Sálense á passear Fray Blas y Fray Gerundio, y de las ridículas reglas
para predicar, que le dió aquel con todos sus cinco sentidos.
Ellos, que no deseaban otra cosa, sin aguardar á mas razones, toman
los báculos y los sombreros, y sálense solos al campo, bien resueltos
á no volver á la Granja hasta muy entrada la noche. Quiso ante todas
cosas el Predicador mayor leer luego á su querido Sabatino el Sermon,
que havia de predicar á Santa Orosia, y le llevaba en el pecho, entre
el coletillo y la saya del hábito, assegurándole, que era de los
Sermones mas á su gusto, que havia compuesto hasta entónces. Pero Fray
Gerundio le dixo, que para leer el Sermon ya habria tiempo, y que en
aquella tarde tenia mil cosas que decirle, las quales no querria,
que se le olvidassen: especialmente que, como la ocasion es calva,
era menester cogerla por los cabellos, pues acaso no pillarian otra
semejante en mucho tiempo. Espetóle toda la conversacion, que havia
tenido por la mañana con el Padre Maestro, lo que le havia dicho acerca
de las Facultades, en que debia estar, por lo ménos, medianamente
instruído todo buen Orador; la necessaria lectura de los Santos Padres,
y, á falta de esta, el modo de suplirla con la leccion atenta de buenos
y escogidos Sermonarios; los que determinadamente le havia señalado
que eran los de Santo Thomas de Villanueva, Fray Luis de Granada, y el
Padre Vieyra; y finalmente las reglas, que, á peticion suya, havia
ofrecido darle para predicar bien todo género de Sermones.
2. «Y á tí, qué te pareció de todo lo que te dixo esse Santo viejo?»
le preguntó Fray Blas. -- «Qué quiere Vm. que me pareciesse? le
respondió Fr. Gerundio, que todos los viejos saben á la pez, y que en
fin los viejos no dicen mas que vejeces.» -- «Ahora bien, le replicó
Fray Blas, escusemos de razones, porque contra experiencia no hay
razon, y, para que veas quan sin ella habla esse Santo hombre, oye
un argumento sencillo, pero convincente. Yo no he estudiado ninguna
de essas Facultades, que te dixo eran tan necessarias para ser uno
buen Predicador. Yo no he leído de los Santos Padres mas que lo que
encuentro de ellos en las lecciones del Breviario, y en los Sermones
sueltos, que se me vienen á las manos, ó en los Sermonarios, de que
uso. Yo no sé, que haya visto, ni aun por el pergamino, los Sermones
de Santo Thomas de Villanueva; por lo que toca á los de Fray Luis de
Granada, lléveme el Diablo, si en mi vida he leído ni siquiera un
renglon; y solo de Vieyra he leído algunos Sermones, porque me gustan
mucho sus agudezas. Siendo esto assí, te pregunto ahora: parécete en
Dios y en tu conciencia, que predico yo decentemente?» -- «Qué llama
decentemente? replicó con viveza Fray Gerundio, yo en mi vida he oído,
ni espero oír á otro Predicador semejante.» -- «Luego, para predicar
bien (concluyó Fray Blas), no es menester nada de esso, que te quiso
encajar el antaño de Fray Prudencio.»
3. -- «El argumento no tiene respuesta, dixo el candidíssimo Fray
Gerundio; y assí desde ahora le doy á Vm. palabra de no hacer caso de
todo quanto me diga. Mi Guia, mi Ayo, mi Maestro, y, como dicen, mi
Padrino de Púlpito ha de ser Vm.; sus consejos han de ser mis oráculos,
sus lecciones mis preceptos, y no me apartaré un punto de lo que Vm.
me enseñare. Assí pues, ya que la tarde es larga y la ocasion no puede
ser mas á pedir de boca, deme Vm. algunas reglas claras, breves, y
perceptibles, de manera que yo las pueda conservar en la memoria, para
componer bien todo género de Sermones; porque, aunque muchas veces
hemos hablado, ya de este, ya de aquel punto tocante á la materia, pero
nunca le hemos tratado seguidamente y, como dicen, por principios.»
-- «Soy contento, respondió el Predicador, y óyeme con atencion, sin
interrumpirme.»
4. «Primera regla: eleccion de Libros. Todo buen Predicador ha de tener
en la Celda, ó á lo ménos en la Librería del Convento, los Libros
siguientes: _Biblia_, _Concordancias_, _Polianthéa, ó el Theatrum
vitæ humanæ de Beyerlink_, _Theatro de los Dioses_, _los Fastos de
Másculo, ó el Kalendario Ethnico de Mafejan_, _la Mythología de Natal
Cómite_, _Aulo Gelio_, _el Mundo Symbólico de Picinelo_; _y sobre todo,
los Poetas Virgilio_, _Ovidio_, _Marcial_, _Catulo_, _y Horacio_; de
Sermonarios no ha menester mas, que el _Florilegio Sacro_, cuyo Autor
ya sabes quien es, porque en esse solo tiene una India.»
5. «Segunda regla.» -- «Tenga Vm., le interrumpió Fr. Gerundio; y no
será bueno añadir algun Expositor ó Santo Padre?» -- «No seas simple,
le respondió Fray Blas, para nada son menester. Quando quieras apoyar
algun concepto ó pensamientillo tuyo con autoridad de algun Santo
Padre, dí que assí lo dixo el Aguila de los Doctores, assí la Boca
de Oro, assí el Panal de Milan, assí el Oráculo de Seleucia, y pon
en boca de San Agustin, de San Juan Chrysóstomo, de San Ambrosio, ó
de San Basilio, lo que te pareciere: lo primero, porque ninguno ha
de ir á cotejar la cita; y lo segundo, porque, aunque á los Santos
Padres no los huviesse passado por el pensamiento decir lo que tú
dices, pudo passarlos. Por lo que toca á los Expositores, no hagas
caso de ellos, y expon tú la Escritura como te diere la gana, ó como
te viniere mas á quento; porque tanta autoridad tienes tú como ellos
para interpretarla. Que Cornelio diga esto, que diga lo otro Barradas,
que Maldonado piense assí, ni que el Abulense discurra asá, á tí qué
te importa? Cada qual tiene sus dos deditos de frente, como el Señor
le ha deparado. Y en fin, porque me hago cargo de que para parecer
hombre leído y escriturario es menester citar á muchos Expositores, no
te quito, que los cites quando te diere la gana, ántes te aconsejo,
que los cites á puñados; pero para citarlos no es necessario leerlos,
y haz con ellos lo que te dixe que hiciesses con los Santos Padres.
Prohíjales lo que quisieres, teniendo gran cuydado de que el Latin no
salga con solecismos; por mí la quenta, si te lo conocieren en la cara.
Un solo Expositor te aconsejo, que tengas siempre á la mano: este es el
Silveyra, porque es cosa admirable para un apuro; y, si se te antojare
probar, que la noche es dia, y que lo blanco es negro, harto será, que
no encuentres en él con que apoyarlo.»
6. «Tercera regla. El título ó assunto del Sermon sea siempre de
chiste, ó por lo retumbante, ó por lo cómico, ó por lo facultativo,
ó por algun retruecanillo. Pondréte algunos exemplares, para que me
entiendas mejor. _Triunfo amoroso_, _Sacro Hymenéo_, _Epithalamio
festivo_, _etc._ Sermon que se predicó á la Profession de cierta
Religiosa; por señas, que en el primer punto la hizo el Predicador
_Ciervo_, y en el segundo _Leon_, dos animales, que se registran en el
Escudo de su familia. Estos son títulos, estos son assuntos, y esta es
inventiva! Si en el blason de la señorita huviera un Hypogrifo, ni mas
ni ménos le huviera acomodado el Predicador á su Profession Religiosa,
porque los hombres de ingenio son los verdaderos Chýmicos, que de todo
sacan preciosidades. Oye otros tres admirables títulos, por términos
contrarios. _Parentacion dolorosa_, _Oracion fúnebre_, _Epicedio
triste_, en las Exequias de otra Religiosa de grande esfera; y, aunque
el Orador no tomó assunto determinado, sino historiar poeticamente
la vida de su Excelentíssima Heroína, lo hizo tan conforme á las
reglas del arte, que en la frase jamas se apartó de él, en la cadencia
apénas la pierde de vista, y tal vez le sigue exactamente hasta en la
misma asonancia. Escucha, por Dios, como da principio al cuerpo de la
Oracion, y pásmate, si no te quieres calificar de tronco. _A Dios,
Celeste Choro; á Dios, Lirios Seráficos; á Dios, amadas Hijas; á Dios,
Cisnes sagrados._ Qué la falta á esta cláusula para ser una perfecta
redondilla de romance ordinario, sino haver hecho esdrújulo el último
pié del postrer verso, como lo pudo hacer fácilmente el Reverendíssimo
Orador, diciendo: _á Dios, Cisnes extáticos_? En verdad que nada le
costaria, como nada le costó la otra perfectíssima redondilla de
romance, que se sigue pocos renglones mas abaxo. _Querida Esposa, á qué
aguardas? Bella muger, á qué esperas? Sal de essa caduca vida, y ven á
lograr la eterna._»
7. «Bien sé, que algunos monos condenan mucho en la prosa esta especie
de cadencia, y mucho mas quando se junta la asonancia, queriendo
persuadirnos, que tanto disuena el verso en la prosa, como la prosa en
el verso. Citan para esso, entre otros muchos, á no sé qué Longino,
Autor allá del Siglo de Oro, que trata de pueriles, de insensatos,
y aun de rudos á los que usan de este estilo: _Puerile est, imo
tardi rudisque ingenii, solutam orationem in amœna versus harmonia
contexere_. Pero, qué importa que lo diga Longino? Ni qué caso hemos de
hacer de un hombre, que acaso seria tercero ó quarto nieto del que dió
la lanzada á Christo? Fuera de que Longino escribió en Griego; y los
que le traduxeron en Latin y en Francés, le pudieron haver levantado
mil testimonios. Finalmente, lo que á todo el mundo suena bien, por qué
ha de ser disonante? Pero vamos prosiguiendo con los títulos y assuntos
de Sermones.»
8. «_Muger llora, y vencerás_: sermon á las lágrymas de la Magdalena.
Qué cosa mas divina que haver acertado á representar el amargo llanto
de la muger mas penitente, con el título, y aun con los amatorios
lances, de una de las Comedias mas profanas? Estos primorcillos no se
hicieron para ingenios ramplones y de quatro suelas. _El Lazarillo de
Tormes_: sermon predicado en la Domínica quarta de Quaresma, llamada
comunmente _de Lázaro_, á cierta Comunidad Religiosa; en el qual apénas
hay travesura, enredo, ratería, ni truhanada de aquel famoso Pillo, ó
idéa fingida de un famoso salteador de figones y mal-cocinados, que no
se acomode con inimitable propiedad á la resurreccion de Lázaro, de
la que hizo assunto el Predicador, dexando el propio de la Domínica,
y predicando solo del nombre que se daba á aquella semana. _Lo Máximo
en lo Mínimo_: sermon predicado á San Francisco de Paula, sin salir de
este oportuno retruecanillo, que parecia nacido para el intento.»
9. «_El particular in essendo, y universal in prædicando_: sermon
famoso al célebre Confalon de cierta Ciudad, que es el Lydius Lapis
de los Predicadores de rumbo, y los Sermones suelen ser unas bellas
corridas de Toros, ingeniosamente representadas desde el Púlpito,
sacando á plaza todos quantos Toros, Novillos, Bueyes, y Bacas pacen
en los Campos de las Letras Sagradas y profanas, y convirtiéndose el
Estandarte ó Vandera del Confalon en vanderilla, que comunmente clava
el auditorio al Predicador, _porque no ha dado en el chiste_. En
fin, porque ya me voy dilatando demasiado en esta regla, si quieres
tú dar en el chiste de los assuntos, no tienes mas que imitar los
del celebérrimo _Florilegio Sacro_, que debe ser tu pauta para todo.
Allí encontrarás los siguientes: _Gozo del padecer, en el padecer del
gozar_, á los Dolores gozosos de la Vírgen. _Real estado de la razon,
contra la chimérica razon de estado_: Viérnes de enemigos. _Luz de
las tinieblas, en las tinieblas de la luz_, al Santíssimo Sacramento.
_Dicha de la desgracia, en la desgracia de la dicha_, al entierro de
los huessos de los difuntos; y assí de casi todos los assuntos de
aquel nunca bastantemente alabado ingenio y verdaderamente monstruo
de Predicadores. Si algun hombre de genio melancólico, indigesto, y
cetrino quisiere persuadirte, como muchos han intentado persuadírmelo
á mí, que esta especie de assuntos ó de títulos, sobre no tener sal,
gracia, agudeza, ni rastro de verdadera ingeniosidad, son pueriles,
alocados, y muy agenos de la seriedad, gravedad, y magestad, con que
se deben tratar todas las materias en el Púlpito; nunca te metas á
disputar con ellos, déxalos que abunden en su opinion, házlos una
grande cortesía, y sigue tú la tuya. Porque, aun dado caso que ellos
tengan razon, los que la conocen son quatro, y los que se pagan mucho
de estos sonsonetes, epíthetos cómicos, antíthesis, y bocanadas, son
quatrocientos mil.»
10. -- «Quarta regla. Sea siempre el estilo crespo, hinchado, herizado
de Latin ó de Griego, altisonante, y, si pudiere ser, cadencioso. Huye
quanto pudieres de voces vulgares y comunes, aunque sean propias;
porque, si el Predicador habla desde mas alto y en voz alta, es razon
que tambien sean altas las expressiones. Insigne modelo tienes en el
Autor del famoso Florilegio, y solo con estudiar bien sus frases harás
un estilo, que aturrulle y atolondre á tus auditorios. Al silencio,
llámale _taciturnidades del labio_; al alabar, _panegirizar_; al ver,
_atingencia visual de los obgetos_; nunca digas _habitacion_, que lo
dice qualquier payo, dí _habitáculo_, y déxalo por mi cuenta; _existir_
es vulgaridad, _existencial naturaleza_ es cosa grande. Que la culpa
original se deriva por el pecado, á cada passo lo oímos; pero, _que se
traduce por el fómes del pecado_, si no fuere mas sonoro, á lo ménos es
mas Latino y mas obscuro; y acaso no faltará algun tonto, que juzgue,
que el primer pecado se cometió en Hebréo, y que un Escritor ó Literato
llamado _Fómes_ le traduxo en Castellano. Algun escrupulillo tengo, de
que la proposicion (salvo la hermosura de la frase) es disparatada,
porque la culpa no se deriva ó no se traduce por el pecado, sino por la
naturaleza, que quedó infecta con él. Pero al fin, la verdad de esto
quédese en su lugar; porque, como soy poco Theólogo, no me quiero meter
en lo que no entiendo.»
11. «Guárdate bien de decir nunca la _Vara de Aaron_, porque juzgarán,
que es la vara de algun Alcalde de Aldéa; en diciendo la _Aaronítica
Vara_ se concibe una vara de las Indias, y se eleva la imaginacion.
_Cecuciente naturaleza_ es claro que suena mejor, que naturaleza corta
de vista, porque esta última expression parece que está pidiendo de
limosna unos anteojos de vista cansada. Sobre todo, _ignitas aras del
deseo_, por deseo ardiente y encendido, es locucion que embelesa.
Basten estos verbi-gracias, para que sepas las frases que has de
estudiar, ó á lo ménos imitar, en el _Florilegio Sacro_, y con esto
solo harás un estilo cultíssimo por el camino mas fácil. Para que
comprehendas mejor, qué cosa tan bella es esta, oye una cláusula en el
mismo estilo, formada casi solamente de los propios términos: _Quando
la cecuciente naturaleza, superando los ignitos singultos del deseo,
erumpe del materno habitáculo, y presenta su existencial ser á las
atingencias visuales, aunque con la lare original traducida por el
fómes, los circunstantes se erigen, qual Aaronítica Vara, ansiosos de
conspicirla_. Dígote de verdad, que un Sermon en este estilo, no hay
oro en el mundo para pagarle.»
12. «Hay otro estilo tambien muy elevado, aunque por diferente rumbo,
el qual no consiste en frases peregrinas ó latinizadas, sino en una
junta y harmoniosa mezcla de voces, que, siendo cada una de por sí
natural, llana, y sencilla, las da la colocacion no sé qué ayre
primoroso, que hechiza, suspende, y arrebata. Esto mejor se explica
con exemplos: supongamos, que me huviessen encargado un Sermon de
Honras, y que, para explicar mi dolor por la muerte de la persona, á
quien se dedicaba la Oracion fúnebre, diesse principio á ella de esta
manera: _Hay de mí! no sé qué siento en el alma: parece que esta se me
arranca, ó forceja por salirse del cuerpo. El corazon quiere seguirla:
la garganta se me añuda; la voz no acierta con los labios. A no suplir
un precepto la falta del espíritu, no seria possible hablar. Los
suspiros se atropellan en la boca, y al salir de tropel, mezclándose
con las lágrymas, turban la vista, sin dexarla percebir mas que obgetos
melancólicos y tristes._ No te parece, que seria esta una grandíssima
frialdad, y que á lo ménos qualquiera simple vejezuela entenderia
lo que queria decir? Pues oye como explicó este mismo concepto un
venerable Varon en el Exordio de aquella _Parentacion dolorosa, Oracion
fúnebre, y Epicedio triste_, de que te hablé en la segunda regla.»
13. «_Hay de mí! qué pavor recibe el alma! qué desmayo el corazon
asusta! El alma fugitiva de sí misma, aun de sí misma no acierta á dar
noticia; el corazon saliéndose del pecho apénas late, porque á penas de
essa tumba solo pulsa; anudada la garganta, es áspero cordel el mismo
aliento; desmayada la voz, halla un cariño, que las ausencias supla
del espíritu, porque se ve animada de un precepto; árbitro este del
balbuciente labio, confundiendo los atropellados suspiros del pecho
con la copiosa lluvia de los ojos, solo libres para atormentarse con
tristezas._ Qué te parece? no es este un encanto? Y qué importará, que
el Ilustríssimo Señor Valero, en aquella su célebre Carta Pastoral
(que no sé cierto por qué la han alabado tanto los hombres mas doctos
de la Monarchía), haga una sangrienta sátyra contra el estilo elevado
en los Sermones, especialmente quando le usan unos hombres, que, por
su profession austera y penitente, y por su trage de mortificacion,
menosprecio del mundo, mortaja, y desengaño, parecia que ni en el
Púlpito ni fuera de él havian de abrir la boca, sino para pronunciar
huesos, calaberas, juicio final, y fuego eterno? No me acuerdo de sus
palabras formales; pero bien sé que son muy semejantes á estas:»
14. «Qué es ver subir al Púlpito á un Predicador, amortajado mas que
vestido, con un estrecho saco, ceñido de una soga, de que hasta el
mismo tacto huye ó se retrahe; calado un largo capucho pyramidal hasta
los ojos, con una prolongada barba, salpicada de canas cenicientas; el
semblante medio sorbido de aquel penitente bosque, y lo demas pálido,
macilento, y extenuado al rigor de los ayunos y de las vigilias; los
ojos hundidos hácia las concavidades del celebro, como retirándose
ellos mismos de los obgetos profanos, y gritando mudamente:
_apartadnos, Señor, de la vanidad del mundo_! Qué es ver, digo, á este
animado esqueleto en la elevacion de un Púlpito, asustando con sola su
vista aun á los que no son medrosos, proponer el thema del Sermon con
magestad, arremangar el desnudo brazo, mostrar una denegrida piel sobre
el duro hueso, hasta el mismo codo, y dar principio al Sermon de esta ó
de semejante manera:»
15. «_Bizarro propugnáculo de España, célebre Colonia Latina, idéa de
Cónsules claríssimos, y gloria de los Pueblos Arévacos, qué es esto?...
Qué es esto, bella emulacion del Orbe, jurada Reyna de los Carpentanos
montes, en cuya ilustre falda, si la vista de dos profundos Valles te
ciñe, el murmuréo de Eresma y de clamores te acompaña?... Qué es esto,
Arco de paz peregrina, donde los ciento y cinquenta y nueve de tu
Puente son trophéos gloriosos del que ostenta Millan en este dia, por
Real florido Iris de su Cielo?_ Et reliqua.»
16. «No quedaria escandalizado el Auditorio (prosigue la substancia de
dicho melancólico Prelado) al oír aquel viviente cadáver prorrumpir
en unas voces tan pomposas, tan hinchadas, tan floridas; y, quando
esperaban escuchar de unos labios emboscados en la espesura de aquella
penitente barba, ó desengaños que los aterrassen, ó inflamados afectos
que los encendiessen, hallarse con una relacion crespa, sonora,
retumbante, la mitad en prosa, y la mitad en verso, que no pareceria
mal en unas tablas? Si saliesse al Theatro un Comediante con su peluca
blonda y empolvada, sombrero fino de plumage, y por cucarda un lazo
de diamantes, chupa de riquíssima tela, casaca correspondiente á la
chupa, medias bordadas de oro, zapatos á la gran moda, con dos lazos
de brillantes por evillas, espadin de puño de oro, baston del mismo
puño, camisola y vueltas de Paris, bordadas con exquisito primor; y él
de estatura heróyca, de semblante grato y señoril, de talle ayroso, de
bizarra planta, de noble y desembarazado despejo; y, puesto enmedio del
Tablado, componiéndose las vueltas, dando dos golpecillos alhagueños
hácia las caídas del peluquin ó de la peluca, proporcionando la
postura, hecha una ayrosa cortesía al silencioso concurso, y calado
garvosamente el sombrero, rompiesse en esta relacion:
_Ahora, Señor, ahora,_
_Que la inexorable Parca_
_Quiere aplicar á mi vida_
_Los filos de su guadaña._
_Ahora, ahora, Señor,_
_Que, postrado en esta cama,_
_Me siento tal, que no sé_
_Si he de llegar á mañana._
havria bastantes sylvos para él en la mosquetería? No agotaria todas
las peras, manzanas, y tronchos de la cazuela? El Alcalde de Corte,
que fuesse semanero, no daria pronta providencia para que llevassen
á aquel pobre hombre á la Casa de la Misericordia? Sí. Pues, á mal
dar, tan loco es un Capuchino que representa en el Púlpito, como un
Comediante que hace Mission en el Theatro. Y lo mismo se debe entender
de qualquiera Predicador, sea de la profession que se fuere; pues el
haver puesto el exemplar en un Capuchino, es por la especial disonancia
que hace esta ojarasca y vana frondosidad en aquel trage.» Hasta aquí
la substancia de dicho Ilustríssimo; pero qué substancia tiene todo
esto? El maligno cotejo, que hace entre el Predicador y el Comediante,
no viene al caso, por mas que parezca convincente; porque, si en las
Tablas se representan Vidas de Santos y Autos Sacramentales en verso,
por qué no se podrán predicar en los púlpitos relaciones y jácaras en
prosa? Que me respondan! que me respondan á esta retorsioncilla!»
17. «Otro estilo hay, que, sin ser elevado en la expression, es de gran
gusto en el sonsonete, y son pocos los Auditores, que no se alampan por
él. Este es el cadencioso, diga Longino lo que quisiere, y digan lo que
se les antojare todos los descendientes por linea recta de los Sayones,
que dieron muerte al Salvador. El estilo cadencioso es de dos maneras:
una, quando la cadencia es de verso, ya lýrico, ya heróyco; otra,
quando consiste en cierta correspondencia, que tiene la segunda parte
de la cláusula con la primera, como si la primera acaba en onte, que la
segunda concluya en _unte_; si la caída de una es en _irles_, la de la
otra sea precisamente en arles; si aquella termina en _Tamborlan_, esta
termine en _Matusalen_. Los exemplos te pondrán esto mejor delante de
los ojos.»
18. «Cadencia de verso lýrico. Fuera del divino exemplar, que ya te
puse en el famoso Sermon, intitulado: _Parentacion dolorosa_, _Oracion
fúnebre_, _Epicedio triste_, oye otro sacado de cierto Sermon, que se
predicó con extraordinario aplauso en una Cathedral, donde hervian
los hombres doctos como los garbanzos en olla de potage, y todo él
fué por el mismo estilo, sin perder siquiera pié ni sílaba. _Asustada
mi ignorancia,... confuso mi encogimiento,... ni sé si atribuya á
dicha,... ni sé si desgracia sea... la que busco en mi eleccion,...
para tanto desempeño,... mil assuntos al sonrojo,... mil materiales
al susto... Pues, si balbuciente el labio... se esfuerza á articular
voces,... es seguro el desacierto._ Dat, lingua nesciente, sonos: _Y
si abysmado en mí mismo,... á impulsos de conocerme,... busco en el
silencio asylo,... ó es silencio irreverente,... ó es sospechoso el
silencio._ Silentium mihi ignaviæ tribuisti: _Pero entre estos dos
escollos... tenga paciencia el Scyla,... y toléreme el Carýbdis,...
que por no estrellarme ingrato,... en peñas de desatento,... escojo
naufragar triste... contra rocas de ignorante_. Y assí va prosiguiendo
sin perderle pizca hasta el mismo _quam mihi_. No te puedo ponderar,
quanto se celebró este Sermon: en el mismo Templo resonaron mil vítores
y vivas, y despues hasta las mismas Damas compusieron décimas en elogio
del Predicador. Por merecer esta dicha, y por lograr esta gloria, no
se pueden llevar en paciencia todas las lanzadas de esse Longino ó
Longinos de mis pecados, que tan mal está con este bellíssimo estilo?»
19. «Cadencia de verso heróyco. Un Sermon al glorioso San Ignacio de
Loyola comienza de esta manera: _Al Marte mas Sagrado de Cantabria;...
al que en las venas del nativo suelo,... para morrion, espada, peto,
y coto,... forma encontró, y materia inaccessible... A la bomba, al
cañon, al rayo ardiente,... al que nació Soldado, mal me explico,...
al que nació Alexandro de la gracia,... y desde que dexó el materno
alvergue,... con una Compañía y con su brazo,... aspiró á conquistar á
todo el mundo,... juzgando (y no tan mal) que le sobraba,... la mitad
de la tropa, y mucho aliento... Al grande Ignacio, digo, de Loyola,...
reverentes consagran estos cultos,... émulos de su fuego sus Paysanos,
etc._ Asseguróme uno, que se halló presente, quando se predicó este
gran Sermon, que, no obstante de ser immenso el Auditorio, no se oyó
en todo él ni siquiera un estornido. Tanta era la suspension de los
ánimos, y el embeleso con que todos le escuchaban. Pues, qué caso hemos
de hacer de quatro carcuezos, que, porque ellos tengan ya el gusto
destituído del calor natural, nos vengan á jerobear la paciencia, y á
decirnos que este estilo y modo de predicar no es de Oradores, sino de
Orates?»
20. «Finalmente, hay cadencia, que, sin ser de verso lýrico ni heróyco,
es de correspondencia de períodos, y no hay duda, sino que es una
belleza. Admirable exemplo en un Sermon predicado con sobrepelliz y
bonete, á la Canonizacion de San Pio Quinto. Su principio era este:
«Ya, ya sé á quienes intima fatales _sobresaltos_ el eco de estos
sonoros universales _cultos_. Ya, ya sé que el apothéosis del Máximo
Pontífice Pio _Quinto_ inquieta, alborota, turba sus erizadas olas
al _Lepanto_. Ya, ya sé que el eco del sonoro clarin del _Vaticano_
desmaya, estremece, atemoriza el orgulloso corazon del _Agareno_.» Y
assí va prosiguiendo, sin que en todo el Sermon (que no es corto) se
encuentre media docena de cláusulas, que no medien y no terminen en
este ayrosíssimo sonsonete. Díme, amigo Fray Gerundio, no te embelesan
estos diferentes géneros de estilo? No te hechizan? Y no es menester,
que tengan unos oídos con todo el órgano al revés, aquellos á quienes
disuenan?» Ibale á responder Fray Gerundio, á tiempo que llegó á ellos
corriendo y exhalado un mozo de la Granja, diciendo, que el Padre
Maestro los llamaba, porque el Arcipreste havia hecho su visita,
acabado su consulta, y se havia vuelto á su casa.
21. No es ponderable quanto sintieron uno y otro, que se les
interrumpiesse la conversacion, porque havia tela cortada para muchas
horas. Pero, no pudiendo escusarse de acudir al llamamiento de _nuestro
Padre_, tuvieron que volverse á la Casa, dexando dentellones de la obra
para proseguirla en mejor ocasion. No obstante, por el camino, en que
no aceleraron mucho el passo, Fray Blas volvió á repetir brevemente
las mismas lecciones á su discípulo, para que se le imprimiessen mas
en la memoria, y añadió, que todavía tenia que darle otras reglas muy
importantes acerca de las partes mas essenciales de que se compone
un Sermon, como _de las entradillas_, _ó de los arranques_, _de las
circunstancias en la Salutacion_, que, diga nuestro Padre, ni un
Capítulo entero de Padres nuestros, lo que se les antojare, son la
cosa mas necessaria, la mas oportuna, la mas ingeniosa, y la que mas
acredita á un Predicador; _del elogio de los otros Predicadores_, en
funciones de Octava ó fiestas de Canonizacion, quando han precedido ó
se han de subseguir otros Sermones; _del modo de disponer y de guisar
estos elogios_; _de la clave para encontrar en la Sagrada Escritura y
en las letras profanas el nombre ó el oficio de los Mayordomos_, _y
muchas veces todo junto_; _del uso de la Mythología_, _de las Fábulas_,
_de los Emblemas_, _y de los Poetas antiguos_, cosa que ameniza
infinitamente una Oracion; _de los assuntos figurados ó metaphóricos_,
tomándolos ya de los Planetas, ya de los metales, ya de las plantas, ya
de los brutos, ya de los peces, ya de las aves. Como v. gr. llamar á
Cristo en el Sacramento el Sol sin Ocaso, ó el Sol que nunca se pone;
á San Juan Chrysóstomo _el Potosí de la Iglesia_, aludiendo á las
minas del Potosí, y á que Chrysóstomo quiere decir _Boca de Oro_; á
Santo Domingo _la Canícula en su tiempo_, con alusion al Perro que le
figuró en el seno materno, y á que la fiesta del Santo se celebra en la
Canícula; á Santa Rosa de Lima _la Rosa de la Passion_; á San Francisco
Xavier _el Eleutropio Sagrado_, ó _el divino Girasol_, porque siguió
con sus passos al Planeta, que, dicen, sigue esta planta con su vista,
y assí de los demas.
22. -- «Estas y otras mil cosas tenia que decirte, pero lo que se
dilata no se quita, y los mismos Sermones, que vayas predicando, me
irán dando oportunidad para decírtelas. Lo que ahora te encargo es, que
no hagas caso de las maximotas de nuestro Padre Maestro Fray Prudencio,
ni de las de otros de su calaña, porque estos hombres tienen tan
arrugado el gusto como la piel, y solamente les agradan aquellos
Sermones, que se parecen á los de los Theatinos, infierno por delante,
y Christo en mano.» Dióle palabra Fray Gerundio, de que no se apartaria
un punto de sus consejos, de sus principios, y de sus máximas; y
con esto entraron en la Granja, donde passó lo que dirá el capítulo
siguiente.