de todos los atractivos de la vida
rústica y de todas las bellezas de un paisaje accidentado en que se
alternan los campos esmeradamente cultivados con arroyos que susurran
sobre un lecho de pedregullo y pequeñas lagunas en cuyos bordes se
levantan árboles centenarios. Sucesivamente el tren atraviesa por el
municipio de Berlín situado sobre el río Assebet y rodeado de bosques
de robles, castaños, arces, pinos y nogales. Más tarde aparece Clinton,
ciudad manufacturera de reputación universal; Ware, situada junto a las
cascadas del río del mismo nombre, y finalmente, Amherst deja ver las
puntas de sus altos edificios góticos, entre el follaje de sus árboles
frondosos.
Al norte de la aldea se encuentra el colegio de Agricultura, objeto
principal de mi visita, y que es una de las primeras instituciones de
esta clase fundadas en los Estados Unidos. El Congreso americano, en
1862, concedió a cada Estado cierta porción de las tierras públicas
federales, el importe de cuya venta debería servir para la instalación
y manutención de un colegio en que, sin excluir otros estudios
científicos y comprendiendo la táctica militar, debían enseñarse todas
aquellas ramas de la ciencia relacionadas con la agricultura y las
artes mecánicas, a fin de promover la educación práctica y liberal
de las clases industriales de la República. La porción concedida a
Massachussetts, fué de 360.000 acres de tierra, que produjeron 219
mil pesos. La locación del Colegio fué objeto de grandes discusiones,
hasta que al fin el municipio de Amherst ofreció 50.000 pesos y la
suficiente cantidad de terreno a un precio moderado, con tal de
atraerlo a su seno. La propiedad del Colegio de Agricultura abarca
hoy unos 383 acres, o sea, aproximadamente, unas 150 hectáreas. El 2
de octubre de 1867 se abrieron los cursos con 33 discípulos y cuatro
profesores. La facultad comprende doce miembros y dirige al Colegio en
todo lo relativo a la enseñanza y la disciplina. Los estudios regulares
duran cuatro años, después de cuyo lapso de tiempo los graduados
reciben el diploma de bachiller en ciencias, firmado por el Gobernador
de Massachussetts. Por un arreglo especial el Colegio constituye el
Departamento Agrícola de la Universidad de Boston, lo que permite a los
alumnos del primero matricularse en la segunda, y al recibir su grado
poseer también un diploma de la Universidad.
Un oficial del ejército americano proporciona la instrucción militar y
está autorizado para otorgar diplomas militares a los estudiantes que
se distinguen en aquel ramo. Esto los recomienda para ocupar puestos en
la milicia del Estado o llegar a ser oficiales del ejército federal.
Durante la última guerra los colegios agrícolas de los Estados Unidos
proporcionaron un numeroso contingente de oficiales a las tropas
voluntarias de este país; y en la capilla del establecimiento acaba
de ser colocada una placa de bronce conmemorativa, en que se halla
inscripto el nombre de uno de los graduados de la institución, muerto
en los alrededores de Santiago.
El curso de estudios del Colegio de Agricultura obedece a un programa
regular y es de carácter esencialmente científico. Los estudiantes
que desean educarse sin sacrificio pecuniario de su parte, o que no
pueden afrontar ese sacrificio, encuentran una protección generosa de
parte del Estado. El colegio consagra 5.000 pesos anuales como sueldo
de estudiantes pobres que ejecutan algún trabajo en su seno. Fuera de
eso, anualmente se reparten algunas sumas en premios. Las becas son:
80 becas del Estado, establecidas por la Legislatura, 10 mil pesos; 14
becas congresionales, establecidas por los directores, 1.120 pesos;
legados de particulares, que suben a 150 pesos, interés de 3.000
pesos. Las becas del Estado se solicitan del senador del distrito en
que reside el discípulo, y las becas congresionales del diputado al
Congreso por el mismo distrito.
Los estudiantes están obligados a vivir en los edificios dormitorios
pertenecientes a la institución, lo que disminuye el costo de
manutención. Como en el caso de la Universidad de Amherst, se han
hecho cálculos minuciosos respecto al presupuesto de gastos de un
estudiante del Colegio de Agricultura y los resultados obtenidos son
los siguientes, que pueden, tal vez, inducir a alguno de nuestros
conciudadanos a enviar sus hijos a este instituto:
_Presupuesto para el Colegio de Agricultura_
Barato Moderado Amplio
Enseñanza 80 » 80 » 80 »
Libros y útiles de escritorio 8 » 12 » 20 »
Alojamiento 24 » 36 » 48 »
Mueblaje (promedio anual) 8 » 15 » 25 »
Pensión 90 » 108 » 126 »
Combustible y alumbrado 11 » 15 » 25 »
Lavado 10 » 15 » 25 »
Ropa 30 » 60 » 100 »
Traje militar (15 75) (15 75) (15 74)
Matrículas y cuotas 3 » 8 » 15 »
Subscripciones -- 5 » 10 »
Varios 15 » 25 » 40 »
Curso de estudies en la Universidad -- 10 » 10 »
de Boston
Derechos de Laboratorio (30 ») (30 ») (30 »)
------- ------ -------
279 » 389 » 524 »
Los gastos puestos entre paréntesis no ocurren sino una vez durante
todo el curso de los cuatro años y no están incluidos en el total.
En conexión con el colegio, se encuentran la estación de Experimentos
Agrícolas del Estado de Massachussetts y la Estación de Experimentos
Hatch. La primera fué establecida en 1882, por acto de la legislatura,
y comprende 48 acres del terreno perteneciente a aquél. Para el
equipo de dicha Estación se votó primero la suma de 3.000 pesos y en
lo sucesivo se le ha dado anualmente 5.000 pesos para proseguir sus
trabajos. En los últimos años esta cantidad pareció demasiado pequeña
y anualmente la Estación Experimental goza de una subvención de 10.000
pesos. Los trabajos e investigaciones que realiza aquella institución
están comprendidos en las líneas generales siguientes: causas, medios
preventivos y remedios de las enfermedades de los animales domésticos,
plantas y árboles. Historia y hábitos de los insectos dañinos y medios
de destruirlos. Manufactura y composición de los abonos y fertilizantes
extranjeros y domésticos, su valor respectivo y su adaptabilidad
a diferentes cosechas y terrenos. Valor alimenticio bajo todas
condiciones y para todos los animales de chacra de los varios forrajes,
granos y raíces. Importancia comparativa del forraje verde y seco,
y costo de producirlo y conservarlo en la mejor condición posible.
Adulteración de artículos alimenticios destinados a los hombres o los
animales, etc., etc.
Los edificios de la Estación Experimental están valuados en la
siguiente suma: Laboratorio químico con instrumentos, 15.000 pesos;
Laboratorio agrícola y físico, 12.000 pesos; casa de chacra, 2.000
pesos; establo y graneros, 6.000 pesos. Recientemente la Estación de
Experimentos Hatch, también ha entrado a formar parte del colegio de
Agricultura, anexándose a él con todos sus edificios tasados en la
siguiente forma: granero, 4.000 pesos; invernáculos, 2.800 pesos;
departamento entomológico, 2.000 pesos; departamento meteorológico,
1.800 pesos: Nada más pintoresco que los terrenos de la localidad
en que se encuentran los edificios del Colegio de Agricultura,
graciosamente reclinados en las laderas occidentales de Mount Pleasant
y dominando desde la altura el verde valle de Connecticut. Los campos
que se extienden en torno del Instituto son modelos de labranza y en
ellos se alternan especímenes de diferentes culturas interrumpidos por
huertos y jardines, limitados al norte por una cortina de bosques que
contribuyen a aumentar la belleza de aquel paisaje seductor.
Uno de los edificios más antiguos, es el granero, en cuyo piso
inferior se encuentran espaciosos establos perfectamente ventilados y
mantenidos en un estado de absoluta limpieza. El estudiante examina
allí prácticamente representantes típicos de las crías de ganado más
populares. Un galpón especial está consagrado a las vacas lecheras,
y en otros adyacentes se encuentran caballos y yeguas, un pequeño
rebaño de ovejas y cierto número de cerdos. En otra de las divisiones
del mismo local se encuentran muestras de las más usuales máquinas
agrícolas, entre las cuales me fué señalada, como práctica y reciente,
una para recoger la cosecha de papas. El colegio posee, además, otro
granero y establo donde se llevan a cabo experimentos especiales
sobre la cantidad de alimentos que requieren los animales y el valor
nutritivo de los diferentes forrajes. A los establos se encuentra
anexa una cremería cuya instalación me pareció muy deficiente, lo que
tal vez explica por qué cerca del establecimiento existen otras de
propiedad particular y dotadas de todos los elementos necesarios en
que los alumnos pueden estudiar con mejor provecho los procedimientos
necesarios para la fabricación de la mantequilla. Aunque el trabajo
de chacra no es obligatorio la mayor parte de los estudiantes toman
parte en él con mayor o menor empeño, y, en todo caso, los experimentos
de las estaciones agrícolas anexas al Colegio les ofrecen amplias
oportunidades de observación y de estudio. En este año, se ha añadido
a las instalaciones de aquel importante plantel un departamento
de veterinaria dotado de todos los elementos necesarios para la
preparación de diversos serums y de un hospital para animales enfermos
que permitan a los estudiantes practicar y observar las enfermedades
más comunes del ganado. El departamento de veterinaria posee un Museo
incipiente de anatomía, entre cuyos objetos me fué especialmente
señalado el esqueleto del primer caballo de cría, Morgan, origen de esa
raza tan conocida entre nosotros. Las demás preparaciones del museo
carecen de importancia y se limitan a esqueletos de ovejas y de cerdos
y a modelos de _papier maché_, de fabricación francesa, para ilustrar
las diferencias que la edad produce en la dentadura de los animales.
Tratándose de un país como los Estados Unidos, la pobreza relativa de
aquel museo pronto será salvada por alguno de esos regalos de que los
ricos americanos son tan munificentes, sobre todo cuando se trata del
adelanto intelectual de las nuevas generaciones de su país.
La biblioteca del colegio de agricultura ocupa un edificio gótico
y cuenta con 26.000 volúmenes. En el piso superior del edificio se
encuentra la capilla que sirve al mismo tiempo de sala de conferencias
y de local en que se realizan las fiestas escolares. En aquel amplio
local caben con comodidad 500 personas y su interior está decorado con
esa sobriedad elegante y severa común a los templos protestantes de
este país.
Las principales investigaciones llevadas a cabo por la estación
experimental anexa al colegio de agricultura se refieren al uso de
los abonos o fertilizantes naturales y químicos. Una tablilla marca
en cada sección cultivada la substancia empleada para alimento de la
planta y la simple inspección de los resultados obtenidos basta para
mostrar cuáles son más ventajosas y cuáles se muestran defectivas en
su tarea vivificante. Pero la estación experimental no se limita a
este trabajo práctico, sino que una de sus labores más serias es la de
analizar todas las muestras de abonos que se ofrecen en el mercado para
poder responder de su eficacia y asegurar al chacarero de la bondad del
artículo que se le ofrece. Por una ley del Estado de Massachussetts
en el envase de todos esos abonos comerciales debe estar indicada
la fórmula de su composición, de manera de hacer posible el control
del departamento de Agricultura y aplicar a las falsificaciones o
adulteraciones un castigo severo. He visto no menos de 300 muestras en
el laboratorio químico, prontas para ser analizadas por los encargados
de aquel trabajo.
El Colegio de Agricultura de Amherst, en conjunto, es sin duda de los
más completos e importantes que existen en los Estados Unidos, y la
impresión que su visita me ha causado hace alto honor al distinguido
presidente de aquel establecimiento, Mr. Henry Hill Goodell, y a Mr. W.
P. Brooks, profesor de agricultura, que comparte sus tareas y dirige
los trabajos de la estación experimental.
V
VIAJEROS EN SUD AMERICA
No conozco lectura en cierto modo más interesante que la de los libros
de viajeros que en diferentes épocas han cruzado nuestro territorio.
Desde el famoso Ascarate du Biscay, en cuyas páginas polvorosas se
encuentra el primer esbozo de nuestra Buenos Aires primitiva, las
observaciones que nuestro país ha merecido de los que lo han visitado
son dignas de conocerse y meditarse, por fantásticas o injustas que
nos parezcan algunas veces. Ese interés aumenta a medida que la obra
se refiere a un tiempo más lejano y evoca a nuestra mirada escenas
desvanecidas en las brumas del pasado, o se refiere a hechos de
nuestra historia. Es el encanto que tienen para nosotros las _Cartas
de Robertson_, reeditadas no hace mucho, el _Viaje de un naturalista_,
de Darwin, que he releído últimamente con inmenso placer y que tan
sabrosos párrafos dedica a nuestro país, los viajes de Basil Hall en
Chile y el Perú, donde tuvo ocasión de ver a San Martín. Sin necesidad
de referirse a obras tan conocidas como éstas, hay otras de autores
menos ilustres, en cada una de las cuales se encuentran detalles que
hoy tienen un sabor especial para nosotros y que arrojan una luz
curiosa sobre muchas particularidades de nuestra vida doméstica.
Naturalmente, los errores, las injusticias, las falsas apreciaciones
son frecuentes en obras de ese género. Es el mal común a todos los
viajeros, exagerar y desfigurar los cuadros que encuentran a su paso.
Muchas veces la falsedad de la pintura no obedece a malicia, sino a
diferencias de comprensión o de criterio. Otras veces, son intereses
materiales heridos, rozamientos de vanidad, los que originan el libelo
agresivo. Por ejemplo Mr. de Beaumont, que según él conoció íntimamente
a Rivadavia en Londres, se muestra irritado por el mal éxito de una
empresa que en 1826 lo trajo a nuestras playas. No escasea sus críticas
a nuestro gobierno, a la inseguridad de nuestra política y lentitud de
nuestra justicia. Su libro no hace sino repetir muchos de los datos
contenidos en las conocidas _Noticias históricas_, de _Don Núñez_,
como dice Beaumont... Ello importa muy poco: la obra entera es digna
de conservarse, aunque sólo sea por la descripción que contiene de una
entrevista personal en Buenos Aires con el presidente Rivadavia.
«A la hora citada--dice nuestro viajero, describiendo lo que llama
«audiencia con Don Rivadavia»--busqué puntualmente al presidente,
a quien había tenido la desgracia de ser presentado en Londres y
de conocer por sus actos en Buenos Aires. Al presentarme en la
residencia de su excelencia, en el Fuerte, me recibió un edecán
vestido de uniforme... El sonido de una campanilla de plata en el
cuarto vecino llamó mi atención, ¡cuando zás! la puerta se abrió con
solemne lentitud y descubrió al presidente de la República Argentina,
avanzando gravemente y con un aire tan digno, que era casi aplastador.
El estudiante de la pieza de mágica _El Diablo en dos palos_, no pudo
sorprenderse más al romper la redoma que yo con lo que ví. Cada detalle
relativo a un grande hombre en general, interesa al público; no estará
de más en consecuencia, dar una corta descripción de la persona y
aspecto de su excelencia. Don Bernardino Rivadavia parece de cuarenta
a cincuenta años de edad, tiene cerca de cinco pies de alto y casi
la misma medida de circunferencia; su apariencia es obscura, pero no
desagradable, denota agudeza, y con sus facciones parece pertenecer
a la antigua raza que primeramente habitó en Jerusalén; su levita es
verde, abotonada _a la Napoleón_; sus pantalones están sujetos a la
rodilla con hebillas de plata, y el corto resto de su persona ataviado
con medias de seda, zapatos de etiqueta y hebillas también de plata;
su aspecto general no se diferencia mucho de los retratos en caricatura
de Napoleón; hasta se dice que gusta mucho de imitar a aquél en un
tiempo gran personaje en las cosas que están a su alcance, tales como
el color de una levita o la inflación de una frase. Su excelencia
avanzó lentamente hacia mí con sus manos cruzadas en la espalda; si
esto era también hecho en imitación del gran conquistador, o por ganar
una especie de contrapeso por el volumen que llevaba por delante,
o para guardar su mano del tacto deprimente de la familiaridad,
es igualmente difícil de determinarlo; pero su excelencia avanzó
lentamente, y con un aire formalmente protector me hizo conocer al
instante que mister Rivadavia en Londres y Don Bernardino Rivadavia,
presidente de la República Argentina no debía ser considerado una misma
persona.» Descartad los rasgos grotescos de la _charge_, y esa corta
descripción expresa mejor que nada el fondo fundamental del carácter
del personaje, la solemnidad.