CAPITULO IV.

Entra el Granjero la Cena; interrúmpese la conversacion, y se vuelve á

continuar de sobre-mesa.

Iba Fray Blas á replicarle, quando entró el Granjero Fray Gregorio

con los manteles para poner la mesa, diciéndoles con gracia y con

labradoril desembarazo: «_Padres nuestros, onia tiempus habent: tiempus

despuntandi, et tiempus cenandi_: el bendito San Cenon sea con vuessas

Paternidades, y ahora déxense de circunloquios, que los huevos se

endurecen, el asado se passa, y por el relox de mi barriga son las

nueve de la noche.» -- «Tiene razon Fray Gregorio», dixo el Maestro

Prudencio, y sentáronse todos á la mesa. No fué la cena espléndida,

pero fué honrada y decente: dos ensaladas, una cruda y otra cocida,

un par de huevos frescos, pabo asado, liebre guisada, y postres de

queso y aceytunas; pero Fray Gerundio los divirtió mucho en la cena.

Como su Pedantíssimo Preceptor el Dómine Zancas-largas, para cada

cosa, para cada especie, y aun para cada palabra, tenia de repuesto en

la memoria un monton de latinajos, versos, sentencias, y aforismos,

que espetaba á todo trance, viniessen ó no viniessen, solo con que

en sus textos centones se hallasse alguna palabra, que aludiesse á

lo que se discurria ó se presentaba, y por este medio pedantesco se

huviesse adquirido entre los ignorantes el crédito de un monstruo de

erudicion _y pozo de cencia_, como le llamaban en aquella tierra; su

buen Discípulo Fray Gerundio procuró copiarle esta impertinencia, assí,

ni mas ni ménos, como todas las otras extravagancias, que eran en el

dichoso Dómine mas sobresalientes. Con esta idéa se atestó bien de

versos latinos, apophtegmas, y lugares comunes, para lucirlo en las

ocasiones, y, quando le venia el fluxo de erudito, era el Fraylecito

una diarréa de disparatorios en latin inestancable.

2. Luego, pues, que por primera ensalada se presentaron unas lechugas

crudas en la mesa, vuelto á su amigo Fray Blas, le hizo esta pregunta:

_Claudere quæ cœnas lactuca solebat avorum,_

_Dic mihi cur nostras inchoat illa dapes?_

Algo atajado se halló el Padre Predicador con la preguntilla, porque,

como era en verso latino, y él solo havia estudiado el latin, que

bastaba para el gasto del Breviario, y aun esse no bien, no la entendió

mucho al primer embion, y assí le dixo: «habla mas claro, si quieres

que te responda». Pero al fin, volviendo Fray Gerundio á repetirle

el dístico, pronunciándole con mayor pausa, como por otra parte el

latin tampoco era muy enrebesado, vino á entenderle Fray Blas, y

dixo: «en suma, lo que pregunta esse verso es, _por qué nosotros

comenzamos á cenar por lechugas, quando nuestros Abuelos solian acabar

con ellas_? Pues la razon salta á los ojos; porque en casi todas las

cosas nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.» --

«Díxolo Claudiano, interrumpió al punto Fray Gerundio, aplaudiendo la

explicacion: _Cœpisti, qua finis erat_», y el Maestro se rió tanto de

la impertinente prontitud del uno, como de la sandez del otro.

3. Siguiéronse despues unos puerros cocidos sin cabeza, y apénas los

vió Fray Gerundio, quando exclamó:

_Fila Tarentini graviter redolentia porri_

_Edisti quoties, oscula clausa dato._

Confessó Fray Blas, que solo entendia, que el verso hablaba de

_puerros_, por aquello de _porri_; pero que, para descargo de su

conciencia, no percebia lo que queria decir. Entónces Fray Gerundio le

puso á la vista el régimen, ó el órden de la construccion, _quoties

edisti fila graviter redolentia porri Tarentini, dato oscula clausa_,

advirtiéndole de passo, que en el Territorio de la Ciudad de Tarento

se dan los puerros mas afamados de toda Italia, como en Navarra los

ajos de Corella, y en Castilla la Vieja los espárragos de Portillo, con

cuya luz dixo Fray Blas: «ya me parece que entiendo el concepto del

verso: quiere decir, si no me engaño, que siempre que se comen puerros

de Tarento, y lo mismo discurro que sucederá, aunque los puerros sean

de Melgar de arriba, mas parece que se besa, que se come, por quanto

mas es chupar que comer, y para chupar se pliegan los labios.» -- «Dió

Vm. en el hito, replicó Fray Gerundio; pero con todo esso, mejor que el

Poeta Latino explicó la insulsez de esta ensalada el Castellano, que

dixo:

_Quien Nísperos come,_

_Quien bebe Cerbeza,_

_Quien Puerros se chupa,_

_Quien besa á una Perra,_

_Ni come, ni bebe, ni chupa, ni besa._»

No dexó de reírse tampoco esta vez el Maestro Fray Prudencio de

la candidez de Fray Gerundio, cayéndole en gracia el chiste de la

coplilla, y, aunque alabó la felicidad de su memoria, todavía se

compadeció algun tanto de que no la empleasse mejor.

4. El, que se vió celebrado, se tentó un poquillo de vanidad, y hizo

empeño de no dexar cosa, que saliesse á la mesa, sin saludarla con su

dístico. Assí pues, luego que se pusieron en ella los huevos, cogió uno

en la mano, arrimóle á la luz, y, pareciéndole que tenia pollo, soltó

la carcajada y dixo:

_Candida si croceos circumfluit unda vitellos,_

_Hesperius scombri temperet ova liquor._

5. Quedóse en ayunas el bueno de Fray Blas, porque este era mucho latin

para un Predicador romancista, y en ayunas se huviera quedado, á no

haverse compadecido de él su buen amigo Fray Gerundio, explicando el

pensamiento en este Serventesio, que sabia de memoria:

_Quando algun pollo ó polla_

_Encierra el huevo en cándido recinto,_

_La barriga es la olla,_

_Y cuézase en porcion de blanco ó tinto._

6. Aprovechóse de esta ocasion el Maestro Prudencio para chasquear un

poco al Predicador, insultándole sobre su cortedad en el latin, y le

dixo con alguna picaresca: «Paréceme, Fray Blas, que tú eres como aquel

Cura, que decia á sus feligreses: _Yo, á la verdad, no sé mucho latin,

pero no tiene remedio, me he de dedicar á estudiarle, y hasta que le

aprenda, no he de hacer mas que predicar_.» -- «Passo con essos golpes,

Padre nuestro! replicó algo atufado Fray Blas, que entendió todo el

énfasis picante de la satyrilla: para predicar no he menester entender

latin de Poetas, bástame construir medianamente el de la Biblia; y para

esso, el Calepino y yo á otros dos guapos.»

7. En esto salió el assado á la mesa, que era medio pabo, y apénas le

columbró Fray Gerundio, quando exclamó en tono de plañidera:

_Miraris quoties gemmantes explicat alas:_

_Et potes hunc sævo tradere, dure, coco!_

Y sin dar lugar á que volviesse á sonrojarse su amigo, dió él mismo la

explicacion en el siguiente Epigramma:

_Quando el Pabo ostentoso_

_La rueda tiende y brilla magestuoso,_

_Assombrado le miras:_

_Y á este que tanto admiras,_

_Cruel, duro, severo,_

_Le entregas tú despues á un Cocinero!_

Pero sin embargo de la compassion, que esto le causaba, no dexó de

meterle bien el cuchillo por la coyuntura, y, despues de hacer plato

al Padre Maestro, él se quedó con una buena racion de entre-pechuga

y pellejo, alargando la fuente á Fray Blas, con quien no gastaba

ceremonias.

8. A este tiempo ya se havia embasado algunos tragos, y á cada uno que

bebia dedicaba su dístico, de los muchos de que havia hecho provision

para estas ocasiones, sin pararse en que los dísticos hablassen de

los vinos mas famosos de Europa en la antigüedad, y el que él bebia

fuesse un chacolí ó un vinagrillo de la tierra. Como él espetasse sus

versos, que hablassen de mosto cocido, todo lo demas era para él muy

indiferente; y assí al primer trago le saludó con esta impertinencia:

_Hæc de vitifera venisse picata Viena_

_Ne dubites, misit Romulus ipse mihi._

Al segundo con este disparate:

_Hoc de Cæsareis mihi vindemia cellis_

_Misit, Iulæo quæ sibi monte placet._

Al tercero con este requiebro:

_Hæc Fundana tulit felix autumnus opimi,_

_Expressit mulsum Consul, et ipse bibit._

9. En fin, á ningun trago dexó sin su dedicatoria latina; y consta

por buenos papeles, que en solo aquella cena brindó veinte veces, y

esto sin perjuicio de la cabeza, que la tenia á prueba de jarro, por

haverse criado en Campazas con la mejor leche del Páramo y de Cámpos.

No se puede ponderar lo aturdido, que estaba el bueno del Predicador

al oír chorrear tanto latinorio á su amigo y queridito; pues, aunque

lo mas de ello se le passaba por alto, y allá se iba por el ánima mas

sola, con todo esso se le caía la baba, viéndole lucir tan á taco

tendido, protestando, que, si bien siempre havia hecho alto concepto

de su ingenio, nunca creyó, que llegasse á tanto, por no haver

concurrido con él en otra funcion semejante. No sabia como diantres

havia podido meter en la cabeza tanta multitud de versos, y sobre todo

se assombraba de aquella oportunidad, con que los aplicaba; siendo

assí, que el desdichado Fray Gerundio no esperaba mas oportunidad

para encajar sus versos, que la de oír ó ver alguna cosa, de la qual

se hiciesse mencion, en los que tenia hacinados en su burral memoria,

usando de la erudicion profana puramente por la assonancia, ni mas ni

ménos como havia usado de la Sagrada en la chistosa Salutacion, que

havia predicado en el Refectorio. Pero, como el buen Fray Blas tampoco

entendia de otras propiedades para el uso y para la aplicacion de

sus textos, no distinguia de colores, y lo que le sonaba le sonaba,

confirmándose en el dictámen de que mozo como aquel no le havia pillado

la Orden en dos Siglos.

10. Creció su admiracion, quando, sirviéndose á la mesa una cazuela

de liebre guisada, oyó á Fr. Gerundio prorrumpir en esta definitiva

sentencia:

_Inter aves turdus, si quid, me judice, certet;_

_Inter quadrupedes, gloria prima lepus._

No entendió el Predicador mas que á media-rienda y assí en bosquejo lo

que queria decir, aunque ya le dió al corazon, poco mas ó ménos, qual

seria el pensamiento, quando notó, que diciendo y haciendo se echaba

Fray Gerundio en su plato casi la mitad de la cazuela. Pero el Padre

Maestro, que comprehendió muy bien toda el alma del concepto, dixo con

su apacibilidad acostumbrada: «Hombre, esso de que, en tu dictámen,

_entre las aves no hay plato mas regalado que el tordo, ni entre los

animales que la liebre_, prueba bien, que el mismo gusto tienes en

el paladar que en el entendimiento, y que el mismo voto puedes dar

acerca de una mesa que acerca de un Sermon. Yo siempre oí, que el tordo

era extraordinario de Frayle, y la liebre plato de Cofradía.» -- «Y

quien le ha dicho á V. Paternidad, replicó Fray Gerundio, que en las

Cofradías no sirven muy buenos platos, y que á los Frayles no les dan

extraordinarios muy delicados?» -- «Substanciales sí, respondió el

Maestro Prudencio, pero delicados no.»

11. En esto salieron los postres, un queso y un plato de aceytunas.

Aquí le pareció á Fray Blas, que sin duda alguna se le havia acabado

la talega á Fray Gerundio, porque qué Poeta se havia de poner á tratar

de aceytunas y de queso? Pero le engañó su imaginacion, y quedó

gustosamente sorprehendido, quando vió que, tomando el queso en una

mano y un cuchillo en otra para partirle, recitó con mucha ponderacion

este par de coplitas:

_Caseus, Etruscæ signatus imagine lunæ,_

_Præstabit pueris prandia mille tibi._

Y sin detenerse añadió esta traduccion, que tambien havia leído:

_Con un queso, parecido_

_A la Luna de Toscana,_

_Hay para dar de almorzar_

_A los niños mil mañanas._

-- «Esso lo mismo será, glossó Fray Prudencio sonriéndose, aunque se

parezca á la Luna de Valencia; pues no sé, que para el caso, ni para

el queso, tenga mas gracia una Luna que otra. Y qué? no dices algo á

las aceytunas?» -- «Allá voy, Padre Maestro,» respondió Fr. Gerundio, y

tomando media docena de ellas, dixo:

_Hæc, quæ Picenis venit subducta trapetis,_

_Inchoat atque eadem finit oliva dapes._

Que uno construyó assí:

_Esta, que no fué al Molino,_

_Para que no fuesse aceyte,_

_Unas veces es principio,_

_Y tambien postre otras veces._

-- «Qué dices, borracho? le preguntó Fray Blas en tono de zumba:

quando sirvieron de principio las aceytunas?» -- «Quando? respondió

Fray Gerundio, quando se comenzaba á comer por donde ahora se acaba, y

quando las lechugas servian de postre, _juxta illud_:

_Claudere quæ cœnam lactuca solebat avorum, etc._

Y si no, acuérdese Vm. de lo que dixo al principio de la cena, que

nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.»

12. Halló bastante gracia el Maestro en esta reconvencion, y se

confirmó en su antiguo dictámen de que á Fray Gerundio no le faltaba

cantera, y que solo le havia hecho falta el cultivo, la aplicacion á

facultades sérias y precisas, la crítica, y el buen gusto. Pero al fin,

con no poco se acabó la cena, se dieron gracias á Dios, y se levantaron

los manteles; despues de lo qual tomó la mano Fray Blas, y dixo: «Padre

Maestro, acabemos de evacuar el punto de las Censuras de los Libros,

que nos interrumpió Fray Gregorio, porque, á lo que veo, me parece

que V. Paternidad es del mismo dictámen, que aquel famoso Censor del

segundo tomo del _Theatro Crítico Universal_, que, huyendo el cuerpo

á la censura del libro, se metió á censurar á los Censores; pero en

verdad que llevó brava tunda en cierta Aprobacion del tercero tomo.»

-- «En la substancia, respondió el Maestro, del mismo parecer soy, y

hallo, que tiene mucha razon en lo que dice: el modo puede ser que no

huviesse agradado á todos, porque le oí notar de pomposo, arrogante, y

satisfecho; y á algunos tampoco les pareció bien, que reservasse esta

crítica para aquel lugar, en que no venia muy al caso, adelantándose

tal qual á argüirle de ménos consiguiente, pues, protestando en la

misma Censura, _que no se hallaba con ánimo de ayudar fructuosamente al

Autor del Theatro en el arduo y mal recibido oficio de Desengañador_,

él mismo le está exercitando en la misma Censura: con esta diferencia,

que el Autor del Theatro exerce el officio de _Desengañador_ de Sabios

y de ignorantes, pues á todos comprehenden los _errores comunes_; pero

el Censor exerce el de _Desengañador_ únicamente de Sabios, porque á

solos estos, ó en la realidad, ó en la estimacion, se fian por lo comun

las Aprobaciones de los Libros.»

13. «Sobre la zurra, que le da todo un Colegio de Padres Aprobantes

del tercer tomo, tambien he oído variedad de opiniones. Convienen

todos en que la correccion fraterna está discreta, bien parlada, y con

mucha sal, sin que la falte su granito de pimienta; pero, como los

Autores de ella son de la misma estameña que el Autor del Theatro,

algunos desearan que esta comission se la huvieran encargado á otro de

diferente paño, en quien caeria mejor. Dicen, que esto de salir á la

defensa de uno de su ropa, solo porque no se le alaba, no suena bien:

otra cosa seria, si positivamente se le huviera injuriado sin razon,

que entónces á ningunos tocaba mas immediatamente sacar la cara por él,

que á los de Casa. Pero este reparo me parece poco justo, y aun poco

reflexionado; porque aquellos Padres Maestros no impugnan directamente

al Censor, porque no alaba al Autor del Theatro, sino porque censura á

los que le alaban á él, y á todos los demas Autores; con que no tanto

es defensa del Autor como de los Censores, y en esta todo el mundo

tiene derecho á meterse, con especialidad aquellos, á quienes se les

ha encomendado este oficio.»

14. «Algunos maliciosos aun se adelantan á mas: paréceles á ellos, que

ven una gran diferencia de estilo en lo restante de la Aprobacion, y

en el párrafo en que se censura al Censor de los Censores: con esta

aprehension se les figura por otra parte, que el estilo de este párrafo

es muy parecido al nobilíssimo, perspicuo, y elegante, que gasta el

Autor del Theatro. Y qué quieren inferir de aquí? Lo que se está

cayendo de su peso, que este parrafillo le dictó el mismo Autor, pues

se hallaba dentro de casa; y, sin explicarse mas, hacen un gesto, y

tuercen el hocico. Pero esta me parece demasiada temeridad y sobrada

delicadeza. Conocer en pocos renglones añadidos á otros muchos la

diversidad de estilo, es para pocos ó para ninguno, sin exponerse á

juzgar erradamente, salvo que aquella sea tan visible, que luego salte

á los ojos; pues claro está, que, si en un Sermon del Padre Vieyra se

mezclaran solos quatro renglones del Autor del Florilegio, un topo

veria al instante la diferencia, y aun la disonancia; mas no estamos

en el caso. El estilo de los Aprobantes no es tan dessemejante del

Autor del Theatro, que diste infinito de él. Fuera de que á los buenos

Escritores nunca los puede faltar un buen estilo, dice Quintiliano:

_Bonos nunquam honestus sermo deficiet_; y, assí como no es impossible,

sino muy regular, que uno dé en el mismo pensamiento que otro, assí

tampoco lo es, que le explique de una misma manera. Mas supongamos,

que el párrafo en question sea del mismo Autor del Theatro: _quid

inde_? No veo en ella cosa, que me disuene, porque en él nada se

le elogia, y ántes se me representa un rasgo de su moderacion y de

su prudencia. Finjamos por un poco (y es una cosa bien natural),

que los Reverendíssimos Aprobantes huviessen dexado correr la pluma

en este punto con algun mayor calor y libertad de lo que pedia la

materia. Demos por supuesto, (y no es ménos natural que lo primero,)

que confiassen al Autor su censura, para que la viesse ántes que

se estampasse. Como la leyó á sangre fria, notó que estaba un poco

acalorada, y tomó de su quenta templarla, dictando un párrafo, en que

se dice lo que basta, y en realidad á ninguno saca sangre. Esto es lo

que yo concibo que pudo ser; pero, si fué otra cosa, todo ello importa

un bledo.»

15. «En lo que no convengo, ni convendré jamas, es en que las Censuras

de los libros, especialmente las que se hacen de oficio, esto es,

por comission de Tribunal legítimo, se conviertan en Panegýricos; y

perdónenme los Reverendíssimos Censores del Censor de todos ellos,

que no me hace fuerza la razon, con que intentan defender la práctica

contraria. Dicen, que _el Panegýrico, que se introduce en la Censura,

siendo el mérito del Autor sobresaliente, es deuda; siendo mediano,

urbanidad; y, solo siendo ninguno, será adulacion_. Yo diria, con

licencia de sus Reverendíssimas, que el Panegýrico que se introduce en

la Censura, aunque el Autor le merezca, siempre es impertinente; y, si

no le merece, no solo es una adulacion indigna, sino una mentira, un

engaño sumamente perjudicial al progresso de las Ciencias, al honor

de toda la Nacion, y á la utilidad comun. Al Censor solamente le

mandan, que diga sencillamente su parecer sobre el mérito de la obra,

aprobándola ó desaprobándola, sin que se detenga en alabar al Autor,

sino que sea indirectamente por aquel elogio, que necessariamente le

resulta, de que se apruebe su produccion; con que, pararse muy de

propósito á hacer un gran Panegýrico del Autor, aunque sea el de mayor

mérito, sin dexar epítheto que no le aplique, renombre con que no le

proclame, ni erudicion que no ostente el Aprobante para exornar su

encomio, no solo no es deuda, sino una obra muy de supererogacion.»

16. «Ya se entiende, que hablo solamente de aquellos largos

panegýricos, que de propósito se introducen en las Censuras, adornados

de todo género de erudicion, los quales son los que únicamente se

pueden llamar _Panegýricos_. Y de estos digo, que, aunque los Autores

los tengan muy merecidos, son fuera del assunto en las Aprobaciones,

digámoslo assí, judiciales; y en este sentido, á mi ver, habló tambien

el Censor de los Censores. Pero aquellos elogios, que resultan del

breve y sencillo juicio, que se forma del mérito de la obra, como de

su utilidad, de su inventiva, de su solidez, de su buen estilo, etc.,

estos, assí como no merecen el nombre de panegýricos, assí tampoco

deben condenarse en los Censores, ántes apénas pueden cumplir con su

oficio, sin que digan algo de esto; y en este sentido convengo tambien,

en que los elogios pueden ser deuda, y pueden ser urbanidad.»

17. «Pero, quien ha de tener paciencia para sufrir otros diferentes

rumbos, que siguen los Aprobantes? Todos, ó casi todos, son

panegyristas, y de estos ya he dicho bastante. Algunos añaden á este

oficio el de Glossadores, ó Addicionadores de la obra que aprueban;

otros se meten á Apologistas del assunto, especialmente si este es

de materia crítica, ó de algun punto contencioso: quando la obra es

apologética, las Aprobaciones por lo comun se reducen á una apología de

la misma apología, y aprobacion bien larga he visto yo, que, sin tocar

en la substancia de la obra hasta el último párrafo, gasta el Aprobante

muchas hojas en alabar la Patria del Autor, la nobleza de su orígen,

las glorias de su Religion, y de todo esto infiere, que el libro es una

cosa grande, y que no puede contener ápice ni punto, que se oponga á

los dogmas de la Fé ni á la mas severa disciplina. Digo, y vuelvo á

decir, que todas estas me parecen unas grandíssimas impertinencias,

dignas de ser desterradas de nuestra Nacion, como lo están de casi

todas las demas del mundo, cuyos Censores se ciñen precisamente á lo

que se les manda, diciendo en breves y graves palabras su dictámen,

y dexando á los Lectores, que hagan de la Obra y del Autor todos los

panegýricos, que se les antojaren.»

18. Muy enfrascado estaba el Maestro Prudencio en la conversacion,

quando advirtió que Fray Gerundio se havia quedado dormido en la

silla como un cepo, y que el Predicador bostezaba mucho, cayéndosele

los párpados, de manera que cada instante necessitaba apuntalarlos.

Hízose cargo de la razon, y dispertando á Fray Gerundio, no sin mucha

dificultad, se fueron todos á la cama, quedando despedido el Predicador

Fray Blas desde la noche, porque pensaba madrugar mucho el dia

siguiente, para marchar á Jacarilla, en compañía de su Mayordomo el Tio

Bastian, que para entónces ya le suponian perfectamente convalecido del

accidente, que le havia acometido de sobre-comida ó sobre-bebida.

Historia del famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes (1 de 2) · 第 55 / 61 题