La existencia de Amherst data de 1821. El actual instituto sucedió

en aquella fecha a la academia de Amherst, fundada en 1814, época en

que los residentes de Hampshire suscribieron la cantidad necesaria

para su sostén. En los ejercicios inaugurales, la tradición recuerda

que tomó la palabra el famoso Noah Webster, como presidente del

consejo directivo. El colegio abrió sus puertas con tres profesores

y 49 estudiantes. El manejo del colegio corresponde al referido

consejo directivo, cuyo número de miembros no puede exceder de

17, de los cuales siete deben ser clérigos y el resto laicos. Sin

embargo, el colegio no es sectario y no existen restricciones

congregacionalistas en él. El control interno de aquel plantel está

en manos de la facultad, compuesta de un funcionario ejecutivo, que

es el presidente del colegio, y unos 30 profesores y conferenciantes.

En 1882 la facultad asoció a la dirección del instituto un cuerpo de

10 estudiantes, bajo el nombre de Senado colegial. Los miembros de

esta pequeña asamblea, son elegidos por sus respectivas clases, de

acuerdo con los reglamentos establecidos y en la siguiente proporción:

cuantro _seniors_, tres _juniors_, dos _sophomores_ y un _freshman_.

El presidente del colegio dirige las reuniones del senado y puede

vetar cualquiera de sus resoluciones. Los departamentos de instrucción

se dividen en filosofía, historia y arte, lengua y literatura, y

ciencia. El estudiante puede elegir entre un curso clásico o un curso

científico, lo que lo autoriza para recibir en el primer caso el

diploma de Bachiller en artes, y, en el segundo el de Bachiller en

ciencias. Todos los estudiantes están obligados a seguir las clases

del primer año. Después de él existe gran libertad de elección de

materias cursadas. Los estudios electivos consisten en griego, latín,

francés, alemán, italiano y sánscrito; cursos completos de retórica

y oratoria, lógica, literatura inglesa, biología, criptogámica y

fenográmica; zoología, fisiología y biología general, etc. Los

estudios de geología y mineralogía del colegio de Amherst, gozan

de una gran reputación en este país. Un amplio gabinete de física

facilita el cultivo de esta materia y tiene elementos especiales para

instruir a los alumnos en la parte relativa a la electricidad. También

existen cursos de astronomía, para los cuales el colegio cuenta con

instructores distinguidos, y como en todos los institutos análogos de

los Estados Unidos, en Amherst, se presta una atención preferente a la

cultura física de los alumnos.

El número actual de estudiantes de Amherst es de unos cuatrocientos

cincuenta. Muchos de ellos carecen de medios amplios, pero la ciudad, a

pesar de sus proporciones reducidas, les facilita ocasiones de ganarse

la vida y poder continuar sus estudios. El costo de la educación en

Amherst, es a menudo un motivo de seria preocupación para una familia.

Según una publicación reciente, fundada en investigaciones realizadas

entre los alumnos, el menor gasto anual de un joven estudiante alcanza

a 308 dólares, sin contar sus desembolsos durante el tiempo de

vacaciones. Un gran número de estudiantes gasta menos de 400 dólares

por año, pero la mayoría necesita de 475 a 675 dólares anuales. Se han

publicado cuadros en que los gastos están calculados en cuatro escalas

diferentes. He aquí los resultados obtenidos, que me parece vale la

pena de reproducirse:

_Costo de vida y educación en Amherst_

Barata Económ. Liberal Costosa

Enseñanza 110 » 110 » 110 » 110 »

Libros 8 » 15 » 20 » 35 »

Alojamiento 12 » 30 » 75 » 200 »

Combustible y alumbrado 11 » 15 » 25 » 40 »

Pensión 111 » 129 50 148 » 222 »

Mueblaje (promed. anual) 10 » 15 » 30 » 40 »

Ropa 50 » 70 » 150 » 200 »

Lavado 10 » 15 » 25 » 40 »

Cuotas de sociedad -- 20 » 20 » 20 »

Utiles de escritorio 5 » 10 » 15 » 20 »

Subscripciones -- 5 » 20 » 40 »

Varios 30 » 35 » 50 » 60 »

----- ------ ----- ------

357 » 469 50 688 » 1027 »

El departamento de educación física y de higiene de Amherst merece

una mención especial. Los estudiantes están obligados a hacer cierta

cantidad de ejercicios físicos diarios bajo la vigilancia y dirección

de un médico. Con ese objeto se fundó un gimnasio en que la condición

física personal de cada estudiante es examinada antes de prescribírsele

el ejercicio que la experiencia demuestra como más benéfico para su

salud. Anexo al gimnasio existe un departamento antropométrico, donde

los alumnos son examinados, medidos y sometidos a prueba en cada una

de las funciones esenciales de su cuerpo, tres veces durante el curso.

El estudiante a quien se encuentra defectuoso o mal desarrollado

es sometido a un régimen especial en beneficio de su salud y de su

desarrollo futuro.

Existen en Amherst numerosas sociedades fraternales de estudiantes,

designadas por letras griegas y entre las cuales merecen una mención

especial la Alpha, Delta, Phi, la Psi, Upsilon, etc. La formación de

aquellos clubs o centros estudiantiles ha sido muy discutida en los

Estados Unidos, especialmente por su carácter secreto. Sin embargo, las

autoridades del colegio los consideran benéficos y refiriéndose a ellos

el ex presidente de Amherst Mr. Julius H. Seelye, escribe lo siguiente:

«Otros podrán dar una opinión más exacta que yo, a propósito de las

fraternidades colegiales en otras partes; pero en cuanto concierne

a Amherst, sólo puede haber un juicio favorable respecto a ellas.

Sin lugar a duda, ofrecen aquí una benéfica energía, tanto sobre el

colegio como sus miembros individuales. La combinación es fuerza sea

entre jóvenes o viejos; y cuando los hombres se reúnen persiguiendo

buenos fines pueden esperarse mejores resultados que si aquellos

fines fueran perseguidos por individuos aislados. El propósito de

aquellas sociedades es ciertamente bueno. Ellas no están simplemente

constituidas para la diversión, aunque son una de las más fructíferas

fuentes de placer en la vida de colegio de un estudiante. Su principal

objeto es el mejoramiento de sus miembros, mejoramiento en cultura

literaria y en carácter varonil. Todas ellas son sociedades literarias.

No hace mucho, se trató de introducir entre nosotros una nueva

sociedad con fines prominentemente sociales más bien que literarios;

pero la tentativa no sólo dejó de recibir el asentimiento necesario

del presidente del colegio sino también encontró una gran oposición

de parte de la mayoría de los estudiantes. Uno de los más felices

caracteres de la vida social de Amherst está relacionado con las casas

de las sociedades. No existen mejores residencias en la aldea, ni mejor

mantenidas que ellas. No son lujosas sino limpias y de buen gusto.

Están rodeadas de jardines; el precio de sus habitaciones no es mayor

que el promedio del de las otras casas, y no solamente proporcionan

a los estudiantes que las ocupan un lugar agradable sino que el

cuidado de la casa y sus alrededores es por sí mismo una cultura. No

es necesario objetar a esas sociedades por ser secretas. Secretas son

principalmente en el nombre; en realidad su carácter secreto no es

más que esa reserva propia al más familiar contacto entre familias y

amigos. Tratadas como las sociedades lo son entre nosotros y ocupando

el lugar que ocupan su carácter secreto no produce mal alguno. En vez

de promover camarillas y cábalas en realidad, éstas han disminuído

en el colegio después de la organización de las fraternidades. La

rivalidad que existe entre ellas es sana, y conducida abiertamente y de

una manera viril. Las sociedades deben devolver al colegio el tono que

han recibido primero en él. Estoy convencido que en cualquier colegio

en que prevalezca una vida elevada y pura, las sociedades alimentadas

por su fuente producirán corrientes brillantes y vivificadoras.

Ciertamente ellas alegran y refrescan toda nuestra vida de colegio en

Amherst.»

El viaje a Amherst se efectúa por la línea del ferrocarril central de

Massachussetts. La pequeña aldea en que está situado el colegio se

encuentra a 90 millas de Boston y se llega a ella después de cuatro

horas de viaje. La ola de la inmigración inglesa que desembarcó en

las rocas de Plymouth y se estableció en las riberas de la bahía de

Massachussetts, tardó cien años en llegar hasta Amherst, lo que prueba

la lentitud del desenvolvimiento primitivo de la población en estos

parajes. En el trayecto se goza de los encantos de un paisaje siempre

variado y especialmente interesante en esta época del año, en que los

árboles empiezan a perder sus hojas y otros se revisten de colores

rojizos, bronceados y amarillos, que resaltan aún más sobre el fondo

verde obscuro de los pinos inalterables. La línea férrea cruza por

Waltham, el centro más importante de la manufactura de relojes. Poco

después se llega a Weston, dotado de todos los atractivos de la vida

rústica y de todas las bellezas de un paisaje accidentado en que se

alternan los campos esmeradamente cultivados con arroyos que susurran

sobre un lecho de pedregullo y pequeñas lagunas en cuyos bordes se

levantan árboles centenarios. Sucesivamente el tren atraviesa por el

municipio de Berlín situado sobre el río Assebet y rodeado de bosques

de robles, castaños, arces, pinos y nogales. Más tarde aparece Clinton,

ciudad manufacturera de reputación universal; Ware, situada junto a las

cascadas del río del mismo nombre, y finalmente, Amherst deja ver las

puntas de sus altos edificios góticos, entre el follaje de sus árboles

frondosos.

Al norte de la aldea se encuentra el colegio de Agricultura, objeto

principal de mi visita, y que es una de las primeras instituciones de

esta clase fundadas en los Estados Unidos. El Congreso americano, en

1862, concedió a cada Estado cierta porción de las tierras públicas

federales, el importe de cuya venta debería servir para la instalación

y manutención de un colegio en que, sin excluir otros estudios

científicos y comprendiendo la táctica militar, debían enseñarse todas

aquellas ramas de la ciencia relacionadas con la agricultura y las

artes mecánicas, a fin de promover la educación práctica y liberal

de las clases industriales de la República. La porción concedida a

Massachussetts, fué de 360.000 acres de tierra, que produjeron 219

mil pesos. La locación del Colegio fué objeto de grandes discusiones,

hasta que al fin el municipio de Amherst ofreció 50.000 pesos y la

suficiente cantidad de terreno a un precio moderado, con tal de

atraerlo a su seno. La propiedad del Colegio de Agricultura abarca

hoy unos 383 acres, o sea, aproximadamente, unas 150 hectáreas. El 2

de octubre de 1867 se abrieron los cursos con 33 discípulos y cuatro

profesores. La facultad comprende doce miembros y dirige al Colegio en

todo lo relativo a la enseñanza y la disciplina. Los estudios regulares

duran cuatro años, después de cuyo lapso de tiempo los graduados

reciben el diploma de bachiller en ciencias, firmado por el Gobernador

de Massachussetts. Por un arreglo especial el Colegio constituye el

Departamento Agrícola de la Universidad de Boston, lo que permite a los

alumnos del primero matricularse en la segunda, y al recibir su grado

poseer también un diploma de la Universidad.

Un oficial del ejército americano proporciona la instrucción militar y

está autorizado para otorgar diplomas militares a los estudiantes que

se distinguen en aquel ramo. Esto los recomienda para ocupar puestos en

la milicia del Estado o llegar a ser oficiales del ejército federal.

Durante la última guerra los colegios agrícolas de los Estados Unidos

proporcionaron un numeroso contingente de oficiales a las tropas

voluntarias de este país; y en la capilla del establecimiento acaba

de ser colocada una placa de bronce conmemorativa, en que se halla

inscripto el nombre de uno de los graduados de la institución, muerto

en los alrededores de Santiago.

El curso de estudios del Colegio de Agricultura obedece a un programa

regular y es de carácter esencialmente científico. Los estudiantes

que desean educarse sin sacrificio pecuniario de su parte, o que no

pueden afrontar ese sacrificio, encuentran una protección generosa de

parte del Estado. El colegio consagra 5.000 pesos anuales como sueldo

de estudiantes pobres que ejecutan algún trabajo en su seno. Fuera de

eso, anualmente se reparten algunas sumas en premios. Las becas son:

80 becas del Estado, establecidas por la Legislatura, 10 mil pesos; 14

becas congresionales, establecidas por los directores, 1.120 pesos;

legados de particulares, que suben a 150 pesos, interés de 3.000

pesos. Las becas del Estado se solicitan del senador del distrito en

que reside el discípulo, y las becas congresionales del diputado al

Congreso por el mismo distrito.

Los estudiantes están obligados a vivir en los edificios dormitorios

pertenecientes a la institución, lo que disminuye el costo de

manutención. Como en el caso de la Universidad de Amherst, se han

hecho cálculos minuciosos respecto al presupuesto de gastos de un

estudiante del Colegio de Agricultura y los resultados obtenidos son

los siguientes, que pueden, tal vez, inducir a alguno de nuestros

conciudadanos a enviar sus hijos a este instituto:

_Presupuesto para el Colegio de Agricultura_

Barato Moderado Amplio

Enseñanza 80 » 80 » 80 »

Libros y útiles de escritorio 8 » 12 » 20 »

Alojamiento 24 » 36 » 48 »

Mueblaje (promedio anual) 8 » 15 » 25 »

Pensión 90 » 108 » 126 »

Combustible y alumbrado 11 » 15 » 25 »

Lavado 10 » 15 » 25 »

Ropa 30 » 60 » 100 »

Traje militar (15 75) (15 75) (15 74)

Matrículas y cuotas 3 » 8 » 15 »

Subscripciones -- 5 » 10 »

Varios 15 » 25 » 40 »

Curso de estudies en la Universidad -- 10 » 10 »

de Boston

Derechos de Laboratorio (30 ») (30 ») (30 »)

------- ------ -------

279 » 389 » 524 »

Los gastos puestos entre paréntesis no ocurren sino una vez durante

todo el curso de los cuatro años y no están incluidos en el total.

En conexión con el colegio, se encuentran la estación de Experimentos

Agrícolas del Estado de Massachussetts y la Estación de Experimentos

Hatch. La primera fué establecida en 1882, por acto de la legislatura,

y comprende 48 acres del terreno perteneciente a aquél. Para el

equipo de dicha Estación se votó primero la suma de 3.000 pesos y en

lo sucesivo se le ha dado anualmente 5.000 pesos para proseguir sus

trabajos. En los últimos años esta cantidad pareció demasiado pequeña

y anualmente la Estación Experimental goza de una subvención de 10.000

pesos. Los trabajos e investigaciones que realiza aquella institución

están comprendidos en las líneas generales siguientes: causas, medios

preventivos y remedios de las enfermedades de los animales domésticos,

plantas y árboles. Historia y hábitos de los insectos dañinos y medios

de destruirlos. Manufactura y composición de los abonos y fertilizantes

extranjeros y domésticos, su valor respectivo y su adaptabilidad

a diferentes cosechas y terrenos. Valor alimenticio bajo todas

condiciones y para todos los animales de chacra de los varios forrajes,

granos y raíces. Importancia comparativa del forraje verde y seco,

y costo de producirlo y conservarlo en la mejor condición posible.

Adulteración de artículos alimenticios destinados a los hombres o los

animales, etc., etc.

Los edificios de la Estación Experimental están valuados en la

siguiente suma: Laboratorio químico con instrumentos, 15.000 pesos;

Laboratorio agrícola y físico, 12.000 pesos; casa de chacra, 2.000

pesos; establo y graneros, 6.000 pesos. Recientemente la Estación de

Experimentos Hatch, también ha entrado a formar parte del colegio de

Agricultura, anexándose a él con todos sus edificios tasados en la

siguiente forma: granero, 4.000 pesos; invernáculos, 2.800 pesos;

departamento entomológico, 2.000 pesos; departamento meteorológico,

1.800 pesos: Nada más pintoresco que los terrenos de la localidad

en que se encuentran los edificios del Colegio de Agricultura,

graciosamente reclinados en las laderas occidentales de Mount Pleasant

y dominando desde la altura el verde valle de Connecticut. Los campos

que se extienden en torno del Instituto son modelos de labranza y en

ellos se alternan especímenes de diferentes culturas interrumpidos por

huertos y jardines, limitados al norte por una cortina de bosques que

contribuyen a aumentar la belleza de aquel paisaje seductor.

Uno de los edificios más antiguos, es el granero, en cuyo piso

inferior se encuentran espaciosos establos perfectamente ventilados y

mantenidos en un estado de absoluta limpieza. El estudiante examina

allí prácticamente representantes típicos de las crías de ganado más

populares. Un galpón especial está consagrado a las vacas lecheras,

y en otros adyacentes se encuentran caballos y yeguas, un pequeño

rebaño de ovejas y cierto número de cerdos. En otra de las divisiones

del mismo local se encuentran muestras de las más usuales máquinas

agrícolas, entre las cuales me fué señalada, como práctica y reciente,

una para recoger la cosecha de papas. El colegio posee, además, otro

granero y establo donde se llevan a cabo experimentos especiales

sobre la cantidad de alimentos que requieren los animales y el valor

nutritivo de los diferentes forrajes. A los establos se encuentra

anexa una cremería cuya instalación me pareció muy deficiente, lo que

tal vez explica por qué cerca del establecimiento existen otras de

propiedad particular y dotadas de todos los elementos necesarios en

que los alumnos pueden estudiar con mejor provecho los procedimientos

necesarios para la fabricación de la mantequilla. Aunque el trabajo

de chacra no es obligatorio la mayor parte de los estudiantes toman

parte en él con mayor o menor empeño, y, en todo caso, los experimentos

de las estaciones agrícolas anexas al Colegio les ofrecen amplias

oportunidades de observación y de estudio. En este año, se ha añadido

a las instalaciones de aquel importante plantel un departamento

de veterinaria dotado de todos los elementos necesarios para la

preparación de diversos serums y de un hospital para animales enfermos

que permitan a los estudiantes practicar y observar las enfermedades

más comunes del ganado. El departamento de veterinaria posee un Museo

incipiente de anatomía, entre cuyos objetos me fué especialmente

señalado el esqueleto del primer caballo de cría, Morgan, origen de esa

raza tan conocida entre nosotros. Las demás preparaciones del museo

carecen de importancia y se limitan a esqueletos de ovejas y de cerdos

y a modelos de _papier maché_, de fabricación francesa, para ilustrar

las diferencias que la edad produce en la dentadura de los animales.

Tratándose de un país como los Estados Unidos, la pobreza relativa de

aquel museo pronto será salvada por alguno de esos regalos de que los

ricos americanos son tan munificentes, sobre todo cuando se trata del

adelanto intelectual de las nuevas generaciones de su país.

La biblioteca del colegio de agricultura ocupa un edificio gótico

y cuenta con 26.000 volúmenes. En el piso superior del edificio se

encuentra la capilla que sirve al mismo tiempo de sala de conferencias

y de local en que se realizan las fiestas escolares. En aquel amplio

local caben con comodidad 500 personas y su interior está decorado con

esa sobriedad elegante y severa común a los templos protestantes de

este país.

Las principales investigaciones llevadas a cabo por la estación

experimental anexa al colegio de agricultura se refieren al uso de

los abonos o fertilizantes naturales y químicos. Una tablilla marca

en cada sección cultivada la substancia empleada para alimento de la

planta y la simple inspección de los resultados obtenidos basta para

mostrar cuáles son más ventajosas y cuáles se muestran defectivas en

su tarea vivificante. Pero la estación experimental no se limita a

este trabajo práctico, sino que una de sus labores más serias es la de

analizar todas las muestras de abonos que se ofrecen en el mercado para

poder responder de su eficacia y asegurar al chacarero de la bondad del

artículo que se le ofrece. Por una ley del Estado de Massachussetts

en el envase de todos esos abonos comerciales debe estar indicada

la fórmula de su composición, de manera de hacer posible el control

del departamento de Agricultura y aplicar a las falsificaciones o

adulteraciones un castigo severo. He visto no menos de 300 muestras en

el laboratorio químico, prontas para ser analizadas por los encargados

de aquel trabajo.

El Colegio de Agricultura de Amherst, en conjunto, es sin duda de los

más completos e importantes que existen en los Estados Unidos, y la

impresión que su visita me ha causado hace alto honor al distinguido

presidente de aquel establecimiento, Mr. Henry Hill Goodell, y a Mr. W.

P. Brooks, profesor de agricultura, que comparte sus tareas y dirige

los trabajos de la estación experimental.

V

VIAJEROS EN SUD AMERICA

No conozco lectura en cierto modo más interesante que la de los libros

de viajeros que en diferentes épocas han cruzado nuestro territorio.

Desde el famoso Ascarate du Biscay, en cuyas páginas polvorosas se

encuentra el primer esbozo de nuestra Buenos Aires primitiva, las

observaciones que nuestro país ha merecido de los que lo han visitado

son dignas de conocerse y meditarse, por fantásticas o injustas que

nos parezcan algunas veces. Ese interés aumenta a medida que la obra

se refiere a un tiempo más lejano y evoca a nuestra mirada escenas

desvanecidas en las brumas del pasado, o se refiere a hechos de

nuestra historia. Es el encanto que tienen para nosotros las _Cartas

de Robertson_, reeditadas no hace mucho, el _Viaje de un naturalista_,

de Darwin, que he releído últimamente con inmenso placer y que tan

sabrosos párrafos dedica a nuestro país, los viajes de Basil Hall en

Chile y el Perú, donde tuvo ocasión de ver a San Martín. Sin necesidad

de referirse a obras tan conocidas como éstas, hay otras de autores

menos ilustres, en cada una de las cuales se encuentran detalles que

hoy tienen un sabor especial para nosotros y que arrojan una luz

curiosa sobre muchas particularidades de nuestra vida doméstica.

Naturalmente, los errores, las injusticias, las falsas apreciaciones

son frecuentes en obras de ese género. Es el mal común a todos los

viajeros, exagerar y desfigurar los cuadros que encuentran a su paso.

Muchas veces la falsedad de la pintura no obedece a malicia, sino a

diferencias de comprensión o de criterio. Otras veces, son intereses

materiales heridos, rozamientos de vanidad, los que originan el libelo

agresivo. Por ejemplo Mr. de Beaumont, que según él conoció íntimamente

a Rivadavia en Londres, se muestra irritado por el mal éxito de una

empresa que en 1826 lo trajo a nuestras playas. No escasea sus críticas

a nuestro gobierno, a la inseguridad de nuestra política y lentitud de

nuestra justicia. Su libro no hace sino repetir muchos de los datos

contenidos en las conocidas _Noticias históricas_, de _Don Núñez_,

como dice Beaumont... Ello importa muy poco: la obra entera es digna

de conservarse, aunque sólo sea por la descripción que contiene de una

entrevista personal en Buenos Aires con el presidente Rivadavia.

«A la hora citada--dice nuestro viajero, describiendo lo que llama

«audiencia con Don Rivadavia»--busqué puntualmente al presidente,

a quien había tenido la desgracia de ser presentado en Londres y

de conocer por sus actos en Buenos Aires. Al presentarme en la

residencia de su excelencia, en el Fuerte, me recibió un edecán

vestido de uniforme... El sonido de una campanilla de plata en el

cuarto vecino llamó mi atención, ¡cuando zás! la puerta se abrió con

solemne lentitud y descubrió al presidente de la República Argentina,

avanzando gravemente y con un aire tan digno, que era casi aplastador.

El estudiante de la pieza de mágica _El Diablo en dos palos_, no pudo

sorprenderse más al romper la redoma que yo con lo que ví. Cada detalle

relativo a un grande hombre en general, interesa al público; no estará

de más en consecuencia, dar una corta descripción de la persona y

aspecto de su excelencia. Don Bernardino Rivadavia parece de cuarenta

a cincuenta años de edad, tiene cerca de cinco pies de alto y casi

la misma medida de circunferencia; su apariencia es obscura, pero no

desagradable, denota agudeza, y con sus facciones parece pertenecer

a la antigua raza que primeramente habitó en Jerusalén; su levita es

verde, abotonada _a la Napoleón_; sus pantalones están sujetos a la

rodilla con hebillas de plata, y el corto resto de su persona ataviado

con medias de seda, zapatos de etiqueta y hebillas también de plata;

su aspecto general no se diferencia mucho de los retratos en caricatura

de Napoleón; hasta se dice que gusta mucho de imitar a aquél en un

tiempo gran personaje en las cosas que están a su alcance, tales como

el color de una levita o la inflación de una frase. Su excelencia

avanzó lentamente hacia mí con sus manos cruzadas en la espalda; si

esto era también hecho en imitación del gran conquistador, o por ganar

una especie de contrapeso por el volumen que llevaba por delante,

o para guardar su mano del tacto deprimente de la familiaridad,

es igualmente difícil de determinarlo; pero su excelencia avanzó

lentamente, y con un aire formalmente protector me hizo conocer al

instante que mister Rivadavia en Londres y Don Bernardino Rivadavia,

presidente de la República Argentina no debía ser considerado una misma

persona.» Descartad los rasgos grotescos de la _charge_, y esa corta

descripción expresa mejor que nada el fondo fundamental del carácter

del personaje, la solemnidad.

Estudios americanos (primera serie) · 第 3 / 16 段