CAPITULO III.

Lee el Maestro Prudencio el Sermon de Santa Orosia; da con esta ocasion

admirables instrucciones á Fray Gerundio, pero se rompe inútilmente la

cabeza.

No era tan temprano, quando los dos volvieron á la Granja, que no

hallassen al Maestro Prudencio con el belon encendido, montados los

anteojos en la punta de la nariz, con el Sermon de Santa Orosia delante

de sí, un polvo en una mano, reclinada la cabeza sobre la otra, la caja

abierta encima de la mesa, y el gesto un si es no es avinagrado. Y fué

assí, que, como el Predicador Fray Blas le havia dicho, que llevaba

el Sermon de Santa Orosia en las alforjas, y se le havia ofrecido,

él, luego que montó el Arcipreste, y apénas acabó de rezar Maytines

y Laudes para el dia siguiente, quando con la licencia de anciano y

con la autoridad de Padre Maestro registró las alforjas, dió con el

tal Sermon á poco escrutinio, y se puso á leerle. Pero á la primera

cláusula fué tal el enfado que le causó, que, á no haverle contenido su

genio blando y apacible, le huviera hecho pedazos.

2. Apénas avistó en la sala á los dos passeantes, quando, encarando

con Fray Blas, le dixo, no sin alguna colerilla: «Dígame, Padre

Predicador, y es possible, que me alabasse tanto este Sermon de Santa

Orosia? Ya por su misma relacion sospechaba yo lo que seria; ya me

daba el corazon, que no havia de encontrar en él mas que necedades y

disparates; pero confiesso, que nunca creí encontrar tantos. Yo no sé,

por qué motivo no le predicó el Orador; solo sé, que, si yo huviera de

dar licencia para predicarle, tarde le predicaria.» -- «Padre Maestro,

respondió el Predicador, entre entonado y desdeñoso, alabé esse Sermon,

y vuelvo á alabarle, y digo, que son pocos todos mis elogios para los

que él merece.» -- «Pues dígame, pecador de mí, le replicó el Maestro

Prudencio; no basta la primera cláusula para calificar al Autor de

un pobre botarate? _Señores, estamos en Jaca, ó en la Gloria?_ Todo

el chiste de esta pueril y ridícula entradilla consiste en que es

muy parecida á aquella vulgaridad de chimenéa y bodegon: _Señores,

estamos aquí, ó en Jauja?_ Miren por Dios, qué arranque tan oportuno

para dar principio á una Oracion Sagrada, y en un Theatro tan sério!

Vamos adelante. _Pero quien duda estamos en la Gloria, estando en Jaca?

Porque, si el sitio de la Gloria es el Cielo, hoy es un Cielo este

sitio._ Puede haver retruecanillos mas insulsos, ni paloteado de voces

mas insubstancial?»

3. «Y como probará, que la Iglesia de Jaca se equivoca con el Cielo?

Valiéndose de un embrollo de embrollos, sin atar ni desatar, y

confundiendo el Cielo material con la Gloria, como á él le parece,

que le viene mas á cuento. Dice, que es un Cielo aquella Iglesia, lo

primero, porque la Gloria se llama Iglesia Triunfante, y es Iglesia

Triunfante la de Jaca, porque en el sitio que ocupa se ganó una

victoria contra los Moros, y desde entónces se llamó _el Campo de la

Victoria_. Por esta cuenta, tambien la famosa Mezquita de Damasco se

pudiera llamar Mezquita triunfante, pues en ella ganaron los Moros una

victoria contra los Christianos. Despropósito ridículo, y extravagante

acepcion de la Iglesia Triunfante! Que no se llama assí, porque

huviesse sido Campo de batalla ni de victoria de los Santos, que la

componen, sino porque triunfan allí de lo que pelearon acá. Y no ha

dexado de caerme muy en gracia, que, para probar la trivialíssima

vulgaridad, de que el Cielo se llama _Iglesia Triunfante_, embarra la

márgen con una prolixa cita de Silveyra, notando el tomo, el libro, el

capítulo, la exposicion, y el número, muy parecido al otro tontarron

de Predicador, que decia: _Humilitas llamó profundamente mi Padre San

Bernardo á la humildad, como lo puede notar el curioso en sus Libros de

Consideracion al Papa Eugenio._»

4. «La segunda prueba de que la Iglesia de Jaca es un Cielo, es, porque

el Sol es Presidente del Cielo, al Sol le llaman Mytra los Persas, el

domicilio del Sol es el Signo de Leon, y el Señor Obispo de Jaca tiene

Mitra, y un Leon por Escudo de Armas. Por esta regla, mas Cielos hay de

tejas abaxo que de tejas arriba, porque de tejas arriba solo se cuentan

once, y acá podremos contar mas de once mil, siendo cosa averiguada,

que todas las Iglesias Cathedrales tienen Obispo, todos los Obispos

tienen Mitra, y, si el Persa llama Mitra al Sol, tenemos acá abaxo

tantos Soles como Obispos, y tantos Cielos como Iglesias Cathedrales.

Vamos claros, que la prueba es ingeniosa, sútil, y terminante. Y qué

nos querrá decir el Padre Doctor Predicador, en que _el Signo de

Leon es el domicilio del Sol_? Si quiere decir, que aquella es su

casa propia ó alquilada, donde vive de assiento, que esso significa

_domicilio_, es un despropósito, de que se reirá qualquiera Ventero,

que tenga en el portal de la Venta, junto al papel de la tassa, un

miserable almanak. Si le llama _domicilio del Sol_, porque este

brillante Postillon del Cielo, en su jornada anual, hace mansion por

algunos dias en la Venta, ó en la Casa imaginaria de este Signo, para

dar cebada de luz á sus Caballos: tan domicilio del Sol es el Signo de

Cabra, como el Signo de Leon, y qualquiera de los otros onze Signos,

donde descansa este Planeta, tiene el mismo derecho para llamarse su

domicilio.»

5. «Tercera prueba. La Iglesia de Jaca es Cielo, porque el Cielo se

llama _Tyara_, y Cartario dice, que tiene dos puertas con dos llaves:

_Las Armas de la Cathedral de Jaca son dos Llaves y una Tyara_: pues

aquí, qué tenemos que hacer, para declararla por Cielo con autoridad

de Cartario? Pobre monigote? Todas las Iglesias, que no tienen Escudo

de Armas particular, usan el de la Iglesia de Roma, que es una Tyara

con dos Llaves, en significacion de su jurisdiccion, ó potestad

Espiritual y Temporal, y para significar dichas Iglesias particulares,

que no tienen otro Patrono que al Pontífice, y que son de la Comunion

Cathólica, Apostólica, Romana. Pues étele, que por esta razon tanto

derecho tiene á ser Cielo la mas pobre Iglesia Rural, como la Cathedral

de Jaca, y queda muy lucido el Padre Doctor con su impertinente cita de

Cartario. Pero donde está mas donoso es en las otras tres razones de

congruencia, que añade, para que la Iglesia de Jaca tenga las mismas

Armas que la de San Pedro en Roma, Cabeza de todas las Iglesias. Dice,

que esto será, _ó porque ni la Cabeza del Orbe, Roma, puede gloriarse

de mayor nobleza, que la insigne Cathedral de Jaca_ (hicieron bien en

no dexarle predicar este Sermon, porque tengo por cierto, que solo por

esta proposicion aquel Ilustre y cuerdo Cabildo le huviera echado el

Organo, los Perreros, y aun los Perros); _ó porque parece debia estar

la Cabeza de la Iglesia en Jaca, á no haverla colocado San Pedro en

Roma_ (ya escampa, y llovian necedades); _ó porque el Cielo, hermosa

República de tanto brillante zafiro, es solo condigna imágen de Cabildo

tan respetoso_. (Y suponiendo, que su Cartario habla del Cielo formal,

que es la Gloria, porque de esta dice, que _tiene dos puertas con dos

llaves_; afirmar, que la Gloria solo _es condigna imágen de la Iglesia

de Jaca_, no merece una coroza y una penca, ó á lo ménos ménos un

birrete colorado?)»

6. «Déxolo, que no tengo ya paciencia para leer tanta sarta de

despropósitos. Y este Sermon se imprimió! Y en su elogio se compusieron

décimas, octavas, y sonetos! Y el buen Cura de Jaquetilla ó de

Jacarilla se le presenta por modelo á los Predicadores de Santa

Orosia! Y el Padre Predicador alaba tanto este Sermon!» -- «Lo dicho

dicho, Padre Maestro, respondió el Predicador, le alabo, y le alabaré,

porque, si todos los Sermones se huvieran de examinar con essa

prolixidad, y si en ellos se huviera de reparar en essas menudencias,

allá iba á rodar toda la gala y toda la valentía del Púlpito.» -- «Qué

gala, ni qué valentía de mis pecados! exclamó el Maestro Prudencio.

Es gala el decir tantos disparates como palabras? Es valentía el

pronunciar á cada passo heregías, blasfemias, ó necedades? y dígame, P.

Fr. Blas, qué tiene que hacer nada de esto con las heróycas virtudes de

Santa Orosia, con el poder de su patrocinio, ni con la imitacion de sus

exemplos, que son los tres únicos fines, que puede y debe proponerse en

su Panegýrico un Sagrado Orador? Qué conducirá para la grandeza de la

Santa, que el Sol entre por el mes de Junio en el Signo de Cáncer, ni

que este Signo se componga de nueve estrellas, las quales, en sentir

de nuestro Reverendíssimo Orador, representan los nueve Senadores

ó los nueve Regidores, que constituyen el Ayuntamiento de aquella

Ilustríssima Ciudad? Y qué sabemos, si esta se dará por ofendida, de

que para su elogio huviesse buscado un sýmbolo encancerado, que cierto

la hace poquíssima merced? y qué tendrá que ver el martyrio de Santa

Orosia con que en las Estrellas hayga machos y hembras, disparate de

á quintal, de que debiera reírse el Padre Maestro, aunque le leyera

en todos los libros de la Bibliotheca Bizantina, quanto mas en las

Tautologías de Villarroel, y no traherle á colacion en el Púlpito,

para que el Auditorio imaginasse, que las estrellas procreaban y se

propagaban por via de generacion?»

7. -- «Padre Maestro, replicó el Predicador Fray Blas, hágase V.

Paternidad cargo de que todo esso se dice en la Salutacion, la qual se

destina únicamente para tocar las circunstancias, y no tiene conexion

con el cuerpo del Sermon, que es donde corresponde el elogio del Santo

ó de la Santa.» -- «Téngase, Padre Predicador, repuso con alguna

viveza el Maestro Prudencio, esso es decir, que la cabeza no ha de

tener conexion con el cuerpo; que el principio no la ha de tener con

el medio, ni con el fin; y que el cimiento ha de ir por un lado, y el

edificio por otro. La Salutacion es parte del Sermon, ó no lo es? Si

no lo es, para qué se gasta el tiempo en ella? Si lo es, porque no ha

de tener conexion, órden, y trabazon con todo lo demas? Y en donde

ha leído el Padre Predicador, que la Salutacion ó el Exordio de los

Sermones se hizo para lisongear á los Cabildos, para disparatar á costa

de los Mayordomos, para engaytar á los Auditorios, para passearse por

los retablos, para correr Toros y Novillos, para tocar el son á las

danzas, y para otras mil necedades é impertinencias como estas, de que

se ven atestadas las mas de las Salutaciones?»

8. -- «Yo no sé, Padre Maestro, si lo he leído, ó no lo he leído,

respondió el satisfechíssimo Fray Blas; solo sé, que lo que se usa

no se escusa, que esse es el estilo general de España, y que á los

Oradores se nos encarga estar al uso, segun aquella reglecita, que

saben hasta los niños: _Orator patriæ doctum ne spreverit usum_.» --

«Bien se conoce, replicó el Maestro, que el Padre Predicador entiende

todas las cosas no mas que por el sonido, y de essa manera no es de

admirar, que forme tan extrañas idéas de ellas. Lo primero, essa regla

no se hizo para los que llamamos Oradores ó Predicadores, sino para

aquellos que hablan ó pronuncian el latin en prosa, la qual se llama

_Oracion_, para distinguirla del verso. A estos se les previene, que,

quando encontraren algun acento, que en verso no tiene cantidad fixa

ó determinada de breve ó larga, sino que unas veces se pronuncia

largo, y otras breve, en prosa le pronuncien siempre como acostumbran

los inteligentes y eruditos de su País, y que no presuman hacerse

singulares, despreciando essa costumbre. Lo segundo, aunque la regla

hablara con los que llamamos Oradores, que son los Predicadores,

tampoco favoreceria su intento, porque no dice ó encarga, que el

Predicador siga, y no desprecie qualquiera uso, sino el uso docto,

_doctum ne spreverit usum_, esto es, el arreglado, el puesto en

razon, el que acostumbran los hombres universalmente reputados por

doctos y por inteligentes en la Facultad. Este es el que propiamente

se llama _uso_, que los demas son abusos y corruptelas. Pues ahora,

señáleme un solo Orador de España, de estos que la gente cuerda tiene

por verdaderos Oradores, y no por Orates; de estos que no los buscan

para títeres de los Púlpitos y para dominguillos de las festividades;

de estos que logran y merecen general reputacion de hombres sabios,

cultos, bien instruídos, y circunspectos: señáleme, vuelvo á decir, uno

solo de estos, que siga esse mal uso, que no le desprecie, que no le

abomine, que no se compadezca de los que le practican y le aplauden, ó

que no haga burla de los unos y de los otros; y despues hablarémos.»

9. «Por el contrario, yo estoy pronto á mostrarle muchos Sermones

impressos y manuscritos de insignes Oradores modernos de nuestra

España, que, haviendo predicado las mismas Festividades, y con

las mismas llamadas circunstancias, sobre las quales bobearon y

desbarraron sin tino otros Predicadores, que los precedieron; ellos

ó las despreciaron todas con generosidad, sin tomarlas siquiera en

boca; ó, si las tocaron, fué con un ayre de burla y de desprecio,

que hizo visible y aun risible á todo el Auditorio la ridiculez de

esta costumbre. Algunos Sermones de estos tengo en la Celda, pero

por casualidad traxe conmigo uno, cuya Salutacion le he de leer, que

quiera, que no quiera, y aquí le tengo debaxo del atril, porque estaba

en ánimo de leérsele á Fray Gerundio. El Padre Predicador debe oírla

con particular cariño, por lo que se toca en ella de su Santo S. Blas,

de quien se hace tambien particular circunstancia. Es la Salutacion de

un Sermon, que se predicó á la Purificacion de nuestra Señora en el dia

de San Blas, y en la Iglesia de los Niños de la Doctrina de Valladolid,

cuya Ciudad es su Patrona, juntamente con la Real Congregacion de la

Misericordia. Todas estas teclas dicen, que se han de tocar, y el

Predicador, de quien voy hablando, todas las tocó, pero de una manera,

que debia llenar de provechosa vergüenza á todos los que las tañen.

Despues de hacer reflexion á que en el Mysterio de la Purificacion

la Vírgen hizo á Dios dos grandes sacrificios, el primero el de la

reputacion ó concepto de su Virginidad, pues se purificó, como si

necessitara de purificarse; el segundo el de su Unigénito Hijo, pues se

le ofreció aquel dia al Eterno Padre, con pleno conocimiento de todo

aquello, para que se le ofrecia; y despues de reflexionar con juicio,

con solidez, y con piedad, que en estos dos grandes sacrificios padeció

quanto podia padecer como Vírgen y como Madre, concluyó, que, de

qualquiera manera que se considerasse el Mysterio, se debia convenir,

en que el Mysterio de la Purificacion de la Vírgen era el Mysterio de

su dolorosa Passion. Y, propuesto este devotíssimo assunto, prosiguió

de esta manera:»

10. «Pues ahora, hablemos sin preocupacion, y discurramos con

serenidad. Será bien parecido, que en un Sermon tan sério como el de la

Passion de la Vírgen, me dexe yo llevar de la passion de la vanidad,

acomodándome con una vergonzosíssima costumbre, que ha introducido la

total ignorancia de lo que es eloquencia verdadera? Será bien, que,

por no parecer ménos que otros, haga traycion á mi sagrado ministerio,

pierda el respeto á esse gran Dios Sacramentado, en cuya presencia

estoy, profane la Cáthedra del Espíritu Santo, y prácticamente me

burle de un Auditorio tan numeroso, tan grave, tan piadoso, tan docto,

tan acreedor á todo mi respeto y á toda mi veneracion? Y no haria yo

todo esto, si practicasse lo que altamente abomino, lo que abominan

todas las demas Naciones del mundo, y lo que no cessan de llorar, con

lágrimas de sangre, quantos hombres de verdadero juicio y de verdadera

crítica hay en la nuestra?»

11. «Llamado y trahido aquí por la Real, por la gravíssima, por la

piadosíssima Congregacion ó Cofradía de la Misericordia, para predicar

del tierno, del doloroso, del instructivo Mysterio de la Purificacion

de la Vírgen, un Sermon digno de un Orador Christiano; no haria yo

todo lo dicho, si, en el Sermon ó en el Exordio, me entretuviesse

puerilmente en hacer assunto de la misma Cofradía, y del título que

da razon de su misericordioso instituto? si levantasse figura sobre

la accidentalíssima circunstancia, de que la fiesta no se celebre en

el dia propio, sino en el siguiente, dedicado á San Blas Obispo de

Sebaste, y de que se celebre en una Basílica consagrada tambien al

mismo Santo Prelado y Mártyr? Si, finalmente, hiciesse mysterio de la

educacion de essos Niños de la Doctrina, que están en primer lugar

al amparo de la Vírgen y de San Blas, y despues baxo la caritativa

proteccion de esta noble y leal Ciudad, y de esta Real Cofradía,

no me direis: qué conexion tienen con la Purificacion de la Vírgen

unas circunstancias tan distantes del Mysterio, y tan fuera del

assunto? Puede haver texto en la Sagrada Escritura, que las ate ni

las comprehenda, sino que sea desatando de su lugar al mismo texto,

arrastrándole por los cabellos, violentándole, y profanándole, contra

lo que tan severamente nos tiene prohibido á los Predicadores y á todos

la Santa Iglesia?»

12. «Si yo quisiera hacer esto, como regularmente se estila, no

seria una cosa muy fácil para mí? Para unir la Purificacion con la

Misericordia, solo con prevenir que esta fiesta se llamó antiguamente

en la Iglesia Latina, y todavía se llama hoy en la Iglesia Griega _la

Fiesta del Encuentro_, venia clavado el textecito de _misericordia et

veritas obviaverunt sibi_, saliéronse al encuentro la misericordia y

la verdad, pero vendria clavado con toda propiedad, esto es, taladrado

de parte á parte. Para la circunstancia de celebrarse la fiesta, no en

el dia propio, sino en el siguiente, no tenia que salir del Evangelio

del dia. Observaria el modo, con que se explica el Evangelista:

_Postquam impleti sunt dies_, despues que se cumplieron los dias de

la Purificacion: notaria con muchas recancanillas, que el Evangelista

no dice, _quando_ se cumplieron, sino _despues_ que se cumplieron,

_postquam impleti sunt_, y concluiria muy satisfecho de mi trabajo,

que esta proposicion no se verifica rigorosamente en el dia en que se

cumplen, sino en el dia despues. Y consiguientemente, que el dia propio

de celebrar esta fiesta es aquel, en que la celebra esta Real Cofradía.

Pero esto, qué vendria á ser en conclusion? Querer corregir la plana á

la Santa Iglesia, y merecer, que me quitassen la licencia de predicar.»

13. «Para hacer, que San Blas hiciesse papel en el Mysterio de la

Purificacion, no me sobraria otra cosa que materiales, aunque tales

serian ellos. Pues, no estaba ahí el Santo Viejo Simeon, á quien

muchos hacen Sacerdote, y aun algunos quieren, que fuesse Pontífice?

Con hacer á uno figura ó representacion del otro, estaba todo ajustado:

si me replicassen, que esto no podia ser, porque San Blas es abogado

contra las espinas, y Simeon en el mismo Mysterio clavó á la Vírgen

una, que la penetró hasta el alma, y la duró toda la vida; diria lo

primero, que no es lo mismo espina que espada, y que Simeon habló

de esta, y no de aquella; diria lo segundo, que hay espinas que

atragantan, y espinas que vivifican, espinas que se atraviessan, y

espinas que nos libertan; y para probar estos retruecanillos citaria

cien textos de espinas apetecibles, que solo me costaria el trabajo

de abrir y trasladar las Concordancias, y, en vez de Salutacion ó de

Exordio, predicaria un herial. Pero, si no me pareciesse acomodar á

San Blas por este camino, á la mano tenia otro. No dice Simeon, que,

haviendo visto al Niño Dios, vió al que era la salud de su Pueblo?

_Quia viderunt oculi mei salutare tuum._ San Blas no fué Médico de

Profession ántes de ser Obispo? Pues con Médico, con salud, y con

Pueblo enfermo, qué bulla, qué gira, y qué zambra no podia traher?»

14. «El Patronato de la Ciudad, y la piadosa proteccion con que ampara

á estos Niños desamparados, estaba acomodado con la mayor facilidad del

mundo. Tenia mas que recurrir á aquella Ciudad Santa del Apocalypsi,

que es el refugio de los que predican por asonancia, ó no mas que

por el sonsonete, y decir, que yo estaba ahora viendo en realidad lo

que San Juan no havia visto mas que en figura; porque aquella Ciudad

no era mas que representacion de esta, con la diferencia de que va

tanto de la una á la otra, quanto va de lo vivo á lo pintado? Y para

probar este disparate con otro mayor, havia mas que decir, que aquella

ciudad, en sentir de muchos Expositores, representaba á la santa Ciudad

de Jerusalen; y, haciendo memoria de que el Niño Jesus se perdió en

Jerusalen, y que essos Niños de la Doctrina se ganan en Valladolid,

preguntar en tono enfático y mysterioso, qual será Ciudad mas Santa,

aquella en donde hasta el Niño Jesus se pierde, ó aquella donde se

ganan los que no son Niños Jesuses? Ello no seria mas que una pregunta

escandalosa, con su saborete de blasfema; pero faltarian ignorantes,

que la oyessen con la boca abierta, y que, al acabar el Sermon,

exclamassen: _Nunquam sic locutus est homo_: este sí que es hombre!

Esto sí que es predicar! No hay hombre que predique como este!»

15. «Valga la verdad, señores; no es este el modo mas comun, con que se

ajustan estas que se llaman _circunstancias_? Y no es cosa vergonzosa

ajustarlas de este modo? Pero, por ventura se pueden acomodar de otra

manera? Y ha de haver valor, no digo en un Orador Christiano, sino en

un hombre de juicio, en un sugeto de mediana literatura para hacerlo,

ni en un Auditorio cuerdo, capaz, culto, y discreto para aplaudirlo? No

lo creo. De mí sé decir, que, hecha esta salva de una vez para siempre,

encárguenme el Sermon que me encargaren, nunca haré el mas leve aprecio

de otras circunstancias que de aquellas, que tuvieren una proporcion

natural y sólida, ó con el mysterio, ó con el assunto. V. gr. la

presencia de Christo Sacramentado, para solemnizar la Purificacion de

su Santíssima Madre, tiene una naturalíssima correspondencia con el

assunto y con el mysterio. Con el assunto, porque este se reduce á

representar lo que la Vírgen padeció en el Mysterio. Con el Mysterio,

porque una de sus principales partes fué el sacrificio, que hizo la

Vírgen en ofrecer á su Hijo, para que padeciesse lo que padeció por

los hombres; y en esta voluntaria oferta consistió todo lo que en la

Purificacion padeció la Vírgen como Madre. Pues ahora: el Sacramento es

memoria de la Passion de Christo: _Recolitur memoria Passionis ejus_:

la Purificacion tambien es recuerdo de ella; con sola esta diferencia,

que en el Sacramento se hace memoria de lo que Christo padeció, en la

Purificacion de lo que havia de padecer. La Passion de la Madre en el

Templo de Jerusalen no fué otra, que la Passion del Hijo en el Monte

Calvario. Pues, qué cosa mas natural, ni mas proporcionada, que el que

esté á la vista el monumento mas Sagrado de la Passion del Hijo en el

dia, en que se hace memoria de la Passion de la Madre? De esta voy á

predicar, implorando la assistencia de la Divina Gracia. _Ave Maria._»

16. «Mire ahora el Padre Predicador, si hay en España quien haga

justicia, y si falta quien saque la espada de recio contra esse pueril

é ignorantíssimo uso, que me cita. Y ha de saber, que esta Salutacion

fué oída con tanto aplauso del numeroso y escogido Auditorio, en cuya

presencia se predicó, que aun aquellos mismos, que por inadvertencia ó

por falta de valor estaban comprehendidos en lo que ella abominaba y

reprehendia, salieron tan convencidos de su error, que se decian unos

á otros lo que Menage y Balzac, dos célebres Escritores Franceses, se

dixeron mutuamente al acabarse la primera representacion de la famosa

Comedia de Moliere, intitulada: _Las Preciosas ridículas_, en que con

inimitable gracia se hizo burla del estilo metaphórico y figurado, que

por entónces se estilaba en Francia: _Moliere_ (se dixeron el uno al

otro) _tiene sobrada razon; ha hecho una crítica juiciosa, delicada,

justa, y tan convincente que no tiene respuesta; de aquí adelante,

Monsieur, es menester que abominemos lo que celebrábamos, y celebremos

lo que aborrecíamos_. Con efecto, algunos de los Predicadores, que

oyeron esta Salutacion, y que ántes se dexaban llevar de la corriente,

avergonzados de sí mismos, despreciaron despues dicha mala costumbre,

y comenzaron á predicar con solidez, con piedad, y con juicio, sin que

por esso se les disminuyesse el séquito, ántes conocidamente creció la

estimacion y el aplauso.»

17. -- «Muy dóciles eran essos Reverendos Padres, respondió con su poco

de ayrecillo irónico el Padre Fray Blas, si es que eran Religiosos, ó

muy blandos de corazon eran sus mercedes, si fueron seglares. De mí sé

decir, que no me ha convertido la Salutacion: tan empedernido estoy

como todo esso; porque, aunque parece que hacen fuerza sus razones, á

mí me hace mayor fuerza la práctica contraria de tantos Predicadores

insignes como la usan, y sobre todo el aplauso con que celebran los

Auditorios el toque y retoque de las circunstancias, enseñando la

experiencia, que, como estas se toquen bien ó mal, aunque lo restante

del Sermon vaya por donde se le antojare al Predicador, siempre es

celebrado; y al contrario, como aquellas no se zarandeen, bien puede el

Predicador decir divinidades, que el Auditorio se queda frio, tiénenle

por boto, y le dan la limosna del Sermon á regaña-dientes y de mala

gana.»

18. «Ni me diga V. Paternidad, que este es mal gusto del vulgo,

y errada opinion de los que no lo entienden. Maestrazos, y muy

Maestrazos, están en el mismo dictámen, y no quiero mas prueba que esse

mismo Sermon de Santa Orosia, que tan en desgracia de V. Paternidad

ha caído. Tres Aprobaciones tiene de tres Maestros conocidos y

bastantemente celebrados, uno Dominico, otro Jesuíta, y el tercero de

la misma Orden del Autor, que compuso y no predicó el Sermon: lea V.

Paternidad los encarecidos elogios que le dan todos tres, y los dos

primeros específica y nombradamente por el toque de las circunstancias,

y dígame despues, si es cosa del vulgo, del populacho, y de ignorantes

el aplaudir, que se haga caso de ellas.»

19. -- «Mire, Padre Predicador, repuso el Maestro Prudencio con sorna

y con cachaza, una pieza me ha movido, sobre la qual tendria que

hablar algunas horas, si fuera ocasion y tiempo, aunque bastantes

han hablado ya mucho y bien acerca de ella. Esta es la impropia y

extravagantíssima costumbre, introducida en España y en Portugal, pero

escarnecida generalmente de las demas Naciones, de que las Censuras

de los Libros, y aun de los mas miserables Folletos, se conviertan en

immoderados Panegýricos de sus Autores, siendo assí, que al Censor solo

le toca decir breve y sencillamente, si el Libro ó el Papel contienen

ó no contienen algo contra las Pragmáticas y Leyes Reales, ó contra la

pureza de la Fé y buenas costumbres, segun fuere el Tribunal, que le

comete la inspeccion ó que le despacha la remisiva: digo, que no es

ahora ocasion ni oportunidad de censurar á los Censores, porque se va

haciendo tarde, y se passará la cena; solo le digo, que en essas mismas

Aprobaciones que me cita, ó yo soy muy malicioso, ó la del Maestro

Jesuíta es muy bellaca, y harto será, que, bien entendida, no sea una

delicada sátyra contra los desaciertos del Sermon en todas sus partes.

A mí á lo ménos me da no sé qué tufo de que el Padrecito tiró á echarse

fuera de alabar dicho Sermon, y á lo ménos es cierto, que por su misma

confession declara repetidas veces, que él _nada aprueba, ni alaba_.»

20. «Supónese el bellacuelo muy de la familia, y muy de la Casa ó de

la Orden del Autor: y asiéndose fuertemente del aldabon de _laudet te

alienus_, que él construye, _alábete el extraño_, dice una vez, _que

no debe admitir el empléo de Aprobante_; dice otra, _que cuenta por

una de sus mayores dichas el no poder alabar aquel Sermon_; dice la

tercera, _que él es muy de casa para meterse en alabarlo_; dice la

quarta, hablando determinadamente de las circunstancias, _que á él no

le toca celebrarlo_; dice la quinta, _que los elogios caerán mejor en

qualquiera otra boca, que en la suya_; y finalmente dice la sexta, _que

aun por lo que toca al buen gusto del Cavallero, que da á la prensa el

Sermon, será mayor consequencia, ó á lo ménos no dexará de ser mayor

cortesanía dexar toda la accion de elogiarle á los de fuera: laudet

te alienus_. O yo soy un porro y no entiendo palabra de ironías, ó

el tal Censor es un grandíssimo bellaco. Todo su empeño es echar el

cuerpo fuera del assunto, huir la dificultad, y decir con gracia y con

picaresca, que alaben otros lo que él no puede ni debe alabar. Y mas,

que he llegado á maliciar (Dios me perdone el juicio temerario), que en

aquella taymada construccion, que da al _laudet te alienus_, alábete

el extraño, por la palabra _extraño_ no entiende él precisamente á los

que no fueren tan de casa, ó en el efecto ó en el afecto, como él se

supone; sino que dexa en duda, si se han de entender los extraños en

la facultad, los forasteros en ella, mas claro, los que no entienden

palabra. Bien puede ser malicia mia, pero á mí me da el corazon, que no

me engaño.»

21. -- «Pues á mí me da el mio, replicó Fray Blas, que V. Paternidad

se engaña mucho; porque, si esse Padre Maestro no queria aprobar el

Sermon, quien le obligaba á hacerlo? Quien le ponia un puñal á los

pechos, para que le aprobasse? A que se añade, que, si el Autor se

valió confiadamente de él, para que le hiciesse essa merced, como

regularmente sucede, que las Censuras se remiten por los Jueces á los

que les significan los Autores, no es verisímil que le hiciesse essa

traycion, y que, quando el pobre esperaba un panegýrico, se hallasse

con una sátyra. La hombría de bien parece estaba pidiendo, que, si no

podia acomodar con su conciencia intelectual el aprobarle, se escusasse

de hacerlo, y no salir despues con essa pata de gallo.»

22. -- «Poco á poco, Fray Blas, repuso el Padre Jubilado, que, aunque

tu réplica es sin duda especiosa, y tu modo de discurrir, siquiera

por esta vez, está fundado, no carece de repuesta, pues no siempre

lo mas verisímil es lo mas verdadero. Qué sabemos si al Aprobante le

pusieron en alguna precision política ó charitativa, á que no pudiesse

honradamente resistirse? A mí se me figura un caso, que le tengo por

muy natural. Es constante, que dicho Sermon no se predicó, no se sabe

por qué, y tambien lo es, que, por lo mismo que no se predicó, el

Autor, que era hombre bastantemente condecorado en su Religion, y sus

parciales hicieron empeño en que havia de imprimirse, como en despique

ó en satisfaccion de aquel desayre. Pues ahora, supongamos que el

Provincial de dicha Religion no fuesse muy de la devocion del Autor,

que fuesse estrecho amigo del Aprobante, y que se cerrasse en que no

havia de dar licencia para que el Sermon se imprimiesse, miéntras no

passasse por la censura de este. Ve aquí un caso muy verisímil, en

que el Autor ó sus parciales batirian en brecha al pobre Jesuíta,

ponderándole quanto se interessaba la estimacion, el honor, y aun los

ascensos de aquel Religioso, en que no se negasse á hacerles este

obsequio. Puesto un hombre de bien y de buen corazon en este estrecho,

qué partido havia de tomar? Negarse á la censura, no havia términos

para esso: aplaudir el Sermon á cara descubierta, no hallaba méritos

para ello, ni lo podia componer con su sinceridad: reprobarle, era

perder sin recurso al Autor en el concepto de su Gefe, y hacerse del

vando de los que le insultaban. Pues, qué arbitrio, ó qué remedio? No

parece se podia escoger otro mas prudente, que el que tomó: dar una

censura equívoca, que ni aprobasse ni desaprobasse el Sermon, buscando

un especioso pretexto para escusarse de alabarle él, y para remitir á

otros toda la accion de alabarle.»

23. -- «Bien puede ser esso assí, replicó Fray Blas, pero los elogios

de los otros dos Aprobantes no son equívocos, son muy claros y muy

significativos; y en verdad, que ni uno ni otro son por ahí dos

pelayres; ambos son sugetos de tanta forma, que les sobran dictados

para assistir á un Concilio.» -- «No lo niego, respondió el Maestro

Prudencio; pero ya tengo dicho, que de elogios de Censores y de Poetas

se ha de hacer poco caso, por quanto unos y otros, regularmente

hablando, no dicen lo que verdaderamente son las obras que elogian,

sino lo que debieran de ser. Si el mérito de estas se huviera de

calificar por las ponderaciones de aquellas, las obrillas mas infelices

y mas miserables; las indignas de la luz pública, y dignas solamente de

una pública hoguera; las que contribuyen mas y con mayor justicia á que

abulten mas y se aumenten cada dia los Expurgatorios: essas serian las

mas excelentes, porque essas puntualmente son las que salen á la calle

con mas ruidosas campanillas de Aprobaciones, Acrósticos, Epigrammas,

Décimas, y Sonetos mendigados, quando tal vez no los haya fabricado el

mismo Autor, buscando solo Amigos, para que le presten sus nombres. Y

dexan por esso de estar expuestas á las carcajadas y al desprecio de

los inteligentes, ni á que el Santo Tribunal de la Inquisicion se entre

por ellas con vara levantada, sin dársele un bledo por la autoridad ni

por la turba-multa de los Aprobantes?»

24. «Es cierto, que, si estos se reduxeran precisa y puramente á los

estrechos términos de su oficio, que es ser unos meros Censores; si

desempeñaran, como debian, la grande confianza que se hace de ellos,

no aprobando obra, que no examinassen primero con el mayor rigor;

si tuviessen la santa sinceridad de exponer todos sus reparos á los

Tribunales que les cometen las Censuras, y se mantuviessen despues

con teson en la honrada resolucion de no aprobar la obra, hasta que

se huviesse dado plena satisfaccion á sus reparos, ó se huviessen

corregido los desaciertos; entónces sí que serian de gran peso aun los

elogios mas moderados de las Aprobaciones. Pero, si sabemos como se

practica comunmente esta farándula; si es notorio, que la amistad, la

conexion, ó la política son las únicas, que, por regla general, dan

la comission á los Aprobantes; si ya se ha reducido esto á una pura

formalidad y ceremonia, tanto que, si algun ministro, zeloso no ménos

de la honra de las Ciencias, que del crédito de la Nacion, quiere que

esto se lleve por el rigor de la razon y de la ley, se le tiene por

ridículo, y aun se le trata de impertinente: qué aprecio hemos de hacer

de los elogios, que leemos en essos disparatados Panegýricos, llamados

Censuras por mal nombre?»

25. «O Fray Blas! Fray Blas! y quantas veces he llorado yo á mis solas

este perjudicialíssimo desórden de nuestra Nacion, que no transciende

ménos á Portugal, y apénas es conocido en otras Regiones! Y qué fácil

se me figuraba á mí el remedio! Sabes qual es? Que se procediesse

contra los Aprobantes, como se procede contra los Contrastes, y contra

los Fiadores. Qué cosa mas justa? Porque el Aprobante no es mas que

un Contraste, que examina la calidad y los quilates de la obra, que

se le remite; es un Fiador, que sale á la eviccion y saneamiento de

todo aquello que aprueba. Declaraste que era oro lo que era alquimía,

que era plata lo que era estaño, que era piedra preciosa un pedazo de

vidrio valadí? pues págalo, bribon, y sujétate á la pena, que merece

tu malicia ó tu ignorancia. Si crees, que real y verdaderamente merece

essa obra, que apruebas, los excessivos elogios con que la ensalzas,

tácitamente te constituyes por Fiador de sus aciertos: si no crees,

que los merezca, eres un vil adulador y lisongero. Pues, bellacon,

trata de pagar lo que corresponde á la ruindad de tu lisonja, ó á la

precipitacion de tu fianza.»

26. -- «Padre nuestro, replicó Fray Blas, si se estableciera essa ley,

ninguno se hallaria, que quisiesse admitir la comission de Aprobante ó

de Censor.» -- «Sí, se hallaria tal, respondió Fray Prudencio; porque

en esse caso debieran señalarse Censores de oficio en la Corte, en las

Universidades, y en las Ciudades Cabezas de Reyno ó de Provincia, á

quienes, y no á otros, se remitiesse el exámen de todos los libros, que

huviessen de imprimirse, como se practica en casi todas las Naciones

de Europa, fuera de nuestra Península. Estos, claro está que havian de

ser unos hombres de autoridad, de respeto, de gran caudal de ciencia,

doctrina, erudicion, y sana crítica, pero sobre todo, de una entereza

á toda prueba. Se les havian de señalar pensiones proporcionadas, y se

havian de tener presentes su laboriosidad, su integridad, y su zelo,

para premiarlos con los ascensos correspondientes á sus respectivas

carreras. Pero, si alguno blandeasse, si fuesse floxo de muelles, si

por respetos humanos y políticos, por floxedad ó por otros motivos, no

cumpliesse con su obligacion, y aprobasse Libros, Sermones, discursos,

ó papeles volantes, que no fuessen dignos de la luz pública; sabes á

qué le havia de condenar yo? Despues de privarle de oficio, y de una

declaracion pública y solemne de su insuficiencia, ó de su mala fé, le

havia de condenar á que repitiessen contra él todos los compradores de

la obra que havia aprobado, y á que satisfaciesse, sin remission, el

dinero que malamente havian gastado aquellos pobres sobre la palabra y

hombría de bien de la censura.»

27. «A mas se havia de extender esta providencia. Se havia de mandar

sériamente á los Censores, que se ciñessen rigurosamente á los términos

de su oficio, esto es, que fuessen Censores y no Panegyristas, diciendo

en pocas palabras, claras y sencillas, el juicio que formaban de la

obra, sin meterse con Séneca, Plinio ni Cassiodoro, y dexando descansar

á los Padres, á los Expositores, á los Humanistas, y á los Poetas,

cuyas autoridades solo sirven para acreditar la pobre y miserable

cabeza del Censor, que quiere aprovechar aquella ocasion de ostentarse

erudito con aquellos desdichados ignorantes, que califican la

erudicion de un Autor por lo cargado y por lo sucio de las márgenes,

sin saber los infelices la suma facilidad, con que el mas zurdo y el

mas idiota puede hacer esta mani-obra. Nada de esto es del caso para

cumplir con su oficio, el qual se reduce á dar su censura breve, grave,

y reducida á lo que toca á la jurisdiccion del Tribunal, que se la

comete.»

28. «Quantas necedades se atajarian con esta providencia? Quanto papel

se ahorraria? Y quanto gasto escusarian los Autores, á quienes no pocas

veces cuesta tanto la impression de las Aprobaciones, como la de la

misma obra? Muchas y muchas pudiera citar, en que aquellas ocupan casi

tanto volumen como todo el cuerpo de esta, pero las callo por justos

respetos. Ningunos son mas perjudicados que los Autores mismos, si es

que costéan la impression, porque compran ellos mismos sus elogios,

y ellos los imprimen á su costa, para que vengan á noticia de todos.

Puede haver mayor sandez, ni mayor pobreza de espíritu? Semejantes,

en cierta manera, á los que alquilan plañideras para los entierros, á

quienes les cuesta su dinero las lágrimas fingidas y artificiosas, que

en ellos se derraman.[8]»

29. «No para aquí la miseria humana de algunos de nuestros Escritores

ó Escribientes. Será creíble, que se hallen no pocos, que, á falta de

hombres buenos, y por no deber nada á nadie, ellos mismos se alaben á

sí propios, siendo los artífices de aquellos elogios suyos, que se leen

estampados en la antesala de sus obras? Pues sí, amigo Predicador, se

hallan hombres de tan buena pasta y de tan embidiable serenidad. Mas

de dos y mas de veinte pudiera nombrarte yo, que han caído en esta

flaqueza. No son tan simples (claro está), que suscriban sus nombres

y apellidos al pié ó á la frente de sus elogios, que esse ya seria un

candor, que se iria acercando al gorro verde ó colorado; pero con un

anagramma, ó con un nombre supuesto, ó prestándoles el suyo ciertos

aprendices de eruditos, que hay en todas partes, hermanos del trabajo,

y las mas de las veces baxo la inscripcion anónyma de _un Amigo_, de

_un Apassionado_, de _un Discípulo del Autor_, el buen señor se alaba á

taco tendido, y embóquense essa píldora los lectores boqui-rubios.»

30. -- «Pero, Padre Maestro, le interrumpió el Predicador, esse es

juicio temerario, ó no los hay entre los Fieles Christianos. De donde

le consta á V. Paternidad, que aquellos elogios fueron fabricados por

los mismos Autores de las obras? Acaso se lo confiaron ellos á V.

Paternidad?» -- «Mira, Fr. Blas, respondió el M. Prudencio, no has

de ser tan sencillo, que cierto algunas veces tienes unas _parvoizes

che fan pietá_. No es menester que los Autores nos lo revelen para

conocerlo: el mismo estilo se está descubriendo á sí propio; ni en

prosa, ni en verso es fácil desmentirse ó desfigurarse, y, sin tener

todo aquel olfato, que tienen _los entendimientos bien abiertos de

poros, para percebir el ayre sutilíssimo, que da en los escritos á

conocer sus Autores_, como se explica galanamente el Autor de la Carta

contra _la Derrota de los Alanos_, qualquiera entendimiento ó, mejor

diremos, discernimiento, que no esté muy arromadizado, luego sigue el

rastro, porque le dan unos efluvios, que le derriban. Fuera de que,

Autores hay tan bonazos, que ellos mismos lo confiessan. Y qué! juzgas

que es sencillez? A la verdad no es otra cosa; pero los bellacones no

lo decian por tanto, sino porque no tienen valor para resolverse á

carecer de aquella gloria ó de aquella vanidad, que les resulta de que

sepan sus confidentes, que tambien saben hacer coplas, aunque sean á sí

mismos.»

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 54 / 61 题