La exposición en sí misma no ofrece un interés extraordinario. La

sobriedad y belleza de los edificios impone agradablemente; pero

fuera de la exhibición agrícola, que es realmente notable, las demás

secciones no tienen el desarrollo que sería de desear. Por la noche,

es de una belleza indescriptible, el espectáculo de la iluminación

eléctrica de los palacios, cuyas diez mil lámparas incandescentes se

reflejan en la laguna central, donde resbalan góndolas venecianas.

La exposición se encuentra situada a dos millas de la ciudad y posee

todo el _atrezzo_ común a los espectáculos de su especie. Hay allí la

montaña rusa y el _toboggan_ reglamentario, la calle de las Naciones

con chinos verdaderos, levantinos escamados y muestras más o menos

legítimas de las razas del Extremo Oriente. Los descendientes de las

tribus que en 1854 cedieron a los Estados Unidos el territorio en que

hoy se eleva la ciudad, hacen un simulacro de batalla _india_ lleno

de interés y de gran actualidad, pues precisamente en estos momentos

fuerzas americanas se baten _pour de bon_ con los salvajes en el estado

de Minnesotta. Los teatros y los panoramas; los cafés moriscos y la

posada bohemia; el túnel de una mina de oro californiana; la danza

subterránea de los demonios en la sección llamada _The Big Rock_; la

reproducción del peñasco de Plymouth, en que desembarcaron en 1621

los puritanos; la cámara obscura con sus cuadros cambiantes y sus

linternas mágicas, la enana de Cuba llamada _Chiquita_, de veinte años

de edad y veintiséis pulgadas de alto; el ciclorama en que se presenta

el combate naval entre el Merrimac y el Monitor en 1862; los perros y

los monos sabios; la aldea alemana; la menagerie con sus 500 especies

de animales; el laberinto; la reproducción de una plantación antigua,

y, finalmente, el ferrocarril en miniatura,--son las _novedades_ que

amenizan la feria y que recuerdan una de las páginas más coloridas de

Dickens, la pintura de los viajeros que con rumbo a las carreras se

reunen en la taberna de Jolly Sandboys.

Omaha es el centro geográfico de los Estados Unidos y su rápido

progreso representa de una manera digna, el crecimiento de la región

transmississippi, cuya población alcanza hoy a más de 20 millones de

habitantes establecidos en 2 millones y medio de millas cuadradas. La

designación de aquel punto ha sido feliz y aunque los miembros del

sindicato que proyectaron esta empresa no pudieron prever la guerra

con España, que absorbió por tanto tiempo la atención pública, más de

dos millones de visitantes han asegurado el éxito financiero de la

exposición, dejando ya una ganancia líquida de 150.000 dollars para

los promotores de la idea. Los recursos inagotables de este país son

la mejor garantía de tentativas de esta especie. Los Estados Unidos

constituyen un mundo aparte, y bastándose a sí solos, gozan de una

verdadera independencia política e industrial. Pero sin duda el

fenómeno más asombroso del desenvolvimiento de la joven democracia

es la conquista del Oeste, la invasión pacífica y civilizadora de la

región transmississippi.

El honorable J. W. Baldwin de Council Bluffs, en su oración inaugural

recordaba que en 1858 la _North American Review_ declaraba lo

siguiente: «El pueblo de los Estados Unidos ha alcanzado a su frontera

terrestre occidental, y los bancos del Missouri son las orillas en

que termina un vasto desierto de mil millas de ancho, que se propone

atravesar, si ello es posible, con caravanas de camellos y que

interpone una barrera final al establecimiento de grandes comunidades

agrícolas, comerciales o aun pastoriles.»

¿Dónde está hoy ese desierto?, se pregunta con orgullo Mr. Baldwin, al

hacer el balance de las conquistas realizadas por sus compatriotas.

«En lugar de él podemos mostrar una inmensa chacra de 67 millones de

acres bajo cultivo y cuyos productos alcanzan anualmente a un valor

de _mil millones_ de dólares. Las praderas que fueron consideradas

«impropias para el cultivo» producen anualmente 1.200 millones de

bushels de maíz, 350 millones de bushels de trigo, 30 millones de

toneladas de heno, cuyo valor total llega a 600 millones de dólares,

sin contar el valor de los otros cereales, frutas y legumbres. En vez

del «oso caparazonado y del búfalo», 9 millones de caballos y mulas

trabajan en los valles; 32 millones de animales pastan en las colinas;

51 millones de ovejas y de cerdos producen sus vellones y engordan, y

el valor de este ganado llega a 1.200 millones de dólares. Se pensó

en un tiempo que 15 millones de dólares, era un precio excesivo para

esta «región salvaje». Hoy su producción anual de oro y de plata es

de 100 millones de dólares, de cobre y otros minerales de otros 100

millones y de carbón 30 millones. Con el solo precio de los metales

preciosos, podríamos pagar el precio de compra en setenta días. La

«barrera para el establecimiento de empresas comerciales», ha caído

derribada por el hombre de la frontera y más allá de ella, giran

las ruedas de las fábricas produciendo anualmente un valor de 1.400

millones en artículos de la mejor y más barata manufactura del mundo.

Como las «caravanas de camellos» no venían del Egipto, el pueblo de

esta región, construyó 80.000 millas de caminos de hierro, como medio

de viaje y de transporte. En la tierra en que solamente hace cincuenta

años vagaban salvajes aborígenes y se abrigaban en wigwams y tiendas de

hojas de palma, ahora viven 22 millones de ciudadanos inteligentes, con

121 universidades y colegios; 62.000 escuelas, 5.700.000 niños, 6.000

periódicos y 45.000 organizaciones religiosas cuyos miembros alcanzan a

3.500.000 y que reverencian a su Dios en 44.000 iglesias destinadas al

culto. Finalmente, la riqueza agregada de esta región del país llega a

22 mil millones de dólares, o sea, más de la mitad del capital íntegro

de la Gran Bretaña.»

Próximamente, tendrá lugar aquí la exposición ganadera, y aunque ella

se abrirá sólo dentro de dos semanas, casi todos los estados de la

Unión están ya representados, mientras en las calles de la ciudad, se

cruzan los principales criadores de los Estados Unidos. La exposición

ganadera no se limitará a la región del oeste, habiendo llegado ya

animales finos de Illinois, Indiana y hasta de los estados de la Nueva

Inglaterra. Cincuenta mil dólares al contado, serán distribuidos, junto

con una cantidad mayor en medallas, certificados, y otros premios.

Refiriéndose a esta exposición, leo hoy en el carro eléctrico que

me conduce a la feria, un artículo de _The Country Gentleman_, muy

interesante: «La industria ganadera del oeste,--dice,--está en una

condición floreciente. Nebraska, es un ejemplo elocuente de lo que

pasa en los estados adyacentes, a este respecto. Los vacunos y otros

animales han alcanzado un precio muy elevado. Un detalle curioso de

la presente situación es el hecho de que el caballo, como artículo

de comercio, parece estar atrayendo mucha más atención ahora en los

estados occidentales que de diez años a esta parte. Este año un buen

caballo de campo vale de 40 a 50 pesos, mientras hace algunos meses

el mismo caballo no alcanzaba la mitad de ese precio. Muchos de estos

animales vienen de las chacras de Illinois, Michigan, Indiana, Ohío

e Iowa. Otro detalle interesante de la exhibición ganadera serán las

lecciones prácticas de lo que se conoce por campaña educadora del

«cerdo magro», que harán los empacadores del oeste. Esas lecciones

tienden a demostrar a los productores que es preferible producir

un animal que pese 200 libras, en vez de un animal más pesado. La

demostración se hará en forma de corrales de varios tamaños, con

cerdos de un peso de 195 a 300 libras. Habrá estadísticas preparadas

mostrando lo que cuesta producir el cerdo liviano, el precio que

obtiene el animal en la cotización del mercado diario y cuáles son las

probabilidades de pérdida, comparado con el cerdo más pesado. Después,

las mismas estadísticas serán aplicadas al cerdo de 300 libras. El

deseo de los empacadores en general, es fomentar la producción del

cerdo magro más pequeño, del cual se obtiene la más fina calidad de

tocino inglés de desayuno (English breakfast bacon). Esta clase de

cerdo, se cotiza siempre de uno a dos centavos más por libra, en

Chicago, Kansas City, Omaha, que el cerdo de 300 y 350 libras.»

Los resultados de la exhibición ganadera serán, indudablemente, muy

interesantes. Omaha, lo he dicho ya, es el tercer mercado de carnes

en América, y en ninguna parte mejor que aquí puede estudiarse

los adelantos de la ganadería de este país, así como admirarse la

pujanza de la raza que ha edificado esta hermosa ciudad, y que hoy se

regocija de su obra, recorriendo complacida y orgullosa los palacios

monumentales de la exposición y aclamando con entusiasmo a los héroes

de la guerra con España.

III

EN SAINT-LOUIS

No he querido abandonar el oeste, sin arrojar una ojeada a esta

extraordinaria ciudad de Saint-Louis, que es, no solamente la metrópoli

del valle del Mississippi, sino como ha sido dicho con exactitud,

el corazón comercial de la inmensa región comprada a Francia en

1804. De aquí nace su abolengo de ciudad antigua. Después de Nueva

Orleans, Saint-Louis, era el centro más importante de aquella soberbia

adquisición territorial. Fundada nueve años antes que Filadelfia, doce

años antes de la declaración de la independencia, a fines del siglo

pasado, los franceses la habían convertido en una provechosa y próspera

factoría, donde se realizaba en grande escala el comercio de las pieles

con los indios, únicos habitantes de aquellas inmensas soledades

inexploradas.

Saint-Louis, está situada en la banda occidental del Mississippi, y

es la llave geográfica de esa magnífica cuenca que comprende un área

territorial mayor que las de Alemania, Francia, Austria-Hungría, Italia

y Turquía reunidas. Una avenida de 124 pies de ancho la divide de norte

a sur. Su situación, excepcionalmente favorable, como punto a que

convergen todas las grandes líneas férreas que cruzan el territorio

de los Estados Unidos, y las que se dirigen a México, le da aún las

ventajas de ser un puerto fluvial de enorme importancia, a donde se

detienen los vapores que navegan el Mississippi y el Missouri. Así,

su crecimiento ha sido tan estupendo como el de las más favorecidas

metrópolis modernas, y el último censo le da una población de 611.268

habitantes.

Por lo demás, la fisonomía general de la ciudad, tiene los mismos

caracteres que las de todas las capitales americanas, cortadas por el

mismo patrón, con su Broadway tumultuoso, copiado del de Nueva York, su

Washington Avenue, semejante a la de Boston, su Chestnut Street, igual

a la de Filadelfia, su espléndido sistema de parques, análogos a los

de todas las anteriores, sus cortes de justicia, monumentales, su City

Hall coronado de pináculos y torrecillas y su Union Station colosal,

con una superficie techada de cuatro millones de pies cuadrados.

Esa uniformidad de aspecto, de arquitectura, de «high buildings»,

en que sobresalen siempre un templo masónico y una «Equitativa», se

extiende en América, hasta a los nombres de los parques, las calles,

las avenidas y las estaciones Los carros eléctricos, igualmente

administrados y construídos, aumentan esa impresión de monotonía.

Para distinguir, pues, a Chicago de Saint-Louis, a Saint-Paul de

Cincinatti, a Pittsburgh de Providence, es necesario hacer desfilar

las cifras estadísticas, que muestran la importancia relativa y los

rasgos característicos, comerciales o industriales de cada agrupación.

Naturalmente, en este terreno, Chicago aplasta a todas, a pesar de

su juventud; pero Saint-Louis puede exhibir un _record_, que es por

sí mismo suficientemente recomendable. Por de pronto, Saint-Louis

es, por su rango, la quinta ciudad de la Unión. Sus calles ocupan

una superficie de 818 millas, pavimentadas con macadán y piedra, con

excepción de 53 millas en que se han empleado otros materiales. El

sistema de sus aguas corrientes, costó 13 millones de dólares, y ellas

tienen una capacidad de 132 millones de galones diarios.

La longitud total de sus caños de desagüe en 1890, era de 328

millas, y el costo total de su construcción de 7.206.780 pesos. Como

centro manufacturero, Saint-Louis, figura dignamente, con sus 6.148

establecimientos industriales, con un capital de 141.872.386 pesos.

Ellos emplean un término medio de 94.951 obreros, cuyos salarios suben

a 53.294.630 pesos.

Las materias primas empleadas en dichos establecimientos cuestan

122.216.570 pesos, y el valor de sus productos llega a 229.157.343

pesos. ¿Para qué seguir? Con lo dicho basta para comprender que

Saint-Louis no tiene motivos por qué humillarse, ni aún al lado de ese

fenómeno de crecimiento y riqueza que se llama Chicago.

Ciudad comercial por excelencia, como Cincinatti, como Chicago, como

Omaha, las glorias de Saint Louis consisten en amontonar muchos dólares

y en edificar muchas casas de grande altura, colmenas de actividad

industriosa. No aspira a los triunfos académicos ni a los lauros

universitarios. Lo que desea y lo que consigue, es que a sus elevadores

afluya mucho trigo, que su puerto sea visitado por muchos navíos, que

sus estaciones rebosen de productos de la agricultura, de la ganadería

y de la minería; y en su calidad de pueblo práctico, de pueblo

trabajador, curado de quimeras, como todo el joven oeste, Saint-Louis

es expansionista y conquistador, Saint-Louis quiere que «donde la

bandera americana ha flameado, ella permanezca por siempre»; y se

deleita de antemano pensando en la cantidad de máquinas y de géneros de

toda especie, que le comprarán los portorriqueños, los cubanos y los

filipinos.

He aquí la cuestión que por ahora absorbe a la inmensa región a que

está vinculada esta magnífica capital, cuestión puesta sobre el tapete

por el viaje presidencial a Omaha y a Chicago, con su acompañamiento

de héroes como Shafter, Wheeler, Greely y Miles. La visión de tanta

gloria encarnada ha trastornado la cabeza de los habitantes del oeste y

ha refluído de una manera inesperada sobre el espíritu del presidente

McKinley. El corresponsal del _Chicago Record_, que acompañaba la gira

presidencial, William E. Curtis, explica de una manera clara el efecto

de esta recíproca sugestión. Refiriéndose a la resolución tomada por el

presidente, de pedir a España el grupo entero de las Filipinas, dice el

distinguido publicista: «No creo que el presidente iría tan lejos en

el asunto de las Filipinas, si no hubiera realizado su gira reciente

por el oeste. Los iniciadores del jubileo de la paz de Chicago y de la

exposición de Omaha, tienen en consecuencia no poca responsabilidad

en la dirección de la política exterior del gobierno. El presidente

se impresionó tanto con el sentimiento público, manifestado por

todas partes en el oeste, que desde entonces no persistió más en sus

inclinaciones de evitar la responsabilidad que la adición de tanto

territorio le impondría. Los miembros del gabinete se han divertido

bastante con el desarrollo de esta cuestión. Mientras más se internaba

el presidente en el oeste más expansionista se mostraba, y uno de sus

consejeros declaró que si hubiera llegado hasta Denver también hubiera

pedido las islas Canarias.»

Ha existido en la Unión, hasta hace poco--y malos profetas dicen que

existe todavía--un oeste _platista_ en oposición a un este rebosante

de _gold-bugs_; y si la expresión de este nuevo sentimiento continúa,

tendremos ahora un oeste imperialista en contraposición a un este

enemigo de la expansión territorial. Mientras las muchedumbres de Omaha

aclamaban a los héroes de la campaña, y pedían nuevas posesiones,

_panes et circensis_, el senador Hoar, uno de los espíritus más

cultos y distinguidos de esta nación, y una de las lumbreras del

Massachussetts, universitario y apegado a la tradición de los padres,

señalaba a sus oyentes los peligros y los errores de la expansión, en

palabras tan sobrias como elocuentes.

«Este año--exclama--ha rebosado de historia y ha rebosado de gloria.

Pero, a mi juicio, también él ha estado lleno de peligros. La bandera

de España, en otro tiempo, y desde los días del imperio romano, el más

orgulloso de los poderes de la tierra, ha caído en la obscuridad y en

la sangre, ante la escuadra y el ejército victoriosos de los Estados

Unidos.

«El pendón americano se ha alzado en el firmamento oriental, como una

nueva constelación. Pero no aceptemos los deberes y responsabilidades

de esta victoria, con ningún sentimiento de vanagloria, y todavía

menos con ambición vulgar de poder o de ganancia. Los Estados Unidos

han ido a esos pueblos del este y del oeste, como un gran libertador.

Aprovechar esta ocasión para hablar de estaciones carboneras y de

ventajas comerciales, los degrada y empequeñece.

«No hemos derribado a España, no hemos puesto en peligro las vidas

preciosas de nuestros hijos para poder aumentar nuestras posesiones, o

para poder obtener ganancias de nuestras nuevas relaciones.

«El primer deber del pueblo americano es preocuparse de sí mismo, y

cuando digo esto no lo hago en un espíritu de egoísmo o de indiferencia

por el bienestar del género humano. Por el contrario, creo que el más

alto servicio que el pueblo americano puede prestar a la humanidad y

a la libertad, es reservar sin mancha y sin cambios, la república tal

como nos vino de nuestros padres. Es por medio del ejemplo y no por

medio de cañones o bayonetas que la gran obra de América, en beneficio

de la humanidad, deberá realizarse.

«Y en mi opinión, estamos hoy en frente de un gran peligro, un peligro

más grande que los que hemos encontrado, desde que los peregrinos

desembarcaron en Plymouth. El peligro es que vamos a transformarnos de

una república fundada sobre la declaración de la independencia, guiada

por los consejos de Washington, en un vulgar y ordinario imperio,

fundado sobre la fuerza material.

«Por mi parte, no estoy deslumbrado por el ejemplo de Inglaterra.

Las instituciones de Inglaterra, que le han permitido gobernar con

éxito colonias distantes y estados vasallos, están fundadas, como

Mr. Gladstone señaló, en la doctrina de la desigualdad. Si estamos

destinados a sobrepasar a Inglaterra en poder nacional, será siguiendo

nuestro propio camino y no sus huellas.

«Se ha dicho que Puerto Rico ya es nuestro. Puede ser que Puerto Rico

llegue a ser nuestro. Pero no existe autorización bajo la constitución

de los Estados Unidos para adquirir ningún territorio extranjero,

excepto por un tratado, aprobado por el senado, por dos tercios

de votos o por un acto legislativo, en el cual, el presidente, la

cámara de representantes y el senado estén unidos. Se dice que las

islas Filipinas son ya nuestras por derecho de conquista. Los seres

humanos--hombres, mujeres, niños, pueblos--no pueden ganarse como

despojos de la guerra o presas del combate. Puede ser que tal doctrina

encuentre un sitio en las antiguas y bárbaras leyes de la guerra. Pero

ella no es admisible bajo la constitución americana.

«Ella no cabe, tampoco, en el código moral del pueblo de los Estados

Unidos. He explicado, en otra parte, las consideraciones que a mi

juicio garantizaban la adquisición del Hauaii. Hauaii vino a nosotros

con el consentimiento de su propio gobierno, el único gobierno capaz

de mantenerse allí por un considerable espacio de tiempo. En el caso

de las Filipinas, se nos pide que avasallemos a una nación y que la

mantengamos en vasallaje. Las tomamos por conquista y las conservaremos

por la fuerza. En el caso de las islas Sandwich, las tomamos por

acuerdo celebrado con su gobierno legal.

«Algunos de nuestros buenos amigos han dicho, en su celo irreflexivo,

que donde va la bandera americana allí debe permanecer. Pero,

seguramente, ellos no pueden desear que el país se ligue a esta

doctrina. Plantamos nuestra bandera en la ciudad de México. Pero

nadie pidió que permaneciera allí. Si la guerra continúa, podremos

plantarla en la costa de España, aunque no deseamos mantener un dominio

permanente sobre ella.

«Si las islas Filipinas llegan a ser nuestras, según la última decisión

de la suprema corte, cada niño que en adelante nazca allí, llegará a

ser un ciudadano americano, libre de entrar, libre de salir. ¿Pensáis

conservarlos como vasallos? ¿Pensáis fundar una clase educada y

gobernante? ¿Váis a tener al colector de contribuciones como el más

frecuente y conocido visitante de toda casa americana? ¿Váis a aumentar

varias veces vuestra deuda nacional? Todas estas cosas están envueltas

en ese salvaje y apasionado grito a favor del imperio. Por mi parte,

rechazo y detesto la idea que el pueblo americano se decida a someterse

a semejante transformación.»

Entre las aclamaciones populares que piden la extensión del _imperium_

y la palabra sobria de los estadistas que se sublevan contra él, el

presidente parece dispuesto a seguir las indicaciones de las primeras

y ha impartido sus instrucciones en ese sentido, a los comisionados

que en París ejecutan sus mandatos. España tratará de alegar que en el

protocolo de suspensión de las hostilidades no se hablaba de la cesión

de las Filipinas, y que la entrega de Puerto Rico ha sido en calidad de

idemnización por los gastos de la guerra. Es demasiado tarde para ella

y al fin tendrá que aceptar las condiciones impuestas por el vencedor.

IV

UNA VISITA A AMHERST

El colegio de Amherst, es una de las más interesantes y típicas

instituciones de enseñanza que existen en este país. Sin tener el

abolengo ilustre ni la antigüedad de Harvard o de Yale, su situación

especial le da un carácter peculiar que han ido perdiendo poco a

poco los anteriormente mencionados. Uno de sus encantos principales

es el escenario en que se encuentra situado. Amherst, es la ciudad

estudiantil por excelencia, un centro en que todo invita al trabajo

intelectual y al cultivo del espíritu. He pasado algunos días viviendo

la vida de la academia, y creo interesante registrar algunos datos

relacionados con aquella tebaida científica.

Estudios americanos (primera serie) · 第 2 / 16 段