Entra el Granjero la Cena; interrúmpese la conversacion, y se vuelve á
continuar de sobre-mesa.
Iba Fray Blas á replicarle, quando entró el Granjero Fray Gregorio
con los manteles para poner la mesa, diciéndoles con gracia y con
labradoril desembarazo: «_Padres nuestros, onia tiempus habent: tiempus
despuntandi, et tiempus cenandi_: el bendito San Cenon sea con vuessas
Paternidades, y ahora déxense de circunloquios, que los huevos se
endurecen, el asado se passa, y por el relox de mi barriga son las
nueve de la noche.» -- «Tiene razon Fray Gregorio», dixo el Maestro
Prudencio, y sentáronse todos á la mesa. No fué la cena espléndida,
pero fué honrada y decente: dos ensaladas, una cruda y otra cocida,
un par de huevos frescos, pabo asado, liebre guisada, y postres de
queso y aceytunas; pero Fray Gerundio los divirtió mucho en la cena.
Como su Pedantíssimo Preceptor el Dómine Zancas-largas, para cada
cosa, para cada especie, y aun para cada palabra, tenia de repuesto en
la memoria un monton de latinajos, versos, sentencias, y aforismos,
que espetaba á todo trance, viniessen ó no viniessen, solo con que
en sus textos centones se hallasse alguna palabra, que aludiesse á
lo que se discurria ó se presentaba, y por este medio pedantesco se
huviesse adquirido entre los ignorantes el crédito de un monstruo de
erudicion _y pozo de cencia_, como le llamaban en aquella tierra; su
buen Discípulo Fray Gerundio procuró copiarle esta impertinencia, assí,
ni mas ni ménos, como todas las otras extravagancias, que eran en el
dichoso Dómine mas sobresalientes. Con esta idéa se atestó bien de
versos latinos, apophtegmas, y lugares comunes, para lucirlo en las
ocasiones, y, quando le venia el fluxo de erudito, era el Fraylecito
una diarréa de disparatorios en latin inestancable.
2. Luego, pues, que por primera ensalada se presentaron unas lechugas
crudas en la mesa, vuelto á su amigo Fray Blas, le hizo esta pregunta:
_Claudere quæ cœnas lactuca solebat avorum,_
_Dic mihi cur nostras inchoat illa dapes?_
Algo atajado se halló el Padre Predicador con la preguntilla, porque,
como era en verso latino, y él solo havia estudiado el latin, que
bastaba para el gasto del Breviario, y aun esse no bien, no la entendió
mucho al primer embion, y assí le dixo: «habla mas claro, si quieres
que te responda». Pero al fin, volviendo Fray Gerundio á repetirle
el dístico, pronunciándole con mayor pausa, como por otra parte el
latin tampoco era muy enrebesado, vino á entenderle Fray Blas, y
dixo: «en suma, lo que pregunta esse verso es, _por qué nosotros
comenzamos á cenar por lechugas, quando nuestros Abuelos solian acabar
con ellas_? Pues la razon salta á los ojos; porque en casi todas las
cosas nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.» --
«Díxolo Claudiano, interrumpió al punto Fray Gerundio, aplaudiendo la
explicacion: _Cœpisti, qua finis erat_», y el Maestro se rió tanto de
la impertinente prontitud del uno, como de la sandez del otro.
3. Siguiéronse despues unos puerros cocidos sin cabeza, y apénas los
vió Fray Gerundio, quando exclamó:
_Fila Tarentini graviter redolentia porri_
_Edisti quoties, oscula clausa dato._
Confessó Fray Blas, que solo entendia, que el verso hablaba de
_puerros_, por aquello de _porri_; pero que, para descargo de su
conciencia, no percebia lo que queria decir. Entónces Fray Gerundio le
puso á la vista el régimen, ó el órden de la construccion, _quoties
edisti fila graviter redolentia porri Tarentini, dato oscula clausa_,
advirtiéndole de passo, que en el Territorio de la Ciudad de Tarento
se dan los puerros mas afamados de toda Italia, como en Navarra los
ajos de Corella, y en Castilla la Vieja los espárragos de Portillo, con
cuya luz dixo Fray Blas: «ya me parece que entiendo el concepto del
verso: quiere decir, si no me engaño, que siempre que se comen puerros
de Tarento, y lo mismo discurro que sucederá, aunque los puerros sean
de Melgar de arriba, mas parece que se besa, que se come, por quanto
mas es chupar que comer, y para chupar se pliegan los labios.» -- «Dió
Vm. en el hito, replicó Fray Gerundio; pero con todo esso, mejor que el
Poeta Latino explicó la insulsez de esta ensalada el Castellano, que
dixo:
_Quien Nísperos come,_
_Quien bebe Cerbeza,_
_Quien Puerros se chupa,_
_Quien besa á una Perra,_
_Ni come, ni bebe, ni chupa, ni besa._»
No dexó de reírse tampoco esta vez el Maestro Fray Prudencio de
la candidez de Fray Gerundio, cayéndole en gracia el chiste de la
coplilla, y, aunque alabó la felicidad de su memoria, todavía se
compadeció algun tanto de que no la empleasse mejor.
4. El, que se vió celebrado, se tentó un poquillo de vanidad, y hizo
empeño de no dexar cosa, que saliesse á la mesa, sin saludarla con su
dístico. Assí pues, luego que se pusieron en ella los huevos, cogió uno
en la mano, arrimóle á la luz, y, pareciéndole que tenia pollo, soltó
la carcajada y dixo:
_Candida si croceos circumfluit unda vitellos,_
_Hesperius scombri temperet ova liquor._
5. Quedóse en ayunas el bueno de Fray Blas, porque este era mucho latin
para un Predicador romancista, y en ayunas se huviera quedado, á no
haverse compadecido de él su buen amigo Fray Gerundio, explicando el
pensamiento en este Serventesio, que sabia de memoria:
_Quando algun pollo ó polla_
_Encierra el huevo en cándido recinto,_
_La barriga es la olla,_
_Y cuézase en porcion de blanco ó tinto._
6. Aprovechóse de esta ocasion el Maestro Prudencio para chasquear un
poco al Predicador, insultándole sobre su cortedad en el latin, y le
dixo con alguna picaresca: «Paréceme, Fray Blas, que tú eres como aquel
Cura, que decia á sus feligreses: _Yo, á la verdad, no sé mucho latin,
pero no tiene remedio, me he de dedicar á estudiarle, y hasta que le
aprenda, no he de hacer mas que predicar_.» -- «Passo con essos golpes,
Padre nuestro! replicó algo atufado Fray Blas, que entendió todo el
énfasis picante de la satyrilla: para predicar no he menester entender
latin de Poetas, bástame construir medianamente el de la Biblia; y para
esso, el Calepino y yo á otros dos guapos.»
7. En esto salió el assado á la mesa, que era medio pabo, y apénas le
columbró Fray Gerundio, quando exclamó en tono de plañidera:
_Miraris quoties gemmantes explicat alas:_
_Et potes hunc sævo tradere, dure, coco!_
Y sin dar lugar á que volviesse á sonrojarse su amigo, dió él mismo la
explicacion en el siguiente Epigramma:
_Quando el Pabo ostentoso_
_La rueda tiende y brilla magestuoso,_
_Assombrado le miras:_
_Y á este que tanto admiras,_
_Cruel, duro, severo,_
_Le entregas tú despues á un Cocinero!_
Pero sin embargo de la compassion, que esto le causaba, no dexó de
meterle bien el cuchillo por la coyuntura, y, despues de hacer plato
al Padre Maestro, él se quedó con una buena racion de entre-pechuga
y pellejo, alargando la fuente á Fray Blas, con quien no gastaba
ceremonias.
8. A este tiempo ya se havia embasado algunos tragos, y á cada uno que
bebia dedicaba su dístico, de los muchos de que havia hecho provision
para estas ocasiones, sin pararse en que los dísticos hablassen de
los vinos mas famosos de Europa en la antigüedad, y el que él bebia
fuesse un chacolí ó un vinagrillo de la tierra. Como él espetasse sus
versos, que hablassen de mosto cocido, todo lo demas era para él muy
indiferente; y assí al primer trago le saludó con esta impertinencia:
_Hæc de vitifera venisse picata Viena_
_Ne dubites, misit Romulus ipse mihi._
Al segundo con este disparate:
_Hoc de Cæsareis mihi vindemia cellis_
_Misit, Iulæo quæ sibi monte placet._
Al tercero con este requiebro:
_Hæc Fundana tulit felix autumnus opimi,_
_Expressit mulsum Consul, et ipse bibit._
9. En fin, á ningun trago dexó sin su dedicatoria latina; y consta
por buenos papeles, que en solo aquella cena brindó veinte veces, y
esto sin perjuicio de la cabeza, que la tenia á prueba de jarro, por
haverse criado en Campazas con la mejor leche del Páramo y de Cámpos.
No se puede ponderar lo aturdido, que estaba el bueno del Predicador
al oír chorrear tanto latinorio á su amigo y queridito; pues, aunque
lo mas de ello se le passaba por alto, y allá se iba por el ánima mas
sola, con todo esso se le caía la baba, viéndole lucir tan á taco
tendido, protestando, que, si bien siempre havia hecho alto concepto
de su ingenio, nunca creyó, que llegasse á tanto, por no haver
concurrido con él en otra funcion semejante. No sabia como diantres
havia podido meter en la cabeza tanta multitud de versos, y sobre todo
se assombraba de aquella oportunidad, con que los aplicaba; siendo
assí, que el desdichado Fray Gerundio no esperaba mas oportunidad
para encajar sus versos, que la de oír ó ver alguna cosa, de la qual
se hiciesse mencion, en los que tenia hacinados en su burral memoria,
usando de la erudicion profana puramente por la assonancia, ni mas ni
ménos como havia usado de la Sagrada en la chistosa Salutacion, que
havia predicado en el Refectorio. Pero, como el buen Fray Blas tampoco
entendia de otras propiedades para el uso y para la aplicacion de
sus textos, no distinguia de colores, y lo que le sonaba le sonaba,
confirmándose en el dictámen de que mozo como aquel no le havia pillado
la Orden en dos Siglos.
10. Creció su admiracion, quando, sirviéndose á la mesa una cazuela
de liebre guisada, oyó á Fr. Gerundio prorrumpir en esta definitiva
sentencia:
_Inter aves turdus, si quid, me judice, certet;_
_Inter quadrupedes, gloria prima lepus._
No entendió el Predicador mas que á media-rienda y assí en bosquejo lo
que queria decir, aunque ya le dió al corazon, poco mas ó ménos, qual
seria el pensamiento, quando notó, que diciendo y haciendo se echaba
Fray Gerundio en su plato casi la mitad de la cazuela. Pero el Padre
Maestro, que comprehendió muy bien toda el alma del concepto, dixo con
su apacibilidad acostumbrada: «Hombre, esso de que, en tu dictámen,
_entre las aves no hay plato mas regalado que el tordo, ni entre los
animales que la liebre_, prueba bien, que el mismo gusto tienes en
el paladar que en el entendimiento, y que el mismo voto puedes dar
acerca de una mesa que acerca de un Sermon. Yo siempre oí, que el tordo
era extraordinario de Frayle, y la liebre plato de Cofradía.» -- «Y
quien le ha dicho á V. Paternidad, replicó Fray Gerundio, que en las
Cofradías no sirven muy buenos platos, y que á los Frayles no les dan
extraordinarios muy delicados?» -- «Substanciales sí, respondió el
Maestro Prudencio, pero delicados no.»
11. En esto salieron los postres, un queso y un plato de aceytunas.
Aquí le pareció á Fray Blas, que sin duda alguna se le havia acabado
la talega á Fray Gerundio, porque qué Poeta se havia de poner á tratar
de aceytunas y de queso? Pero le engañó su imaginacion, y quedó
gustosamente sorprehendido, quando vió que, tomando el queso en una
mano y un cuchillo en otra para partirle, recitó con mucha ponderacion
este par de coplitas:
_Caseus, Etruscæ signatus imagine lunæ,_
_Præstabit pueris prandia mille tibi._
Y sin detenerse añadió esta traduccion, que tambien havia leído:
_Con un queso, parecido_
_A la Luna de Toscana,_
_Hay para dar de almorzar_
_A los niños mil mañanas._
-- «Esso lo mismo será, glossó Fray Prudencio sonriéndose, aunque se
parezca á la Luna de Valencia; pues no sé, que para el caso, ni para
el queso, tenga mas gracia una Luna que otra. Y qué? no dices algo á
las aceytunas?» -- «Allá voy, Padre Maestro,» respondió Fr. Gerundio, y
tomando media docena de ellas, dixo:
_Hæc, quæ Picenis venit subducta trapetis,_
_Inchoat atque eadem finit oliva dapes._
Que uno construyó assí:
_Esta, que no fué al Molino,_
_Para que no fuesse aceyte,_
_Unas veces es principio,_
_Y tambien postre otras veces._
-- «Qué dices, borracho? le preguntó Fray Blas en tono de zumba:
quando sirvieron de principio las aceytunas?» -- «Quando? respondió
Fray Gerundio, quando se comenzaba á comer por donde ahora se acaba, y
quando las lechugas servian de postre, _juxta illud_:
_Claudere quæ cœnam lactuca solebat avorum, etc._
Y si no, acuérdese Vm. de lo que dixo al principio de la cena, que
nosotros comenzamos por donde acabaron nuestros Abuelos.»
12. Halló bastante gracia el Maestro en esta reconvencion, y se
confirmó en su antiguo dictámen de que á Fray Gerundio no le faltaba
cantera, y que solo le havia hecho falta el cultivo, la aplicacion á
facultades sérias y precisas, la crítica, y el buen gusto. Pero al fin,
con no poco se acabó la cena, se dieron gracias á Dios, y se levantaron
los manteles; despues de lo qual tomó la mano Fray Blas, y dixo: «Padre
Maestro, acabemos de evacuar el punto de las Censuras de los Libros,
que nos interrumpió Fray Gregorio, porque, á lo que veo, me parece
que V. Paternidad es del mismo dictámen, que aquel famoso Censor del
segundo tomo del _Theatro Crítico Universal_, que, huyendo el cuerpo
á la censura del libro, se metió á censurar á los Censores; pero en
verdad que llevó brava tunda en cierta Aprobacion del tercero tomo.»
-- «En la substancia, respondió el Maestro, del mismo parecer soy, y
hallo, que tiene mucha razon en lo que dice: el modo puede ser que no
huviesse agradado á todos, porque le oí notar de pomposo, arrogante, y
satisfecho; y á algunos tampoco les pareció bien, que reservasse esta
crítica para aquel lugar, en que no venia muy al caso, adelantándose
tal qual á argüirle de ménos consiguiente, pues, protestando en la
misma Censura, _que no se hallaba con ánimo de ayudar fructuosamente al
Autor del Theatro en el arduo y mal recibido oficio de Desengañador_,
él mismo le está exercitando en la misma Censura: con esta diferencia,
que el Autor del Theatro exerce el officio de _Desengañador_ de Sabios
y de ignorantes, pues á todos comprehenden los _errores comunes_; pero
el Censor exerce el de _Desengañador_ únicamente de Sabios, porque á
solos estos, ó en la realidad, ó en la estimacion, se fian por lo comun
las Aprobaciones de los Libros.»
13. «Sobre la zurra, que le da todo un Colegio de Padres Aprobantes
del tercer tomo, tambien he oído variedad de opiniones. Convienen
todos en que la correccion fraterna está discreta, bien parlada, y con
mucha sal, sin que la falte su granito de pimienta; pero, como los
Autores de ella son de la misma estameña que el Autor del Theatro,
algunos desearan que esta comission se la huvieran encargado á otro de
diferente paño, en quien caeria mejor. Dicen, que esto de salir á la
defensa de uno de su ropa, solo porque no se le alaba, no suena bien:
otra cosa seria, si positivamente se le huviera injuriado sin razon,
que entónces á ningunos tocaba mas immediatamente sacar la cara por él,
que á los de Casa. Pero este reparo me parece poco justo, y aun poco
reflexionado; porque aquellos Padres Maestros no impugnan directamente
al Censor, porque no alaba al Autor del Theatro, sino porque censura á
los que le alaban á él, y á todos los demas Autores; con que no tanto
es defensa del Autor como de los Censores, y en esta todo el mundo
tiene derecho á meterse, con especialidad aquellos, á quienes se les
ha encomendado este oficio.»
14. «Algunos maliciosos aun se adelantan á mas: paréceles á ellos, que
ven una gran diferencia de estilo en lo restante de la Aprobacion, y
en el párrafo en que se censura al Censor de los Censores: con esta
aprehension se les figura por otra parte, que el estilo de este párrafo
es muy parecido al nobilíssimo, perspicuo, y elegante, que gasta el
Autor del Theatro. Y qué quieren inferir de aquí? Lo que se está
cayendo de su peso, que este parrafillo le dictó el mismo Autor, pues
se hallaba dentro de casa; y, sin explicarse mas, hacen un gesto, y
tuercen el hocico. Pero esta me parece demasiada temeridad y sobrada
delicadeza. Conocer en pocos renglones añadidos á otros muchos la
diversidad de estilo, es para pocos ó para ninguno, sin exponerse á
juzgar erradamente, salvo que aquella sea tan visible, que luego salte
á los ojos; pues claro está, que, si en un Sermon del Padre Vieyra se
mezclaran solos quatro renglones del Autor del Florilegio, un topo
veria al instante la diferencia, y aun la disonancia; mas no estamos
en el caso. El estilo de los Aprobantes no es tan dessemejante del
Autor del Theatro, que diste infinito de él. Fuera de que á los buenos
Escritores nunca los puede faltar un buen estilo, dice Quintiliano:
_Bonos nunquam honestus sermo deficiet_; y, assí como no es impossible,
sino muy regular, que uno dé en el mismo pensamiento que otro, assí
tampoco lo es, que le explique de una misma manera. Mas supongamos,
que el párrafo en question sea del mismo Autor del Theatro: _quid
inde_? No veo en ella cosa, que me disuene, porque en él nada se
le elogia, y ántes se me representa un rasgo de su moderacion y de
su prudencia. Finjamos por un poco (y es una cosa bien natural),
que los Reverendíssimos Aprobantes huviessen dexado correr la pluma
en este punto con algun mayor calor y libertad de lo que pedia la
materia. Demos por supuesto, (y no es ménos natural que lo primero,)
que confiassen al Autor su censura, para que la viesse ántes que
se estampasse. Como la leyó á sangre fria, notó que estaba un poco
acalorada, y tomó de su quenta templarla, dictando un párrafo, en que
se dice lo que basta, y en realidad á ninguno saca sangre. Esto es lo
que yo concibo que pudo ser; pero, si fué otra cosa, todo ello importa
un bledo.»
15. «En lo que no convengo, ni convendré jamas, es en que las Censuras
de los libros, especialmente las que se hacen de oficio, esto es,
por comission de Tribunal legítimo, se conviertan en Panegýricos; y
perdónenme los Reverendíssimos Censores del Censor de todos ellos,
que no me hace fuerza la razon, con que intentan defender la práctica
contraria. Dicen, que _el Panegýrico, que se introduce en la Censura,
siendo el mérito del Autor sobresaliente, es deuda; siendo mediano,
urbanidad; y, solo siendo ninguno, será adulacion_. Yo diria, con
licencia de sus Reverendíssimas, que el Panegýrico que se introduce en
la Censura, aunque el Autor le merezca, siempre es impertinente; y, si
no le merece, no solo es una adulacion indigna, sino una mentira, un
engaño sumamente perjudicial al progresso de las Ciencias, al honor
de toda la Nacion, y á la utilidad comun. Al Censor solamente le
mandan, que diga sencillamente su parecer sobre el mérito de la obra,
aprobándola ó desaprobándola, sin que se detenga en alabar al Autor,
sino que sea indirectamente por aquel elogio, que necessariamente le
resulta, de que se apruebe su produccion; con que, pararse muy de
propósito á hacer un gran Panegýrico del Autor, aunque sea el de mayor
mérito, sin dexar epítheto que no le aplique, renombre con que no le
proclame, ni erudicion que no ostente el Aprobante para exornar su
encomio, no solo no es deuda, sino una obra muy de supererogacion.»
16. «Ya se entiende, que hablo solamente de aquellos largos
panegýricos, que de propósito se introducen en las Censuras, adornados
de todo género de erudicion, los quales son los que únicamente se
pueden llamar _Panegýricos_. Y de estos digo, que, aunque los Autores
los tengan muy merecidos, son fuera del assunto en las Aprobaciones,
digámoslo assí, judiciales; y en este sentido, á mi ver, habló tambien
el Censor de los Censores. Pero aquellos elogios, que resultan del
breve y sencillo juicio, que se forma del mérito de la obra, como de
su utilidad, de su inventiva, de su solidez, de su buen estilo, etc.,
estos, assí como no merecen el nombre de panegýricos, assí tampoco
deben condenarse en los Censores, ántes apénas pueden cumplir con su
oficio, sin que digan algo de esto; y en este sentido convengo tambien,
en que los elogios pueden ser deuda, y pueden ser urbanidad.»
17. «Pero, quien ha de tener paciencia para sufrir otros diferentes
rumbos, que siguen los Aprobantes? Todos, ó casi todos, son
panegyristas, y de estos ya he dicho bastante. Algunos añaden á este
oficio el de Glossadores, ó Addicionadores de la obra que aprueban;
otros se meten á Apologistas del assunto, especialmente si este es
de materia crítica, ó de algun punto contencioso: quando la obra es
apologética, las Aprobaciones por lo comun se reducen á una apología de
la misma apología, y aprobacion bien larga he visto yo, que, sin tocar
en la substancia de la obra hasta el último párrafo, gasta el Aprobante
muchas hojas en alabar la Patria del Autor, la nobleza de su orígen,
las glorias de su Religion, y de todo esto infiere, que el libro es una
cosa grande, y que no puede contener ápice ni punto, que se oponga á
los dogmas de la Fé ni á la mas severa disciplina. Digo, y vuelvo á
decir, que todas estas me parecen unas grandíssimas impertinencias,
dignas de ser desterradas de nuestra Nacion, como lo están de casi
todas las demas del mundo, cuyos Censores se ciñen precisamente á lo
que se les manda, diciendo en breves y graves palabras su dictámen,
y dexando á los Lectores, que hagan de la Obra y del Autor todos los
panegýricos, que se les antojaren.»
18. Muy enfrascado estaba el Maestro Prudencio en la conversacion,
quando advirtió que Fray Gerundio se havia quedado dormido en la
silla como un cepo, y que el Predicador bostezaba mucho, cayéndosele
los párpados, de manera que cada instante necessitaba apuntalarlos.
Hízose cargo de la razon, y dispertando á Fray Gerundio, no sin mucha
dificultad, se fueron todos á la cama, quedando despedido el Predicador
Fray Blas desde la noche, porque pensaba madrugar mucho el dia
siguiente, para marchar á Jacarilla, en compañía de su Mayordomo el Tio
Bastian, que para entónces ya le suponian perfectamente convalecido del
accidente, que le havia acometido de sobre-comida ó sobre-bebida.